Sobreviví la semana

Y poco más puedo decir. El artículo para Japón está listo y me voy a Suiza, finalmente, la otra semana. Ahora sí a un experimento en la SLS. El itinerario está interesante: Salgo de Manchester el 1 de mayo, con dirección a Lyon. Ahí tengo que hacerle unos ciclos de fatiga a unas piezas que queremos probar por allá. Me estoy ahí un par de días, y después me lanzó a Zurich, y de ahí al SLS. Como yo llevo las piezas a analizar, no pueden empezar el experimento sin mí. Tres días de desveladas después, viajo a Laussane para visitar al master Mario, que está padeciendo su doctorado en esos lares. Dos días de parranda después, regreso a Manchester para el 9 de mayo.

En el inter, tengo que terminar mi reporte de conacyt, preparar un poster para una conferencia local, acabar de calificar unas tareas y ver qué onda con mi casera que nos está cobrando de más por el uso y abuso del gas.

Entre lo cansado y todo, estoy contento. Muy contento, de verdad.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Becky

La ves al fondo del vestíbulo, platicando con otros amigos. Te habías imaginado ese encuentro unas quince veces en los últimos días. Sabías que ya había regresado a la ciudad pero esperabas, dudoso, que ella hiciera el siguiente movimiento. Según tus cálculos, y los de todos tus amigos, le correspondía después de haberte dejado plantado en el cine, excusándose con paperas.

“Paperas… paperas…” repites una y otra vez internamente. La descubres viéndote en el reflejo de la ventana. Finges no haberla visto y llegas a la barra, donde tus amigas están sirviendo shepherd’s pie. Pagas y mientras te alejas te preguntas cómo has hecho para acostumbrarte a la comida inglesa. Eliges una mesa alejada donde ya hay otros conocidos. Te das cuenta de que olvidaste los cubiertos y regresas por ellos, justo para encontrártela de frente.

– Hola.
– Becky… ¿Cómo estás? – dudas por un segundo, antes de saludarla de beso. Crees que se dio cuenta de tu duda y lo resiente.
– Bien, gracias ¿y tú?
– No tan mal- respondes usando la respuesta típica británica – ¿Que tal las paperas? ¿Te sentiste muy mal? ¿Fiebre elevada o algo así?
– La primera semana fue muy desagradable, pero después no fue tan malo.
– Que bien…
– …
– Oye, no quiero ser grosero, pero me están esperando en la mesa de allá – dices, señalando con tu nariz.
– Sí, claro, no te preocupes. Disfruta tu comida.

Te alejas pensando si fuiste demasiado grosero. Te olvidas de eso mientras conversas con tus otros amigos y te sorprendes que hayas aprendido a comer sin tortillas. No sabes cómo sentirte al respecto. Durante la sobremesa escuchas una risa detrás de ti. Es ella, departiendo alegremente con sus amigos. Se percata de que la ves y te sonríe. Le devuelves la sonrisa y vuelves a tu propia mesa, donde la plática versa sobre los precios de las teles.

Para cuando decides irte, queda muy poca gente. Ella está ahí, te preguntas si esperándote. Ella te responde al acercarse cuando tomas tu chamarra y tu paraguas. Afuera, la llovizna. Después de todo, esto sigue siendo Gran Bretaña. Caminas junto a ella mientras maldices el clima. Tu conversación con ella comienza a mejorar, mientras la llovizna arrecia. Le sugieres buscar refugio en la caseta donde la gente espera, apiñada, el autobús. Su respuesta te saca de balance por un momento:

– ¿No preferirías ir a tomar algo? Yo te invito.
– Claro, Becky, me encantaría.

Abres el paraguas, demasiado pequeño para los dos.

– ¿Sabes? Necesito conseguir un paraguas más grande. Me he dado cuenta que no alcanza a cubrirme por completo y casi siempre se me moja el brazo izquierdo. ¿Tal vez una carpa de circo?

Ella rie, celebrando tu ocurrencia.

– ¿Sabes qué me gusta de ti? Que eres una persona divertida, pero sabes cuándo ponerte serio.

Mientras la abrazas, le sonríes. El clima británico no parece tan malo, después de todo.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Where do I go from here?

Así cantó Karen Carpenter hace como 40 años en una canción un tanto obscura y medio olvidada. En fin, hoy se cumplen 2 años de que Desde la Inopia comenzó sus transmisiones. Los números son todo, menos impresionantes. Apenas he publicado 214 entradas, como quien dice, algo así como dos por semana. Nada impresionante, es cierto, pero son salidas del fondo (o quizás de la corteza) de mi cerebro. Por más cursi que se oiga.

En cuanto a visitantes, si sumamos los que tuvo la primera (a)versión ubicada en darthtradd.blogspot.com, estamos arañando los 40,000 hits. Pero aquí lo que más importa es la calidad. Gracias a este medio he hecho nuevos y muy valiosos amigos. Los puedo contar con los dedos de una mano, al igual que a mis amigos en México. Sé que la mayoría siguen mis desventuras en tierras mancunianas y aunque rara vez comentan, sé que siempre andan por aquí.

Así que, si me perdonan la figura, muchas gracias a mis dos puños de amigos. Un puño de amigos hechos en los blogs, foros y correos electrónicos y otro puño en los tacos de los colorines, el Tec de San Juan, el Cinvesbar y la Plaza Independencia. Gracias a ustedes es que Desde la Inopia sigue al aire. Dos puños de amigos que me honran con su amistad.

Y ahora, como lo prometimos endenantes y a falta de historias jamás contadas y de cerveza (andamos en plan de ricos), van fotos nunca antes publicadas. Este blog trató de comenzar siendo de opinión y acabó siendo de botana, mofa barata y albures franceses de cuarta y para seguir con esta orientación va una foto mía de cuando era joven, delgado y feo (ahora soy viejo, gordo y lo feo no se me quitó)

Oh Dios!!

Sí, ese era yo en 1998, hace casi 10 años. O como diría Lalo Cota, ese es el güey que me comí. A mis 20 primaveras, medía 1.85 mts y pesaba ya 86 kilos. Nunca fui una varita de nardo pues. Nótense los brazos de hilo, la papada incipiente, los cachetes a medio inflar y, sobre todo, la carencia de panza. Puede también notarse la mano que tengo entrelazada. Historia larga y antigua, otro día la cuento. Ahh y estaba a la mitad de mi servicio militar. Por supuesto, la cerveza, los tacos, el exceso de ejercicio y demás, me convirtieron en esto:

Veo doble!

Sí, ahí estoy a media cáscara con los chinos (foto cortesía de Lalo Cota). Nótese la camiseta empapada en sudor, las piernas chuecas, el soporte ortopédico para mi rodilla latosa (eso ya no es una rodillera, definitivamente) y la joroba de cuasimodo. Compárese el chamorro gordo con las cañitas de la primera foto. Los brazos ya no son de hilo, pero tampoco son la gran cosa, en realidad. Lo mejor de esta foto es que al estar de espaldas no se me ve la panza.

Habiéndome reído de mi mismo como acostumbro y esperando haber hecho reir a algunos de mis muy queridos amigos y lectores, no me queda sino decir: Feliz segundo aniversario a Desde la Inopia.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Domingo por la tarde

En un delicioso domingo de primavera, cuando hemos alcanzado unos sanos 22 °C, me encuentro encerrando en la oficina, aporreando el infeliz teclado de mi sufrida laptop. Afuera el sol brilla, las aves cantan y los árboles florecen. Aquí adentro el matlab se traba, mi computadora se calienta y las benditas gráficas se niegan a ajustarse.

Y me podrán preguntar: ¿Y por qué no te sales a disfrutar del día? Y les responderé: Las razones son variadas en origen e invariablemente estúpidas al oirlas.

– Tengo que analizar estos resultados que tengo desde diciembre y a los cuales todavía no les puedo encontrar suficiente significado. MP estuvo fuera toda la semana, pero seguro que mañana viene a preguntarme cómo voy.

– Los undergrads regresan mañana. En la semana tengo otro par de sesiones de laboratorio que me van a quitar el gran total de 6 horas. A ver cómo me va.

– Ni Becky, ni Marie, ni Jane, ni ninguna de mis amigas están en Manchester. Todas salieron de la ciudad a disfrutar del gentil clima de otros lugares. ¿Debería aprovechar la oportunidad para conocer a alguien más? Sí, por supuesto, pero con mi característica suerte, lo más probable es que acabe siendo una mala idea.

– Para colmo, el conacyt actualizó las tarjetas con las que cobramos nuestra beca y, no podía ser de otra forma, tuve mis problemas con eso. La tarjeta tiene un rato que llegó, pero la activaron hasta esta semana. O eso dijeron, hasta hoy funcionó. En días pasados por poco me infarto cuando los cajeros automáticos seguían repitiéndome: No podemos establecer comunicación con su banco.

Así las cosas, este amasijo de ideas (?!) inconexas, leperadas, canciones de dudosa reputación, reflexiones asinápticas, fotos vomitivas y al cual quiero como auténtico hijo mío que es, cumple dos años de vida el próximo 18 de abril. Las celebraciones me parece incluirán fotos nunca antes reveladas, historias jamás contadas y cerveza jamás bebida (espero…) Por ahora, basta, ya es demasiado tarde para seguir en la oficina en domingo.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Retraso dental

En los comentarios de una entrada anterior, platicaba con la querida amiga Cata sobre mis problemas de fábrica (vulgo defectos). Nací con pie plano y con pie vago (lo cual explicaría que me encuentre tan lejos de mi casa), por lo cual tuve que usar zapatos ortopédicos por una buena parte de mi niñez y hasta bien entrada mi adolescencia. Todavía recuerdo que llevaban un virón lateral interno, un inserto en el tacón externo y, por supuesto, plantillas para levantar el arco. Pero no es de esos defectos de lo que quiero hablar. Quiero hablar de mis dientes.

El que esté libre de caries que arroje la primera muela…

Sí, el que no haya tenido problemas con sus dientes que levante la lengua. Mucha gente tiene problemas en acomodar toda su dentadura en sus maxilares. Normalmente tienen demasiados dientes y poco espacio, lo que obliga a usar aparatos de ortodoncia e incluso a retirar piezas para que todo se acomode y se vea mejor. Mi caso fue distinto, pues espacio tengo de sobra (estoy y soy muy bocón). A mí me faltaron piezas, en particular, me falto un incisivo lateral superior izquierdo (sí, no se llama así, pero espero que con eso haya una idea clara de donde falta el diente) y en su lugar tengo dos colmillos superiores izquierdos. Pero esto no es porque hayan salido dos, sino porque nunca se cayó el colmillo de primera dentición. Ahí está, muy desgastado y con aspecto de que me lo quebré en un borrachazo, pero sigue fielmente cumpliendo su función: hacerme lucir una sonrisa desenfrenada (pues nunca usé frenos) de sano aspecto de huitlacoche. Un dentista me dijo una vez que yo era un caso de retraso dental.

Tengo una bolita que me sube y me baja…

Del otro lado de mi maxilar superior, está un pequeño diente, que en principio debería ser gemelo del que nunca salió (o algo así). En la encía en la que este diente está clavado sufrí, durante un buen rato de mi infancia y adolescencia, de periódicas inflamaciones que mi dentista local atribuía a que me asoleaba mucho (es lo malo de ser de un pueblote). La encía se inflamaba, surgía una pequeña ampolla que crecía y se desinflaba en períodos aleatorios. La ampolla a veces estallaba, ora espontáneamente, ora forzada por mi higiénico dedo índice, ora pro nobis pecatoribus y demás opciones raras. Hasta que un día se inflamó, se inflamó y se siguió inflamando hasta que el dolor fue prácticamente insoportable y, obviamente, regresé con mi dentista local.

No vayas con ese dentista porque te saca una muela y te afloja las de atrás…

Tras una serie de radiografías, el buen doctor llegó a la conclusión de que la raíz estaba inflamada, infectada y lista para recibir una endodoncia. What? Pero si ese diente no está picado, dañado, roto ni de ninguna forma necesita endodoncia. Pues no, pero de alguna forma tienes una infección ahí, ingeniero (No sé por qué a muchos de mis doctores les encanta decirme ingeniero. Me hace sentir más viejo de lo que soy). Total, me hicieron la endodoncia, prometiéndome que nunca más se volvería a inflamar. Por supuesto, Murphy nunca duerme y el chinga’o diente se inflamó a la semana. Ante la incapacidad de mi dentista local de encontrar la causa raíz (sin juego de palabras adrede) de la inflamación de la ídem del diente, emigré a la ciudad capital (Querétaro) en busca de un especialista.

Si a la primera no ganas, tal vez el perder sea parte de ti…

Mi nuevo dentista me dijo que la anterior endodoncia había estado mal hecha, que todavía tenía restos del nervio dentro del diente y que esa era la razón por la que se volvía a inflamar. Tras cobrarme, y realizar una nueva endodoncia, me aseguró que nunca más se volvería a inflamar. Naturalmente, a la semana del tratamiento, la malhadada encía estaba nuevamente inflamada. Eso sí, el dolor se había ido (de algo tenía que servir la endodoncia, ¿no?). Ahí fue donde mi nuevo doctor se lució: Me dijo que su trabajo estaba garantizado y que ahora o quedaba o quedaba y que no me iba a cobrar un quinto más hasta que esa encía se dejara de cosas. Cumplió su palabra y después de 5 ó 6 sesiones, que incluyeron una ortopantomografía de mis dientes de huitlacoche y se manejaron opciones de tratamiento que involucraban inyectar penicilina directamente en la encía a través del canal creado por la endodoncia, se encontró, ahora sí, la raíz del problema.

La raíz cuadrada de 4 es 2, pues (2)(2)=4. Pero (-2)(-2)=4. Ergo

Tras tomar un montón de radiografías, el buen doctor encontró una sombra dentro del diente que parecía ser un conducto vestigial. El taladro dental lo reveló: Mi diente estaba mal formado. Además del conducto principal (y en el caso de los incisivos, único) que incluía una arteria, una vena y un nervio, había un conducto vestigial que no tuvo otro uso más que atrofiarse y, eventualmente, inflamar mi encía. Dos conductos en un diente que de milagro tenía espacio para uno. Mi dentista estuvo cerca de publicar mi caso, pero desistió ante mi insistencia de aparecer como coautor. El conducto vestigial fue limpiado y sellado, al igual que el principal, y la inflamación finalmente desapareció y no ha vuelto.

Así que, mi querida Cata, ese es el problema con mi incisivo. Mi dentista no se rindió y, la verdad sea dicha, no me cobró más que la primera endodoncia, las demás sesiones venían con la garantía. Decididamente: Estoy defectuoso.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Freaks

Hace muchos años (cuando estaba en la secundaria o a inicios de la prepa, tal vez 1992) llegaba a la casa normalmente a eso de la 1 de la tarde. Mientras le ayudaba a mi abuelita a hacer la comida (no mucho en realidad, pero la lucha se le hacía. Al menos el agua no se me quema) en la televisión empezaban los programas de la Secretaría de Gobernación, que tenían el elevado propósito de ser “culturales”, lo que sea que eso significara. Muchas veces esos programas sólo eran refritos de documentales de la BBC o algo así, normalmente mostrando la vida salvaje del planeta. Pero a veces se colaban otro tipo de programas, normalmente de TVUNAM o de OnceTV (del Poli).

En particular, recuerdo un programa donde se hablaba de la fascinación que el grueso de la población tiene hacia la gente que nace con alguna condición que los hace diferentes físicamente a lo que el mismo grueso anteriormente citado considera como normal. Gente que carece de extremidades, que padece microcefalia o que es de una talla muy inferior al promedio ha atraído por siglos la atención de la gente que se considera a sí misma “normal”. Hasta hace poco, la exhibición de los llamados “fenómenos” era considerada normal en las ferias, circos y demás. Todavía existe esa exhibición, pero al menos de manera general se acepta que son personas con capacidades diferentes. Más allá del eufemismo, es importante la primera palabra: personas. Como diría la doctrina social cristiana: personas humanas (y tuve que estudiarla por un año).

En 1932, por supuesto, las cosas eran distintas. Los “fenómenos” eran llamados abiertamente freaks en los esteits y eran parte importante de los circos itinerantes. En ese contexto, el director Tod Browning se atrevió a filmar una película que trataba de un triángulo amoroso entre dos “fenómenos” y una persona “normal”. Aún más, Brown decidió utilizar a auténticos microcefálicos, siameses y demás, en vez de utilizar actores comunes con maquillaje. El resultado es una película extraña, interesante y decididamente controversial: Freaks, de la cual aparecían algunos fragmentos en el programa que decía endenantes.

Freaks fue filmada antes de que se estableciera el código Hays en Estados Unidos, así que no tenía tantas limitantes como las producciones posteriores. La historia va más o menos así: Hans, un diminuto cantante, está felizmente comprometido con Frieda, de la misma talla y caballista en el circo itinerante donde se desarrolla toda la acción. Sin embargo, Hans pone sus ojos en Cleopatra (Olga Baclanova), una trapecista de estatura promedio y una interesada de primera línea. Hans acaba de heredar dinero de algún pariente lejano y Cleopatra ve la oportunidad de hacerse del dinero. Lo seduce con malas artes (aunque en relidad él ya andaba todo menso por ella desde el inicio) y consigue casarse con él. Hans cierra los ojos ante la clara evidencia de que Cleopatra está coludida con el hombre fuerte del circo (Hércules) y que todo es un plan para robarlo. Le vale sombrilla la evidencia y se casa.

Durante el banquete de bodas ocurren dos eventos importantes:

  • Cleopatra se pone como placa de trailer y prácticamente suelta todo el plan, pero Hans, necio como todo hombre enamorado, no hace caso. Bien persa y todo, Cleopatra comienza a envenenar a su esposo en la misma fiesta (no perdía el tiempo la Olga). Todavía Cleopatra acaba dándose de besos con el Hércules, pero su marido nada más hace bilis.
  • En la que es posiblemente la escena más memorable de la película, todos los invitados deciden aceptar a Cleopatra como una más de su clan. Llenan un copón enorme y todos beben de él, mientras repiten una y otra vez: “We accept her. We accept her. One of us! One of us! Goobble Gobble! Goobble Gobble!”. Cleopatra siente repulsión hacia todos ellos y les avienta el cáliz mientras los ofende.

Lo que Cleopatra ignora es que el código de los “fenómenos” es muy claro: La felicidad de uno, es la felicidad de todos. El daño hacia uno, es daño hacia todos. Si uno es ofendido, todos son ofendidos. Eventualmente, los amigos de Hans toman acción en contra de Cleo y Hércules, con resultados un tanto predecibles.

“Freaks” fue repudiada por la Metro-Goldwyn-Mayer y acabó siendo exhibida como película de explotación. En el Reino Unido estuvo prohibida como por 30 años, pero eventualmente fue rescatada del anonimato y ahora hasta DVD’s pueden encontrarse. Su director siempre la defendió como una historia de amor, en donde se muestra que los llamados fenómenos son personas con sentimientos nobles y los auténticos monstruos son las personas “normales”.

Yo tenía mucho rato queriendo verla, pues la idea me parecía interesante. Hoy, mientras curiosaba en la wikipedia, acabé en la página de esta película. Y me encontré con que Google Video la tiene en línea pues, aparentemente, pertenece ya al dominio público. La calidad es por demás buena y lo único que necesita son subtítulos, pues a veces el sonido no es tan claro. El enlace para verla está justo aquí.

Al verla después de todos esto años, me sigue quedando la duda de qué era lo que quería mostrar Tod Browning. ¿Es una historia de amor, ubicada en un contexto de crítica hacia la sociedad gringa de 1930? ¿Es una crítica directa y la historia de amor está incrustada en ella? ¿Los “fenómenos” se muestran en una luz benevolente, crítica, de simple exhibición o de igual a igual con los actores “normales”? Saque cada quien sus propias conclusiones.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK