Parece mentira, pero hoy se cumple un año desde la última vez que escribí en este blog. Como puede leerse en la entrada anterior, después de pasar cinco años expatriado en La Pérfida Albión, estoy de regreso en México para trabajar en Coahuila. En el período en el cual abandoné este sitio intenté varias veces retomarlo, sin éxito alguno.
A los fieles seguidores de Desde la Inopia, puedo decirles que cumplí con el objetivo establecido hace 6 años. Regresé del Reino Unido con un título de doctor y, gracias a una combinación de situaciones, conseguí trabajo casi inmediatamente. Ahora soy un investigador en el área de materiales en sureste del estado de Coahuila. Cuando decidí volver a México, mucha gente me advirtió que me sería imposible volver a aclimatarme después de pasar tanto tiempo fuera de aquí. Me decían que tras haber trabajado con los ingleses, lidiar con los mexicanos sería imposible. También me decían que me sería muy difícil soportar la burocracia, la corrupción, los chismes, la informalidad y ahora, encima de todo, la inseguridad. Mi respuesta era siempre: Parece que olvidas que soy mexicano y que 27 de mis 32 años (un 85% de mi vida) los he pasado en México.
Por supuesto, el cambio fue difícil al principio pero no tanto como cuando emigré al Reino Unido. Tardé cerca de un año de sentir que Manchester era mi hogar. También me llevó un año poder hacer amigos ingleses en quienes de verdad pudiera confiar. Mi aclimatación a Saltillo fue mucho más rápida y en muy corto tiempo me sentí a gustó en la ciudad, a pesar de lo distinta que es a Manchester. Manchester es una ciudad muy verde, donde los cielos están nublados un 90% del tiempo y una llovizna pertinaz está presente en un 70% de los días (cifras inexactas pero así se sentía). Saltillo, por su parte es una ciudad seca y muy polvosa, donde está soleado un 90% del tiempo y sólo llueve algo durante la temporada de huracanes.
Era de esperarse que extrañara muchas cosas los primeros días. Mis amigos fueron lo primero que eché en falta, sobre todo porque los amigos con los que esperaba pasar mayor tiempo se quedaron en Querétaro, así que hubo que llegar completamente solo al Norte. De igual manera, extrañé poder comprar cosas en Amazon, las grandes tiendas de discos y videos de HMV y las comic shops como Forbidden Planet.
En cambio, Saltillo me recibió con justo lo que esperaba de México: la calidez de su gente. Una de las primeras veces que fui a cenar decidí ir a Sanborn’s. Al darle la propina a una mesera, ella se persignó muy entusiasmada. Había olvidado ver la cara de una mesera feliz por haber recibido su primer propina y con la esperanza de que ésa sería una buena noche para poder llevar dinero a su casa. En otra ocasión, al darle la propina a un lavacoches que me ayudó a salir de un estacionamiento, éste me dijo muy emocionado: ¡Que dios te acompañe! Tenía mucho que un completo desconocido no me daba una bendición.
Por otro lado, el trabajo es exactamente lo que había soñado hacer al terminar mi doctorado. Doy clases de posgrado y me gusta esforzarme para explicarle temas tan variados como difracción de rayos X y microestructura a mis alumnos. También tengo oportunidad de trabajar con la industria metal-mecánica local y de verdad me satisface mucho poder plantear y ejecutar proyectos de mejora que, espero de verdad, tengan un efecto benéfico en la economía local.
Por supuesto, un efecto secundario de toda esta actividad es que me deja poco tiempo libre. Tuve que preparar desde cero las dos clases que imparto y además los proyectos han requerido mucha investigación documental, costeo y asuntos similares. De tal suerte que simplemente no he podido dedicarle el tiempo necesario al blog. También es cierto que la situación de los blogs ha cambiado mucho. En el tiempo que llevo escribiendo esto, un hipotético lector habrá leído unos 100 tweets de 100 diferentes personas. Sin embargo, esto no reduce el placer que me provoca el escribir textos mucho más largos que 140 caracteres.
Así que esta noche me di una vuelta por el blog y encontré que tenía un año sin escribir nada. Troné los dedos de mis manos y me puse a aporrear el teclado. El resultado es este texto. No sé con qué regularidad volveré a escribir, pero sin duda será mucho antes del año que me llevó publicar esta entrada. Espero poder reencontrarme con antiguos lectores y, con un poco de suerte, encontrar algunos nuevos.
Para finalizar debo confesar que tomar la decisión de regresar a México fue difícil, pero ha resultado ser, por mucho, la mejor decisión. A pesar de todos los problemas por los que atraviesa, México es, sin duda, casí el paraíso.
Darth Tradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México