Desde la Inopia

Crónicas de la cuarentena del COVID 19

Month: March 2020

Ingenuidad

Fue realmente ingenuo de mi parte pensar que la cuarentena por el COVID-19 me iba a dar tiempo de sobra para retomar el blog. Cuando comenzó todo esto, estaba seguro que los días transcurrirían lentos y aburridos y que sólo era cuestión de sentarme un rato al teclado para que fluyeran las palabras.

Se ha terminado mi primera semana de encierro (la segunda para mi hijo) y no ha habido un solo día en que haya podido sentarme a no hacer nada. Me levanto relativamente temprano (6:30), le doy a comer a nuestra perrita y la saco al patio a que juegue. Pongo el café y me pongo a trabajar. Siempre hay correos que contestar, tesis o artículos que revisar. Para las 10 de la mañana comienzan las videoconferencias. A esas horas mi hijo ya está en pie y mi esposa le da las lecciones que nos mandaron de la escuela.

A eso de la una dejo de trabajar y me pongo a ver al niño o a hacer de comer (según nos pongamos de acuerdo). La tarde es para recoger la cocina, hacer algún arreglo menor en la casa y cosas así. También vemos algo de tele con mi hijo (la hemos conseguido limitar a menos de dos horas por día). Para las 6 de la tarde, salimos al parque de enfrente a patear un rato un balón o intentamos que la perra aprenda trucos básicos.

Después de las 8 cenamos algo ligero, es hora de bañarnos (sobre todo con el calor del norte de México) y pasamos a leer historias. Para entonces ya todos estamos tan cansados que se tienen que aventar mi versión libre del Hobbit, donde no me acuerdo del nombre de ningún enano (salvo de Thorin Escudo de Roble). Se acaba el día y no tuve tiempo ni de responder alguna dinámica de Twitter.

Así las cosas, hoy sábado que no hay escuela en casa y que puedo posponer 20 minutos el ponerme a responder correos, aproveché para aporrear este post, aunque sea breve. Tal vez tenga que empezar a despertarme más temprano para alcanzar a escribir algo todos los días.

dtradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México

Home office

Hoy por primera vez voy a dar una clase en línea. Estoy seguro que para mucha gente, es una realidad de su trabajo. En estos tiempos donde el internet es más rápido y estable, múltiples instancias venden cursos en línea y las herramientas son estables, funcionales y útiles. El precio varía, hay licencias que me parecen extremadamente caras y otras que son completamente gratuitas. Pero como siempre, dado que ahora tengo para elegir, me toca quejarme.

Primero se me ocurrió usar Slack, la herramienta de colaboración que me permite mantenerme en contacto con los tesistas del laboratorio. La versión de Slack que tenemos, sin embargo, es la gratuita. Tiene muchas limitaciones pero para el diario funciona bien. Sin embargo, una limitación fundamental para la clase es que no permite compartir el escritorio. Para eso hay que pasar a un plan de pago. Ni modo.

Posteriormente pensé: Me haré Youtuber. Así que con eso en mente estuve viendo opciones para poder hacer un video digno de subirse a esta plataforma. Me llamaba la atención usar la función de Live para poder tener comentarios en tiempo real y mejorar la participación en la clase. Además, los servidores de YouTube son extremadamente robustos y si alguien no puede estar a la hora de la clase, puede verla después sin mayor problema. A pesar de esto, producir un video con buena calidad, alternando entre pantalla y cámara, no es tarea sencilla. Así que no le seguí por ahí.

En el trabajo nos ofrecieron usar Microsoft Teams, del cual tenemos una licencia de sitio. El software se ve robusto, con características similares a Slack y sin la limitante de la licencia gratuita. El problema aquí surgió cuando vi que para poder usar Teams, todos los participantes deben contar con una dirección electrónica del trabajo. Todos los estudiantes tienen una, pero pocos la usan, pues prefieren usar las personales. Dada la premura, decidí dejar de lado Teams, pero la opción me gusta mucho por la posibilidad de compartir archivos y por lo robusto de los servidores de Microsoft.

Me comentaron sobre Zoom, pero ya no me dio tiempo de verlo con calma, además de que tiene una limitante de 40 minutos por sesión en la versión gratuita. Así que después de un rato me decidí por Skype. El grupo está listo y estoy esperando que den las nueve para iniciar. Mientras tanto, le hice llegar a los estudiantes varias tablillas de lotería (Bingo, mejor dicho) hechas por la gente de RedPenBlackPen. A ver quién gana en cada sesión. Creo que faltó, sin embargo, una casilla de “Mi hijo quiere decir hola”. Ya les contaré cómo me fue.

dtradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México

Día uno

La última vez que me tocó pasar por un pandemia, fue hace once años, cuando la influencia tocina influenza porcina H1N1. En esa ocasión el origen del virus fue México, pero a mí me agarró fuera de aquí. Pasaba esos días en Manchester, en la Pérfida Albión. Estaba justo a la mitad de la escritura de mi tesis doctoral y tenía el horario completamente movido. Trabajaba en el documento de 11pm a 4am y el resto del día lo gastaba juntando “inspiración”. No me fue difícil lidiar con el encierro, en eso estaba finalmente. Además, a pesar de que el número de fallecimientos fue significativo, la influenza de entonces no fue tan grave a nivel global. Si eso fue efecto de que respondió bien a los fármacos o a los esfuerzos de aislamiento, no me queda claro.

Lo cierto es que con la experiencia de entonces, tomé muy a la ligera cuando comenzaron a escucharse casos fuera de China. Pensé que poco a poco la enfermedad se iría controlando y que, en realidad, todo acabaría como en el 2009: Con muertes que lamentar (si bien no tan graves como los modelos predecían), pero con lecciones aprendidas que nos permitirían enfrentar mejor la siguiente amenaza biológica. Sin duda, no sería complicado enfrentar un encierro prolongado como lo hice entonces.

Por supuesto, me equivoqué en tres aspectos fundamentales. El primero fue que menosprecié la gravedad de esta enfermedad. Hay múltiples fuentes mucho más claras de lo que yo podría escribir que confirman lo peligroso de esta pandemia, por ejemplo, lo que los compañeros han escrito en Avance y Perspectiva. La enfermedad existe y el costo humano, económico y social que dejará será enorme.

El segundo aspecto en el que me equivoqué fue que ahora ya no estoy solo en el mundo. Tengo una familia, formada por mi esposa YV y por mi hijo FF. FF tiene un poco más de cinco años y es un niño muy inteligente y avispado. El tratar de explicarle por qué tiene que pasar cinco semanas encerrado no está resultando tarea fácil.

Por último, no es lo mismo ser un estudiante de posgrado, que un coordinador de programa académico. Las responsabilidades han crecido también en el plano laboral y la indicación es clara: No son vacaciones adelantadas, es una cuarentena para mitigar la propagación del virus. Así que hay que encontrar tiempo para seguir trabajando y no descuidar a los tesistas, a los estudiantes de asignatura y al programa de posgrado.

Así las cosas, aunque ya nadie lee blogs, he decidido reabrir Desde la Inopia. El nombre siempre me gustó y resulta adecuado para estos tiempos. Ahora, como entonces, escribo para mí. Aunque el que me lean es algo bienvenido, sin duda alguna. Siento que si no escribo, las siguientes semanas serán más complicadas. Así que, por aquí nos leeremos.

dtradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México

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