Casi el paraíso

De regreso a las cálidas tierras del Anáhuac

La pichancha

Uno de los principales problemas de mudarse a tierras semi-desérticas es sin duda la falta de agua. Manchester, como siempre dije en el blog anterior, era una ciudad muy lluviosa. San Juan del Río, de donde soy originario, tiene abundancia de agua que, por si fuera poco, es muy poco dura y además sale calientita. Ramos Arizpe es una ciudad muy seca, pero tiene agua (bastante dura) en el subsuelo. De hecho, creo que la falta de agua se debe a la mala planeación de la ciudad. En la entrada de la misma hay una fábrica papelera que por necesidad usa una cantidad importante de agua. Sin esa planta y su elevado consumo, creo que no habría tantos problemas de abastecimiento.

El caso es que falta el agua en las casas de Ramos Arizpe. Así que cuando llegué por acá el buscar una casa con un buen depósito de agua fue fundamental. Al final, la casa donde estoy viviendo tiene un tinaco de un poco más de 1,000 litros y una cisterna (aljibe, como le dicen por acá) de un poco menos de 3,000. Dado que vivo solo, en realidad nunca había vaciado el tinaco y confieso que no sabía si funcionaba la dichosa cisterna.

Dos circunstancias conspiraron para cambiar esa situación: Por un lado, compré una lavadora que, si bien es de alta eficiencia, incrementó de manera importante el consumo de agua. Por otro lado, durante varios meses, de acuerdo a las noticias, ha escaseado el agua en Ramos Arizpe. Así las cosas, el nivel del tinaco descendió de forma importante y el sistema automático decidió que era hora de arrancar la bendita cisterna que me impediría sufrir por falta de agua.

- BZZZZZZZZZZZZZ- comencé a escuchar el domingo, por espacio de un minuto, seguido por 5 minutos de silencio. Dije yo: Ah, que efectiva salió la bomba, llena en un ratito pero, ¿por qué vuelve a arrancar pasados 5 minutos?

Después de escuchar el zumbido varias veces me di cuenta que algo no estaba bien. Salí a revisar la bomba para ser recibido por una araña de tamaño mediano, unos buenos 5 cm entre extremos de patas. La araña había decidido que la bomba le gustaba para vivir, con todo y el zumbido. La diplomacia fracasó y pronto tuvimos que decidir el uso de la bomba (entre zona habitacional arácnida y sistema de abastecimiento de agua) por medio de la violencia. Afortunadamente la araña perdió, así que pude proseguir con la inspección de la bomba.

Encontré que la bomba definitivamente no estaba enviando agua, así que puedo decir literalmente que no me subía el agua al tinaco. Tras varios intentos de cebarla (a la bomba, no a mi suerte) me di cuenta de que simplemente no estaba girando. Dije yo: Ahh, la bomba esta no se ha usado en años. Debe estar pegada.

Para entonces ya comenzaba a pardear y temiendo que los primos de la araña vinieran por la revancha, decidí dejar la bomba por la paz. Desconecté el circuito que le daba energía y me fui a dormir. Al día siguiente, a buscar un plomero. Afortunadamente, conozco al dueño de una ferretería cercana quien muy amablemente me recomendó a uno.

Para las 11 de la mañana del lunes el buen señor plomero ya estaba listo para despegar la bomba usando un buen brazo de palanca. Despegada la bomba, la cebamos (a la bomba, no a nuestra suerte) y la echamos a andar. Pero por más agua que le poníamos de cebo, el agua seguía sin subir al tinaco.

- Es la pichancha – determinó el plomero.
- ¿La qué? – dije yo, temeroso de estar siendo vilmente albureado.

pichancha

Una pichancha, en toda su pichanchosa gloria

Resulta que la pichancha es una válvula unidireccional. No sólo sirve como filtro, sino también sirve para que el agua no se regrese, gracias a un flotador. Así que accedimos a la fosa donde se encuentra la cisterna y tras matar a las primas de la araña del domingo, sacamos el tubo con todo y pichancha descompuesta.

Para entonces ya era el mediodía y el sol del semidesierto nos estaba dorando cual charales salados. Sin embargo, tras haber cambiado la válvula pichanchosa el sistema estaba listo para ser probado. Se cebó nuevamente (la bomba, no mi suerte, ni la del plomero, ni la de, guarde Dios, la pichancha) y se escuchó el glorioso sonido de agua subiendo al tinaco. El plomero sonreía satisfecho cuando su sonrisa se tornó en una mueca: Ahora el agua escurría desde la azotea.

Nuestros temores fueron confirmados: El tubo se había rajado. Porque hay que decir que las heladas en Ramos Arizpe son terribles y el agua, que tiene la mala costumbre de expandirse al congelarse, revienta las tuberías de cobre. Quién sabe cuánto tenía ese tubo rajado, dado que el sistema tenía al menos un año sin funcionar. Conjeturas aparte, se retiró el pedazo de tubo tronado y se soldó el resto.

Tubería

Tubo de cobre rajado por el congelamiento del agua. Creo que se los voy a dar a mis alumnos para que estudien análisis de falla.

Para la una de la tarde, el arreglo estaba listo. Se encendió la bomba (ya sin cebarla, ya que todavía estaba cebada de lo de endenantes) y, por fin, se llenó el tinaco. Mientras se llevaba sus cosas (y su pago) el plomero me preguntó:

- ¿Y de verdad escasea mucho el agua por aquí?
- Pues sí – dije yo, al tiempo que abría la llave conectada a la red municipal. Por supuesto, un chorro de agua me contradijo.

Mientras se iba el plomero, nubes negras y panzonas de lluvia se desplazaban hacia el valle.

Darth Tradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México

 

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3 thoughts on “La pichancha

  1. Jajajaja. Por eso le digo el inge, inge.

    Besos.

  2. dtradd on said:

    Ya ve, lics. La (de)formación ingenieril es demasiado fuerte. Qué padre volver a tenerla por aquí. :)

  3. Ah, malditas pichanchas. En mi casa mía de mí, a la que está usted cordialmente invitado para cuando la reinaugure, la pinche pichancha también me ha dado algunos disgustitos.

    Mi aljibe es un aljibe de los de antes, de ocho metros cúbicos de capacidad y con una considerable capa de limo, producto de los años. Originalmente tenía yo la bomba de agua como única fuente de agua para mi tinaco, pero una oportuna reparación a la toma de agua de la ciudad, producto de obras del SIAPA encaminadas a la clausura de tomas clandestinas y actualización de tuberías antiguas, implicó que ahora sí el agua llegaba con fuerza suficiente como para subir hasta el segundo piso de mi hogar. Desde entonces no uso mi bomba, y cada vez que la necesito, algo le falla, en especial en semana santa, que al SIAPA le da por hacer obras de mantenimiento. Tres veces ha sido la pichancha la que ha fallado, una vez la bomba, y una la tubería. Ahora ni quiero saber en qué estado estará con tanta cosa que le ha pasado a mi casa. Eso sí, donde tenía yo un piso ahora tengo dos.

    Ya quiero poder regresar a casa…

    Saludos cordiales.

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