Brillantes colores

Después de más de 18 meses de fiel uso, mi celular ya muestra los signos del maltrato. Así que la semana pasada acudí a la tienda del proveedor (three) para solicitar una actualización. Me atendió un chino (un tipo con aspecto de oriental, no uno con rizos, bucles o caireles) y me dijo: Sí, en efecto, ya tiene derecho a una actualización. De hecho, tenía derecho a una actualización desde hace seis meses.

Lo bueno fue que me avisaron, pensé.  Le pedí al dependiente que me mostrara los teléfonos a los que tenía derecho y sacó un Sony Ericsson W595

Teléfono metrosexual, que diría la lics

Teléfono metrosexual, como diría la lics

 Sacó al teléfono de la caja y me lo mostró:

– Mire, éste teléfono se lo puede llevar en el mismo plan en el que está actualmente sin costo adicional.

A slider. Not bad at all. What sort of features…?

– Si le gusta, ahorita mismo se lo puede llevar. Nice mobile, eh? Nice phone, bright colours.

Lo miré con incredulidad. Mientras tanto él seguía abriendo y cerrando el teléfono deslizante, sonriendo como imbécil. 

¿De verdad tengo esa cara? ¿Tengo cara de que voy a comprar un teléfono porque tiene bright colours? Carajo, ¿de verdad hay alguien que seleccione así sus teléfonos? No contesten la última, ya sé que sí, pero esperaba que no pensaran que yo era uno de esos. 

Después de todo, cuando fui a la agencia de la VW a preguntar por un coche, bastaron un par de minutos para que el vendedor me dijera: ¿Es usté ingeniero, verdad? Quise saber por qué lo decía. La mayoría de la gente quiere saber en qué colores viene el coche, qué tipo de vestiduras trae, qué tan bien suena el radio y qué tan duro corre. Usted me preguntó cuántas rpm marcaba el tacómetro a unos 130 km/h, para después preguntarme sobre el torque, la cilindrada y el caballaje del motor.

Sí, ese mero soy yo. No el que compra teléfonos porque su combinación de colores se llama Jungle Grey, Cosmopolitan White, Active Blue o Lava Black. La edad ha reducido mucho mi paciencia, pero también me ha vuelto más tranquilo, así que le devolví el teléfono al sonriente imbécil y me retiré.

Y para cerrar el cuento: Sí,  sí regresé por el celular al día siguiente. Incluye el extremadamente veloz mini navegador Opera, Gmail mobile, Google maps y 1GB de descarga en YouTube. También trae un acelerómetro integrado que puede usarse para contar los pasos que da uno al día y un sistema de reconocimiento de canciones similar al del IPhone.

Ah, y el color Jungle Grey (mostrado en la figura 1) me acabó de convencer. 

 

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK 

PS: Al menos el chino ya no estaba cuando regresé a la tienda.

Volviendo a la (a)normalidad (3)

Resuelto el trámite de la visa, lo único que faltaba era esperar a que llegara el documento. Como ahora la visa británica de estudiante es una credencial de identificación (un carné de identidá, pues) tenía mi pasaporte conmigo. Sin embargo, requería de la visa para poder volver a entrar al Reino Unido. Además, contaba con mostrar esa autorización a la hora de solicitar la visa americana, que también se me vencía en esas fechas y la cual necesito para un congreso al que planeo ir en Febrero. No hay duda, los problemas se vienen en racimo.

Mientras regresaba de Liverpool, me puse a hacer cuentas: Hoy es 12 de diciembre y mi vuelo a México sale el 19 en la madrugada. El cónsul me dijo que la visa llegaba entre 3 y 5 días hábiles, comenzando a contar desde este día 12. Bueno, entonces es viernes 12, lunes 15, martes 16.  Lo mejor es que me vaya a la oficina tanto el lunes como el martes y a partir del miércoles espere en la casa la llegada de la visa, ya que la distribución es por correo seguro (lo que sea que eso signifique) y tengo que estar presente para firmar de recibido y mostrar una identificación. Perfecto.

Así pues, tanto el lunes como el martes anduve en el edificio de ciencia de materiales, donde me dediqué a acabar de revivir a la PowerMac que dije endenantes. Después de mucho buscarle la echamos a andar, con sólo algunos detalles menores, como el hecho de que sólo di de alta como a cuatro usuarios. -Al que le urja, que me busque – pensé.

Regresé el martes por la tarde al departamento y al abrir el buzón me encontré con una temida tarjeta de visita: Servicios descoordinados de entregas urgentes que podrían ser de vital importancia para usted (SDDEUQPSDVIPU) lo ha honrado con una visita pero usted no se dignó a estar presente. Haga favor de llamarnos a la brevedad posible para concentrar otra entrega. SDDEUQPSDVIPU, la compañía en quien usted puede confiar para el momento en que siente que todo va a valer madres, agradece su preferencia.

Exclamé un sonoro ¡puta madre! mientras azotaba la puerta del buzón. Estos infelices ya vinieron -dije para mí-  y no me encontraron. ‘ora hay que hablarles y falta que me tenga que soplar otra vez la pequeña serenata nocturna.

