Respect

Resulta que ya no me aguanté y fui a jugar básquet el sábado pasado. Y, maldita sea, cómo lo disfruté. No sé si a alguno de ustedes les ha pasado, pero el regresar a hacer una actividad que uno disfruta es verdaderamente un placer. Fui a uno de los entrenamientos del equipo para el que ya no juego y lo que más me agradó fue que me pude incorporar al entrenamiento sin mayores problemas.

Permítanme explicarles: Aunque siempre he sido un mal jugador de básquet, con un tiro lento, plano y poco preciso; con un salto vertical que tiene la amplitud de un disco compacto acostado y sin cajita; con un primer paso medio inseguro y con una mano izquieda inexistente, la verdad es que tengo una buena idea de cómo jugar. Así es que el sábado, cuando llegue, estaban entrenando ochos (también llamados trenzas). No es por presumir, pero corrí los ochos sin problema alguno.

En el resto del entrenamiento demostré que estoy muy descanchado. Mis tiros ni siquieran llegaron a plegarias. Pero eso sí, bajé unos 7 rebotes y puse tres tapas en la cáscara. Al grado que cuando me iba, alcancé a escuchar al capitán/entrenador decir: Es que no pelean con ganas. Tienen que dar más madrazos como el Paco. Me regresé a despedirme y todavía me dijo: Buen trabajo hoy, ¿eh?

Hoy fui a verlos jugar en el torneo de la Universidad. Al ir entrando, dos chinos con los que solía jugar iban saliendo. Me saludaron efusivamente, con el típico saludo de la cáscara: Al saludarse de mano, uno aprieta el puño y se da un medio pechazo con el oto cuate. Me despedí de ellos tras  decirles que ya estaba mejor de mi ojo y saludé a los árbitros. Había otro chino en el equipo contra el jugaron que también me fue a saludar a medio tiempo. Después de que su equipo ganó, tuvo la cortesía de decir: Ganamos fácil porque no jugaste, justo antes de darme el pechazo.

Así las cosas, he decidido seguir el consejo de mi buen amigo Chowy: Ya mandé pedir unos goggles. A ver qué tal me quedan. A lo mejor pierdo el poco respeto que gané antes, pero eso sí, no me voy a quedar con las ganas de jugar. De verdad, lo disfruto demasiado.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Let’s call it quits

Cuando era niño lloraba de cualquier cosa. Lloraba si me caía, lloraba si alguien me hacía una broma que me hacía quedar en ridículo, lloraba si el chiste que contaba no era gracioso y lloraba aún más si me decían que no llorara.  A veces me decían que lloraba de sentimiento, porque tenía corazón de pollo y era macho chillón. Ya saben qué tan alegórico puede ser el español mexicano. Para colmo, era increíblemente tímido. Mi papá me decía que le dijera a la señora de los buñuelos que quería otro y yo no podía superar la timidez para decirle: Seño’, ¿me da otro buñuelo con mucha miel, por favor? Como puede verse, tenía una peÅ›ima combinación: tímido y delicado al punto de ser llorón.

Todo esto cambió cuando empecé a jugar básquetbol. El deporte me desinhibió y me dio mucha más seguridad en mí mismo. Además, uno tiene que templarse para aguantar los balonazos, torcidas de tobillos y dedos tronchados.

A lo largo de estos 15 ó 16 años en que he practicado este deporte de manera más o menos regular, me ha pasado de todo. Me zafaron de un codazo la articulación de la mandíbula (y hasta la fecha sigue floja, basta un bostezo demasiado fuerte para que se salga). Me desgarré la parte posterior del muslo izquierdo.  Mi hueso sesamoideo del pie derecho se inflamó una vez a tal punto que no podía caminar por las mañanas. Se me han caído dos uñas a raíz de sendos pisotones. Mis rodillas están madreadísimas y no puedo jugar sin usar un soporte ortopédico. En los partidos suelo terminar con todo tipo de razguños y moretones en los brazos, producto de pelear el rebote con postes diez centímetros más altos que yo. Uno de esos razguños me arrancó un buen pedazo de piel del dorso de la mano derecha. Me han dado golpes tales que he sentido como las piernas se me hacen de atole, pero he conseguido mantenerme en pie. El más gracioso de estos golpes fue uno que me destanteó tanto que me hizo decir: me diste exactamente en el arco superciliar. Recuerdo que no podíamos dejar de reirnos.

Y a pesar de todo eso, nunca he dejado de jugar básquet. No sólo eso, he soportado la mayoría de esos golpes con una sonrisa. Como dije alguna vez, es una de las actividades que más disfruto. Es cierto, nunca haber sido un gran jugador, pero tengo algo de  experiencia y, sin afán de echarme más flores, puedo decir que sé jugar. Es por eso que ahora me resulta difícil admitir que me voy a tomar un largo descanso (tal vez definitivo) de tal actividad.

Hace un par de semanas, justo cuando estaba a la mitad de la escritura de la tesis, me invitaron a los entrenamientos del equipo de la sociedad mexicana en Manchester, del cual platicaba el año pasado. Durante la cáscara, al ir por un balón, alguien corrió como pollo (con los brazos abiertos) y su puño se impactó directamente en mi ojo derecho. Literalmente en mi ojo derecho, sin que el pómulo, el puente de la nariz o el mentado arco superciliar lo defendieran. Azoté cual res enferma y, lo más preocupante, un velo amarillento me impedía ver con ese ojo.

Me levanté y me salí de la cancha, todavía sin ver con ese ojo. Pensé que mi retina se había desprendido y estaba a punto de pedir que me acompañaran al hospital cuando me di cuenta que poco a poco recuperaba la vista. En un par de minutos estaba completamente recuperada y me relajé. Esa noche, sin embargo, al ir de regreso a la casa noté una zona con forma de menisco en el área inferior de mi vista que seguía siendo amarilla. Pensé que una parte de mi retina se había desprendido, así que hice cita de urgencia con el optometrista.

Al día siguiente le expliqué a dicho optometrista mis temores sobre mi retina. Procedió a aplicarme unas gotas que dilataron mis pupilas hasta el punto en que no podía ni enfocar. Una vez conseguida esa dilatación, revisó con cuidado ambos ojos con un retinoscopio. ¿Su diagnóstico? Sufrí un desprendimiento parcial posterior del humor vítreo. “Tuviste suerte, ” – me dijo el especialista – ” a veces el humor vítreo se trae la retina al desprenderse y eso requiere una intervención de urgencia. No te preocupes, tu retina está intacta. Tu humor vítreo está ligeramente desprendido en la parte superior, pero no requiere de más cuidado por el momento. En unos meses, sin embargo, hay que volver a evaluar la integridad de tu retina.”

Después de un par de días, el menisco amarillo desapareció y la hipersensibilidad a la luz también. Eso sí, perdí casi una semana de escritura de la tesis porque no podía estar frente al monitor por más de una hora. Y claro, ahora simplemente no quiero arriesgarme a que mi destina se desprenda por un golpe mal dado en el básquet. Así que ni modo, ahí muere. A mis casi 32 años he jugado lo que podía jugar y necesito más mis ojos que el placer de jugar básquet. Snif…

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

42

Bien, sé que algunos se quedaron con la duda de qué tan mal habíamos perdido en los partidos anteriores. Así que para que ya puedan dormir les confirmo que hemos perdido ambos partidos por 42 puntos (aproximadamente). El hecho de que sean 42 puntos me llama la atención, tal vez sea una señal cósmica. La verdad es que a pesar de todo, nos seguimos divirtiendo. Claro, a nadie le gusta perder, pero todos seguimos yendo a jugar, lo cual es una señal de que o nos encanta la mala vida o de verdad nos la pasamos bien.

Y para muestra de eso, aquí les muestro el video que se hizo de nuestra última gloriosa derrota. Sí, lo sé, cojeo bastante al ir corriendo, pero nótese que la única canasta que metí fue limpia. Nothing but the bloody net.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Rotational matrices

Mi mugroso material tuvo la mala fortuna de llegar tarde al reparto de utilidades y debido a los diámetros atómicos del titanio y el aluminio, la celda unitaria de la fase principal no es cúbica, como son todas las celdas unitarias de los materiales de buena familia. No, la malhadada celda unitaria de este material es tetragonal. ¿Y qué es tetragonal se preguntarán ustedes? Imagínense ustedes un dado que tiene una dimensión más larga. Un dado estirado, si me permiten la expresión. ¿Y qué efectos tiene el hecho de que mi material tenga una celda unitaria que semeja un dado estirado? Que en realidad tenemos una sola fase pero con seis variantes cristalográficas, lo cual nos obliga a hacer una cantidad importante… bueno, un chingo (para ser exactos) de cálculos matriciales para que esto tenga sentido.

Hasta eso mis rutinas de MatLab parecen estar funcionando bien y están escupiendo un montón de datos que ahora hay que analizar para ver si cuadran con los resultados experimentales. Lo mejor de todo esto es que verdaderamente he aprendido muchas cosas nuevas y que mi jefe está contento. Dice que este tipo de análisis es real science. Eso sí, se alegra de que no le toque a él hacer estos cálculos. Por mi parte, tuve que sacar el libro original donde Schmid propone su factor (editado en 1950) para entender si un valor negativo del mismo tiene significado físico.

¿Y qué más he hecho en estos días en que no he publicado ni en defensa propia? Entre muchas otras cosas, preparar un equipo mixto de básquet para el torneo interno de la Universidad. Bueno, no lo preparé todo yo, ni siquiera la idea original es mía, pero si he andado ahí metido en la organización. Tenemos un equipo variado e interesante, con gente de Chihuahua, Sinaloa, Morelos, Tlaxcala, Estado de México, el D.F., Yucatán y los Queretaros, así que ya se imaginarán el desmadre.

Tengo que admitir que tengo algo de ñerviosh antes del juego, pero eso es algo que extrañaba. Desde que emigré a esta lluviosa isla, no he vuelto a jugar en un torneo organizado, pura cáscara. Luego les cuento qué tal nos fue en nuestro debú.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK