Casi el paraíso

De regreso a las cálidas tierras del Anáhuac

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Laguna del Rey

Hace ya varios años, cuando era un niño, me preguntaba qué opciones habría para poder desarrollarme en las áreas de mi interés en ciencia y tecnología. En esos días vivía en San Juan del Río, Querétaro, un lugar que no dejaba de ser pueblo para convertirse en ciudad. Mi inquietud era compartida con varios de mis compañeros con el mismo gusto por la ciencia. Era difícil pensar en que se podían encontrar opciones para conocer centros de investigación o participar en ferias de ciencia como las que veíamos en las series importadas.

Avance rápido hasta la preparatoria. El colegio católico donde estudiaba tenía una orientadora vocacional que estuvo cerca de alejarme de las áreas que me gustaban. ¿La razón? No tenía claros los campos de oportunidad de las diversas carreras. No olvido que a un amigo le dijo que si estudiaba Ingeniería en Sistemas se la iba a pasar cambiando discos. A mí me dijo que si estudiaba física iba a terminar de maestro de preparatoria porque en México no se podía hacer carrera como científico. Como nota aparte, creo que el trabajo de orientador vocacional es muy delicado y no debe dejarse a gente que desconoce la realidad de las profesiones y el ambiente laboral.

El punto es que hasta finales de la década de 1990 yo no creí que hubiera un futuro para hacer ciencia en México. Esto cambió cuando cursé la maestría y conocí a la comunidad científica mexicana. Ahí comenzó el viaje que me llevó a ser ahora profesor del Cinvestav. ¿Qué edad tenía cuando me di cuenta que sí era posible trabajar en estas áreas en México? 22 años. ¿Algo tarde, en particular comparado con cómo se descubren y encauzan las vocaciones científicas en otros países? Sin duda.

Hace unos días el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Coahuila, me pidió ser parte del comité científico para evaluar a los proyectos participantes en la Feria de las Ciencias e Ingenierías. En la evaluación se destacó un proyecto realizado por estudiantes del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Coahuila, CECYTEC, de la localidad de Laguna del Rey. El sistema de CECYTEC ofrece estudios de educación media superior a los muchachos del estado. El proyecto que presentaron, llamado Renovalact, consistía en un protocolo de investigación para evaluar la efectividad de un tratamiento anti-acné. El tema estaba bien presentado y en la evaluación que realicé lo consideré el mejor de todos para representar al estado a nivel nacional.

Esta semana los muchachos del CECYTEC expusieron su trabajo en el evento nacional. Su trabajo fue merecedor del primer lugar en la categoría Medicina y Salud. Este triunfo les permitirá participar en el certamen internacional a realizarse en Phoenix, Arizona.

Y para mí, lo más impresionante, es que Laguna del Rey es una población que no rebasa los 4,000 habitantes. Está muy cerca del Bolsón de Mapimí, en una zona muy poco poblada del país. Me llena de esperanza el ver que esos muchachos de escasos 16 años, salidos de una población mucho más pequeña que San Juan del Río hace 20 años, sean capaces de destacar de esta manera. Me ilusiona también el ver qué existen las condiciones en el país para que ellos presenten este tipo de trabajos.

No cierro los ojos ante la realidad de que existen muchas carencias en el país. Discutirlas es un tema amplio y escabroso. Pero este triunfo del CECYTEC Laguna del Rey debe ser motivo de orgullo para todos.

Cinco años

El autor de este abandonado blog ha cumplido ya cinco años en el norte de México. Al llegar a estas latitudes, me propuse muy seriamente dedicarle más tiempo al blog. Pero claro, es muy difícil hacerlo cuando el trabajo y la vida se interponen entre el teclado y uno mismo. Pero ahora que se cumplen estos primeros 5 años de este trabajo, quise sentarme un rato a escribir. Remember, remember, the fifth of November, como dicen por ahí.

En términos estrictamente profesionales, han sido cinco años muy agradables. En este tiempo he tenido varios proyectos industriales, graduado 5 estudiantes de maestría y publicado 4 artículos. Definitivamente pude haber publicado más, pero es difícil iniciar con un tema de investigación nuevo. Quiero extender un poco más este punto. En mi doctorado trabajé con aluminatos de titanio, una familia de materiales particularmente interesante en términos de deformación a nivel microestructura. Mi trabajo se limitó a estudiar los mecanismos de deformación de estos materiales, mientras me eran suministrados por la Universidad de Birmingham. Por otro lado, tenía acceso a toda una serie de equipos de vanguardia, lo cual me permitió caracterizarlos a un alto nivel. Trabajé con microscopios electrónicos de barrido de emisión de campo, con difracción de rayos X en fuentes sincrotrón, correlación digital de imágenes y tomografía de alta resolución.

Entonces, al llegar a México, me encuentro con que no puedo seguir con esta línea. Aquí nadie trabaja con este tipo de intermetálicos y el procesamiento, además de ser extremadamente caro, estaba fuera de mi experiencia. Los microscopios electrónicos a mi alcance no eran de emisión de campo y tampoco había posibilidades de trabajar con correlación de imágenes. Así que hubo que ponerse a trabajar para conseguir recursos para habilitar un laboratorio que me permitiera trabajar en cuestiones de deformación micro-mecánica y procesamiento de materiales avanzados.

Es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Para que se den una idea, un sistema sencillo de correlación de imágenes está en el orden de un millón de pesos. Un microscopio de barrido de emisión de campo, en un millón de dólares. Y las convocatorias de Conacyt son muy competidas y, por supuesto, limitadas en el presupuesto. Básicamente es un círculo vicioso, no podía conseguir recursos de Conacyt porque no tenía un historial académico suficientemente fuerte en México y no podía construir dicho historial porque no tenía recursos.

Afortunadamente, surgió la opción que me permitió hacerme de recursos: Los proyectos vinculados con las empresas. En los últimos años, la vinculación academia-industria ha crecido de modo importante en México. Existen diversos programas que apoyan a este tipo de proyectos. Y aquí he tenido más éxito. He tenido ya 4 proyectos vinculados con las industrias y de este modo he ido armando el laboratorio. Tenemos ya varias estaciones de trabajo para realizar simulación numérica de deformación mediante el método de elemento finito, software especializado, un molino de laminación para procesar materiales en frío y en caliente y un sistema simple de correlación digital de imágenes.

Aquí tengo que señalar un detalle importante en la vinculación industrial. En México, casi todo el procesamiento de metales y aleaciones se hace en los sistemas de acero y aluminio. Sistemas con los cuales no estaba familiarizado. Así que para poder ofrecer los proyectos industriales, tuve que ponerme a estudiar nuevamente. Este esfuerzo dio resultado y ahora tengo la posibilidad de ofrecer varios servicios tecnológicos a las empresas, mismos que me permiten establecer el laboratorio para desarrollar la investigación básica.

¿He conseguido un buen equilibrio entre la academia y la industria? Es difícil decirlo. Apenas he podido realizar las primeras adquisiciones y en los próximos años éstas deben reflejar un incremento en la productividad científica, entendida como artículos publicados. Sin embargo, creo que los 5 estudiantes de maestría graduados muestran que no todo ha sido trabajo industrial. Y espero a inicios del próximo año graduar a mi primer estudiante doctoral.

En resumen, en términos académicos, tome la elección correcta al regresar a México y tomar este trabajo. No es fácil trabajar en estos aspectos en este país, pero es muy satisfactorio. Todos debemos contribuir desde nuestras respectivas trincheras para hacer algo por México. Estoy convencido que esto es lo que me toca hacer. Y espero con mucho gusto los siguientes 5 años.

Desvelos

A mí, al igual que a casi todos los mexicanos, me apasionaba el futbol. En el tiempo en el que estuve en la prepa, recuerdo que conocía el nombre de todos los jugadores, los equipos con los que estaban y sus características en el campo. Cuando llegó la Copa América de 1993, me emocioné siguiendo al equipo hasta la derrota en la final contra Argentina. Después, en el mundial de Estados Unidos, sentí la rabia cuando nuestros mejores jugadores fallaban en la serie de penales contra Bulgaria. Cuatro años después, soñé que Alemania podía ser derrotada, sólo para observar cómo Oliver Bierhoff nos mandaba de nuevo a casa. Y entonces llegó el mundial en el que por fin mandé al diablo a la selección mexicana. El de Corea-Japón 2002. Como recordarán, los partidos eran bastante tarde en nuestra zona horaria, así que había que desvelarse o verlos diferidos. México, como lo ha hecho en los últimos mundiales, calificó a octavos de final. Recuerdo haberme despertado en la madrugada, lleno de ilusión porque, después de todo, Estados Unidos era un equipo al que se le podía ganar. Lo que vi me hizo sentir mal, pero no por las razones de los mundiales anteriores. Ahora no me sentí enfadado ni frustrado. Me sentí estúpido. Mientras trataba de volverme a dormir, me sentí muy mal conmigo mismo. ¿Por qué tenía que colocar mis esperanzas en un equipo cómo ese? ¿Ese equipo de verdad me representaba? ¿Por qué perdía horas de sueño por estar esperando que por fin pasáramos al tan famoso quinto partido? Cuando desperté, ya había tomado la decisión. A costa de que todo mundo me llamara villamelón, de no volverme a emocionar en un mundial, iba a dejar de sentirme representado por El Tri.

