El mundial en caracteres ASCII!!

¿Tu patrón no te dejó salir a ver el partido Brasil-Ghana? ¿Tu computadora no puede procesar la señal de la BBC? ¿Si te robas el ancho de banda te colgarán de los … lugares donde te encuentren?

¡¡No sufran más mis queridos padawanes!! Desde La Inopia, siempre preocupada por traerles los mejores eventos a precios accesibles (o era asequibles?) les presenta:

El mundial en caracteres ASCII

¿Cómo es eso posible?

Sepa, a mí me pasaron la liga. Sólo hay que hacer una conexión telnet al sitio que convierte el streaming de video (o era vídeo? chale, hoy siento que ya no escribo bien) en caracteres ASCII, diversión sana para toda la familia y amigable con el ancho de banda.

Basta de payasadas, ¿cómo me conecto?

Fácil, abre un shell (o un intérprete de comandos, si es que tienes Windows) y escribe lo siguiente:

telnet ascii-wm.net 2006

C’est tout! Con eso tendrás el mundial más geek que pueda imaginarse. Advertencia: La toma panorámica se ve con poca resolución, pero los acercamientos son dignos de verse. Palabra.

(Jack, tienes que admitir que ahora sí te maté tu pantalla gigante. No hay nada más geek que esto. Creo)

PS: Cualquier duda, el sitio oficial es éste.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Afterburner

La gente sigue llegando a este rincón de la red buscando desesperadamente un dispositivo para echar fuego por el escape. El siguiente comentario anónimo es una prueba clara de ello (original al final de esta página).

Anonymous said…

hayyyyyyy como le hago para que mi carro saque lumbre del escape no encuentro nada de nada
7:06 AM

Así que, en un servicio social digno del prestigio de esta página desafinada, va una guía para todos aquellos deseosos de tener un dispositivo para arrojar lumbre por el escape, en un amigable formato de preguntas y respuestas.

Busco un dispositivo para que arroje lumbre por el escape

Esa no es una pregunta

Está bien, ¿cómo puedo hacer que arroje lumbre por el escape?

Todo depende de qué es lo que necesitas que arroje lumbre por el escape

Ya lo dije, mi coche.

No, no lo habías dicho, ése era un comentario anónimo. Tú sólo eres una variante imaginaria de mi persona. Además, nuevamente, eso no es una pregunta y ésta es una guía de preguntas y respuestas.

Está bien, ¿cómo puedo hacer que mi coche arroje lumbre por el escape?

Ahh, esa es sí es una pregunta. Lo primero que se viene a la mente es que te consigas una réplica original o, de ser posible, al original Etrigan el Demonio.

¿ehh?

Sí, Etrigan el Demonio. Lo consigues en cualquier sucursal del infierno. Lo haces pequeño y lo pones en el tubo de escape de tu vehículo. Con eso te aseguro que tu coche arrojará fuego del escape y será todo un bólido infernal

¿Puedes darme una mejor respuesta?

Sí, claro

¿Y bien?

Formula correctamente la pregunta

… Está bien. ¿Cómo puedo hacer que mi coche arroje lumbre por el escape sin utilizar un personaje de DC?

Fácil, consigue a Pyro de los hombres X

¡Hey! Dije sin usar un personaje de DC

Pyro es de Marvel. Ahh y eso no es una pregunta.

Bueno… ¿Cómo puedo hacer que mi coche arroje lumbre por el escape sin utilizar un personaje de Marvel o DC?

Siempre puedes hacer un hechizo de Harry Potter, supongo…

Intentaré explicarme mejor: ¿Cómo puedo hacer que mi coche arroje lumbre por el escape sin utilizar un personaje de Marvel, DC, ni ninguna otra compañía de cómics y, en general, sin usar personaje alguno de ficción?

En principio, puedes construir un quemador de napalm. Teóricamente puedes hacer napalm si poner a hervir un montón de jabones (de pasta, zote pues) en una olla grande. Le das vueltas hasta que se disuelva y luego le agregas gasolina líquida. Ten cuidado de que no se acumulen los gases de la gasolina o vas a saber porque el napalm es una de las armas más crueles de la humanidad.

¿Qué tan cruel?

No puedo poner imágenes de eso, pero te aseguro que tostado sí quedas

Bien, va una vez más la pregunta. ¿Cómo puedo hacer que mi coche arroje lumbre por el escape sin utilizar un personaje de Marvel, DC, ni ninguna otra compañía de cómics y, en general, sin usar personaje alguno de ficción y sin usar napalm como combustible?

Puedes intentar lo siguiente. Tiende un hilo de cáñamo verde desde el acelerador hasta el mofle de tu coche. Esto activará una fila de fichas de dómino que caerán graciosamente alrededor del silenciador hasta llegar a un pequeño dispositivo magnético que liberará un carrito que a su vez correrá sobre las muelles de tu coche (si tu coche no tiene muelles si no resortes, no es mi problema) y, después de oscilar sobre ellas, se detendrá en el suelo moviendo una canica que hará caer una lupa que estaba en equilibrio metaestable. Esta lupa concentrará la luz del sol en un montoncito de aserrín previamente colocado en la salida del escape. Aclaración: Esto sólo funciona con el motor apagado y en días soleados y a la hora correcta para que el sol esté en la posición deseada.

Ahhh…. ¿Cómo puedo hacer que mi coche arroje lumbre por el escape sin utilizar un personaje de Marvel, DC, ni ninguna otra compañía de cómics y, en general, sin usar personaje alguno de ficción y sin usar napalm como combustible y sin usar un dispositivo que parece sacado de Pitagora Swichi?

Si tu coche es de aspiración natural (vulgo con carburador), siempre puedes meterle mano y semi-ahogarlo en gasolina. Luego rebajas las válvulas de escape y/o le mueves ligeramente al tiempo del motor. En cuanto el escape de tu coche empiece a apestar a gasolina sin quemar le acercas un cerillo. Tu coche no valdrá para maldita la cosa, pero tendrás tu mentado fuego en el escape.

Tal vez necesite reformular mi pregunta, ¿Esta sesión de preguntas y respuestas me dará la solución para hacer que mi coche arroje lumbre por el escape sin utilizar un personaje de Marvel, DC, ni ninguna otra compañía de cómics y, en general, sin usar personaje alguno de ficción y sin usar napalm como combustible y sin usar un dispositivo que parece sacado de Pitagora Swichi y sin echar a perder mi coche?

Evidentemente, no.

¿Entonces?

Fue un juguete muy divertido. ¿Qué nunca has leído a Douglas Adams?

No.

Debí suponerlo

Ahh, la anterior guía pasará inmediatemente al dominio público. Que la sabiduría de ese diálogo le sirva a cuanta gente sea posible.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

¡Ay güey!

Pues sí, como ustedes sabrán, este amasijo de contradicciones ha estado prácticamente abandonado desde que regresé de Francia. Esto obedece a varias razones pero la principal es que simplemente he tenido una combinación de bloqueo de ideas seguido por una galopante diarrea mental. Lo cierto es que últimamente no me gusta nada de lo que escribo. Me está pasando algo similar al mono que quiso ser un escritor satírico, del genial Tito Monterroso. Si no lo han leído, se están perdiendo una de las mejores fábulas, una que obligó a decir a Asimov que después de leerla, nunca volvió a ser el mismo. Traté de encontrarla en línea, pero no apareció. Luego la busco con más calma.

El punto es que no he podido escribir en contra de la gente y los ingleses y los europeos y la secreción nacional y las derrotas y las borracheras y demás temas tan sin gracia que suelo tocar por un pequeño detalle que no he comentado.

Justo cuando regresé de Francia me puse a revisar las estadísticas de acceso a este cuchitril. Utilizo un sistemita gratuito que se llama Statcounter y que funciona bien para lo que necesito, pues recaba algo de información de la máquina que ingresa a este lugar. En particular, me gusta saber de dónde viene la gente que me visita, supongo que es para alimentar mi ego.

Como iba diciendo, estaba yo revisando las estadísticas de este sitio, cuando vi que alguien lo accesó desde el Reino Unido. Nada fuera de lo común, mis amigos mexicanos que están aquí lo leen de vez en cuando. Y entonces lo vi, yo conocía esa máquina. No era una máquina común, estaba corriendo FreeBSD y la dirección IP la identificaba como una máquina de la oficina. Pero no era yo, era un compañero. Abriendo los ojos como platones de carnes frías con quesos y aceitunas (luego mando esta comparación a tu próximo concurso, Jack) me puse a ver cómo habían llegado a mi página y quien era.

Puta… No podía creer lo que veía. ¿A cual post creen que habían llegado? Precisamente al del noviciado. Si alguien recuerda ese post, era donde decía cómo fue difícil para mí ser aceptado en el grupo de trabajo. Pero, ¿cómo encontraron mi sitio? ¿Qué estaban buscando?

Ahí reparé en mi grave error de poner las cosas como son. El apellido de la persona que menciono ahí estaba perfectamente escrito y él, que estaba a punto de dejar el grupo, busco páginas que tuvieran su nombre para encontrar artículos y referencias a él. Y ahí estaba mi mugre página, en la octava página de resultados de Google.

Revisé el tiempo que tuvo la página abierta. 3:30 minutos. Un montón, que digo un montón, un chingo de tiempo. Tiempo suficiente para no entender lo que decía, abrir un traductor en línea y revisar que era esa extraña página que tenía su nombre y mi foto. Debo admitir que me angustié, no sabía cómo podía tomar una broma un europeo, en particular un ruso-francés.

Ya sin poder hacer más, cerré la página y me dormí, pensando en cómo me recibiría mañana, si les había dicho a todos lo que había encontrado y por eso la página estuvo abierta tanto tiempo, si había hablado con mi jefe o si…

Cuando llegué a la oficina, él estaba trabajando como siempre. Me saludo igual que todos los días y recordé, hasta ese momento, que era su última semana en la oficina. La semana pasó sin mayores pormenores, lo que me puso a pensar que él la había leído pero no la había compartido con los demás. Yo me la pasé buscando quién entraba y en cuando veía una dirección IP de Inglaterra temblaba.

Así, llegó su último día. No sabía si decirle en serio que era una broma o en tono de broma, jugarle otra broma. Cuando se despedía de todos, llegué a pensar que pasaría de mí o algo así. Pero no. Se detuvo y me vio. Me extendió la mano y me sonrió, con una sonrisa que entendí cómplice.

— “Good Luck”
— “Good Luck, Antoine. All the best”

Y se fue.

A partir de ahí, cada cosa que escribo me parece que alguien pudiera mal interpretarla. Así que no me animo a seguir con mis alegres críticas sobre el sistema, costumbres, mañas y manías inglesas. Siento que alguien más lo va a encontrar y lo puede tomar a mal. ¿Me dio un poco de miedo? Sí. ¿Ya se me pasó? También. ¿Voy a seguir criticando como siempre lo hecho? Por supuesto, nada más que ahora me voy a andar con más cuidado y a poner sobrenombres a la gente para darle más caché (y más privacidad a esto).

Y esta fue, mis queridos amigos, la razón del prolongado hiatus que me aventé. Mil disculpas por desaparecer así pero, la verdad, sí llevé un buen susto. Ya me lo decía mi mamá.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

El Negro en París (Impresiones Finales)

Sí, ya sé que dije que iba a poner este post hace una semana, pero han pasado un montón de cosas. Pero si empiezo por eso no voy a poder dar mis impresiones finales sobre mi pacoaventura en París. Además faltan contar las últimas horas en Francia.

Como iba yo diciendo, el domingo me levanté hasta eso de las 2 de la tarde. Para entonces todos estábamos de pie, si bien caminábamos como sonámbulos. Nos dispusimos a preparar unas pizzas congeladas que gentilmente Tania nos había comprado. José Luis, Mario y yo las cubrimos con salami, queso, pimiento, tocino y no sé qué más. Lo cierto es que quedaron bien, menos la de José Luis que se quemó casi totalmente. Al principio se la empezó a comer, pero al final no pudo sino decir: “Sinceramente, se la prolongaron. Esta cosa es un carbón”

Como ya no era hora para ir a París y estábamos bien tronados, decidimos ir a ver X-Men 3 a La Defènce. Tania y Miguel nos acompañaron pero entraron a ver el Código Da Vinci. Supongo que temían que comenzáramos a vociferar otra vez. Cuando ya había terminado la película un chamaco negro nos detuvo y nos dijo que no nos saliéramos porque había una escena al final de los créditos. Nos sentamos, mientras yo le decía a Mario si ahora era nuestra política hacerle caso a cualquier tipo que nos dijera que hiciéramos o dejáramos de hacer algo. Mario ya estaba un poco (bastante) harto de mi carrila así que me ignoró. Finalmente pasó la escena final (si se la perdieron, ni modo) después de unos 4 minutos de espera. Mario me miró con una cara entre triunfo e indulgencia y nos fuimos.

Como Tania y Miguel entraron a una función posterior y además la película era más larga, los esperamos al calor de unas Kronenbourg 1664, por aquello de la cruda. Para cuando salieron, ya estábamos más animados y llegando a Houille nos fuimos a seguirla al famoso bar de la chimuela. Resulta que antes atendía ahí una chava con esa característica, pero cuando llegamos ya no estaba. Total que ahí nos encontramos con unos tipos ya entrados (en años y en copas) de Europa del este que hasta bailaban y escandalizaban. El dueño los corrió apagando la luz y demás pero a nosotros, que estábamos tranquilos, nos invitó la última ronda por cortesía de la casa (para que vean que nos estábamos portando bien).

Salimos de ahí después de la 1 ó 2 de la mañana y volvimos a caer rendidos. Para cuando desperté me di cuenta de varias cosas:

1. No había regresado a Notre Dame para sacar las fotos que había pensado.
2. Mi avión salía a las 9 de la noche
3. No había visitado la Torre Eiffel.
4. Tenía hambre.

El tren de Mario de regreso a Laussanne salía a las 4:30, así que no perdimos tiempo y nos llevamos sus cosas de camino a la Gare de Lyon. Las metimos en un locker y de ahí corrimos a Trocadero, porque no podía irme sin la foto de rigor de París.

La tÃpica

Apenas nos dio tiempo de pasear un rato por los jardines de Luxemburgo y regresamos a la Gare, donde Mario agarró su TGV de regreso a Suiza. De ahí nos fuimos otra vez aHouille donde recogimos mis cosas y nos lanzamos al aeropuerto. Amablemente, José Luis me acompañó y cuando una dependiente de Air France que estaba acomodando a la gente para que entrara a la fila correcta se puso violenta, me dijo: “Tú tranquilo, aquí estoy a la expectativa en caso de que requieras traducción o producción de insultos”

Finalmente abordé mi vuelo y regresé a tiempo a Manchester para encontrar un paquete de México. Mis papás me surtieron de cosas y hasta un molcajete recibí. Luego les cuento más de eso. A fin de cuentas, aquí van mis impresiones.

– Mi francés es inexistente, entiendo, pero no sé ni qué decir
– Las francesas sí son más guapas que las inglesas.
– El metro de París apesta a fluidos corporales varios y a cabrones que no se han bañado en años.
– Si me hubiera ido a hacer el doctorado a París no estaría haciendo nada y me la pasaría en el agua.
– París es más padre que Londres, por mucho y la vida es más emocionante. (por supuesto, esta apreciación es sólo mía)
– En París hay que cuidarse más de las bandas de negros y árabes. En Manchester me parecen más peligrosos los hooligans güeros.
– Me dio mucho gusto estar con una familia mexicana y disfrutar de la hospitalidad mexicana por un fin de semana.
– Sigo igual de joto con las chavas. (al menos en ese fin de semana. Luego les cuento)
– Todavía no aprendo a callarme cuando debo. (Sorry, Master. Recuerda que la venganza no es buena)

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

El Negro en París (Chale Brother, ya se puso pero bieeen rudo)

Así, llegó el esperado sábado 27 de mayo en que los seleccionados nacionales de México y Francia se verían las caras en el Stade de France. Nervioso, Lavolpe fumaba cigarrillo tras…

No, no inventen, eso ya parece narración del gordo Faitelson. Pero sí, se llegó el día. Mario se puso su playera de la selección y fuimos al Grande Arche de la Defence, Les Invalides (donde está enterrado Don Napo) y al Petit Palais. Ambos lugares me impresionaron, pero la verdad es que toda nuestra atención estaba puesta en el partido de la noche.

Les Invalides

Regresamos a Houille para completar el grupo que asistió al estadio:

Abigaíl, una habitante de la casa de Houille, que está estudiando francés.
Tania, una amabílisima persona y esposa de
Miguel, hijo de Angelita, la dueña de la casa.
José Luis, un amigo de Mario que está haciendo una maestría en fuTurismo.
Mario, el Máster, quien por supuesto era el que me había invitado.
Y yo mero, sin playera oficial de la selección, pero envuelto en mi bandera.

Hay que señalar un par de detalles adicionales:

– Tania y Miguel sólo me habían visto por corto tiempo y estaban segurísimos de que yo era una buena persona.
– Durante los días anteriores, nos habíamos encontrado con algunos grupos de mexicanos. Lo más botana fue cuando unos querían tomar el elevador en la estación de St. Michel y Mario les dijo: “Caminen no sean huevones!”. Como buenos mexicanos nos hicieron caso, aunque a media escalera nos gritaron: “Primero se saluda, güeyes!”

Total, abordamos el tren y nos lanzamos al estadio. Cuando llegamos a la estación en cuestión, los vagones rebosaban con el verde y la algarabía del florido lenguaje de México. Al salir por las rampas, nos empezamos a emocionar.

“Uleeeeeeeeeros”, “Uleeeeeeeeeeeeeeeeeros”, “ULEEEEEEEEEEEEEEEEEEROS”

era el grito que se propagaba en la estación. La Gendarmerie sólo nos miraba y sonreía. Un francés perdido enarboló su bandera y gritó: Allez les blue!, ganándose un saludo de la porra y una buena rechifla. Parecía por un momento que los mexicanos eran mayoría y entonces salimos a la explanada.

Nos recibió una auténtica marea azul y el verde se diluyó ahí. El feliz grito de los vendedores de hule se acabó y nos calmamos a ver a tanto francés. Cuando llegamos a nuestros lugares, nos dimos cuenta que los franceses nos superaban en una proporción de 8 a 2, fácilmente. Para colmo, estábamos todos dispersos por el estadio. Aún así, cantamos el himno con emoción, como si estuviéramos de nuevo en el servicio militar. Hay que reconocer que los franceses se mostraron muy respetuosos. Estábamos bien emocionados cuando comenzaron las notas de La Marsellesa y el Stade de France vibró. “Allons enfants de la patrie […] aux armes citoyens […]” y etc. La verdad si se impusieron los condenados galos.

Los hicnos

Y comenzó el partido. Todos los que lo vieron estarán de acuerdo en que fue bastante malo, pero eso no fue limitante para que nosotros no echáramos nuestro desmadre. Tania y Miguel, como dije antes, no me habían visto en plan de vándalo futbolero y se sorprendieron de mi lenguaje tan soez. Algunas joyas extraídas de nuestros gritos:

“¡¡Alza la cara pinche Guille hijo de la chingada!! ¿que nada más ves de un lado, cabrón” (mía)
“¡¡Chuta, puta madre!!” (José Luis)
“¡¡Eres el único Oswaldo, los demás valen madre!!” (Mario)

Unos niños franceses estoy segurísimo que entendían la palabra puta, porque hasta se sonrojaban al vernos gritar. Otro niño más le preguntó a su papá porqué le gritábamos México si nuestro país se llama Mexique, como todo mundo sabe. Al termino del partido y con la llegada de otra más de las gloriosas derrotas, la frustración se veía en nuestras caras y Abigaíl, José Luis, Mario y yo nos fuimos a llorar a París. Tania y Miguel se regresaron a Houille, supongo que un tanto espantados de nuestro florido lenguaje y no queriéndonos ver tomados.

Acábamos cerca de la Bastilla, en un bar de cuyo nombre no puedo acordarme. Lo cierto es que estaba bastante agradable y yo ahogué mis penas con una cerveza Leffe. Luego siguieron San Miguel, Kronenberg 1664 y creo que hasta Corona. Al final estábamos en un bar que creo que se llamaba o tenía una iguana y tomamos mojitos de a 10 euros cada uno (todavía no me llega el estado de cuenta de mi tarjeta de crédito). Para entonces ya cualquier frustración estaba olvidada y hasta una rosa de servilleta le regalamos a la mesera (sí, regalos de borrachos, lo sé). La plática derivó hacia temas tan escabrosos tales como si a las mujeres les importa si los hombres traemos las manos limpias. Según Abigaíl, eso es básico.

Total, salimos de ahí como a las 4:30 y empezamos a ver cómo regresar. Nos acerquemos a Chatelet a buscar el autobús, convenientemente llamado el noctilien. Para entonces París nos estaba mostrando su peor cara. Bandas de blancos, negros e hindúes rondaban el área para ver que males hacían. Se veía gente tomada, drogada y demás cosas raras. Una chava se subió a un autobús y mientras esperaba que se fuera, unos tipos se pegaron a la ventana y le gritaron mientras golpeaban el vidrio.

Abigaíl de inmediato se puso entre los José Luis, Mario y yo. Me empujó discretamente hacia adelante y me dijo: “Lo bueno es que estás grandote”. Yo le sonreí mientras pensaba: “¿Y por estar grandote me vas a aventar contra los negrotes esos? Chalee…”

Finalmente llegó nuestro autobús y nos subimos. Mario y José Luis se iban durmiendo, pero Abigaíl seguimos despiertos. En eso, se armaron los golpes a medio autobús, cuando ya íbamos por los Campos Elíseos. Yo no entendí bien qué pasó, pero un changuete le pegó a una chava, lo que originó que su acompañante (de la chava) le contestara el golpe. Parecía que iba a armar la campal y Abigaíl otra vez se refugió detrás de mí. Yo nada más estaba checando a los rijosos para decidir entre la apasionada entrega y la graciosa huida. Finalmente se calmaron y no pasó a mayores.

Cuando llegamos a Houille ya había amanecido. Alguien preguntó la hora y entonces cantó un gallo. Lo juro. Como a las 6:30 de la mañana, por fin llegamos a la casa. Como pudimos nos arrastramos a nuestros respectivos cuartos y tratamos de dormir. Creo que desperté como a las 2 de la tarde y eso porque me despertó el hambre.

No se pierda mañana el desenlace de esta negroaventura en París, donde daré mis impresiones sobre el lado obscuro de la Ciudad Luz.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

El Negro en París (Remake de “Cuatro Nacos Asaltan Las Vegas”, Región 2)

Me llevó toda la semana recuperarme, tanto de las desveladas como en cuestiones de trabajo, pero ya estamos de regreso con la esperada narración de mis desventuras en París. En una nota adicional, pero no por ello menos importante, por fin la revolución me hizo justicia y fui nombrado Sexperto del mes de mayo por cortesía de Milena. Este honor me fue concedido por haber propuesto la primera versión del himno de la Nación Sexperta; versión que todo el colectivo cachondo refinó hasta alcanzar el nivel actual. Si alguien se anima, puede escuchar mi estropajosa voz justo aquí.

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Pero estábamos con lo del viaje a París. Trataré de hacer una reseña cronológica de ese fin de semana de locura y diversión. Todo comenzó en una fría mañana (4:50 AM!) en Victoria Park, Manchester. Las ardillas fueron testigos de que no había nadie en la calle ni gente, ni autos, ni nada. Lo que más me preocupaba era que no había ningún taxi cerca para poder ir al aeropuerto y mi tiempo se acababa. Finalmente pasó uno y llegué al aeropuerto casi barriéndome. Llegué al famoso Charles de Gaulle a las nueve y algo y pasé por migración sin mayores problemas.

A la salida mi buen amigo, el Máster Mario, me estaba esperando. El Máster Mario está haciendo un doctorado en ciencia de materiales en la EPFL de Laussanne, Suiza. Nos conocimos en el cinves de Qro. y salimos de México casi al mismo tiempo. A él le debo la gentil invitación a ver la gloriosa derrota de la secreción nacional.

Salimos del Aeropuerto recordando anécdotas y burlándonos de Lalo Cota, que por falta de planeación se quedó en Manchester y no pudo disfrutar de ese fin de semana (prometo pronto contarles de Lalo Cota. Baste decir por ahora que está de visita en Manchester y es uno más de los exiliados del Cinves). Llegamos al tren RER y salimos con rumbo a París. Teníamos unos 10 minutos de viaje cuando, al parar en una estación, escuchamos un grito desgarrado. Yo no entendía lo que pasaba y veía a un hombre con el rostro descompuesto gritar algo raro. En eso vi pasar por afuera del tren a dos tipos corriendo con una bolsa en la mano. Entonces comprendí lo que el tipo gritaba: “A thief!!, a thief!!!” y me di cuenta que era una pieza de su equipaje lo que los ladrones llevaban en las manos. Agiles como conejos brincaron las vías (que desgraciadamente no estaban electrificadas, pues el RER lleva la corriente en el techo) y luego una cerca y se perdieron de vista. El pobre hombre seguía gritando como loco en inglés, pero la mayoría no le entendía y los demás estábamos paralizados. La única persona que dijo algo fue un hindú que le decía alegremente “catch him, catch him!” mientras sonreía tontamente y afirmaba con la cabeza y con el dedo índice. Inútil.

Por supuesto que el robo crispó el ambiente en el tren y nos puso en guardia. El resto del viaje mirábamos sospechosamente a cualquiera que se acercara a menos de 2 metros. París me recibió de buena forma, pues así el resto del viaje estuvimos a la expectativa, lo cual demostraría ser más que útil. Llegamos después a Chatelet, donde confluyen como 5 líneas de metro y 4 de RER e hicimos el cambio para ir a Houilles-Carrieres sur Sienne, donde está la casa donde nos quedamos, a las afueras de París.

La recepción en dicha casa no pudo haber sido mejor. Se trata de un oasis mexicano en Europa. Angelita, la dueña, renta cuartos por módicos 16 euros, con el extra del calor de familia mexicana que no se puede encontrar en ningún hotel. La familiaridad, las preguntas y el estilo en general me hicieron sentir muy bien. Y cuando luego pude comer un delicioso caldo de pollo con sabor de hogar, por poco lloro: Fue la primera vez fuera de México en que he estado rodeado por el estilo y calor mexicano.

Me instalé y de inmediato salimos a conocer París. Mario ya tenía un plan bien trazado para aprovechar mejor los días. Tomamos el RER de regreso a la ciudad y desembarcamos en Pigalle, el distrito donde está el Moulin Rouge y las sex-shops. Pasamos de día, sobre todo porque no teníamos el dinero necesario para entrar a algún show. Subimos rumbo a Mont-Martre, el jardín de los artistas y finalmente llegamos a Sacre-Coeur, no sin antes pasar por el café donde se desarrolla la acción de Amélie.

A estas alturas, por supuesto, ya se me había torcido el cuello de tanto ir viendo chamacas. Como dije la vez pasada, las francesas son muy, muy guapas. Por supuesto, mi francés inexistente limitaba casi cualquier posibilidad de acercamiento, aunque la lucha se le hizo.

Bajamos de Mont-Martre y tomamos el metro para lanzarnos al Hotel de Ville y a Notre Dame, donde cometí el primer error del viaje. Como había mucha gente y se estaba haciendo algo tarde no tomé muchas fotos ni subí al campanario, considerando que podría hacerlo el domingo. Un gran error de cálculo como se verá más adelante.

La primera noche terminó cerca de St. Michel, en un bar llamado Shyhuahua (sin comentarios, por favor) y ya nos regresamos a Houille. El primer día en París me había realmente gustado, pero el segundo prometía todavía más, con una visita al museo de la ubre.

Y en efecto, el segundo día fue de lo más interesante. Comenzó con una visita rápida a la iglesia de la Magdalena. Curiosamente, el buen Dan Brown nunca menciona esta iglesia en el código Da Vinci. Y lo interesante de esta iglesia es que en el altar puede verse a un grupo de ángeles elevando a María Magdalena al cielo. Además, la iglesia más parece templo griego que cristiano. Muy recomendable.

El Altar de la Madeleine

De ahí, al museo de Louvre. Todo lo que se diga de ese museo es poco. Las fotos no le hacen justicia, ni siquiera una visita de todo el día le hace justicia. Hay tanto que ver y admirar que después de 4 horas uno queda exhausto. Que conste que no traté de seguir la ruta del Código Da Vinci, pero sí pasé por la Virgen de las Rocas y, por supuesto, por la Monalisa. Es humanamente imposible admirar todo el museo en tan poco tiempo, pero se hizo lo que se pudo.

Cuando por fin salimos del Louvre, caminamos a lo largo de los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo. He de admitir que yo ya estaba cansadísimo (los años me pesan), pero el ir caminando por esa avenida tan impresionante me animaba. Finalmente llegamos hasta el famoso Arco, donde terminamos el recorrido de ese día.

El arco del triunfo

En la noche, Mario tenía planes de salir con una prospecta y cortésmente me invitó a acompañarlo, ya que ella iba a invitar a una amiga. El Master lo hizo con toda la buena intención pero, como siempre, el negro tuvo que arruinarlo todo.

Y así fue, no voy a contar todos los detalles porque Mario todavía no acaba de digerir el coraje de esa noche. Digamos que alegremente yo eché carrilla como acostumbro, pero me excedí, lo admito. Lo peor fue cuando pedimos kebabs para cenar y Mario dijo que nos los sirvieron mal, que necesitaban llevar una tortilla de harina. Y mi respuesta fue: “No, no es una tortilla de harina. Se llama nan. También pueden comerse con pan pita. Además faltan el mango chutney, el green chutney, el yogurth y los chiles güeros o cuaresmeños” (léase lo anterior con su mejor estilo payaso y mamerto).

Lo acepto, nunca sé cuando callarme. Perdone Usted, Master, no volverá a suceder.

Estos dos días sin embargo, palidecen ante la emoción del sábado por la noche, con la infeliz derrota de México ante Francia. No se pierda mañana en este semi-abandonado blog la continuación del negro en París, con el emocionante subtítulo: “Chale brother, ya se puso pero bieeeeeeen rudo”

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK