De regreso al mundo real

¿Alguien se acuerda de cuando dije que estaba en el tedioso proceso de hacerle correcciones a mi tesis? (Si alguien no se acuerda, nada más revise la entrada anterior a ésta) Pues bien, el proceso de las correcciones no es solamente tedioso, es realmente fatigante. Todavía una semana antes de que entregara, tuve una reunión con mis asesores en donde me recomendaron encarecidamente que abundara en la descripción de la deformación integranular y la interfasial (interfasial porque ocurre entre las dos fases del material, no entre caras). Mucho trabajo, poco descanso y demasiado encierro, me tenían con esta cara hacia el final, el jueves 24 de octubre.

Usese para espantar ratones

Mi aspecto justo antes de entregar la tesis; úsese para espantar ratones

Como puede verse, tenía la greña larga y revuelta como caballo de agrarista y las barbas sin remojar ni afeitar. Sin embargo, he de admitir que me sentía bien. Muy cansado, es cierto, pero bastante feliz de terminar. Al final, el mamotreto terminó bastante gordo, con un total de 280 páginas y pora’í de 65,000 palabras. Me lancé a imprimir el jueves por la tarde y ya no me dio tiempo de ir a empastar, así que me relajé y traté de dormir.

Al día siguiente corregí un par de cosas de último minuto y me dirigí felizmente a empastar las dos copias dos que exige la Uni. Mientras el confiable servicio exprés de la biblioteca Joule las empastaba, yo corría de un banco a otro, ora a pagar la renta, ora a depositar dinero en mi cuenta corriente, ora a sacar dinero para comer, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae.

(Aquí cabe hacer una aclaración, las dos copias de la tesis se entregan a la oficina de graduados (aunque debería llamarse de graduandos) y ellos se encargan de hacerlas llegar a los dos sinodales: uno interno y otro externo. Estas copias llevan un empastado sencillo, con pastas blandas y lomo pegado, pero sin coser. Eso sí, el nombre de la víctima candidato doctoral va con letras doradas en el lomo de la tesis.)

Tras recetarme un desayuno tradicional inglés, regresé por las dos copias a la biblioteca y me dirigí a la oficina de graduados la cual, afortunadamente, está en el mismo edificio. Recuerdo que cuando llegué y me mandaron a esa oficina anduve deambulando unos 15 minutos porque es un auténtico laberinto. Claro está, ahora me conozco sus tripas y llegué sin mayor problema a la oficina antedicha.

– ¡Hola! – dije yo – Quisiera entregar mi tesis, por favor.

– Mjhm – asintió la encargada. – ¿Entregaste tu aviso de entrega con mes y medio de anticipación?

– Sip.

– Ah, ok. Un minuto.

Tecleó algo en su computadora, selló mis tesis de recibido y me dio un recibito rosa del tamaño de una tarjeta de visita (sí, el tamaño que sigue de las de presentación. Creo que es como de 10×6 cm).  El recibito rosa dice: La facultad de ingeniería y ciencias físicas de la Uni de Manchester recibió de FGP 2 copias de la tesis para el grado de doctor. Fecha y firma de la asistente del director de posgrado.

– ¿Es todo?

– Sí, es todo. Gracias.

Y así, de manera algo decepcionante, entregué la tesis. No hubo fanfarria, ramo de flores, foto para el recuerdo, foto para la página de sociales, ni nada de eso. Vaya, ni siquiera me estrecharon la mano. Regresé con mi recibito rosa (sí, ya lo sueño) a la oficina y tuve que salir casi inmediatamente para el show aéreo de Southport, donde tenía que ayudar en un evento de mi jefe. Pero eso se los cuento mañana.

Finalmente, quiero agradecerle a toda la gente que estuvo al pendiente de mí en estos años. A algunos ya les alcancé a mandar correos y espero ponerme al corriente pronto con los demás. De verdad, su amistad me ayudó a pasar por estos días difíciles.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Chelito

He estado planeando este post desde que comenzó este año. Primero pensé en hacer una serie de artículos, comenzando unos tres meses antes del 29 de julio. En ellos hablaría un poco de cómo era ella y del lazo tan especial que nos unía. En días recientes, pensé que podría recordar paso a paso los acontecimientos de ese jueves que recuerdo tan claramente. Lo cierto es que, ahora que por fin se llega el décimo aniversario de la muerte de Chelito, no sé qué decir.

Chelito era mi abuela materna, una de los dos que conocí, con la que más conviví y, de hecho, con la que me crié. En los días en los que tenía menos de 20 años, ella era mi amiga, mi confidente, mi pozo de sabiduría.

Cuando niña, le tocaron vivir los duros años de la Revolución. Años que fueron aún más duros siendo descendiente de peones de hacienda en el Estado de México. Pero no le tocó morirse joven, a pesar de la pobreza, las enfermedades y las balaceras. No, su destino fue otro, fue adelita durante la guerra cristera (del lado de los federales) y recorrió medio México siguiendo al abuelo del que heredé el nombre, los ojos y el mentón. Tabasco, San Luis Potosí, Campeche, Querétaro, Durango. En aquellos días el desplazarse con la tropa implicaba viajar en trenes militares en las vías construídas por el Porfiriato que sobrevivieron a los ataques revolucionarios. De ese tiempo en que anduvo en campaña le quedaron recuerdos que nos contaba en las tardes sanjuanenses, a la sombra de un limonero que apenas hace unos pocos años desapareció. También se aprendió varios chistes de tropa, algunos tan subidos de tono que harían sonrojarse a cualquiera, aún en estos días.

Chelito quedó viuda muy joven y se tuvo que enfrentar al México cambiante de los años 50. Si bien nunca aprendió a leer y escribir, siempre fue poseedora de una preclara inteligencia. Consiguió darles educación superior a sus dos hijas, mayormente cocinando, lavando ropa en el canal de riego de Iguala y planchando camisas en los tiempos de las planchas de carbón. Chelito sabía que, aunque mínimo, el sueldo de un profesor de primaria es algo seguro quincena a quincena, así que tanto mi mamá como mi tía estudiaron para ser maestras.

A pesar de la vida tan complicada que llevó, Chelito jamás se amargó. Nunca he conocido persona tan alegre como ella. Se reía contagiosamente, con genuino gusto que reflejaba cuánto le gustaba la vida. Le gustaba cocinar, cuidar sus plantas, escuchar buena música y ver películas graciosas. Se rió increíblemente con “Sólo con tu pareja”, en particular en las escenas donde Daniel Giménez Cacho brinca de un balcón a otro para atender a sus varias amantes. Ni siquiera su larga enfermedad minó su alegría. Aún estando débil y enferma, se ponía a platicarnos historias a altas horas de la noche. Fue sólo en la última semana cuando perdió algo de lucidez y ánimos. Antes de esa semana, se sabía al detalle todas las noticias que veía en la tele y las comentaba riéndose de los resbalones de los políticos.

De Chelito heredé una hendidura entre las cejas, que ella me decía era causada por el pulgar de la partera al extraer al bebé. Quiero pensar que mi gusto por la cocina me viene también de ella. Y también quiero creer que seré digno de su memoria y enfrentaré la vida con la alegría que ella siempre mostró.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Volviendo a la (a)normalidad (2)

Se llegó la fatídica fecha del 12 de diciembre, cuando tenía mi entrevista para renovar la visa en la oficina de Border Agency ubicada en Liverpool. La cita era a las 10 de la mañana y me pedían estar una hora antes, así que llegué como a eso de las 8 y media a Liverpool. Encontré la oficina sin muchos problemas y, como llegué temprano, me pasé a un Starbuck’s de los que abundan a echar un café. Se llegó la hora y me fui a formar porque, para entonces, ya había fila afuera del edificio. Pasé por el arco detector de metales y lo único que me pidieron fue que apagara el celular.

En el primer mostrador me indicaron que tenía que seguir la línea amarilla que estaba convenientemente impresa sobre la alfombra. La seguí e iba yo muy maravillado por la eficiencia británica cuando, al abrir la puerta donde terminaba la dichosa línea amarilla, me recibió un grito.

– ¡Disculpe! ¿Viene usted a entrevista? ¿Tiene cita?

Me dirigí hacia la fuente de la voz, una muchacha con rasgos orientales.

– Sí, buenos días, a eso ven…

– Papeles, por favor.

– Aquí los tie…

– Sáquelos del folder.

Le entregué un poco nervioso mis papeles, ya que sus gritos me estaban alterando un poco. Con cara de huelepedo (que diría mi abuelo) la changuita se puso a revisar mis documentos.

– Sus estados de cuenta no están completos – me dijo con una mueca.

– Sí, faltan un par de hojas, pero el saldo está claramente mostrado en la…

– No importa, sus estados de cuenta no están completos.

– Pero mire, yo le puedo mostrar…

– No estoy aquí para leer sus documentos, sólo para ver que los traiga completos y no lo están.

– ¿Hay alguien más con quien pueda consultar esto?

– No, no se trata de eso. Ya se lo dije: Mi trabajo es ver que traiga sus documentos completos y no lo están. Si quiere pagar, por mí pague, pero lo más probable es que no le demos la visa. En el mejor de los casos su caso se irá a Croydon (en Londres) para su análisis detallado y eso tarda fácilmente 9 semanas. Pero como le dije: Si quiere usted pagar, by all means, pague.

Imagínense mi sorpresa, coraje y hasta náusea. La condenada vieja me dijo todo eso con un tono tan arrogante y una mueca tan despectiva, que entonces comprendí porque todo el mobiliario en la oficina estaba encadenado al piso. Agarré mis papeles y me fui a sentar, considerando qué hacer. Después de un par de minutos tomé mi decisión y fui a pagar. Cuando llegué a la caja iba ya a la defensiva, esperando encontrarme con gente tan desagradable como la changuita del inicio. Para mi sorpresa, a partir de ahí todo fue mejor. Pagué, luego pasé a otra revisión, después me tomaron las huellas digitales y al final me dijeron que me sentara a esperar a que el cónsul me llamara. Para colmo de males, la estancia estaba llena a reventar y el único asiento disponible era, como si fuera una burla, el que estaba enfrente de la vieja mal atendida por su marido/novio/quiupi.

Durante casi una hora, desde ahí la vi maltratar a toda la pobre gente que llegaba. Si algo le tengo que reconocer es que no discriminaba, trataba igual de mal a ingleses y extranjeros. Finalmente llegó mi turno y pasé con el cónsul.

El cónsul, un tipo muy amable, revisó mis documentos con cuidado y me señaló que, en efecto, tenía algunas hojas faltantes de mi estado de cuenta. Le expliqué que seguramente las había perdido cuando revisaba las cuentas con mi flatmate. El dijo que lo entendía pero que dado que como estudiante no tenía derecho a recibir beneficios del gobierno, era importante que estuvieran completos, porque ahí podría estar escondiendo esos beneficios. Me dijo muy amablemente que tendría que consultarlo con su jefa porque él no tenía suficientes elementos para tomar una decisión.

Después me señaló que no traía la revisión de seguridad de la comisión de antiterrorismo. Le mostré las instrucciones que seguí para llenar mi solicitud donde claramente decía que yo no la necesitaba. El me respondió mostrándome la página de su manual que decía lo contrario. Segunda pregunta para mi jefa, me dijo.

Luego llegó al asunto de la manutención. Mi beca de Conacyt se termina en marzo, pero tengo mis ahorros y una carta de mi asesor donde dice que él me apoya. El cónsul me dijo que, si se siguen las instrucciones al pie de la letra, debería darme una visa por el tiempo que Conacyt me apoya y luego debería tramitar otra cuando la beca se terminara. Tercera pregunta para mi jefa, añadió.

Se puso entonces de pie y me dijo: Pónte cómodo, creo que me voy a tardar al menos 20 minutos. Veo complicado tu caso, pero a ver qué dice la mandamás. Se fue y yo me quedé a esperar con resignación. Estaba yo sacando el libro que había llevado para pasar el rato (Breakfast in Tiffany’s) cuando el cónsul volvió, en menos de 3 minutos.

Con una sonrisa me dijo: Dice mi jefa que sí a todo y que no estemos perdiendo el tiempo con estudiantes que claramente traen todo en orden y que obviamente no son amenaza alguna para el Reino Unido. ¿Te parece bien si te doy la visa hasta el fin del 2009?

No pude evitar hundirme en el asiento mientras suspiraba con alivio. El cónsul me dijo otra vez: ya puedes relajarte, esto ya está aprobado. Después de algunas preguntas adicionales y revisiones de que mi nombre estuviera completo, el trámite estaba terminado. Me acerqué a donde estaba la vieja malencarada y le dije: La visa fue aprobada, señorita. Muchas gracias por sus atenciones. Me dedicó una mirada equivalente a un piquete de alacrán y me dejó ir sin más.

En el capítulo próximo, el que esto escribe pasa las de Caín mientras espera la llegada de la visa.

Darth Tradd

San Juan del Río, Qro.

México

Fairy tales

No sé bien de qué forma, pero la semana pasada estaba caminando cerca de Trafalgar Square en Londres junto con una amiga que vino a visitarme desde México. Llegamos a la iglesia llamada St Martin in the Fields, que tiene la particularidad de tener un café situado en la cripta y convenientemente llamado Cafe in the crypt.

Salíamos mi amiga y yo de dicho café cuando nos encontramos con bastantes policías que resguardaban la entrada a la iglesia apoyados con vallas para que la gente no se acercara de más. Desde que bajamos al café notamos que la gente que entraba a la iglesia iba de etiqueta y supusimos que se trataba de un concierto o una misa muy posh como dicen por acá. La cantidad de curiosos seguía creciendo y decidimos quedarnos un rato a ver de qué se trataba (ya saben como es uno de metiche).

Después de unos 5 minutos, desde Whitehall subió una limusina escoltada por varios guaruras, unos en moto, otros en coche y supongo que algunos a pie a los que no les fue bien. La limusina me sorprendió, pues traía el escudo de la familia real.

Royalty! – le grité a mi amiga, sin poder evitar que se me saliera el inglés. Y justo en ese momento pasaron frente a nosotros su alteza real (así le dicen pues) el Príncipe Carlos y su distinguida esposa Camilla Parker-Bowles, duquesa de Cornwall.

En cuanto la gente se dio cuenta de quienes eran comenzaron los aplausos y los vítores. La feliz pareja correspondió con algunas sonrisas y saludos, antes de desaparecer dentro de la iglesia, donde se asistieron a una reunión de The Victoria and George Cross Association.

Hasta aquí la crónica de sociales. En las veces anteriores en que había ido a Londres, no me había tocado ver a nadie famoso y ahora que vi algo de la pompa y circunstancia de la familia real, sólo me impresionó algo: Que la gente les aplaudiera tanto. Uno pensaría que después de que Carlos abandonó a Diana por estar con Camila, la gente le regalaría una buena rechifla, ¿no?

La verdad, yo creo que yo también le hubiera aplaudido a Carlos, de no ser porque estaba ocupado tratando de sacarles una foto. Consideremos el siguiente argumento, como una sinopsis de película barata:

Obligado por su madre a casarse con una mujer que no amaba, el príncipe de Gales sufre amargamente por no poder estar con su primer y verdadero amor. A la muerte de la esposa que le fue impuesta cruelmente por la inflexible reina, el príncipe por fin reúne el valor necesario para enfrentarse a su familia y unir su vida en matrimonio con la única mujer en el mundo para él. La historia de amor por fin se culmina, 30 años después.

¿No es ése el argumento de los dramas románticos? El noble chamaco que se tiene que casar por presiones sociales o familiares con una mujer que no quiere. Sin embargo, al final de la novela el amor triunfa y los dos pueden estar unidos, aunque sea al final de sus vidas. Si Camila fuera un poco más guapa y Diana no hubiera muerto tan trágicamente, todo mundo diría que la vida del príncipe es verdaderamente un cuento de hadas. Pero nos encanta ser así, como la Duquesa de Cornwall es tan poco agraciada, siempre será la bruja del cuento. Y como una persona tan buena, guapa y con tanto garbo como Diana, no pudo haber muerto sin haber sido la víctima de una conspiración, siempre será la figura trágica y angelical. Con mi mejor acento mancuniano: Rubbish! Qué bueno que a la fea del cuento le tocó ganar una.

Y ya, que esto parece la crónica rosa.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

El 7 de septiembre

Es nuestro aniversario, como dijo Mecano. Hace tres años que salí de México con dos maletas llenas de ropa, una cobija de lana herencia de mi abuelita, fotos de mi familia y mi sufrida laptop de aquellos días. No deja de sorprenderme que hayan pasado ya tres años desde que llegué a Manchester. La verdad es que he disfrutado mucho mi estancia en el Reino Unido. Es un país muy diferente a México, pero con un encanto propio, una vez que se le conoce un poco más.

Este fin de año está lleno de preguntas: ¿Me quedó aquí haciendo un post-doc? ¿Me regreso a México? ¿Busco el post-doc en otro país? ¿Me dejo de post-docs y busco trabajo en otro lado? Tengo fondos para subsistir hasta el próximo junio, pero la decisión tengo que tomarla mucho antes.

En lo que llega el momento de decidir, voy a celebrar mi llegada a esta isla con un full English breakfast, lo primero que comí al llegar aquí.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Historias anelásticas

Como siempre, les agradezco a todos mis amigos y lectores su preocupación por mi bienestar. La verdad es que me han traído muy ocupado en la oficina y no ha habido tiempo de nada. Pero bueno, las excusas al final, déjenme contarles cómo me fue en España.

Por principio de cuentas, no estuve todo el tiempo en Madrid. Desde ahí tomé un avión a Santiago de Compostela, acompañado por G, la amiga que me invitó a Madrid. El vuelo transcurrió sin mayores incidentes, pero después del aterrizaje de la aeronave me tocó aterrizar a mí.

Sí, como lo leen, di el changazo al ir bajando las escaleras en el aeropuerto, rumbo a los carruseles de equipaje. Me fui de sentón y reboté en tres escalones antes de llegar al suelo. A G sólo dar el Mafaldazo (¡Dios mío, Manolito! ¿Te caíste?), y yo me levanté como siempre lo hace uno cuando hay gente alrededor: fingiendo que el golpe no dolió.

Santiago de Compostela es un lugar agradable y un centro de peregrinación muy antiguo. La catedral es muy grande y con una mezcla muy interesante de estilos, incluyendo una torre rematada con algo que recuerda a la pirámide de los dionisios en el Tajín. Sin embargo, debe ser que mis impías plantas han profanado el umbral de demasiadas catedrales, porque la verdad es que la catedral no me impresionó tanto. Lo mejor fue el inciensario enorme (botafumeiro) que viaja a un extremo a otro del transcepto al final de la misa. Para detenerlo, uno de los padres lo sostiene con fuerza a mitad de su viaje y gira sobre su propio eje. Estaba yo empezando a aburrir a G con lo interesante que me parecía que el impulso lineal del botafumeiro era convertido en momento angular gracias al sacerdito sacerdote que lo detenía. Afortunadamente, ella me salvó de hundirme más gracias a que dijo que tenía hambre.

Regresamos a Madrid un día después del accidente del avión de Spanair. Toda la gente iba muy preocupada, pero la verdad es que el vuelo transcurrió sin contratiempos. Al otro día regresé a Manchester, sin haber visitado el Mesón del Champiñón, lo cual mi querida Lady Cataclísmica nunca me perdonará. Pero, Cata querida, siempre queda la opción de regresar.

¿Y qué he estado haciendo en la lluviosa República Mancuniana que me ha tenido alejado del blog? La escritura de un artículo sobre la deformación de mi querido material. Hoy le añadí 2500 palabras a ese artículo y todavía no me acaba de convencer. Ya que estamos en territorio geek, va una breve explicación de lo que estoy tratando de hacer.

En ingeniería mecánica, existe un diagrama llamado esfuerzo-deformación. En general, al aplicarle una fuerza a un objeto, éste se deforma. La deformación es linealmente proporcional a la fuerza aplicada durante una región llamada elástica. Al retirar la fuerza, el objeto regresa a su tamaño original. Si la fuerza es demasiado grande, el objeto sufrirá una deformación permanente, en la región conocida como plástica: Al retirar la fuerza aplicada, el objeto no regresará a su tamaño original.

Entonces, si la deformación es lineal, la deformación es elástica y reversible. Si la deformación muestra una curva, la deformación es plástica e irreversible. Fácil, ¿verdad? Pues no con mi mugroso material. Aunque la mayoría de los materiales del diario en general cumplen lo anterior, la verdad es que internamente las cosas no son tan simples. Hay deformaciones no lineales que son, sin embargo reversibles. No existe tal cosa como una deformación completamente reversible, siempre hay pequeñas dislocaciones en la red cristalina que se van acumulando y que son irreversibles.

El asunto es que mi material sufre una deformación plástica reversible. Como tal cosa es, en principio, un oxímoron, y el término inelástico se ocupa para otras cosas, decidieron llamarle a tal efecto deformación anelástica. Así que mi material sufre una deformación elástica, luego una anelástica, luego una verdaderamente plástica y al retirar la carga va de regreso por una ruta similar. A partir de las curvas se pueden calcular cantidades tan esotéricas como la deformación plástica verdadera, el módulo de elasticidad aparente, la deformación pseudo-plástica o anelástica y el módulo secante.

Si alguien entendió lo escrito en los tres párrafos anteriores y se siente con ganas de analizar los datos estos, mándeme un correo electrónico o deje un comentario aquí y lo ponemos de coautor. Todavía falta analizar la primera derivada de las curvas y determinar los puntos exactos donde comienza la región anelástica y si esta depende de la deformación plástica verdadera o el esfuerzo aplicado.

Necesito ayuda. O por lo menos unas 4 pintas de cerveza.

Saludos para todos, ya les contaré en qué acabo todo esto.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Quédate en Madrid

La gerencia creativa de este blog anuncia felizmente que de alguna forma esta noche está en Madrid, con el sano propósito de tomar una semana de vacaciones. El blog, aunque estará sin actualizarse esta semana, ya salió de terapia intensiva.

Darth Tradd

Madrid

España

Binning problems

El viernes pasado fue la última reunión con Mulan. La verdad es que la tan cacareada despedida fue bastante simple. Un apretón de manos y un que te vaya muy bien fue todo. En el tren de regreso MP se puso a revisar unas gráficas que presenté, donde muestro que el material FL tiene una ligera variación en su comportamiento que no debería tener.

– Mira, – dijo MP – creo que necesitamos ver si ese cambio ocurre siempre a la misma altura en todas las muestras y en todas las condiciones. También sería bueno saber si después de ese cambio el comportamiento es lineal o no.

– ¿Y si le sacamos la primera derivada? – dije yo.

Algún día tengo que aprender a quedarme callado. MP dijo: “Sí, esa es una excelente idea. Ponte a trabajar en ello inmediatamente, no te debe tomar mucho tiempo. Supongo que para el martes ya la tienes lista, ¿no?”

Pues no.

Los puntos tenían demasiada variación de uno a otro, así que la derivada iba y venía alegremente y no me mostraba ninguna tendencia. Hablé un rato con mi hermana para preguntarle algunas cuestiones básicas y me ayudó bastante, pero los puntos de la derivada seguían subiendo y bajando sin mucho sentido.

El miércoles MP estuvo en Londres, pero ayer se apareció en la oficina.

And? – me preguntó con ese estilo que tienen los asesores para acicatear a los alumnos – I’m waiting.

Le mostré las nubes de puntos que tenía hasta el momento y me dijo: “Algo estás haciendo mal, tus datos claramente muestran ese cambio. A ver, écha pa’cá, lo voy a hacer yo.”

Y se puso a hacer la derivada (o mejor dicho, la aproximación de ésta) en Excel. 5 minutos después se quedó con las mismas nubes de puntos que yo tenía.

¿Ya ves? ¿Ves cómo están los puntos de dispersos? Estaba pensando en suavizar la derivada o tal vez saltarme puntos al derivar, – expresé, feliz de que no le hubiera salido.

– No, a ver, espera. I think this is a binning problem.

Y se puso a hacer un suavizado de la derivada bastante directo, promediando 13 puntos y con traslape. En un rato los puntos ya mostraban una cierta tendencia, aunque todavía se veían con bastante ruido. El problema, sin embargo, ya estaba resuelto.

– Listo, – me dijo. Búscate una forma de hacer el binning de manera más elegante y ya está. ¿Cuánto me tardé? ¿10 minutos?

Y luego me miró triunfante, con la cara de: Por eso soy el asesor y tú eres sólo un alumnejo.

Damn. Ya me desquitaré con mis alumnos.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Whatchamacallit?

Acabo de regresar de la chino-cáscara, que por fin se reanudó después de casi un mes en que no íbamos. Para desquitar, rentamos dos horas la cancha. Ahora que ya estoy a punto de irme a dormir y me duele todo, me pregunto si fue buena idea.

Hoy me puse a pensar que después de casi tres años no me sé el nombre de casi ninguno de los chinos que van a jugar, pero los identifico a todos. ¿Cómo hacerle para identificarlos? Ni modo que diga: el güey de los ojos jalados. Eso me recuerda a un profe en la secundaria que hizo una pregunta a un alumno en particular: ¡Ã‰se del suéter verde!

Ah, pero estaba yo con los chinos. Conozco por nombre sólo a 3: Wei, Lei y Matthew. Sí, es chino, pero así le gusta que le digan. De todos los demás (unos 7) desconozco el nombre. ¿Por qué? Porque la neta se hablan entre ellos en mandarín y no me juntan. Sólo me hablan lo indispensable. No es que sean mala onda, pero digamos que nunca van a triunfar en sociedad. A falta de nombres hice la típica mexicanada: Les puse apodos a todos.

El Ganchitos: Este güey no se sabe otro tiro. Siempre de medio gancho izquierdo. Se acomoda, medio gira y tira. Fuera de eso, es muy bueno bajando rebotes.

El Sonrisas: Obviamente, siempre se está riendo. Así anote, falle, la riegue o simplemente pida un pase. Pura pinche risa.

El Topo: El buen Topo es fácil, la cara lo delata. Además, siempre lleva la misma playera azul, así que es como el topo azul. Fácil de identificar en los cortes al aro.

El Ojitos: Parecería imbécil ponerle el Ojitos a un chino, pero es que a este cuate de plano no le pusieron ojos. Para colmo, cuando apunta antes de tirar al aro, los frunce todavía más. Hasta eso, es buen tirador.

El Tito: Este cabrón es muy bueno jugando. Entrenó con la selección de su estado y se nota. Lo cierto es que se parece mucho a un cuate mío de ese nombre. Así no hay pierde.

Los Brenan: Estos dos son recientes, al igual que el Topo. Sólo tienen unos tres meses jugando con nosotros. Llegaron muy payasitos a jugar, pero últimamente se han civilizado. Se parecen mucho, tanto físicamente como en juego. Siempre va uno de blanco y otro de negro, supongo que para facilitarme mis notas mentales.

El yo me la chingo: Este es el Matthew, antes de que me aprendiera su nombre. Básicamente su juego es pasársela al aro. Hasta eso tira bien, pero es desesperante jugar con él.

El hindú: Si, hay otro prietito en el arroz. Este hindú es amigo del ojitos y nunca había jugado antes. Lei abusa de él y cada que puede le da de madrazos. No tiene nada de juego y se encabresta a la primera.

Y, a todo esto, ¿cómo me dicen a mí?, se preguntarán ustedes. Digamos que igual que mis alumnos en los tutoriales: Franchesco, Fransisco y hasta Francis. Lo que nunca es sabido es que me dicen cuando hablan en mandarín y se botan de la risa cuando me señalan. Prefiero no saber.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Back to basics

Tengo muchos años de no usar un lápiz para escribir. Si recuerdo bien, empecé a usar portaminas desde que estaba en quinto o tal vez sexto de primaria. Eso tiene, al menos, veinte años. Los lápices amarillos con gomita roja me desesperaban. Eran sucios, había que estarles sacando punta a cada rato y además la pintura amarilla seguro tenía plomo. Así que comencé a usar portaminas y me aficioné a un modelo en particular, el Rotring Tikki. Tuve al menos 6 de esos portaminas. Muy buenos, ligeros y confiables.

Una de las razones por las que dejé de usar lápiz fue un accidente que tuve en cuarto año. En aquel tiempo, ya era reconocido como un alumno aplicado según el habla de aquellos días. Mis compañeros, hasta eso, me apoyaban bastante, sin hacerme la guerra. Recuerdo que a veces la maestra daba el resultado de alguna operación aritmética y no faltaba el que me codeara y me preguntara: ¿Sí es cierto, Paquito? (Así me decían, pues)

Resulta pues que en una ocasión estábamos contestando un cuestionario, creo que de confusión opción múltiple. De repente me vi rodeado por unos 6 o tal 8 de mis compañeros que, cada que contestaban una pregunta, volteaban a preguntarme: Paquito, ¿la ocho es la a? ¿Qué pusites en la 9? ¿Qué pagina era? ¿Te dicto mis respuestas y me dices si están bien? La maestra no estaba y todos mis cuates me rodeaban como abejas, sin darme un minuto de respiro. Así siguieron, desesperándome, hasta que reventé y les grité: ¡Déjenme en paz! ¡Contesten ustedes solos! O algo así, yo no era tan grosero en esos días.

Mientras gritaba le di un golpe a mi palma izquierda. Un golpe mal dado, con la base del puño. Un puño mal formado, con mis dedos rodeando a mi pulgar y a un lápiz con la punta hacia abajo. La punta del lápiz se me clavó en la mano y todavía hice la burrada de no retirar el puño hacia arriba, sino hacia un lado. Un buen pedazo de grafito y cerámica se me quedó atorado en la mano. Mis amigos recularon un poco, viendo que me había clavado el lápiz e inmediatamente volvieron a la carga. Bastards.

Dos días después (porque no dije nada al llegar a la casa), mi mamá me sacó esa mina de la palma de la mano y cubrió la herida con merthiolate rojo. A mí siempre me gustó el merthiolate rojo, hacia que una raspadura sin chiste se convirtiera en una herida heroica. La herida sanó, pero yo siempre me quedé con un cierto resentimiento hacia los lápices, aunque la culpa haya sido mía.

20 años después, aquí en Manchester me compré un portaminas Staedtler para hacer los cálculos, anotar recados y hacer borradores de pendejadas varias. Y, por supuesto, desapareció de mi escritorio. Nuevamente, bastards.

Hace un mes le estaba pidiendo ayuda al Profesor Morhi y busqué con qué dibujarle un diagrama. El me acercó un lápiz y me dijo cortésmente: Try this. Japanese pencil. Best in the world. Mjhm. Acabé de dibujarle el diagrama y él me explicó perfectamente lo que yo no podía entender en un principio. Al final, me regaló el lápiz y me dijo que me traería más de Japón.

La semana pasada, me trajo una caja de lápices. Matured Mitsu-Bishi 9800, dureza B, para escritura general dice la caja. Maldita sea, tal vez es que tengo mucho de no usar lápices o a lo mejor sí son buenos los condenados, pero es una delicia escribir con ellos. El Profesor todavía fue tan amable como para reglarme un sacapuntas y una goma Tombow. The best pencil must be erased with the best eraser, me dijo.

Volver a usar lápices tiene sus ventajas. Son menos codiciados que los portaminas, el sacarles punta es una buena forma de perder el tiempo y además el olor a madera (en particular estos Mitsu-Bishi) que despiden es agradable, incluso relajante. Ahora sólo tengo que asegurarme que la próxima vez que alguien me desespere con sus burradas, la el lápiz apunte hacia ellos y no hacía mí.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK