Cuenta regresiva

Hace 4 años uno de mis mejores amigos, RK, estaba terminando su estancia en Manchester y regresaba a Alemania. Por tal motivo, nos invitó a una carne asada que hizo en el patio de la residencia estudiantil donde vivía. Era un día precioso, increíblemente soleado y sin una sola nube en el cielo. Recuerdo haberme tirado de espaldas en el pasto mientras veía el cielo de un azul único ser dividido por las estelas de vapor de los aviones. Mientras estaba en el pasto me puse a hablar con mi tocayo, que estaba también panza arriba no muy lejos de mí. Tal vez fue por las cervezas que habíamos tomado, por el sol sorprendentemente fuerte o por la media vaca que nos habíamos comido pero nuestra conversación fue algo parecido a esto:

– Ahí va un avión.

– Ei…

– ¿A dónde irá?

– Ese tiene que ir para Europa.

– Ahí va otro, para el otro lado.

– Sí, ese va para América.

– Un día un avión de esos me sacará de aquí.

-Sí, también a mí.

Y casi estuvimos a punto de empezar a cantar aquella canción de […] caballito blanco, sácame de aquí, llévame a mi tierra donde yo nací […]

Esa conversación se convirtió en anécdota largamente platicada y comentada. Hoy que estoy a unas cuantas horas de emprender el regreso a los llanos del plan de San Juan, me acordé de ese día. Con las maletas ya empacadas, las cajas ya enviadas y mi cuarto helado porque ya no tiene casi cosas, el irme de Manchester se siente muy real. En esta ciudad dejé 5 años de mi vida y terminé mi formación como científico de materiales. No sé qué depare el futuro pero puedo decir que las experiencias ganadas durante mi estancia aquí me han marcado como pocas cosas en mi vida.

Manchester es una ciudad de la cual siempre guardaré buenos recuerdos. En los últimos 3 años, llamaba a mi departamento en Hulme mi hogar. Ahora el lugar de los grandes eventos será dejado atrás. Aquí dejo amistades que sé que durarán por el tiempo que me quede en este mundo. Dejar a mis amigos de aquí ha sido casi tan difícil como dejar a mis amigos de Querétaro.

Por otro lado, la gerencia creativa desea hacer un anuncio: Desde la Inopia termina aquí, este blog fue mayormente el diario de mis aventuras por estas tierras europeas. Al principio fue la narración del choque cultural que un pueblerino de San Juan del Río tuvo al enfrentarse al Reino Unido. Unas de las razones por las que dejé de actualizar es porque en los últimos años estaba tan acostumbrado a la vida aquí, que el acontecer diario era ya común y no me inspiraba a escribir. Lo que antes me resultaba extraño, repulsivo o jocoso, ahora sólo me hacía levantar una ceja. Creo que tantos años rodeado del humor británico me afectaron un poco.

En los próximos días (semanas, para ser realista) respaldaré la base de datos para después sacar del aire el contenido de Desde la Inopia. Una vez que decida el tema del nuevo blog, estaremos de nueva cuenta por aquí. Mientras tanto, ahí ando en el Twitter.

Un gran abrazo para todos. Gracias por haberme leído todo este tiempo.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Ya vine

Tiene tanto que no abría WordPress que ya hasta se me olvidó cómo se veía el panel de control. Pero ahora la ocasión lo amerita, al menos para poder expandirme un poco más que en el Twitter. Lo último que les conté por aquí es que mandé mi solicitud de visa a la Home Office y que esta por poco se perdía en el limbo de DHL. Ahora, varios meses después, tengo que informarles que estoy a punto de dejar suelo británico.

Pero no se preocupen, no es que el paquete se haya perdido. Tampoco es que me haya pasado lo que a AK, el cual apeló una decisión hasta que se la (a)peló. Nada de eso, mi visa de trabajo fue aprobada en un tiempo récord (2 semanas) y así pude seguir con la Fellowship que me gané al final del doctorado. Tampoco es por falta de opciones por aquí, tenía posibilidades de hacer un post-doctorado en la Universidad de Manchester o en la Universidad de Birmingham.

No, la verdad es que quiero estar de aquel lado del Atlántico. He pasado casi cinco años de mi vida por acá y los he disfrutado mucho. Sin embargo, creo que es tiempo de dejar el Reino Unido. ¿Conocen esa sensación que suele tener uno en la boca del estómago después de tomar una decisión difícil? ¿Ese cosquilleo que significa algo así como: no la estaré regando?

Bueno, pues no siento nada similar tras haber decidido dejar Manchester. Me siento tranquilo y confiado al respecto. Sí, ando apurado cancelando servicios y empacando cosas, pero lo cierto es que me siento bien con mi decisión.

Así que estoy en el feliz proceso de decidir qué me llevo en las maletas, qué mando por mudanza internacional y qué voy a dejar/tirar/regalar. El último conteo de libros llegó a los 110, de los cuales unos 30 son novelas, incluyendo a Patricia Highsmith, Dashiell Hammett y Umberto Eco. Unos 20 son cómics en ediciones de lujo (papel couché y por tanto muy pesados), como Kingdom Come, de Mark Waid y Alex Ross, y Arkham Asylum, de Dave McKean. Otros 20 son libros de ciencia de materiales, algunos nuevos y otros de segunda mano. En el resto hay de todo, incluyendo cosas extrañas como Elephants on Acid y una colección de cuentos (Smoke and Mirrors) de Neil Gaiman que me recuerdan los mejores capítulos de la dimensión descosida desconocida.

Lo demás es cerrar los contratos de los servicios, a saber: agua potable, electricidad, gas, teléfono, internet y celular, más la licencia de la tele y el predial que aquí se va pagando cada mes. Por si fuera poco, todavía no termino oficialmente en la Universidad y tengo que terminar un artículo de los malhadados aluminatos de titanio antes de irme.

Dicho artículo me tenía muy de buenas porque a mis dos jefes les había gustado lo que había escrito y mi teoría sobre lo que le pasa al material. Lo malo fue que en días pasados se lo mandé a uno de los asesores de la Mu (de la cual tiene mucho rato que no tengo noticias) y básicamente este señor me dijo que no le convence mi teoría, aunque con palabras un poco más fuertes. La semana pasada nos la hemos pasado enviando correos para tratar de solucionar este asunto, pero decidimos que lo mejor es que nos reunamos para platicar con calma. Es por ello que mañana me lanzo a Birmingham, a ver cómo me va. Espero que, como decía la chinita que en el bosque se perdió, al cabo seamos de una opinión.

Me gustaría decir que voy a estarles contando por este medio mis desventuras con la empacada y los últimos días en Manchester, pero la verdad, lo veo difícil. Los invito a que me sigan por el infame Twitter (http://twitter.com/dtradd) donde a pesar de la limitante de espacio actualizo más seguido.

Saludos para todos, ya extrañaba andar escribiendo por acá.

Darth Tradd

Todavía en Hulme

Manchester, UK

Las hormigas en Francia caminan con elegancia

Decía en el post anterior que me iba a dar el tiempo para contarles sobre el show aéreo de Southport. Sin embargo, mi jefe tenía otros planes. Se le ocurrió que mientras espero mi examen de grado, podría ir a ayudarle a una compañera a hacer unos experimentos en la Francia. En particular, se trataba de hacer mediciones de esfuerzos residuales en el instrumento imaginativamente llamado Salsa, que según son las siglas en inglés de analizador de deformación para aplicaciones a gran escala. Es un instrumento muy estable y relativamente fácil de usar. Sin embargo, hay que alinear muestras con los “encauzadores” de neutrones, que pueden ser rendijas o “colimadores” (una especie de cuñas que están rellenas de laminillas por las que los neutrones van rebotando). Trabajamos duro, pero no fue un experimento tan pesado como los de radiación sincrotrón que he padecido antes. Estábamos alineando las muestras cuando el fotógrafo oficial del ILL (Instituto Laue-Langevin, que comparte el “polygone scientifique” con el ESRF{European Synchrotron Radiation Facility} y el EMBL {European Molecular Biology Laboratory}) dijo que quería sacar unas fotos para el anuario. Nos dijo que actúaramos normalmente mientras él tomaba las fotos con resultados desastrosos:
Según que alineando la muestra y las rendijas pa'los neutrones. Nótese que ya me corté el pelo y me afeité.

Según que alineando la muestra y las rendijas pa'los neutrones. Nótese que ya me corté el pelo y me afeité.

El principal problema de este experimento fue, al menos para mí, que ahora no alcancé cuarto en la guesthouse del polygone scientifique y me mandaron al horrible aparthotel Marie Curie. Si alguna vez visitan Grenoble, eviten dicho hotel como la peste. ¡En vez de camas tiene sillones-cama convertibles! Para colmo, tenía que caminar 25 minutos todos los días para llegar al ILL. En la noche (a eso de la una de la mañana), estaba demasiado cansado como para caminar y les pedía a los guardias que llamaran un taxi. Curiosamente, en la última noche el chofer era un tipo igualito a John Goodman, el que hizo de Pedro Picapiedra en aquella malísima película de los años noventa. El buen Pedro Picapiedra intentó platicar conmigo en francés, lo cual no llevó a nada, como es de suponerse. Sin embargo, al llegar al malhadado hotel dijo algo que sí entendí:

Vous êtes américain?

Por lo cual me sentí altamente ofendido y respondí algo que sonó a: Mais no! Je suis mexicain! El taxista respondió diciendo varias cosas de las que se acordaba de México, supongo, pero lo único que le entendí fue Aztec! Aztec! Le contesté mi aversión de: Oui, oui. Aztec. Bonne nuit y me largué a dormir.

En todos estos años, la gente me ha dicho que parezco paquistaní, hindú, italiano (aunque no lo crean) y hasta colombiano. Pero jamás me habían dicho que si era estadounidense. Condenado Fred Pierrafeu, encima de todo me cobró 10 euros.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Oiga, ¿y esto qué es?

Ya estoy de regreso en las tierras de la cerveza de la tibia, el jabalí en salsa de menta y el té con una nube de leche y sin azúcar. Me la pasé muy bien en los días después del congreso. Me impresionó mucho la comida: anduvimos muy internacionales y en todos los lugares la calidad fue excelente. Tengo que admitir que la comida mexicana es la mejor que me ha tocado probar fuera de México. Muy rica, la verdad.

En fin, se acabaron las vacaciones el viaje de negocios y se llegó el tiempo de regresar. El viaje de regreso transcurrió sin mayores pormenores, pero apenas alcanzamos nuestro vuelo de conexión en Frankfurt. Cuando íbamos bajando, ya estaban abordando. Al llegar a Manchester, me preparé a usar la visa protagonista de post anteriores por segunda vez. El avión iba lleno de hindúes y chinos, así que el Moat me recomendó rebasarlos para que no hiciera tanta fila. A paso veloz dejé atrás a dos o tres familias asiáticas y a un grupo de unas 10 chinas. Fui el primero en llegar a los mostradores de migración.

– ¡Hola! – me dijo el agente de migración – ¿De dónde llegó?

– De Frankfurt, procedente de San Francisco.

– Ajá, ¿ y qué hace aquí?

– Soy estudiante en la Universidad de Manchester.

– Muy bien. Oiga, su visa estampada en el pasaporte ya expiró.

– Así es, pero aquí traigo la nueva visa que apenas saqué.

– ¡Oh! Déjeme verla.

Tras un minuto de cuidadosa inspección, el agente prosiguió

– ¡Oh!

– ¿Oh? – pregunté.

– Sí, es que… Es la primera vez que veo una de estas visas.

– No me diga.

– Sí, y la verdad… No sé qué hacer con ella.

Excuse me?

– No, no, la visa está bien, es sólo que no sé qué anotar en su pasaporte y en su forma de desembarco.

– Pero es sólo una extensión de la anterior, supongo que el procedimiento será igual.

– No estoy seguro, déjeme averiguar.

El hábil agente migratorio giró en su silla y le preguntó a su colega, que en ese momento estaba atendiendo a una china que venía a un congreso.

– Oye tú, ¿habías visto una de éstas?

– Sí, son las nuevas visas.

– Sí, eso ya lo sé, ¿pero qué anoto en la tarjeta de desembarco?

– No sé… Mira, allá va Licha* igual y ella sabe.

(* El nombre pudo haber sido cambiado por razones que no vienen al caso)

Tras preguntarle a Licha, el agente regresó conmigo.

– No, pues Licha no sabe. Pero usted no se preocupe, no es que su visa esté mal, es simplemente que quiero seguir bien el procedimiento y es la primera vez que veo una de éstas.

– No se preocupe, aquí espero.

5 minutos después ya había una mini-reunión de agentes discutiendo qué hacer con la visa. Mientras tanto, chinos, hindúes y paquistaníes pasaban ágilmente por las preguntas y revisiones de rigor.

– Me da mucha pena con usted – me dijo el agente,- pero me va a tener que esperar un rato más. Vamos a revisar si en la intranet hay algo.

– Vaya, vaya usted.

Tras otros 5 minutos, era la única persona que quedaba en los mostradores de migración. Finalmente, el agente regresó con una sonrisa de triunfo.

– ¡Ajá! Ya lo encontré. No hay nada diferente con estas visas, sólo hay que sellar el pasaporte y ya.

– …

– Gracias por su paciencia y disculpe la tardanza, pero quería asegurarme de hacer lo correcto.

– No se apure.

– Bienvenido al Reino Unido.

– Gracias.

Ni modo, ahora hay que concentrarse en superar el cambio de horario y ponerse a trabajar.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

Maldito Jet lag

Hay gente que presume que el jet lag le hace lo que el viento a Juárez. A mí particularmente no me pega tanto el cambio de horario, normalmente estoy bien en un par de días, aunque suelo sufrir bastante en el primero. Así que esta mañana abrí los ojos a las 4 y ya no me pude volver a dormir, pero no fue sólo por el jet-lag. Al tipo del cuarto de al lado se le ocurrió que era una buena idea bañarse a las 4.15 y, por si fuera poco, ponerse a cantar en la regadera. Bastard.

Ya que el tipo dejó de berrear y casi me estaba quedando dormido otra vez, sonó mi celular. Con sólo un ojo vi la pantalla y extrañado contesté con voz estropajosa:

– ¿Virics?

– ¡Hola, man’to! ¡Feliz cumpleaños!

– ¿VIRICS?

– ¿Estás ocupado?

– No, estoy dormido.

– ¿Qué?

– Son 8 horas de diferencia con el Reino Unido, son las 4 y algo de la madrugada.

– Ay, perdón, man’to…

– No te apures.

– Qué pena…

– En serio no te apures, gracias por la felicitación.

– En estos casos no deberías darme las gracias:

– Cierto, pero gracias de todos modos.

– Bueno…

– En serio, no te preocupes.

– Sale, te dejo dormir.

– ¡Ah, Virics! Una cosa más.

– ¿Qué pasó, man’to?

– Mi cumple es mañana.

– …

– Buenas noches, man’ta.

Y ya mejor me levanté para bañarme.

Darth Tradd

Moscone Center

San Francisco, CA, USA

Aleatoriedades

La gerencia creativa de este blog se despertó este domingo a las 6 de la mañana en San Francisco, California, sin saber bien de qué se trataba. A medida que fue despertando, se acordó de que estaba ahí con el sano propósito de asistir al congreso TMS 2009. 

Sí, una vez más estoy en un congreso, auspiciado por la Universidad. A diferencia de los dos anteriores, ahora no vine solo: Somos 5 compañeros del grupo, además del mero jefe que viene a ver que nos portemos bien y asistamos a las pláticas. El aeropuerto de Manchester era un hormiguero. Nuestra salida coincidió con la de un montón de familias que iban de vacaciones. Para colmo, al llegar al mostrador me dijeron que tenían que revisar mi visa en el aeropuerto de Frankfurt (donde hacíamos conexión) y por tanto no me podían dar mi pase de abordar. Ni modo, ya saben cómo es la gente.

Al llegar a Frankfurt, fuimos derecho al transfer desk y me dieron mi pase de abordar sin mayor problema. Nos alocamos y nos lanzamos a la ciudad, donde fuimos a comer unos deliciosos Schnitzels. Valió la pena la escapada y el taxi, la verdad. 

De vuelta en el aeropuerto, cuando estábamos entrando a la sala de abordaje, me dijeron que había sido aleatoriamente seleccionado para una revisión detallada de mi equipaje y, lo más molesto, de mi persona. He de admitir que se portaron bien y que en menos de 5 minutos ya estaba de regreso con mis amigos, que no dejaban de reírse de lo “aleatoriamente determinístico” que andaba.

Pero no me fue tan mal como a Solín, protagonista de un post hace un tiempo. Solín tiene pasaporte británico, pero es originalmente kurdo. Así que regresa año con año al norte de Irak para ver a su familia. Al llegar a inmigración, nosotros pasamos sin problemas, pero Solín fue detenido pues había visitado recientemente Irak. Los oficiales de migración fueron muy amables, según nos contó, y le repetían una y otra vez que era standard procedure. Hicieron varias llamadas telefónicas, consultaron bases de datos y después de casi una hora lo dejaron pasar. Y al llegar a la aduana, un oficial le dijo: Ha sido aleatoriamente seleccionado para revisar su equipaje. El mismo oficial nos dijo: Van a tener que esperarlo otra vez, no más de 10 minutos. Ahí afuerita siéntense, ‘orita sale. 

Salió y fuimos a tomar el tren (BART, Bay Area Rapid Transport) para dirigirnos al hotel. Estuvimos sentados casi media hora y entonces nos avisaron que se había descompuesto y teníamos que pasar al siguiente. Ya estábamos hartos, pero no nos quedó de otra. Llegamos a la estación de Powell Street (donde dan vuelta los tranvías) y nos recibió un montón de gente con almohadas. Según averiguamos más tarde, iban a los almohadazos masivos que se iban a dar en el Embarcadero.

Y, finalmente, tras casi 24 horas de viaje (y 12 en el último vuelo) pudimos llegar al Hotel Mosser, desde donde escribo esto con algo de sueño, pero al menos después de haber dormido 9 horas. Mañana comienza el congreso, a ver qué tal nos va.

 

Darth Tradd

Mosser Hotel

San Francisco, CA, USA

PS: Y sí, la pinche lluvia me sigue persiguiendo. Ni modo.

Have I seen you before?

(Debería nevar más seguido en Manchester. No sólo es un buen espectáculo, también semi paraliza la ciudad.)

Ya con visa y todo, me lancé a México. Una vez más me favoreció la suerte, la providencia o algo similar, porque cuando me disponía a abordar el avión que me llevaría de regreso al Anáhuac, la gentil azafata de KLM me dijo:

– ¿Qué cree? Que vendimos dos veces su asiento.

– ¿En serio? – respondí, sin ánimos de pelear pero sin ninguna intención de quedarme varado en Holanda.

– Sí, pero, ¿qué cree? Que la persona a la que se lo vendimos ya abordó, así que le toca irse en Business Class, ¿cómo ve?

Le sonreí a la azafata mientras le daba las gracias y me dispuse a brincarme la fila para abordar por delante de los otros 400 pasajeros. Una vez que la azafata de primera (en todos los sentidos) me pidió muy cortésmente mi abrigo (una chamarra bastante maltratada, por cierto) al acompañarme gentilmente a mi asiento, me senté y me preparé para enfrentar un largo vuelo de 12 horas.

Las vacaciones me las pasé visitando mayormente a familiares y amigos que tuvieron problemas este año. Por supuesto, todos los años muere una cantidad enorme de gente. Pero en esta ocasión tengo la impresión de que las muertes y enfermedades fueron mucho más de las normales con la gente que conozco y me importa. No es nada fácil pasar a visitar gente que ha perdido hijos, padres y amigos o que se enfrenta a enfermedades de pronóstico obscuro como cáncer, diabetes o similares. Uno se sienta en la sala, sin saber bien qué decir y encuentra que la mejor opción es escuchar a la otra persona y dejarla que se desahogue.

Pero lo mejor que tiene esta vida es que siempre encuentra uno a gente que le compone el día, aún hablando de la muerte. Mi tía Ru es la mayor de las hermanas de mi papá. Supera los 85 años, según creo y sigue muy activa y, más importante aún, con unas ganas de vivir impresionantes y contagiosas.

(Paréntesis importante: Uno de los signos más claros del envejecimiento es la forma en que uno platica con sus familiares más viejos. Cuando uno es un niño, adolescente o similares, uno se aburre terriblemente al visitar a dichos familiares. Sin embargo, llega uno a cierta edad donde escucha atentamente la plática de los hasta hace poco mayores y puede uno terciar sin desentonar. Signo claro e inequívoco de la provecta edad que uno ya tiene.)

Volviendo a la tía Ru, el otro día me contaba la cantidad de gente que se murió en el 2008. Y luego con una carcajada, me dijo: ¡Yo nada más me voy agachando para que no me toque! Al final, ya estaba tan alegre que le dijo a mi papá: ¡Pues invítanos a cenar y de ahí nos vamos al antro!

Ese mismo día, platiqué con JCT, mi tío político y esposo de la tía Ru. Tenía al menos diez años que no lo veía, normalmente no lo veía cuando visitaba a mi tía. Tal vez tenga que ver con el hecho de que el señor se cuida mucho y descansa lo más que puede. Eso le ha permitido llegar a una edad más avanzada que la de mi tía sin problemas de salud de cuidado, fuera de la pérdida normal de la visión y un poco de oído.

– ¿Tú de quién eres hijo? – me preguntó.

– Es hijo de G, papá, – respondió mi prima. -¿No te acuerdas de él?

– De G sí, pero de él no estoy seguro.

Mi tío confió en su hija y se puso a platicarme de su vida y milagros. Yo, tal como dije en el paréntesis líneas arriba, encontré su conversación muy interesante. Entre las anécdotas que me platicaba, me preguntaba dónde había estudiado, trabajado y hecho mi vida en general. Después de un buen rato de plática se me quedó viendo muy seriamente y me dijo.

– Después de este rato que hemos platicado, casi estoy seguro que sí eres hijo de G y A. Y, después de mucho pensarlo, he llegado a la conclusión de que nunca te había visto en mi vida – remató con una gran sonrisa mientras asentía y provocaba las risas de todos en el cuarto.

Me despedí de mi tía con un gran abrazo. Ella todavía se seguía riendo un poco de la ocurrencia de su esposo. Ni modo, soy fácilmente olvidable. Por eso quité mi foto del encabezado.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

…pero tú has dejado el mejor vino para el final.

Éste ha sido un experimento mucho más relajado que los anteriores en los que he estado. Ahora sí que sólo vine a operar la máquina de fatiga y eso es lo que he hecho. La verdad es que es un equipo muy completo y confiable, pero el software que lo controla es horrible. No hay nada peor que un ingeniero escribiendo un manual, normalmente sacamos textos que sirven para explicarnos lo que ya sabemos y para confundir a los demás. Pero bueno, cuestión de probarle un poco, echar a perder un par de muestras y ya.

Además, en esta ocasión los tiempos de escaneo son mucho más largos y eso nos da tiempo de descansar. Tanto así que hace rato James (el doctor con el que vine a este experimento) y yo decidimos salir a cenar a Grenoble, en vez de quedarnos en el restaurante de aquí. Lo malo es que el frío apretaba y nos perdimos un poco por Grenoble. Finalmente encontramos el río y la zona del mismo en donde están todas las pizzerías. Entramos a la que nos pareció mejor y pedimos una pizza, un calzone y una botella de chianti.

El chianti obró maravillas. Comenzamos hablando de la comida rápida, cambiamos a los alimentos orgánicos, luego recordé los huevos de rancho que llegaban a la casa (de gallina contenta, decía mi abuelita) y, de ahí, pasamos al cambio climático y al emocionante tema de cuánto dióxido de carbono liberan los barcos cargueros al usar combustible tan pesado. Para cuando llegamos al café, estábamos resolviendo la crisis energética mundial, hablando de los tokamak, la energía nuclear más convencional y de cómo es urgente encontrar formas alternativas y ecológicas de producir energía.

Salimos y estaba comenzando a helar. “¿Soy yo o hace menos frío?”, le pregunté a James. “No, es el chianti.” “Ah, cierto”.

Con nuestro combustible ecológico impulsándonos, llegamos al sitio de taxis en menos de 10 minutos. Les aseguro que el frío ya no se sentía. Por el camino me fui acordando de la última vez que caminé por el centro de Grenoble en peores condiciones. No pude evitar una sonrisa.

Dios bendiga al vino. Esperen, ya lo hizo. Convirtió 600 litros de agua en vino en Caná, ¿no?

Darth Tradd
ESRF
Grenoble, Francia

PS: Se me olvidaba, el domingo es mi cumpleaños. Cumplo 30 años… Ni modo, se debe sentir más feo no llegar.  Luego les cuento que tal se puso la fiesta.

Ya llegué

El viaje transcurrió sin mayores pormenores. Lo más rescatable fue que me dieron un upgrade a World Bussiness Class y ahora sí viajé con estilo. La membresía tiene sus privilegios, sin duda alguna. Manchester me recibió frío y lluvioso, pero no eso no me ha puesto triste. Este va a ser un año importante, lleno de decisiones y hay que encararlo con una sonrisa.

Darth Tradd
(De vuelta en) Hulme
Manchester, UK

No hay burro flojo para su casa

Cuando por fin terminé de empacar, ya era la una y media de la mañana. Mi vuelo para Amsterdam salía a las 6, por lo cual tenía que estar a las 4 en el aeropuerto aproximadamente. Tenía dos opciones: Aventármela así en vivo o dedicarle dos horas a dormir. Por supuesto, elegí la segunda, pues cuando tiene períodos de vigilia tan prolongados, esas dos horas de sueño valen oro. Por si las dudas, puse tres alarmas (dos en el celular y una en mi fiel reloj-termómetro). Hasta eso no tuve problema: me desperté con la primera. Tras un rápido baño y afeitada (hay que viajar con estilo), llamé a los confiables taxis de la compañía Manchester Cars y en 5 minutos tenía un taxi esperándome.  20 minutos (y 20 libras) después, ya estaba en el mostrador de KLM, documentando mi equipaje.

Pero claro, las cosas no pueden ser tan fáciles. Abordamos el avión y entonces nos avisaron que el vuelo se retrasaría un poco. “Al diablo”, pensé y me acomodé para dormirme. Al final el vuelo se retrasó casi una hora. Por eso es que prefiero salir a las 6, hay más colchón para compensar estos detalles.

Y ahora aquí estoy una vez más en el aeropuerto de Amsterdam entreteniéndome con la gente que pasa. (Pasa la gente, un mar de gente. Africanos vestidos con sus largas túnicas… ¿Alguien identifica la referencia?) Mi plan es tratar de dormir en cuanto me suba al avión, por lo menos unas tres horas. El resto del tiempo planeo pasármelo leyendo y jugando con la PSP. Estoy muy impresionado con Prince of Persia: Rival Swords. Es un juego muy adictivo y los gráficos son muy buenos, considerando las limitantes de la PSP.

Me voy, quiero caminar un rato antes de enfrentar doce horas sentado.

Darth Tradd
Schiphol Airport
Amsterdam, Holanda.