La última vez que me tocó pasar por un pandemia, fue hace once años, cuando la influencia tocina influenza porcina H1N1. En esa ocasión el origen del virus fue México, pero a mí me agarró fuera de aquí. Pasaba esos días en Manchester, en la Pérfida Albión. Estaba justo a la mitad de la escritura de mi tesis doctoral y tenía el horario completamente movido. Trabajaba en el documento de 11pm a 4am y el resto del día lo gastaba juntando “inspiración”. No me fue difícil lidiar con el encierro, en eso estaba finalmente. Además, a pesar de que el número de fallecimientos fue significativo, la influenza de entonces no fue tan grave a nivel global. Si eso fue efecto de que respondió bien a los fármacos o a los esfuerzos de aislamiento, no me queda claro.

Lo cierto es que con la experiencia de entonces, tomé muy a la ligera cuando comenzaron a escucharse casos fuera de China. Pensé que poco a poco la enfermedad se iría controlando y que, en realidad, todo acabaría como en el 2009: Con muertes que lamentar (si bien no tan graves como los modelos predecían), pero con lecciones aprendidas que nos permitirían enfrentar mejor la siguiente amenaza biológica. Sin duda, no sería complicado enfrentar un encierro prolongado como lo hice entonces.

Por supuesto, me equivoqué en tres aspectos fundamentales. El primero fue que menosprecié la gravedad de esta enfermedad. Hay múltiples fuentes mucho más claras de lo que yo podría escribir que confirman lo peligroso de esta pandemia, por ejemplo, lo que los compañeros han escrito en Avance y Perspectiva. La enfermedad existe y el costo humano, económico y social que dejará será enorme.

El segundo aspecto en el que me equivoqué fue que ahora ya no estoy solo en el mundo. Tengo una familia, formada por mi esposa YV y por mi hijo FF. FF tiene un poco más de cinco años y es un niño muy inteligente y avispado. El tratar de explicarle por qué tiene que pasar cinco semanas encerrado no está resultando tarea fácil.

Por último, no es lo mismo ser un estudiante de posgrado, que un coordinador de programa académico. Las responsabilidades han crecido también en el plano laboral y la indicación es clara: No son vacaciones adelantadas, es una cuarentena para mitigar la propagación del virus. Así que hay que encontrar tiempo para seguir trabajando y no descuidar a los tesistas, a los estudiantes de asignatura y al programa de posgrado.

Así las cosas, aunque ya nadie lee blogs, he decidido reabrir Desde la Inopia. El nombre siempre me gustó y resulta adecuado para estos tiempos. Ahora, como entonces, escribo para mí. Aunque el que me lean es algo bienvenido, sin duda alguna. Siento que si no escribo, las siguientes semanas serán más complicadas. Así que, por aquí nos leeremos.

dtradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México