Llegó el mundial siguiente, en Alemania. Para esas fechas, yo vivía en Manchester, Inglaterra. Claro que fuimos a los pubs a beber y a esperar algo del equipo, pero no me sentía con esperanzas de que ese equipo hiciera algo más que los anteriores. Recuerdo cómo los amigos colombianos me explicaban emocionados cómo se le podía ganar a Argentina. Yo les dije: “Hay pocas esperanzas, México es uno de los 16 mejores equipos del mundo. Pero hasta ahí. En una de esas dan el salto, pero no contra Argentina.” Y así fue. Lo mismo ocurrió 4 años después en Sudáfrica. Cuando México perdió, era algo ya esperado.

Por eso fue que esta selección no logró emocionarme. Todo mundo decía que esta vez era diferente, que El Piojo había podido lograr el cambio necesario para pasar a la siguiente ronda. Yo lo dudaba. México apenas había logrado calificar y era prácticamente el mismo equipo. Seguí los partidos sin emoción, esperando la casi segura clasificación a los octavos para luego estrellarnos contra nuestra realidad.

Y así fue, México perdió contra Holanda tras haber dado un gran partido. Veo a la gente enojadísima por el falso penal. Los veo y no consigo compartir su molestia. México sigue en el lugar que le corresponde en el fútbol. No fue el falso penal de Robben, fue la realidad de que México es uno de los 16 mejores del mundo, pero no de los 8 mejores. Tal vez algún día consiga colarse a los cuartos, pero será más un golpe de suerte que una auténtica evolución. De ahí a ser uno de los mejores 4 del mundo hay todavía un gran salto.

No quiero cerrar sugiriendo que el no preocuparse por el futbol lo hace a uno mejor persona. En absoluto. Si acaso, soy un mexicano desilusionado por el futbol desde hace 12 años. Pero sí quiero señalar que hay muchas cosas de las cuales deberíamos sentirnos orgullosos. A los mexicanos nos gusta cantar “Viva mi desgracia” y esperar que otros nos den la alegría que no conseguimos en el día a día. En vez de aplaudir los logros de otros, ¿por qué no esforzarnos en conseguir los propios? No es obligatorio que sea en un foro internacional. Cada pequeña victoria cuenta. El formar a buenos hijos, el cuidar de nuestros ancianos, el no ser parte de la enorme corrupción del país. Los ejemplos sobran, todos los conocemos pero tratamos de ignorarlos. Conseguir logros como esos no es fácil pero creo que por estos sí vale la pena esforzarse y desvelarse.

En Piedras

Entre las actividades que he tenido desde que regresé a México, la que ha resultado más exitosa es la de visitar una cierta fábrica en Piedras Negras. Actualmente coordino un proyecto de investigación con dicha compañía y la verdad es que nos ha ido muy bien. El único problema que tenemos es la distancia: Piedras Negras está a casi 5 horas de Saltiyork. Fuera de eso, es un placer trabajar con el personal de planta. Son gente activa, deseosa de mejorar sus procesos y con un gran conocimiento del tema.

No deja de sorprenderme la magnitud del territorio nacional. Avanzamos 450 kilómetros y ni siquiera salimos del estado de Coahuila. Me impresiona gratamente saber que aquí, tan lejos de donde nací, sigue siendo México. Me hace sentir en casa, cumpliendo las metas que me propuse al regresar y aportando aunque sea un poco a mejorar las condiciones de la industria. ¿Qué más se puede pedir?

Ah, además ahora puedo decir que he recorrido la autopista 57 de punta a punta. 🙂

Darth Tradd
Piedras Negras, Coahuila
México

Sin límite

Siempre he sido de la idea de que nuestras capacidades tienen un límite. Existe, por ejemplo, un límite a la máxima cantidad de alimento que podemos ingerir. De igual manera, se puede estar despierto un número determinado de horas antes de empezar a alucinar. Y, por supuesto, como dice Miguelito, los que conocemos nuestras limitaciones sólo sabemos 8×5.

Lo anterior viene a cuento porque últimamente me he puesto a pensar en por qué me cuesta tanto trabajo volver a escribir últimamente. Y he llegado a la conclusión de que estoy alcanzando mi límite de palabras que puedo procesar y escribir durante un día. Por este motivo, al llegar la tarde-noche, lo único que quiero es ver un partido de la NBA o francamente echarme a descansar un rato. Es triste admitir que ando alcanzando ese límite.

Y es que en estos días me la paso escribiendo. Honestamente, no pensaba que el regresar a México a trabajar en un centro de investigación implicaría tanto escribir. Hay que preparar la clase, realizar propuestas de investigación, entregar reportes al Conacyt, preparar presentaciones para los clientes, redactar resultados varios, etc. Además, también nos ponen límites. El sistema de Conacyt, por ejemplo, limita muchos de los campos en las propuestas de su sistema: “Describa la propuesta de proyecto que pretende desarrollar, de ser aprobado por los evaluadores acreditados, en los próximos 3 años en 3900 caracteres o menos.” Incluso el título parece que tiene más espacio que el campo donde se puede capturar. Lo cual, sin embargo, tiene sus ventajas: Es un ejercicio interesante desarrollar la capacidad de síntesis para explicar todo lo que se pretende estudiar de las aleaciones de titanio en un poco más de hoja y media a espacio sencillo.

Pero lo cierto es que todo este ajetreo tiende a dejarme algo escaso de ganas de escribir. Lo cual me tiene un poco de malas, he de admitir. Desde su inicio, este blog ha sido un medio excelente para desahogarme y sentirme bien. Dejarlo así abandonado, sin historias, hace que me decepcione de mí mismo.

Lo bueno es que esta situación tiene solución. Ya alguna vez mi querida amiga la lics me había dicho que me tomaba lo del blog demasiado en serio. Considerando su increíble clarividencia (dejada muy en claro en una conversación que tuvimos esta mañana), voy a seguir su consejo. No voy a esforzarme de más en este sufrido blog. Sólo dejaré que fluyan las ideas y disfrutaré el resultado, cualquiera que este sea.

 

Darth Tradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México

De regreso

Total, que mi tan prometido regreso a los escenarios al blog se sigue retrasando por múltiples razones. A este paso, los blogs aparecerán en los libros de historia para cuando finalmente me dé tiempo de volver a escribir. En las semanas pasadas pasó algo que me forzó a actualizar el sitio. No están ustedes para saberlo, pero se me ocurrió que sería una buena idea administrar las clases que doy usando Moodle, un administrador de contenido específico para la academia. Este sistema me permitía tener un lugar centralizado donde mis alumnos podían bajar y subir tareas, así como consultar las últimas clases. Tenía también un foro de discusión que nunca era usado porque los alumnos prefieren comparar las tareas en directo, face to face, como dirían ellos. Según yo tenía todo bajo control y aunque el blog estaba abandonado tampoco tenía problemas.

Hace unas dos semanas tuve necesidad de subir algunas cosas al sitio de Moodle y de inmediato fue redirigido a una página de dudoso contenido, tanto, que google decidió bloquearla y advertirme de tal problema. Así es, mis pocos, sufridos, pero fieles lectores. El sitio había sido vulnerado… ¡Demonios! Según yo tenía todos los parches de seguridad, pero tengo la idea de que el problema fue por el lado del acceso por SSH (acceso por consola, digamos). El proveedor había advertido que había habido algunos intentos de penetrar, pero no se reportó nada fuera de lo común. Se sugería, sin embargo, cambiar la contraseña de acceso. Estoy casi seguro de que lo actualicé, pero con ese casi ya no puedo estar tranquilo. Así que tuve deshacerme de bases de datos, de WordPress y del Moodle y empezar casi desde cero.

Así las cosas, para que no se quedara solito el sitio del blog, me puse a instalar de nuevo WordPress y como no es cosas de tenerlo así sin nada, me puse a escribir este texto. He de confesar que a últimas fechas me estaba regresando muy fuerte la comezón de volver a escribir. En particular por un cierto blog que encontré y que me impactó sobremanera. Además, cada que voy a alguna librería y hojeo lo que encuentro me llegan ideas para nuevos temas. Finalmente, por supuesto que no me han dejado de pasar cosas raras, risibles y botanas. Lo que pasa es que ya siendo un profesor de posgrado y todo eso, se quiere uno poner serio y hacerle al cuento. Pero lo cortés no quita lo cabral, como dijera el finado, así que aquí vamos nuevamente. Antes de que todo mundo se pase al twitter y deje de usar los navegadores para leer blogs joco-serios y de los otros, Casi el Paraíso está de regreso y la gerencia creativa promete ponerse las pilas y actualizar más seguido el contenido. Ah, también se compromete a actualizar los parches de seguridad y cambiar la contraseña más seguido que cada 6 años.

Saludos a todos,

Darth Tradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México

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