Casi el paraíso

De regreso a las cálidas tierras del Anáhuac

Regresando a México

La decisión de regresar a México, sorprendentemente, no fue tan difícil. Para enero del 2010, ya había terminado las correcciones de mi tesis y disfrutaba del invierno más nevado de todos los que me tocaron en el Reino Unido. Para ese entonces tenía una novia, más o menos formal, de nacionalidad jamaicana. Tenía frente a mí múltiples opciones de trabajo, gracias a que mis asesores gozaban de buena reputación en el ámbito académico. Así, tenía la oferta de irme a realizar un post-doctorado a la Universidad de Birmingham, otra de mis mismos asesores para quedarme 3 años más en Manchester, otra más para ir al INSA de Lyon en Francia y, la más importante, una oferta de General Electric.
Cuando conocí al reclutador de General Electric, yo era un estudiante de primer año de doctorado. Había asistido a un congreso de la MRS en Boston y ya me sentía muy feliz con eso. Él era el moderador de la sesión en la que yo participé y quedó muy impresionado con el trabajo de un alemán que presentó antes que yo. Cuando yo presenté, sólo me dio las gracias. 4 años después, me lo encontré en otro congreso y ahora sí le agradó mi trabajo. Me pidió que lo contactara y en poco tiempo GE me pagaba un vuelo para visitar su centro global de investigación al norte de Albany en el estado de Nueva York. La opción era sin duda atractiva, el centro global de GE era un sueño para cualquier ingeniero, más aún para uno recién egresado y necesitado de recursos.
Pero entonces intervinieron muchos otros aspectos que no había tomado en cuenta. La novia se había ido para Jamaica y ahora tenía planes para realizar un post-doctorado en Sudáfrica. Mientras tanto, yo sentía que había cumplido con el objetivo para el cual el Conacyt me había becado y ya era tiempo de regresar. No estaba del todo convencido de seguir fuera del país, aunque para entonces las noticias que llegaban hasta Europa no eran nada buenas. Se hablaba de balaceras en prácticamente todos los centros urbanos importantes. De secuestros, de una vida que ya no era posible sostener. Cuando volé hacia Estados Unidos compré un ejemplar de una revista (Newsweek me parece) que tenía como titular: Mexico meltdown. En esa revista se decía que México había alcanzado el punto de no retorno y la palabra clave era una que se repetía por todos lado: Estado fallido.
Comencé a investigar las posibilidades del regreso. Conacyt envía mensualmente a sus egresados un boletín con las oportunidades de trabajo. La verdad es que eran pocas en esos días. Hay que recordar que durante el 2009, el mundo vivió una recesión importante en prácticamente todos los sectores. Así que no había mucho de dónde escoger. De cualquier forma, no quería perder la oportunidad de regresar a México y comencé a buscarle.
Los resultados distaron mucho de ser ideales. Mandé mi CV a prácticamente todas las universidades y centros de investigación que solicitaban gente. No obtuve respuesta en la mayoría y las pocas respuestas que llegaron fueron negativas. Busqué incluso en universidades perdidas en la sierra, pero simplemente no conseguía una opción para regresar. Así estuve hasta que encontré la convocatoria de estancias post-doctorales del Conacyt.
Esta convocatoria me daba la oportunidad de regresar a México, incluyendo viáticos y menaje de casa y una beca para trabajar en un centro de investigación hasta por 2 años. Ahí estaba el problema, ya que en realidad todavía no había contactado a ningún centro de investigación y el cierre de la convocatoria se acercaba. Afortunadamente, un centro de investigación en Querétaro, mi ciudad natal, se interesó en someter un proyecto conmigo. No podía creer mi suerte, ahora tenía la oportunidad de regresar a México, a mi ciudad.
Como siempre, los imponderables hacen de los planes cera y pabilo. Mi decisión de regresar a México no le sentó bien a la novia jamaicana. En particular, no le agradó mi confesión de que no quería pasar el bicentenario del inicio de la independencia fuera del país. Así, nuestro relación quedó en entredicho. Claro, ella ya tenía su plan de emigrar a Sudáfrica, al parecer aprovechando la obsesión del mundial de fútbol.
Tomada la decisión de regresar, sólo había que comenzar a cerrar las cuentas, despedirse de los cuates y correrse unas cuantas borracheras para dejar adecuadamente al Reino Unido. Entre las ventajas de haber estado todo ese tiempo fuera del país, es que se puede solicitar una exención de pago de impuestos. Para tal fin, me dirigí a la embajada mexicana en Londres. Entrar ahí fue mi primer contacto con México. Las secretarias estaban chismeando alegremente cuando entré, platicando (aparentemente) sobre una fiesta que había estado muy bien en la que habíanse ligado galanes. Las expresiones que había casi olvidado “ahorita”, “péreme”, “deje ver” y algunas más, me hicieron sentir que ya estaba casi en casa. Me firmaron mi carta de menaje de casa en menos de una hora y armado con ese documento, envié 12 cajas con libros y posesiones varias.
Por fin se llegó la fecha: el 7 de septiembre, el mismo día en que había salido, 5 años antes, con rumbo a Inglaterra. Gracias a los diversos vuelos que tuve que hacer por el trabajo de la Universidad, tuve suficientes millas acumuladas para pagarme un boleto en primera clase. Desde que abordé el avión, pude disfrutar de la gente hablando de cosas como bautizos, negocios, impuestos y demás linduras mexicanas. El viaje fue muy agradable, aunque lidiar con casi 100 kg de equipaje repartido en 4 maletas es muy complicado, aún en un aeropuerto con maleteros como el de la Ciudad de México.
Al pasar por migración, la oficial se fijó en mi muy sellado pasaporte. Amablemente, me preguntó:
¿Cuánto tiempo pasó fuera de México?
5 años.
¡Qué bárbaro! Saliendo de aquí se me va corriendo por unos tacos. Es una orden.
¿Sabe? De lo que de verdad tengo ganas es de unos pambazos.
Lo que usted quiera pero que sea comida mexicana. Bienvenido de regreso.
Mi familia me esperaba en el aeropuerto y, después de 2 horas más, estaba de regreso en la casa paterna. Dormí muy cansado, tratando de recuperarme del viaje.
Al día siguiente, comenzó el impacto cultural para mí. México cambió notablemente en esos 5 años que estuve fuera. No fue solamente la violencia relacionada con el narcotráfico. El país al que regresaba claramente ya no era el mismo que había dejado. Por supuesto, yo tampoco era la misma persona y eso me iba a causar diversas sorpresas e incluso desazones en los días por venir.

Single Post Navigation

One thought on “Regresando a México

  1. Grimalkin on said:

    ¡¡Inge!!

    Qué gusto leerlo. Aunque ya me sé algunas partes del chisme, es un placer recordar con usted los detalles.

    Un abrazo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *