Fue realmente ingenuo de mi parte pensar que la cuarentena por el COVID-19 me iba a dar tiempo de sobra para retomar el blog. Cuando comenzó todo esto, estaba seguro que los días transcurrirían lentos y aburridos y que sólo era cuestión de sentarme un rato al teclado para que fluyeran las palabras.

Se ha terminado mi primera semana de encierro (la segunda para mi hijo) y no ha habido un solo día en que haya podido sentarme a no hacer nada. Me levanto relativamente temprano (6:30), le doy a comer a nuestra perrita y la saco al patio a que juegue. Pongo el café y me pongo a trabajar. Siempre hay correos que contestar, tesis o artículos que revisar. Para las 10 de la mañana comienzan las videoconferencias. A esas horas mi hijo ya está en pie y mi esposa le da las lecciones que nos mandaron de la escuela.

A eso de la una dejo de trabajar y me pongo a ver al niño o a hacer de comer (según nos pongamos de acuerdo). La tarde es para recoger la cocina, hacer algún arreglo menor en la casa y cosas así. También vemos algo de tele con mi hijo (la hemos conseguido limitar a menos de dos horas por día). Para las 6 de la tarde, salimos al parque de enfrente a patear un rato un balón o intentamos que la perra aprenda trucos básicos.

Después de las 8 cenamos algo ligero, es hora de bañarnos (sobre todo con el calor del norte de México) y pasamos a leer historias. Para entonces ya todos estamos tan cansados que se tienen que aventar mi versión libre del Hobbit, donde no me acuerdo del nombre de ningún enano (salvo de Thorin Escudo de Roble). Se acaba el día y no tuve tiempo ni de responder alguna dinámica de Twitter.

Así las cosas, hoy sábado que no hay escuela en casa y que puedo posponer 20 minutos el ponerme a responder correos, aproveché para aporrear este post, aunque sea breve. Tal vez tenga que empezar a despertarme más temprano para alcanzar a escribir algo todos los días.

dtradd
Ramos Arizpe, Coahuila
México