Más desmadres migratorios

Déjenme les platico que mi visa para permanecer en el Reino Unido está cercana a vencerse. Como todavía tengo cosas que arreglar y oficialmente soy un asociado de investigación de aquí hasta finales de julio, me vi en la necesidad de solicitar otra extensión más. Preparé todo en tiempo y forma y la fui a dejar ayer a Staples, el equivalente de un Office Depot por acá, en donde llené la guía de DHL y demás.

Hace rato me dio curiosidad por saber si ya había llegado el envío. Es importante señalar que dicho paquete contenía, aparte de mi pasaporte, mi visa americana, mi visa británica actual, mi título del doctorado y 3 meses 3 de estados de cuenta bancarios. No era un paquete trivial, pues. Entré a la página de DHL y consulté el estado de la entrega usando mi número de guía.

Número de guía no válido, mostró la página.

Ah, chingá, dije yo.  Rápida revisión al número de guía, lo vuelvo a teclear y

Número de guía no válido, insistió la página.

Volví a introducir los números con mucho cuidado y revisándolos una y otra vez.

Número de guía no válido, escupió la página.

Verde. Ni modo, hay que hablarle a DHL. Me contestaron casi inmediatamente y me dijeron que, en efecto, ese número de guía no existía en su sistema y que si yo tenía un comprobante de que lo habían recibido, entonces el problema estaba en que no lo habían recogido del depósito donde lo dejé. Me sugirieron que me pusiera en contacto con los changuitos de Staples y me lancé al centro para arreglar este desmadre.

Llegué al mostrador de DHL en la tienda y estaba un tipo con cara de aburrido. No podría haber tenido más de 20 años. Le expliqué mi situación con calma, pero su respuesta me hizo enojar.

– ¿Qué puedo decirle? Si no está en el sistema de DHL y no está aquí, no sé dónde pueda estar. That’s all I can tell you.

– Chingas a tu madre, pendejito. Don’t you have any records on what parcels are collected everyday? (Sip, la primera parte en español me salió del alma).

– Ehhh, creo que sí.

– Pues ya estuvieras. Quiero ver esos registros.

El changuito se agüitó un poco y se espabiló, regresando con una carpeta de argollas. Se puso a buscar y encontró que había salido un paquete con destino a la oficina de migración pero tenía un número de guía distinto.

Pus a lo mejor es éste.

– ¿Podemos ver el remitente?

– No, no tenemos esos datos…

– Quiero una copia de ese registro. Ahorita voy a hablar a DHL.

Mientras le marcaba a DHL, mi mente no dejaba de dar vueltas.: ¿Y si no es? ¿Y si de mala suerte alguien más mandó cosas a Durham ese día? Si eso pasó, ya valió madre. No voy a poder terminar esta estancia de investigación. Y perdería lo que me iban a pagar. Ni siquiera tendría la posibilidad de demandar a estos changos sin ser residente legal. Chinga’o mi visa gringa. Y mí título. Mi pinche título. Chinguen a su madre.

– DHL, ¿en qué le podemos servir? – me interrumpieron en el celular.

Puse al tanto a la de atención a clientes y le pedí que revisara el nuevo número de guía. Me confirmó que sí existía y que ya estaba entregado. Pero no podía decirme el nombre del remitente porque es información confidencial.

– Mire, no le pido que me diga a nombre de quién se fue. Pero si le digo mi nombre y mi código postal, ¿podría confirmarme que coinciden con los del remitente?

– Andele, eso sí puedo hacerlo.

– Lord Darth Tradd, 2nd Earl of Hulme Manor.

– Sí, eso coincide con los datos del remitente.

– ¡Muchísimas gracias, señorita! Que tenga una excelente tarde.

Cuando colgué, el tipo del mostrador ya había huido a la bodega, pero no hubiera pasado de que le dijera gracias. O a lo mejor le hubiera pintado un dedo, no lo sé.

Cabrones, que mal rato me hicieron pasar.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

¿Barriga?

Siguiendo con el esfuerzo de rescatar este blog del olvido, se me ocurrió las palabrejas anti-spam y añadir varias palabras sueltas de una estrofa de un poema que me gusta mucho. Invito a mis fieles lectores a adivinar cuál poema es éste. Se vale refrescar la página para leer las ocho palabras que puse (y así inflar mi contador de visitas 😛 ). Procuren dejar Google y buscadores similares como última opción.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Let’s call it quits

Cuando era niño lloraba de cualquier cosa. Lloraba si me caía, lloraba si alguien me hacía una broma que me hacía quedar en ridículo, lloraba si el chiste que contaba no era gracioso y lloraba aún más si me decían que no llorara.  A veces me decían que lloraba de sentimiento, porque tenía corazón de pollo y era macho chillón. Ya saben qué tan alegórico puede ser el español mexicano. Para colmo, era increíblemente tímido. Mi papá me decía que le dijera a la señora de los buñuelos que quería otro y yo no podía superar la timidez para decirle: Seño’, ¿me da otro buñuelo con mucha miel, por favor? Como puede verse, tenía una peÅ›ima combinación: tímido y delicado al punto de ser llorón.

Todo esto cambió cuando empecé a jugar básquetbol. El deporte me desinhibió y me dio mucha más seguridad en mí mismo. Además, uno tiene que templarse para aguantar los balonazos, torcidas de tobillos y dedos tronchados.

A lo largo de estos 15 ó 16 años en que he practicado este deporte de manera más o menos regular, me ha pasado de todo. Me zafaron de un codazo la articulación de la mandíbula (y hasta la fecha sigue floja, basta un bostezo demasiado fuerte para que se salga). Me desgarré la parte posterior del muslo izquierdo.  Mi hueso sesamoideo del pie derecho se inflamó una vez a tal punto que no podía caminar por las mañanas. Se me han caído dos uñas a raíz de sendos pisotones. Mis rodillas están madreadísimas y no puedo jugar sin usar un soporte ortopédico. En los partidos suelo terminar con todo tipo de razguños y moretones en los brazos, producto de pelear el rebote con postes diez centímetros más altos que yo. Uno de esos razguños me arrancó un buen pedazo de piel del dorso de la mano derecha. Me han dado golpes tales que he sentido como las piernas se me hacen de atole, pero he conseguido mantenerme en pie. El más gracioso de estos golpes fue uno que me destanteó tanto que me hizo decir: me diste exactamente en el arco superciliar. Recuerdo que no podíamos dejar de reirnos.

Y a pesar de todo eso, nunca he dejado de jugar básquet. No sólo eso, he soportado la mayoría de esos golpes con una sonrisa. Como dije alguna vez, es una de las actividades que más disfruto. Es cierto, nunca haber sido un gran jugador, pero tengo algo de  experiencia y, sin afán de echarme más flores, puedo decir que sé jugar. Es por eso que ahora me resulta difícil admitir que me voy a tomar un largo descanso (tal vez definitivo) de tal actividad.

Hace un par de semanas, justo cuando estaba a la mitad de la escritura de la tesis, me invitaron a los entrenamientos del equipo de la sociedad mexicana en Manchester, del cual platicaba el año pasado. Durante la cáscara, al ir por un balón, alguien corrió como pollo (con los brazos abiertos) y su puño se impactó directamente en mi ojo derecho. Literalmente en mi ojo derecho, sin que el pómulo, el puente de la nariz o el mentado arco superciliar lo defendieran. Azoté cual res enferma y, lo más preocupante, un velo amarillento me impedía ver con ese ojo.

Me levanté y me salí de la cancha, todavía sin ver con ese ojo. Pensé que mi retina se había desprendido y estaba a punto de pedir que me acompañaran al hospital cuando me di cuenta que poco a poco recuperaba la vista. En un par de minutos estaba completamente recuperada y me relajé. Esa noche, sin embargo, al ir de regreso a la casa noté una zona con forma de menisco en el área inferior de mi vista que seguía siendo amarilla. Pensé que una parte de mi retina se había desprendido, así que hice cita de urgencia con el optometrista.

Al día siguiente le expliqué a dicho optometrista mis temores sobre mi retina. Procedió a aplicarme unas gotas que dilataron mis pupilas hasta el punto en que no podía ni enfocar. Una vez conseguida esa dilatación, revisó con cuidado ambos ojos con un retinoscopio. ¿Su diagnóstico? Sufrí un desprendimiento parcial posterior del humor vítreo. “Tuviste suerte, ” – me dijo el especialista – ” a veces el humor vítreo se trae la retina al desprenderse y eso requiere una intervención de urgencia. No te preocupes, tu retina está intacta. Tu humor vítreo está ligeramente desprendido en la parte superior, pero no requiere de más cuidado por el momento. En unos meses, sin embargo, hay que volver a evaluar la integridad de tu retina.”

Después de un par de días, el menisco amarillo desapareció y la hipersensibilidad a la luz también. Eso sí, perdí casi una semana de escritura de la tesis porque no podía estar frente al monitor por más de una hora. Y claro, ahora simplemente no quiero arriesgarme a que mi destina se desprenda por un golpe mal dado en el básquet. Así que ni modo, ahí muere. A mis casi 32 años he jugado lo que podía jugar y necesito más mis ojos que el placer de jugar básquet. Snif…

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Cocinando

Me encuentro en el bastante tedioso proceso de hacerle correcciones a mi tesis. Escribir es difícil, pero una vez que los asesores regresan las correcciones, hacerlas es bastante tedioso. Sin embargo, como diría un conocido, pus hay qui’acerlo.

Los primeros días intenté hacer dichas correcciones en la oficina, pero la verdad no me pude concentrar. Así que me decidí por regresar a la casa. Y aquí he estado en las pasadas semanas, cambiando gráficas, abundando en la descripción de deformación elástica inhomogénea y linduras similares. He de decir que también he estado comiendo bastante mal, dado que prefería preparar algo rápido o pedir una pizza según que para no perder el tiempo.

Pero hoy que ya estoy por terminar me dieron ganas de cocinar. Así que me puse a buscar en el congelador y encontré unos bisteces de res. En la alacena encontré una bolsa con algunos ejemplares de chile guajillo y otra con algunos más de chile ancho.  Aunque el guajillo es muy rico, el freir cosas en él suele ser muy latoso, así que me decidí por la otra opción. Además, el chile ancho estaba punto de caducarse.

– Veamos, dije yo, podríamos hacer una simple salsa de chile ancho y dejar que los bisteces se marinen ahí. Pero no, vamos a ponernos un poco más creativos. Hagamos todo en el horno y a ver qué tal queda. Los bisteces se descongelaron mientra yo describía un mapa de deformación. Una vez descongelados, les puse sal y pimienta, los acomodé en una bandeja con algo de aceite de oliva y unas rebanadas de cebolla y al horno. Acto seguido, me puse a desvenar los chiles y a ponerlos a cocer con un poco de agua y dos dientes de ajo. Cocidos los chiles, me dispuse a hacer la salsa.

Es importante hacer un paréntesis. Hace tres semanas decidimos que era tiempo de hacer una reunión de mexicanos, cocinar caldo de camarón y además de todo hacerlo en mi sufrido departamento en Hulme. Cómo una cosa llevó a la otra no es relevante para esta historia. Lo cierto es que mi amiga Virics estaba a punto de licuar los pobres camarones cuando le advertí:

– Virics, ten cuidado con esa licuadora. Ponle bien la tapa porque brinca.

– ¿Cómo?

Y claro, acto seguido, medio litro de caldo de camarón voló por la cocina. Lo cierto es que lo que se salvó quedó muy rico, pero el flat quedó apestando a caldo de camarón por una semana hasta que descubrí la raíz del miedo: Un poco de caldo había quedado bajo un frutero y estaba sirviendo como un perfecto aromatizante ambiental, suponiendo que a uno le gustaran ese tipo de aromas.

Me estaba pues acordando de tan desafortunado incidente, mientras echaba los chiles y los ajos a la licuadora y pensaba: ¡Ah que la Virics tan Virics, pues’n! Lo siguiente que recuerdo son unas largas piernas caminando por la calle y un líquido rojo saltando de la licuadora. El tiradero dejado por el caldo de camarón no era nada comparado con el batidero que dejó la salsa por la pared, un vitrolero, el mismo frutero-aromatizante de la vez pasada y mis tenis.

Ni modo, a limpiar. Hasta eso, terminé pronto y hay que admitir que la salsa de chile ancho no apesta igual que el caldo de camarón. Eso sí, es más espectacular y mi cocina parecía escenario de alguna película de Tarantino. Para colmo, creo que la pared tiene sólo media mano de pintura, porque después de pasarle el trapo se despintó en algunos lugares.

Eso me pasa por ponerme a cocinar cuando debería estar trabajando. Ahora estoy esperando a que la salsa suelte el primer hervor en el horno. Espero no haber olvidado ponerle sal.

Ñe. La chava que me distrajo ni siquiera estaba tan bien.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Fashion trend-setter

Hoy terminé dos capítulos más de la tesis, lo que eleva mi total a 5 de 7, un 71% aproximadamente. Eran como las 4 de la mañana cuando por fin pude terminar. Para cuando me fui a acostar, ya estaba clareando. Dormí hasta eso de las 10 de la mañana y me fui a la oficina para darles la pulida final, imprimirlos y engargolarlos. La verdad es que me ha ayudado trabajar en la casa, de verdad siento que estoy avanzando, aunque sea a horas extrañas. Sin embargo, extraño a mis amigos de la oficina. Afortunadamente me han apoyado mucho y hoy no fue la excepción. Dado que mi asesor se va mañana temprano a la Francia, tenía que entregarle los capítulos hoy por la noche. Mi asesor vive algo lejos de la universidad, así que me di a la tarea de planear mi viaje. Como nunca he ido a su casa, me estuve un buen rato viendo en dónde me iba a bajar del camión.  En esas estabas cuando mi buen amigo PF se apersonó en la oficina y me dijo que él me llevaba, salvándome de la lata de buscar cómo llegar hasta allá. Una vez que entregué los dichosos capítulos, nos regalamos unas pizzas y nos pusimos a ver la tele un rato. El buen PF acababa de llegar de Francia y, al igual que yo, estaba muy cansado, así que jaló cada quién para su casa. Ah, olvidaba decir que PF vive en el mismo edificio que yo, así que prácticamente sólo me arrastre por las escaleras de regreso a mi departamente.

Aquí me esperaba una sorpresa algo extraña. Al recibir un correo de la universidad se me notificaba que mi foto Grieta interactuando con maclas mecánicas en aluminatos de titanio, había sido seleccionada por el equipo de diseño de la escuela de materiales de la Universidad. Ya no me acordaba de esa foto. Resulta que en días pasados hubo un concurso interno donde se nos invitó a alumnos y personal de la escuela de materiales a mandar fotos de nuestro trabajo. Yo mandé una foto de mi material pero se veía muy gris, dado que el microscopio electrónico de barrido muestra imágenes en escala de grises. Así que se me ocurrió cambiarle el mapa de color, mandando al diablo la escala de grises y poniéndole una especie de paleta psicodélica. Les debo la imagen, porque se me quedó en la laptop del trabajo, pero un día de estos la pongo aquí. Total, mi foto quedó más colorida e interesante y así la mandé al concurso.

Pasaron los días, pasó el concurso y no recibí ni un telegrama correo de agradecimiento por haber participado, así que asumí que no había ganado nada. Ni modo, yo ya me hacía con las 50 libras del premio. Así que se imaginarán mi alegría el correo del párrafo anterior. Alegría que se convirtió en extrañeza al acaba de leerlo.

El departamento de textiles desea usar la imagen Grieta interactuando con maclas mecánicas en aluminatos de titanio, como una fuente de inspiración para un rango de diseños textiles. Esta es una gran oportunidad para la Escuela de Materiales para promover el diálogo entre las disciplinas de arte y ciencia y esperamos que le alegre el saber que su imagen será usada de tal manera.

¿Qué chingad…? ¿Mi imagen no fue lo suficientemente interesante como para ganar un premio en la competencia de ciencia de materiales, pero es lo suficientemente artística como para servir de fuente de inspiración a las niñas nice del departamento de textiles?

En efecto, si todo lo demás fracasa en esta tesis, podré decir que mi investigación fue la fuente de inspiración para la temporada otoño-invierno de diseños textiles. Jamás espere que mi investigación encontrara tal aplicación. Así que ya lo saben: Váyanse consiguiendo sus camisas estampadas con maclas mecánicas. Es lo que va a estar in en este invierno.

Darth Tradd, Fashion Designer

Hulme

Manchester, UK

Una idea brillante

Ayer salí de mi encierro por dos razones: Una, ya no aguantaba estar sin que me pegara el aire y dos, era la fiesta de despedida de JF, uno de los primeros cuates que hice al llegar aquí. Así que me dirijí raudo y veloz hacia el Sandbar, el pub de los grandes eventos, con el sano propósito de ahogar mis penas en alcohol pasarme un rato agradable con los cuates que no he visto en estas semanas.

En el pub me encontré con Moat, que en otras ocasiones ha aparecido aquí como Moath y RM. Es uno de mis mejores amigos ingleses y que además tiene la peculiaridad de que la fecha límite para entregar su tesis es la misma que la mía. Como quien dice, vamos al parejo.

Estábamos disfrutando de la deliciosa cerveza de trigo llamada Franziskaner, cuando el Moat se puso a platicar:

¿Sabes, Francisco? Esta tesis me está ocasionando un daño cerebral. El otro día venía manejando y me puse a pensar que el auto que iba adelante de mí tenía al menos 10 minutos ahí. Y que el coche que venía detrás de mí tenía al menos 15. Y entonces me dije: Si todos venimos de donde mismo y vamos a donde mismo, ¿No sería ideal hacer un coche enorme? Sí, un coche enorme, largo, con un sólo conductor. Así nos ahorraríamos un montón de coches y sería además muy benéfico para el ambiente. Me puse a decirle esto a Julia, mi novia, que estaba sentada a mi lado. Estaba yo bien emocionado e incluso añadí un detalle adicional: podríamos tener lugares específicos donde la gente se suba y se baje, igual que en una parada de auto… bus. Mi vieja me vio con extrañeza y hasta cierto desprecio y me dijo: Moat, limítate a manejar, a la otra nos venimos al centro en el autobús.

Como decía mi abuelita, mal de muchos consuelo de tontos.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

Curry and blogs

Hace ya un buen rato, cuando los blogs eran relativamente nuevos, las reuniones de blogueros eran todo un acontecimiento. Así se hacían reuniones conocidas como chelas & blogs, tacos & blogs e incluso ahogadas & blogs y gorditas de migajas & blogs.  En estos días los blogs siguen en el aire, pero las reuniones no son los grandes eventos que solían ser. A menos, claro está, que uno esté involucrado y se sienta feliz de poder decir: yo estuve en la reunión Curry & Blogs de Manchester.

La semana pasada, el jueves santo para ser precisos, dicha reunión ocurrió. Juan y Héctor, importantes hijos adoptivos de la República Mancuniana, regresaron a estas tierras tan olvidadas del sol. Fue la parte final de un viaje que se aventaron visitando cuates y cada uno tiene su propia historia de tal viaje: La versión del Juan acá y la del Héctor acá. Además de ellos dos, estuvo presente el buen Valdo, del recientemente inaugurado blog Diffused thoughts. Añádanle a esa mezcla al buen doctor Cota (suele comentar como Barra en este tugurio) que acaba de regresar a esta isla y a un par de amigos más y esa fue la concurrencia al Varsity de Oxford Road (y sí, Héctor, pinche gente que se confunde con mis explicaciones tan precisas).

Dirán ustedes, ¿de qué platicaron? La verdad, fue una reunión que comenzó un poco lenta. Conocí a Héctor y a Juan cuando estaban por irse de Manchester, así que aunque nos llevamos bien, se fueron mucho antes de que nos hiciéramos cuates de parranda. Lo cual es una pena porque, como da testimonio este post de hace algunos ayeres, echamos buenos debrayes juntos cuando la chela comenzaba a fluir.

Y esta vez no fue la excepción. Al llegar a la segunda ronda ya estábamos hablando de cuestiones muy elevadas, particularmente de albures finos y elegantes, en los que Héctor tiene sus complacencias. Después de las chelas nos dirigimos al finísimo restaurante (¡ja!) Pink Garlic de Rusholme, donde me recibieron muy bien. Lo malo de ser prieto del Anáhuac es que los paquistaníes e hindúes me ven como si fuera su paisano. De brother no me bajaban… De ahí se agarraron los cuates para echarme carrilla, de la cual no pude escaparme por un buen rato.

Algunos detalles divertidos de la cena:

  • Héctor diciendo con esa seriedad que lo caracteriza cuando va a contar un chiste: Hubiésemos traído los tuppers, al ver la cantidad salvaje de comida que estábamos comiendo.
  • Iván derramando un litro de mango lassi (una especie de licuado de yogurt) en mi lugar y luego echándome la culpa por su desmadre.
  • Juan y Héctor diciéndome: La gente que te lee, así abriendo signos de interrogación, con estilo todo cuidado y demás, no se ha de imaginar lo alburero que eres.
  • Héctor llamando Juan a Lalo Cota y luego diciéndome que así se lo había presentado.
  • Virics llegando al Varsity equivocado, distante unos dos kilómetros de donde quedamos. Después diría que mi correo no era suficientemente claro.
  • Estúpidamente, a nadie se le ocurrió sacar una cámara en toda la noche. Así que no queda testimonio de la reunión. Lo cual, por supuesto, nos da un buen pretexto para hacer otra, ya sea en Oxford o en Saarbrücken.

Me dio mucho gusto ver que Juan y Héctor están muy contentos en donde están y con lo que hacen. De hecho, me motivó a escribir un post que espero publicar para el aniversario de este tugurio. A ver si queda un poco mejor que este. Sigo echándole la culpa a la tesis.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

25 random things about myself

Juan me pasó el meme de la cuarta foto, pero no me he dado tiempo de hacerlo. Sin embargo, me latió la idea de hacer el de las 25 cosas aleatorias sobre mí y aquí están. No son tan aleatorias, pero fue lo que se me vino a la mente. A ver qué les parece la lista.

1. De niño tenía un miedo paralizante a los perros, aunque siempre dije que no le tenía miedo al perro sino a la mordida.

2. Debido a mis problemas de pie plano y pie vago, tuve que usar plantillas y cuñas en las suelas de los zapatos hasta que cumplí 14 años. Como nunca he sido una varita de nardo, las tradicionales plantillas de corcho dejaban de servir a la semana. Por ello, mi papá me hizo unas a partir de un perfil tubular metálico. Esas plantillas funcionaron bien, pero la mayor mejora fue una vez que salté desde un escenario y aterricé con todo el pie. Crujieron mis huesos, pero mis arcos se levantaron. Uno más que el otro, hasta la fecha tengo un pie un centímetro más largo.

3. Soy un feliz usuario de GNU/Linux desde el 2003. El único programa que extraño de Windows es Excel (pero ahora que Wine funciona mejor, ya poco entro a Windows)

4. Todas las mujeres a las que he besado me han dicho en algún momento que soy muy bueno besando.

5. Tengo una debilidad por salir con mentirosas compulsivas, paranoicas, obsesivas y maníaco-compulsivas. O al menos eso parece si me pongo a revisar mis relaciones.

6. En primer año de secundaria corrimos a una maestra de inglés que nos caía (y todavía me cae) gorda. Luego, cuando nos quisieron castigar, aplicamos la estrategia cobarde de Fuente Ovejuna: Cuando nos preguntaron quién había organizado todo, nadie aceptó la responsabilidad.

7. El primer recuerdo que tengo de mi padre fue cuando se me atoró una rueda de un juego de construcción (build-o-fun, vendido por Tupper en esos días) en un dedo. Yo lloraba del miedo y la frustración y él simplemente me llevó al baño, me lavó las manos con jabón y la rueda salió.

8. El primer recuerdo que tengo de mi madre fue cuando le pregunté algo sobre la vida humana. Ella me dijo que la vida era invaluable, que tenía que protegerse y que nadie tenía derecho sobre la vida de otra persona. Sus palabras me impresionaron mucho.

9. Existe una cinta de audio donde se me escucha preguntarle a mis papás: ¿Qué es el infierno? La respuesta se pierde en el relajo que traíamos esos días en la casa. En la misma cinta se me puede escuchar cantar el burrito llevando la cadga, porque me costó mucho trabajo aprender a pronunciar la erre. Mi papá me ponía a practicar con aquella canción que dice erre con erre cigarro.

10. Tener hijos no es una prioridad en mi vida, como tampoco lo es casarme. El mundo es un lugar inhóspito para traer niños indefensos.

11. No salí de México hasta que cumplí 26 años, en un viaje a Cuba. Desde entonces, el doctorado me ha permitido conocer lugares tan distintos como Kyoto, Roma y Grenoble.

12. El olor a tierra mojada siempre me recuerda mi primaria. Entraba tanta tierra a los salones que así olía cuando trapeaban.

13. Tengo la idea de que no voy a ver mi vejez. Sin embargo, espero llegar a viejo y poder seguir inventando historias. Si llego a viejo, lo que más voy a extrañar es jugar básquetbol.

14. Crecí con tres hermanas mayores y cuando era niño era algo así como su muñeco hablante. Siempre me tocaba morirme en las obras de teatro que hacíamos. Supongo que por eso crecí tanto, como un mecanismo de defensa. Bromas aparte, disfruté mucho de mi niñez y soy muy cercano a mis hermanas.

15. Nunca me he considerado un “natural” para las matemáticas. De hecho, no tengo tanta creatividad para resolver ese tipo de problemas. Creo que lo que más me he ayudado en mi desarrollo profesional es mi memoria. Es principalmente asociativa, así que tiendo a desvaríar con mucha facilidad.

16. Cuando era niño, cuando regresábamos a la casa desde Querétaro, observé el cielo estrellado y me pregunté que habría detrás. Más estrellas – me contesté. ¿Y después de esas estrellas? La nada – me volví a contestar. Un vacío invadió mi corazón y empecé a llorar. Fue mi primer encuentro con el concepto del infinito.

17. Tengo la muy mala costumbre de ponerme a pensar cosas extrañas en los momentos más inapropiados. En el básquet eso me ha causado recibir un par de balonazos y con las chicas un par de situaciones vergonzosas.

18. El primer mecanismo que entendí a plenitud, cuando tenía 14 años, fue un excusado. Ahí empezó mi deformación profesional.

19. Soy ingeniero industrial, aunque llevo 9 años trabajando como científico de materiales. Creo que sigo siendo un híbrido, aunque cada día me considero más un científico, la formación ingenieril es bastante fuerte.

20. En los calendarios de mis tiempos, mi cumpleaños caía en el día de San Téodulo. A mis hermanas les gustaba martirizarme llamándome Teodulito.

21. Soy fanático de los cómics, pero no del manga. Hay, sin embargo, mangas y animes que me gustan mucho, pero prefiero los estilos americanos y europeos de cómics.

22. Durante años me había resistido a comprar una consola de juego, pero hace dos años sucumbí a una PSP. Fue una buena inversión, la uso muy seguido y me ha salvado del aburrimiento en vuelos largos.

23. Detesto la expresión: No cabe duda que lo que no se planea sale mejor. He tenido buenas discusiones con gente que la usa.

24. Aprendí a leer a los 4 años, pero de cabeza. Mi hermana leía sus cuentos en voz alta en frente de mí y yo seguía las letras en el libro invertido. Hasta la fecha puedo leer con relativa facilidad de esa manera.

25. Era extremadamente tímido y cohibido hasta los 15 años. Todavía me considero tímido, pero la gente que me conoce dice lo contrario.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Oiga, ¿y esto qué es?

Ya estoy de regreso en las tierras de la cerveza de la tibia, el jabalí en salsa de menta y el té con una nube de leche y sin azúcar. Me la pasé muy bien en los días después del congreso. Me impresionó mucho la comida: anduvimos muy internacionales y en todos los lugares la calidad fue excelente. Tengo que admitir que la comida mexicana es la mejor que me ha tocado probar fuera de México. Muy rica, la verdad.

En fin, se acabaron las vacaciones el viaje de negocios y se llegó el tiempo de regresar. El viaje de regreso transcurrió sin mayores pormenores, pero apenas alcanzamos nuestro vuelo de conexión en Frankfurt. Cuando íbamos bajando, ya estaban abordando. Al llegar a Manchester, me preparé a usar la visa protagonista de post anteriores por segunda vez. El avión iba lleno de hindúes y chinos, así que el Moat me recomendó rebasarlos para que no hiciera tanta fila. A paso veloz dejé atrás a dos o tres familias asiáticas y a un grupo de unas 10 chinas. Fui el primero en llegar a los mostradores de migración.

– ¡Hola! – me dijo el agente de migración – ¿De dónde llegó?

– De Frankfurt, procedente de San Francisco.

– Ajá, ¿ y qué hace aquí?

– Soy estudiante en la Universidad de Manchester.

– Muy bien. Oiga, su visa estampada en el pasaporte ya expiró.

– Así es, pero aquí traigo la nueva visa que apenas saqué.

– ¡Oh! Déjeme verla.

Tras un minuto de cuidadosa inspección, el agente prosiguió

– ¡Oh!

– ¿Oh? – pregunté.

– Sí, es que… Es la primera vez que veo una de estas visas.

– No me diga.

– Sí, y la verdad… No sé qué hacer con ella.

Excuse me?

– No, no, la visa está bien, es sólo que no sé qué anotar en su pasaporte y en su forma de desembarco.

– Pero es sólo una extensión de la anterior, supongo que el procedimiento será igual.

– No estoy seguro, déjeme averiguar.

El hábil agente migratorio giró en su silla y le preguntó a su colega, que en ese momento estaba atendiendo a una china que venía a un congreso.

– Oye tú, ¿habías visto una de éstas?

– Sí, son las nuevas visas.

– Sí, eso ya lo sé, ¿pero qué anoto en la tarjeta de desembarco?

– No sé… Mira, allá va Licha* igual y ella sabe.

(* El nombre pudo haber sido cambiado por razones que no vienen al caso)

Tras preguntarle a Licha, el agente regresó conmigo.

– No, pues Licha no sabe. Pero usted no se preocupe, no es que su visa esté mal, es simplemente que quiero seguir bien el procedimiento y es la primera vez que veo una de éstas.

– No se preocupe, aquí espero.

5 minutos después ya había una mini-reunión de agentes discutiendo qué hacer con la visa. Mientras tanto, chinos, hindúes y paquistaníes pasaban ágilmente por las preguntas y revisiones de rigor.

– Me da mucha pena con usted – me dijo el agente,- pero me va a tener que esperar un rato más. Vamos a revisar si en la intranet hay algo.

– Vaya, vaya usted.

Tras otros 5 minutos, era la única persona que quedaba en los mostradores de migración. Finalmente, el agente regresó con una sonrisa de triunfo.

– ¡Ajá! Ya lo encontré. No hay nada diferente con estas visas, sólo hay que sellar el pasaporte y ya.

– …

– Gracias por su paciencia y disculpe la tardanza, pero quería asegurarme de hacer lo correcto.

– No se apure.

– Bienvenido al Reino Unido.

– Gracias.

Ni modo, ahora hay que concentrarse en superar el cambio de horario y ponerse a trabajar.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

Aleatoriedades

La gerencia creativa de este blog se despertó este domingo a las 6 de la mañana en San Francisco, California, sin saber bien de qué se trataba. A medida que fue despertando, se acordó de que estaba ahí con el sano propósito de asistir al congreso TMS 2009. 

Sí, una vez más estoy en un congreso, auspiciado por la Universidad. A diferencia de los dos anteriores, ahora no vine solo: Somos 5 compañeros del grupo, además del mero jefe que viene a ver que nos portemos bien y asistamos a las pláticas. El aeropuerto de Manchester era un hormiguero. Nuestra salida coincidió con la de un montón de familias que iban de vacaciones. Para colmo, al llegar al mostrador me dijeron que tenían que revisar mi visa en el aeropuerto de Frankfurt (donde hacíamos conexión) y por tanto no me podían dar mi pase de abordar. Ni modo, ya saben cómo es la gente.

Al llegar a Frankfurt, fuimos derecho al transfer desk y me dieron mi pase de abordar sin mayor problema. Nos alocamos y nos lanzamos a la ciudad, donde fuimos a comer unos deliciosos Schnitzels. Valió la pena la escapada y el taxi, la verdad. 

De vuelta en el aeropuerto, cuando estábamos entrando a la sala de abordaje, me dijeron que había sido aleatoriamente seleccionado para una revisión detallada de mi equipaje y, lo más molesto, de mi persona. He de admitir que se portaron bien y que en menos de 5 minutos ya estaba de regreso con mis amigos, que no dejaban de reírse de lo “aleatoriamente determinístico” que andaba.

Pero no me fue tan mal como a Solín, protagonista de un post hace un tiempo. Solín tiene pasaporte británico, pero es originalmente kurdo. Así que regresa año con año al norte de Irak para ver a su familia. Al llegar a inmigración, nosotros pasamos sin problemas, pero Solín fue detenido pues había visitado recientemente Irak. Los oficiales de migración fueron muy amables, según nos contó, y le repetían una y otra vez que era standard procedure. Hicieron varias llamadas telefónicas, consultaron bases de datos y después de casi una hora lo dejaron pasar. Y al llegar a la aduana, un oficial le dijo: Ha sido aleatoriamente seleccionado para revisar su equipaje. El mismo oficial nos dijo: Van a tener que esperarlo otra vez, no más de 10 minutos. Ahí afuerita siéntense, ‘orita sale. 

Salió y fuimos a tomar el tren (BART, Bay Area Rapid Transport) para dirigirnos al hotel. Estuvimos sentados casi media hora y entonces nos avisaron que se había descompuesto y teníamos que pasar al siguiente. Ya estábamos hartos, pero no nos quedó de otra. Llegamos a la estación de Powell Street (donde dan vuelta los tranvías) y nos recibió un montón de gente con almohadas. Según averiguamos más tarde, iban a los almohadazos masivos que se iban a dar en el Embarcadero.

Y, finalmente, tras casi 24 horas de viaje (y 12 en el último vuelo) pudimos llegar al Hotel Mosser, desde donde escribo esto con algo de sueño, pero al menos después de haber dormido 9 horas. Mañana comienza el congreso, a ver qué tal nos va.

 

Darth Tradd

Mosser Hotel

San Francisco, CA, USA

PS: Y sí, la pinche lluvia me sigue persiguiendo. Ni modo.