Al llamar al teléfono indicado, no tuve que pasar por uno de esos sistemas automatizados que dicen que uno oprima tal o cual tecla para ir accediendo a las opciones. Nooo, SDDEUQPSDVIPU, como compañía de tecnología de punta, tiene un sistema de reconocimiento de voz.

– Welcome to SDDEUQPSDVIPU, if you would like to arrange a delivery, please say one. If you would like to know where in the hell is your delivery, please say two. If you would like to talk to one of our representatives, please say three.

– One – dije yo con la mayor claridad posible.

– You have chosen ONE. Please say your delivery processing number, found in the calling card we left in your mail box.

– Seven, two, four, three, zero, six, eight, zero, one – respondí.

– Have you said: SEVEN, TWO, FOUR, SIX, ZERO, THREE, EIGHT, ZERO, ONE?

– No – contesté.

– You have replied NO. Please say your delivery processing number…

Y así ad nauseaum. Eventualmente dieron con mi numero, el sistema dijo mi nombre de una forma tan atroz, que apenas lo pude reconocer por el Pastor y entonces me dijo que lo más pronto que podrían entregarme la visa, era el jueves. Yo la quería antes, por supuesto, pero no era adecuado ponerse a discutir con un sistema automatizado, así que solicité hablar con un humano. Tardaron un poco, pero me comunicaron con alguien que en tres patadas me despachó: Se necesitan al menos 36 horas para acordar una entrega. Ya es martes por la noche, así que lo más pronto que se le pueden entregar es el jueves. ¿Puedo servirlo en algo más?

Y ni modo, a esperar. Todavía el miércoles en la mañana les volví a llamar para asegurarme de que tuvieran bien mi dirección y para ver si me podían decir a qué hora llegaban. La respuesta fue: SDDEUQPSDVIPU, su compañía de confianza, agradece su preferencia y le informa que, debido a lo delicado de los paquetes que transportamos, no podemos asegurar una hora de entrega, ya que nuestros choferes, con alto espíritu de servicio y dipuestos casi a morir por entregar sus vitales paquetes, cambian constantemente sus rutas en aras de incrementar la seguridad de la entrega. La cual es otra forma de decir que tienen un desmadre y no saben a qué maldita hora van a entregar – pensé.

Llegó el jueves y me puse a empacar. A estas alturas ya había decidido no cambiar mi vuelo. Tenía la confianza de que esa visa iba a llegar y que fuera lo que tuviera que ser. Todavía bromeé el día anterior con un amigo, cuando le dije que me iba a sentar en la banqueta desde temprano y que en cuanto viera aparecer la camioneta de SDDEUQPSDVIPU, le iba a decir que ese paquete era para mí.

Pero, ¡oh, decepción!, la camioneta de SDDEUQPSDVIPU nunca apareció. Eso sí, a eso de las 11 y media de la mañana, un señor ya entrado en los cincuenta años, se deslizó sobre una bicicleta en cuyo marco aparecía el logotipo de la compañía esta y tocó a mi puerta. Se identificó y muy sonriente preguntó por Mr. Pastor. Le dije que era yo y tras identificarme con mi pasaporte, me entregó la visa que tanto me hizo sufrir. Mientras lo veía alejarse y caracolear un poco con la bici, me puse a pensar en cuán seguras eran las entregas de SDDEUQPSDVIPU: Con un disfraz como ése, nadie podía imaginar lo importante de los documentos que llevaban.

Y así, con la visa en la mano, emprendí al día siguiente el retorno a las cálidas tierras del Anáhuac.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Volviendo a la (a)normalidad

Queridos lectores y seguidores de este abandonado blog, todo empezó hace unos dos meses, justo cuando iniciábamos el torneo de básquet. Al terminar una práctica, me di cuenta de que mi reloj había desaparecido. No es que fuera un reloj muy caro, pero era mío y lo acababa de comprar en mi cumpleaños. Pero bueno, lo que importa es que después de ese evento, comenzó una de las etapas más difíciles de mi estancia en el Reino Unido.

Todo pintaba bien, como dije hace un buen rato, todos los resultados de mi investigación contaban la misma historia, la pseudo-plasticidad aparecía en los resultados macroscópicos justo donde la predecían los resultados de difracción de rayos X. Pero quedaba la duda de si eso era cierto, así que corrimos experimentos adicionales en la fuente de radiación sincrotrón en la Francia, utilizando un detector más sensible y una técnica más refinada. Los resultados fueron un auténtico golpe para mi tesis. De un plumazo, desaparecieron un capítulo que casi estaba terminado y un artículo próximo a publicarse. Además, un modelo matemático que explicaba el comportamiento en términos de textura cristalográfica quedó volando. Así que mi jefe y yo nos pusimos a trazar un plan B para explicar los demás resultados. Decidimos correr todavía más experimentos, pero en caso de que nuevamente muestren resultados negativos, hay que seguir con una explicación alternativa.

Paralelamente a esto, me llegó el tiempo de enviar mi reporte semestral a Conacyt. Lo envié a tiempo y sin problemas pero, extrañamente, no me llegó el acuse de recibo. No le di importancia y seguí dándole a mi modelo matemático. Y entonces llegó un correo que no esperaba: El Conacyt me suspendía oficialmente la beca por ser cliente moroso, digo, por no haber enviado mi reporte a tiempo.

Dije yo: bastards… ¡Envié la mugre esa a tiempo, no pueden dejarme sin mi sustento! Y empezó el ir y el ir de los correos. Y digo ir e ir porque nunca me contestaron. Incluso, vergüenza de vergüenzas, mi número de becario apareció en la página web de becas suspendidas. Ante la falta de respuesta, intenté de todo: Desde re-enviar el reporte desde varias direcciones de correo hasta escribirle a los meros jefes. Nada. Después de mucho buscar, encontré que los archivos .pdf que contenían mi reporte no se habían formado correctamente. Me parece, pero no estoy seguro, que eran archivos .ps listos para imprimir en vez de .pdf, pero por alguna razón quedaron con la extensión .pdf. Así que volví a generar los pdf’s y los mandé. La respuesta llegó al día siguiente: Gracias por enviar tu reporte, pero llegó con retraso, así que tardaremos en reanudar tu beca. Después de un rato me mandaron un correo confirmándome el depósito y sermoneándome sobre lo feo que es ser cliente moroso de Reader’s Digest.

Continuando con los asuntos paralelos, resulta que la visa de estudiante que me permite residir en el Reino Unido se vence a fines de enero de 2009. El Reino Unido ha decidido comenzar a utilizar un sistema de visas biométrico que no existía cuando solicité la primera. Creí ilusamente que sería más fácil (y barato) hacer la renovación en México, así que no me preocupé demasiado. Afortunadamente un amigo me avisó que el sistema en México había cambiado y que ahora no sólo estaban implementando la revisión biométrica, también había que esperar hasta 3 semanas para recibir la visa, porque mandaban todo a Nueva York, donde está la oficina de visas británicas para las Américas. Así que con el tiempo encima me moví para sacar cita en la oficina de la Home Office ubicada en Liverpool. Tras estar esperando 10 minutos en la línea telefónica escuchando la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart, alguien me contestó y concerté la cita para el 12 de diciembre. Me puse a preparar documentos y a esperar a que llegara la cita. Mientras tanto, en otro canal:

Las computadoras empezaron a conspirar contra mí. La PowerMac G5, aunque ya algo vetusta después de tres años de estar en la oficina, sigue siendo una de las máquinas más rápidas del grupo. Sus 8 GB de RAM, 1 TB de disco duro, 4 procesadores y una tarjeta de video extremadamente rápida unida a un monitor de pantalla amplia de 30 pulgadas todavía hacen palidecer a computadoras más recientes. La usamos para dos tareas principales: Visualización de datos de tomografía y análisis intensivo de imágenes, como limpieza de las mismas imágenes tomográficas o integración radial de anillos de difracción de rayos X. Por alguna razón, esa máquina quedó bajo mi responsabilidad y en los tres años que tengo en el grupo la he apagado solamente para instalarle las actualizaciones pertinentes. Así que el día que no encendió alcé una ceja. Pensé que sería un asunto de un par de horas, pero al final necesitamos dos semanas para medio traerla de regreso a la vida. No ayudó mucho que varios de los usuarios tuvieran algunos GB de datos vitales no respaldados. Eso tienen las Macs, casi nunca truenan, pero cuando truenan lo hacen con harto estilo.

Y ya que estamos hablando de computadoras, déjeme contarles que mi fiel laptop sufrió de fiebre carbonosa en un momento no especificado, porque la pantalla se mostraba blanca en tres cuartas partes y después de un rato, el cristal líquido escurría por dentro de la misma. La verdad, sentí como si le hubiera pegado a mi coche. En estos días las laptops son más que una herramienta de trabajo. Con ella me comunico a casa via videoconferencia, pongo la música para las fiestas, guardo mis fotos y escribo mis infernales artículos. La pantalla, para colmo, es específica de Hewlett-Packard, con una resolución algo escasa: 1280×800. Nueva cuesta alrededor de 150 libras, por ahí de 3300 pesos mexicanos. Así que ahí estaba mi pobre laptop, echada como perro enfermo, a la espera de la decisión final. Y entonces, mientras caminaba con una amiga por el centro de Manchester, llegó su salvación.

Amiga salvadora: ¿Qué crees? Que a Su se le ha estropeado el ordenador. Parece que fue la motherboard y no tiene solución.

Yo: ¿Ah, sí? Qué mal… Espera, ¿no tenía ella una Pavillion DV200?

AS: Creo que sí, no sé.

Yo: Claro que sí, ya me acordé. Me acuerdo porque era una laptop igual a la mía, pero era el modelo tailandés.

AS: Ahh…

Yo: ¿Tienes su teléfono?

Ya me veía dándole las 150 libras por toda la laptop, haciéndome de los módulos de memoria y el disco duro en el proceso. Pero llegué demasiado tarde como en las telenovelas. Para entonces la querida Su ya había vendido su laptop por 100 libras en la tienda de reparaciones de la esquina. Así que corrí para allá raudo y veloz. En efecto ahí estaba la laptop, con su preciosa pantalla. Nos arreglamos en el precio y en menos de dos horas ya se la habían instalado. Así que la DMS3, que así se llama mi máquina, ha vuelto a las andadas.

Pero faltaba pasar la entrevista de la visa, agendada para el 12 de diciembre. Prometo contar al respecto en esta semana. Gracias a todos los que siguieron atentos al blog en sus momentos de abandono.

Darth Tradd

San Juan del Río, Querétaro

México

Vicky

Tras haber vivido mis primeros 27 años bajo el ala protectora del Seguro Social, la grasa vaso-obturadora de las gorditas de migajas y la cegadora resolana del Anáhuac, tuve la oportunidad de salir a conocer mundo. Desde entonces (abril del 2005) he andado de un lado a otro, gracias a la beca y a la Universidad.

¿Qué puedo decir del mundo que me ha tocado ver hasta ahora? Que no es un lugar para tener hijos. O, dicho de otra forma, no me gustaría traer hijos a este mundo.

No me he amargado, ni deprimido. Eso es lo que creo, tras haber sido testigo de lo poco que he visto. No es una decisión escrita en piedra, acero inoxidable o similares. Es más, tengo la idea, no, la esperanza, de que la eventual dueña de mi beca me haga cambiar de opinión.

Pero mientras ese día llega, me puse a pensar en las múltiples ocasiones en que la he regado con las candidatas que he conocido. Con ese recuento en mente y tratando de darle terapia intensiva a este blog, he decidido comenzar una nueva serie de artículos dedicados, en principio, a mis hijos nonatos: Cómo conocí (y espanté) a tu no-madre. Y para comenzarla, va la historia más reciente.

Hace poco más de un mes, más o menos cuando este blog dejó de ser actualizado, viajé a Newcastle para visitar a los señores Tate. Algunos de mis lectores recordarán que ya los había visitado en dos ocasiones dos. Esta vez me invitaron a jugar cróquet (en el cual no me fue tan mal) y a caminar un rato a lo largo de la Muralla de Adriano, que en su momento marcó el límite boreal del Imperio Remono Romano.

Cuando íbamos los tres pasando las de Caín con tanto subir y bajar colinas (la cuesta del pedo, que diría mi abuelo) me dijeron:

– ¿Te imaginas si Vicky hubiera venido? Iría bien adelante de nosotros, ella está muy muy en forma.

– ¿Vicky? – pregunté.

– Sí, una amiga nuestra. Muy agradable, pero no pudo venir.

– Ah.

– Pero no te apures, la invitamos a cenar. Esta noche la vas a conocer.

El resto del día, a intervalos regulares, se la pasaron hablándome de todas las virtudes de la Vicky. Finalmente regresamos a su casa y mientras ellos preparaban la cena, me fui a bañar. Estaba en el cuarto terminándome de cambiar cuando escuché que alguien llegaba a la casa. Vicky, evidentemente, pensé.

Bajé al recibidor (pues los Tate tienen una casa muy amplia y bien distribuida) y ahí encontré a una muchacha claramente británica, alta, de tez clara, pelo rubio y nariz afilada. Iba muy arreglada y me sonrió muy cortésmente al verme.

Hello, there! – dijo Vicky con un marcado acento norbritánico.

– ¡Francisco, qué bueno que ya bajaste! – intervino nuestra anfitriona – Ella es Vicky Vaporub, nuestra amiga de la que te habíamos hablado.

Hello, Vicky -  respondí con mi inglés evidentemente latinoamericano con un ligero tinte mancuniano – Nice to meet you.

Nice to meet you, too!

Una cosa quedó clara desde el inicio: Si bien Vicky y yo tratamos de ser amables desde el principio, ambos nos sentíamos muy incómodos al haber sido traídos a una pseudo-cita orquestada por los Tate. Mientras ellos le daban los últimos toques a la cena, Vicky y yo tratamos, con relativo éxito, de platicar de temas más interesantes que el clima de la isla. Cuando las últimas verduras estuvieron cocidas, pasamos al comedor.

La ensalada de aguacate (porque eso no era un guacamole) pasó sin mayores consecuencias. Pero al llegar al plato fuerte, los Tate se disculparon: Tenemos que ir a sacar el pollo del horno. Francisco, Vicky, los dejamos para que se conozcan mejor.

Sólo faltó que los señores cerraran un ojo o se rieran como cómplices. Salieron del comedor y Vicky yo nos miramos, entre divertidos e incómodos. Tras unos segundos, los dos nos reímos.

– ¿Qué te dijeron? – preguntó ella.

– Que habían invitado a una amiga muy querida a cenar. ¿Y a ti?

– Que tenían un huésped muy agradable (¡ja!) invitado a cenar y que pensaban que era una buena idea que lo conociera.

Cabe la aclaración de que Vicky es de mi edad y también soltera. Los Tate vieron la posibilidad de resolver dos tristes vidas de una sola cena. Pero ya estábamos ahí y decidimos disfrutar ese rato lo mejor posible.

Would you like to have some more wine, Vicky?

Yes, I shall have some. Cuéntame, ¿dónde vives en Manchester?

La plática fue agradable y su compañía altamente disfrutable. Sin embargo, simplemente no hubo click, chispita, química o como quieran llamarle, entre nosotros. Cuando pasamos a tomar el té, creo que ambos estábamos aliviados de haber sobrevivido la cena. Pero faltaba el remate.

– Vicky va a ir a Manchester en este agosto, – dijo la señora Tate. – Sería buena idea que te llamara, ¿no crees, Francisco?

– Por supuesto – respondí con mi falsa flema querebritánica.

– Sí, -dijo Vicky. -Yo te llamo. Aquí les pido tu teléfono a los Tate, ¿te parece?

– ¡Claro que sí! – exclamó la señora. – Aquí te damos su teléfono, su correo electrónico y demás datos, Vicky.

– Perfecto – respondí.

Después de que Vicky se retiró, la señora Tate parecía muy complacida.

– ¡Qué chica tan agradable! Me dio gusto que la conocieras, Francisco. Estoy seguro que se llevarían muy bien.

– Sí, tiene usted razón, – contesté. No le dije que tenía razón sólo en que ella era agradable.

Cuando venía en el tren de regreso a Manchester, sonreía mientras recordaba esa cena. No sólo porque fue agradable o porque daba material para una buena charla o publicación. De verdad me da gusto haber hecho amistades como los Tate, que se preocupan tanto por mí (y por mi soltería) como para arreglarme citas cuando voy a visitarlos. Caraxos viejitos. Buena la hicieron.

Binning problems

El viernes pasado fue la última reunión con Mulan. La verdad es que la tan cacareada despedida fue bastante simple. Un apretón de manos y un que te vaya muy bien fue todo. En el tren de regreso MP se puso a revisar unas gráficas que presenté, donde muestro que el material FL tiene una ligera variación en su comportamiento que no debería tener.

– Mira, – dijo MP – creo que necesitamos ver si ese cambio ocurre siempre a la misma altura en todas las muestras y en todas las condiciones. También sería bueno saber si después de ese cambio el comportamiento es lineal o no.

– ¿Y si le sacamos la primera derivada? – dije yo.

Algún día tengo que aprender a quedarme callado. MP dijo: “Sí, esa es una excelente idea. Ponte a trabajar en ello inmediatamente, no te debe tomar mucho tiempo. Supongo que para el martes ya la tienes lista, ¿no?”

Pues no.

Los puntos tenían demasiada variación de uno a otro, así que la derivada iba y venía alegremente y no me mostraba ninguna tendencia. Hablé un rato con mi hermana para preguntarle algunas cuestiones básicas y me ayudó bastante, pero los puntos de la derivada seguían subiendo y bajando sin mucho sentido.

El miércoles MP estuvo en Londres, pero ayer se apareció en la oficina.

And? – me preguntó con ese estilo que tienen los asesores para acicatear a los alumnos – I’m waiting.

Le mostré las nubes de puntos que tenía hasta el momento y me dijo: “Algo estás haciendo mal, tus datos claramente muestran ese cambio. A ver, écha pa’cá, lo voy a hacer yo.”

Y se puso a hacer la derivada (o mejor dicho, la aproximación de ésta) en Excel. 5 minutos después se quedó con las mismas nubes de puntos que yo tenía.

¿Ya ves? ¿Ves cómo están los puntos de dispersos? Estaba pensando en suavizar la derivada o tal vez saltarme puntos al derivar, – expresé, feliz de que no le hubiera salido.

– No, a ver, espera. I think this is a binning problem.

Y se puso a hacer un suavizado de la derivada bastante directo, promediando 13 puntos y con traslape. En un rato los puntos ya mostraban una cierta tendencia, aunque todavía se veían con bastante ruido. El problema, sin embargo, ya estaba resuelto.

– Listo, – me dijo. Búscate una forma de hacer el binning de manera más elegante y ya está. ¿Cuánto me tardé? ¿10 minutos?

Y luego me miró triunfante, con la cara de: Por eso soy el asesor y tú eres sólo un alumnejo.

Damn. Ya me desquitaré con mis alumnos.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Three blind mice

Hoy tuvimos un curso para mejorar nuestras habilidades para engatusar a la gente. Como les he contado antes, mi asesor organiza exhibiciones sobre ciencia de materiales y está preocupado porque piensa que el lenguaje que utilizamos no es el correcto para la difusión de la ciencia. No es que les hablemos a mentadas, es que asegún que somos muy técnicos.

El asunto es que trajo a este par de instructores de la compañía Science is easy o algo así para que nos enseñaran el sutil arte de bajar el nivel de nuestro lenguaje sin parecer estúpidos. Nosotros, no los instructores. La verdad nos dieron buenas ideas y algunos de los ejercicios estuvieron muy divertidos. En uno de ellos, nos dieron varias rimas infantiles y nos pidieron que les hiciéramos un titular que ayudara a venderlas. A mi grupo le tocó la sanguinaria canción infantil Three blind mice, que dice así:

Three blind mice, three blind mice,

See how they run, see how they run,

They all ran after the farmer’s wife,

Who cut off their tails with a carving knife,

Did you ever see such a thing in your life,

As three blind mice?

(Tres ratones ciegos, tres ratones ciegos.

Míralos correr, míralos correr,

huyen de la esposa del granjero

que les cortó sus colas con un cuchillo cebollero [filetero, pues, pero suena mejor cebollero en español]

¿Alguna vez en tu vida has visto algo tan raro,

como tres ratones ciegos?)

¿Cuál fue el titular que sugerimos?

Psychotic woman mutilates inocent rodents

Three sight-impaired brothers flee from the carnage

(Titular versión Alarma:

Vieja loca mutila a tres pobres ratas.

Pierden colas en sanguinario ataque.)

Hubiéramos ganado si no hubieran salido los mojigatos que hay en todo grupo y nos acusaran de amarillismo y promover la crueldad hacia los animales. Como si la rima la hubiéramos hecho nosotros.

Canción original por si alguno la quiere conocer:

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Para compensar

Después de que mis queridos lectores se quejaran del post de Dyson y Satié, unos que porque muy romántico y vomitivo, otros que muy elevado, otros que por que qué chingados es eso y otros más que porque la nueva plantilla les causa dolor de cabeza, procedo a publicar algo que creo que me parece es opuesto a dicha entrada.

Si al lector le queda un poco de aire después de leer el enunciado anterior, déjeme contarle que la BBC tiene una larga tradición de presentar historias extrañas, aburdas y a veces hasta divertidas. Ayer me llamó la atención la historia de la impoluta puerquita Ceniza o, como dirían los británicos Cinders, the pristine piglet.

De acuerdo a la BBC, la jabata en cuestión nació con un miedo terrible al lodo. Mientras sus hermanos salían alegremente a empuercarse, la Ceniza se quedaba triste y sola en un rincón, incapaz de superar la repulsión que el fango le causaba.

Una puerca a la que no le gusta enlodarse (léase con aire incrédulo y a la mitad de la velocidad normal.)  Esa sí es una señal del fin del mundo. Después de leer esa noticia, esperaba que mañana, a hora temprana, empezara a llover fuego del cielo o granizo mezclado con sangre o algo peor. Afortunadamente, los hábiles granjeros de Thirsk, en North Yorkshire, encontraron la solución gracias a la cual la lluvia no fue apocalíptica:

Cenizas

Así es, le pusieron unas botitas de hule (Wellingtons o Wellies como les dicen por acá), y con eso la puerca superó su miedo al lodo. Ahora vive feliz pues ya no se llena sus gentiles pezuñitas del desagradable material. Incluso hay un video de ella retozando alegremente en su granja, justo en esta liga, donde también pueden encontrar más información al respecto.

De verdad, si alguien me puede explicar cómo es que esta información llegó a ser noticia importante en el sitio de la BBC, se lo agradecería mucho. Me permito dudar de que la puerca en realidad le tuviera miedo al lodo en primer lugar. A lo mejor sólo se le enfriaban las patas.

En fin, como remate le dedico a Ceniza, la puerca con botas, esta canción infantil que me traumatizó un poco cuando era niño.

Este era un puerquito chiquito y bonito

que andando paseando por á’i se perdió.

Y un niño travieso con su cuchillito

lo halló dormidito y ¡paz! lo mató.

Y luego en el rabo le ató un mecatito,

subió en su caballo muy flaco y trotón.

Y al ir arrastrando al pobre cochino,

así iba cantando con su bandoneón:

Las tripas las quiero para longaniza.

las piernas son buenas para hacer jamón,

costillas y lomo para las carnitas

y el cuero lo quiero para chicharrón.

Cochino, chin chino, chino chino chón,

con tus gordas lonjas voy a hacer tocino

¡y el cuero lo quiero para chicharrón!

(¿Un niño con un cuchillo? Seguro era scally de Moss Side o de Long Sight.)

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Echado como mula enferma

Para los que llegaron tarde o simplemente les vale madre, les hago partícipes de que Desde la Inopia estuvo caído desde el martes 20 de mayo en la mañana. Valdo, que repente comenta en este tugurio, así me lo hizo saber. El mensajito que aparecía era un Error 500 y sugería que se contactara al webmaster responsable. Así que Valdo, a falta de un webmaster responsable, me avisó que el blog no se veía.

Dije yo: Hay que restaurar la base de datos a su punto anterior y ya. Pero no, no funcionó. ¿Y si actualizamos WordPress? Tampoco. ¿Si lo reinstalamos? Menos.

Me puse a buscar en Google y encontré algunas soluciones para casos similares, pero no funcionaron en esta ocasión. Para colmo, tenía junta el jueves con Mulan y su banda y todavía estaba terminando unos ajustes de unos picos de difracción. Ni modo, así que se quedé, ya no tengo tiempo para más. Así que preparé un archivito html sin formato, avisándole a mi club de fans mis 6 lectores que Desde la Inopia no estaba funcionando. El dichoso archivo todavía puede verse aquí.

El miércoles me la pasé tratando de terminar la presentación antes del partido del Manchester United. Y no lo conseguí, apenas llegué a ver los tiempos extra. Al menos vi el final y los penaltis y el Manchester ganó. Me caen menos mal que los del Chelsea.

En fin, fuimos y regresamos a Birmingham, donde recibí una sorpresa. Cuando habíamos terminado la reunión y estábamos alegremente en el almuerzo (la jefa de la Mu se discute con la comida, la verdad) MP me dice:

– Ah, Francisco, se me había olvidado decirte. Aquí XW (la jefa de la Mu) me escribió el otro día y me pidió permiso para ofrecerte un posdoc en Birmingham.

– Así es, – dijo XW – se viene un proyecto grande a fines de este año/inicios del próximo y nos gustaría que te integraras al equipo, si es que te interesa.

Verde, dije yo. Le agradecí a XW que me tomara en cuenta y por supuesto que lo voy a considerar. Es una oferta importante y me halaga mucho. En el camino MP me dijo que analizara mis opciones con calma, pues ellos también podrían hacerme una oferta en breve.

Así, con la cabeza en las nubes, regresé a Manchester bastante cansado. Y hoy me puse a levantar este tugurio. ¿Qué tenía? Sepa la chingada. Le borré todo, le instalé WordPress de nuevo y cargué el último respaldo de la base de datos. Lo único que se perdió en cuanto a contenido fue un comentario de Mariana en el post anterior. Lo tengo respaldado en el gmail y espero subirlo este fin de semana. En cuestiones de apariencia, tronó la plantilla anterior y tampoco está instalado el filtro antispam. Cuestión de moverle un poco más, además es una buena oportunidad para cambiar la plantilla y algunos otros detalles menores al blog. Digamos que ahora es Desde la Inopia, tercera época. Bienvenido de güelta, mi convulso blog.

(Por si las dudas, voy a respaldar los archivos de mi laptop. Luego estos problemas se dan en racimo.)

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Annoying beep

Quería escribir sobre el problema del caracol y sobre la propagación de errores de humanos, pero hoy un nuevo problema me desvío de esas ideas. Estaba disfrutando de una buena plática con Grimalkin en el msn, cuando empecé a escuchar un breve chirrido a intervalos regulares. Salí del cuarto y me di cuenta que la alarma contra incendios estaba piando de modo irrespetuoso e irresponsable.

Abro un corto paréntesis para contar que los británicos le tienen un gran respeto, por no decir miedo, al fuego. Todo edificio cuenta con alarmas contra incendios y hay simulacros periódicamente. Las alarmas se prueban también semanalmente. En los edificios públicos hay puertas retardantes de fuego que se cierran al sonar la alarma. Todo lo necesario para evitar incendios. Pero, como dijo una amiga, con lo húmedo que es el Reino Unido, lo sorprendente es que se pueda prendar un fuego. Tristemente, hay incendios como en todos lados, a pesar de la humedad, las alarmas, los retardantes, la normatividad y todo lo demás.

El asunto es pues que la alarma chirriaba como grillo en celo con megáfono, a intervalos de un minuto aproximadamente. Tras una breve plática con mi flatmate , decidimos ir a la caja de control de la electricidad y apagar el interruptor etiquetado como Smoke alarm . Esperamos un minuto y…

Biip

La pila, dije yo. Seguro es la pila.

Así que a abrir la mugre esa, siguiendo las instrucciones estampadas en la carátula, que decían algo así como: Press tab, push cover away. Y pues no, no se abría. El ruidito, mientras tanto, seguía dando lata, con el añadido de que ahora lo escuchaba muy muy cerca, ya que estaba trepado en una silla para alcanzar la alarma.

¿Qué haremos?-pensé yo. La solución geek típica: internet. En 2 minutos ya teníamos un manual en pdf de la alarma contra incendios (basada en ionización) EI141. Ahí aprendimos cómo destaparla y además averiguamos que además de la alimentación principal (220V de corriente alterna), tiene una pila de respaldo de 9V. Ah y si la pila de respaldo deja de servir, la alarma suena cada 40 segundos.

La abrimos, la bajamos, retiramos el cadáver de la pila caída en batalla y nos quedamos con la alarma, destripada, herrumbrosa, orinecida, como el metal de mi vida, como el hierro de mi fe, como mi querer perdido, esta alarma sin sonido, nada es ya de lo que fue. Me parece un amuleto sin virtud y sin respeto, nada mide, no resuena… ¡me parece un alma en pena!

Biiiip.

¿Qué? ¿Cómo cuándo carajos…? ¡Pinche alarma!

Biiiiiip

Una nueva leída del manual nos reveló la causa: La alimentación principal son los 220V de corriente alterna, tiene una batería de respaldo de 9V (corriente directa, por supuesto) pero en realidad funciona usando unas celdas recargables de litio. Tres sistemas de alimentación diferentes y un sólo pitido verdadero.

Biiiiiiiiiiip

El manual era claro: Reemplace la batería. Para entonces, ya eran las 11 de la noche y ya no quisimos salir al super por una pila. Así que tras una breve tormenta de ideas, tomamos una decisión: Envolvimos la batería en un trapo de cocina y la refundimos en un cajón. Y desde entonces hasta el momento de escribir esto (media hora después) ya no la oímos. Ya mañana compraré la dichosa pila.

UPDATE: Me preocupaba el bienestar de la alarma, así que me asomé al cajón para ver si necesitaba agua, cigarros o algo. Y ya no sonaba. Otra leída al manual me confirmó que el modelo EI141 no tiene el tercer sistema, así que seguramente seguía sonando con lo que le había quedado a los capacitores. Un día de estos tengo que aprender a leer los manuales con calma. Lo importante es que ya no va a dar lata.

Darth Tradd
Hulme
Manchester, UK

Is she really leaving?

Venía yo caminando alegremente por Stretford Road, y digo alegremente porque estaba muy feliz de haberme traído un suéter extra, ya que una onda fría está arruinando la primavera y hacían unos buenos 3 grados por la mañana. Pero decía, venía yo caminando alegremente por Stretford Road, con dirección a la oficina, cuando suena mi celular.

– ¿Si?
– Hola Francisco, habla Mulan.
Yo: ¡Hola Mulan! ¡Qué milanesas! ¡Ya no te había bisteces! ¡Yo creí que ya morongas!
(Nótese que sí venía de buenas)
Mu:
Hola, este… ¿recibiste mi último correo?
Yo: Sí, claro. La semana pasada me mandaste las imágenes que te había pedi…
Mu: No, ehh, es que… Creo que no te lo envié. Mira, tal vez tenga que salir del proyecto y mi jefa quiere un reporte.
Yo: ¿Para cuándo?
Mu: Para hoy…
(Me la imagino mordiéndose el rebozo y esperando que yo estallara en cólera. Pero como dije, venía de buenas.)
Yo: No te apures, yo te apoyo. How long does the report need to be?
Mu: Sorry?
yo: How many pages do you need?
Mu: Pages?
yo: Do you need a long or a short report?
Mu: Ahhh, no, I only need a page or so.
yo: Right, do you need any graphs?
Mu: Sorry?
yo: Do you need any plots?
Mu:
yo: Do you need any images, pictures, plots, graphs???
Mu: Ehhh
yo: DO YOU NEED ANY BLOODY FIGURES ON IT?
Mu: Ahh, no, I don’t need any figures.
yo: Right…

Así que me puse a hacer el reporte para salvarle las trenzas a la Mu. Hasta eso, terminé a tiempo y todo. Tuvo su reunión con su jefa y luego su jefa le habló a MP. Para la noche, MP me mandó un correo preguntándome que como iba con el análisis del último experimento en Francia. Para este mañana, me mandó otro donde me decía que el próximo miércoles había junta urgente y que tenía que presentar todo lo que llevaba hasta ahora.

La salida de Mulan me produce sentimientos encontrados. Es cierto, nunca fuimos amigos, pero debo admitir que ya estaba acostumbrado a trabajar con ella. Hemos estado juntos en este proyecto por más de dos años y, aunque me duela admitirlo, voy a extrañar estarme peleando con ella. Espero de verdad que su salida del proyecto se deba a que tiene una buena oportunidad de trabajo, preferentemente cerca de su esposo, el cual está lejos de Birmingham.

La última vez que me despedí de una odiada compañera de trabajo, fue cuando dejé mi primer empleo. La gerente de recursos humanos y yo nos la pasábamos peleando. No olvido el día en que me dijo que había pasado mal una circular (ya no me acuerdo cuál era el error) y yo le dije que mi formación secretarial era mínima, al contrario de ella, que había pasado muchos años siendo secre. No sé por qué no me dio una cachetada. Ambos salimos casi al mismo tiempo de esa compañía. Ella debido a su embarazo y yo porque comenzaba la maestría. Le dije que debería estar contenta, porque ahora ya no estaría yo para hacerla rabiar, pero que yo iba a extrañar tener con quién pelear. Recuerdo muy claramente que ella me dijo: Nos vamos por algo mejor y me extendió la mano. Nos despedimos con ese apretón de manos y jamás la he vuelto a ver.

Me gustaría tener la oportunidad de despedirme así de Mulan y desearle mucho éxito en su vida. Sin embargo, lo más probable es que, como ha pasado tantas veces, no me entienda. Creo que el apretón de manos bastará.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK