Désolé

La última vez que estuve en Lyon, venía yo en una nube, pensando en Becky y en lo mucho que disfruté nuestro almuerzo (nuestro último almuerzo, de hecho) sobre la hierba del parque All-Saints. No pude evitar recordar eso cuando pasé hoy por el aeropuerto Saint Exupéry. Me estaba comenzando a poner melancólico cuando mi etapa hot (según palabras de Grimalkin) vino a mi rescate. Afortunadamente, mi mundialmente desconocida habilidad para arruinar el momento me rescató del primer rescate.

Estaba yo frente al cajero automático, esperando que mis amigos regresaran uno de comprar cigarros y otro del baño, cuando algo me llamó la atención. Una chica guapa, como casi todas las francesas, se me acercó y me preguntó algo. Creo que dijo algo así como si sabía donde estaba la terminal dos, pero mi francés no alcanzó más que para decirle:

– Désolé, Je ne parle pas francais.

Ante lo cual, ella arrugó su adorable naricilla, estampó un pie contra el piso y emitió un sonido de desesperación, todo al mismo tiempo. Tras su rabieta, se dio la media vuelta y se fue buscando lo que sea que haya querido. Mis amigos llegaron un momento después.

– ¿Pasó algo?
– No nada, vamos por un café. ¿Alguien sabe si este aeropuerto tiene una terminal 2?
– Wha’?
– Nada, olvídenlo.

Estaba yo a ratos rumiando mis tonterías y a ratos riéndome de ellas cuando recibí dos mensajes en el celular que iba encendiendo. Uno era de una amiga en Manchester que asistió a la fiesta de disfraces, asegurándome que me iba a esperar a que regresara para ir a ver juntos una película. El otro era de la chica a la que dediqué este post hace algunas semanas, diciéndome cuándo va a tener vacaciones en este año y preguntándome si voy a ir a visitarla.

Empiezo a creer lo de la etapa que mencionabas, Grimalkin.

Darth Tradd
ESRF Guest House
Grenoble, Francia

¡Me carga!

Habíale yo dedicado más de media hora a un extenso post sobre mis actividades durante las últimas semanas en las que este blog ha estado abandonado cuando, de repente, JavaScript hace un berrinche y manda todo al diablo, incluyendo lo que se suponía que estaba autosalvándose. Ahora no podré volver a contarles que en estos días he andado entrenando nuevos reclutas en la oficina, asistiendo a conferencias de Monsiváis y preparando un próximo experimento en la Francia (me voy el martes). De la que se salvaron.

Así que ni modo, ya me enojé. Por fin le dedico tiempo al blog y éste se pone nena. Creo que lo tengo que visitar más seguido para que no se sienta. Ya de puro coraje, les cuento que este viernes Mr. Darcy preparó una fiesta de disfraces aquí en el flat de Hulme. No nos quedó tan mal, vino la gente y creo que se divirtió. Van unas fotos para que se vea que se puso alegre el asunto.

Con Nuria

Nótese que los electrodos son postes para montar muestras en el microscopio electrónico de barrido y que conseguí un saco 2 tallas más chico. Nótese también que ambos nos vemos muy felices 😀

Con Ayako

En esta foto con un poco más de luz se ve que también intenté ponerme pintura verde sobre mi rozagante y cachetona cara. La compañía, como puede verse, también es excelente.

Con Ayako

Mr. Darcy disfrazado del Fantasma de la Opera. Con nosotros, mi querida amiga Laura León y unas amigas más. Laura es de Perú, ¿pueden señalar quién es?

Y ya, no pondré más fotos. Sigo de malas por el post perdido. No creo que los días se pongan más tranquilo de aquí a que termine el año, pero intentaré de verdad actualizar este tugurio más seguido. Como decía endenantes, me voy el martes a la Francia, de nuevo al ESRF. Es un experimento de 6 días, espero tener un poco de tiempo libre para contar algunas de las historias pendientes.

 Darth Tradd
Hulme
Manchester, UK

¡Cuánta pinche soledad!

Cuando el plomero terminó de arreglar la fuga, me dediqué alegremente (es un decir) a lavar los platos acumulados durante el fin de semana. En cuanto acabé salí a la oficina, esperando que MP no hubiera llegado tan temprano. En mis oídos resonaba Sarah Brightman cantando “The last words you said” la cual, dicho sea de paso, me encanta. Al llegar al puente sobre Princess Road, se me acercó un señor de unos 40 años. Vi que tenía cara como de preguntar cómo llegar a algún lugar, así que me quité los audífonos por cortesía. El agradeció el gesto y me preguntó:

– Disculpe, ¿hacia dónde está el centro?
– Mire,- contesté con la seguridad que me dan dos años aquí – siga usted por esta calle y llegando a los semáforos, da vuelta a la izquierda. Va a llegar a una glorieta y creo que es la tercera salida. No se preocupe, la salida dice claramente city centre, así que no hay pierde.

Me dio las gracias y se dio la media vuelta, empezando a caminar.

– Espere, ¿se va a ir usted caminando?
– Sí.
– Disculpe, pensé que traía usted coche. En tal caso, siga caminando derecho hasta llegar a un parque y luego doble a la izquierda.
– Gracias de nuevo.

Seguí caminando y me di cuenta que yo seguía derecho hasta llegar a ese parque, así que le dije:

– De hecho, yo llego hasta All-Saints Park. Si quiere vamos caminando para allá y ahí le digo cuál calle tomar.
– Se lo agradezco.
– No hay problema.
– Es la primera vez que estoy en Manchester. – me dijo – Mi esposa está en el hospital.
– ¿En serio? ¿Se encuentra bien?
– La verdad es que no. – respondió cabizbajo – Se está quedando ciega del ojo izquierdo. Le están colocando un lente intraocular.
– …
– La operación tarda 6 horas y no puedo soportar estar ahí en la sala de espera. Me mata la incertidumbre, así que decidí salirme a caminar.
– Ya veo…

Seguimos caminando a lo largo de Stretford Road, hasta llegar a la residencias de la Metropolitan University. En el camino me dijo que era de Birmingham, pero que allá no cuentan con un hospital especializado en estos menesteres y por eso venían para acá. Me contó que una amiga de su esposa tuvo el mismo problema pero que el NHS (National Health Service, algo así como la SSA británica) no pudo pagar la operación. Como resultado, la señora perdió la vista a los 40 años.

– ¿Y sabe qué es lo peor? – me preguntó – Que ahora el NHS le paga mucho más por su ceguera, incluso una enfermera. El esposo de esta señora tuvo que dejar de trabajar para atenderla y ahora viven de la beneficiencia. Yo no podía dejar que eso le pasara a mi esposa.
– ¿Y cuando termine la operación, podrá llevársela a casa?
– No, tiene que estar en reposo tres días al menos. Pero no puede quedarse en el hospital. Es un hospital privado, la noche cuesta 500 libras.
– Ah…
– De hecho, yo tampoco conseguí el patrocinio del NHS, esto lo estamos pagando con nuestros ahorros. La operación costó 5000 libras.
– Y entonces, ¿qué va a hacer cuando su esposa salga de la operación?
– Vamos a quedarnos a un hotel y ahí tendré que atenderla, hasta que pueda viajar.
– …

Para entonces ya habíamos llegado a All-Saints Park. Por el camino me preguntó qué hacía yo en Manchester y le conté del doctorado y demás. Casi inmediatemente llegamos a Oxford Road.

– Yo sigo caminando derecho por esta calle. – señalé -  Usted tiene que dar vuelta aquí a la izquierda y llegará a un edificio circular, la biblioteca. Desde ahí empieza el centro. Dése una vuelta por Albert Square y por Deansgate. No deje de visitar la John Rylands Library y su impresionante salón de lectura.
– Le agradezco mucho, sobre todo por haberme escuchado.
– No hay de qué, espero que su esposa se recupere pronto.
– Muchas gracias. All the best in your studies.
– Gracias.

Nos despedimos con un apretón de manos. Me di la vuelta casi inmediatemente y seguí mi camino rumbo a la Universidad.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Flooding 2

Y sí, sólo le llevó una hora solucionar el problema. Un empaque (O-ring, ese sí me lo sé en inglés) se había desgastado demasiado. Lo cambió, apretó las tuercas y cobró.

-That would be 27 pounds, mate – me dijo con su acento norteño – 25 pounds for the hour and 2 for the o-ring.
– Sure, no problem.

25 libras, más de 500 pesos por cambiar un empaque. Y ni siquiera se llevó una hora, fueron tal vez 40 minutos, pero es como en los estacionamientos en México, hora o fracción cuestan lo mismo. Lo bueno es que esto lo paga la casera, previa presentación de la factura. Creo que equivoqué mi carrera, debería ser plomero en este país. La única vez que he cobrado 500 pesos por hora fue cuando regresé a la fundidora para echar a andar la máquina de pruebas no destructivas.

Al menos el baño ya no está inundado y ya hay agua (y calefacción) en la casa. Lo malo es que ya no tengo excusa para no lavar los platos.

Darth Tradd
Hulme
Manchester, UK

Flooding

La madrugada del sábado pasado, tras despertar gracias a una llamada de una querida amiga (¡Hola Grimalkin!) me levanté al baño. Creo que eran como las tres de la mañana, pero no recuerdo bien. El punto es que me dirigí al cuarto en cuestión y justo antes de entrar escuché un goteo algo extraño. Al prender la luz, me di cuenta que el piso estaba inundado y si el agua no había alcanzado el pasillo era gracias al tapete extra absorbente que está a un lado de la tina.

Una rápido inspección reveló que la unión entre el tubo de cobre y el de plástico justo antes de llegar al tanque de ese aparato extrañamente llamado inodoro tenía una fuga. No cualquier fuga, por cierto. De la unión salía un chisguete alegre como de fuente del centro de Querétaro. Todavía medio dormido, me dirigí a cerrar la llave la principal de agua y me regresé a dormir. Total, el secado del piso podía esperar al día siguiente.

Un gran problema al estar fuera de casa, es que no se pueden arreglar cosas simples como ésta. En la casa hubiera bastado una mañana de sábado de trabajo, bajo la mirada atenta y consejos de mi papá, para arreglar esta fuga. Aquí simplemente no tengo las herramientas y tampoco vale la pena gastar en ellas. Así que no queda más que recurrir a los profesionales. La casera nos dejó el teléfono del plomero de confianza (y el único autorizado para efectuar reparaciones en la casa) así que el sábado temprano le estaba llamando.

– Hello, is that Non-plus-ultra plumbing?
– That’s right, mate- me respondió una voz con un marcado acento mancuniano.
– Pos mire, el asunto es que hay una fuga en el baño y…
– Hold it right there, mate – me interrumpió el plomero – ‘afraid I’m in Ireland at the moment.
– Oh, I see – contesté fingiendo tranquilidad – can I call you on Monday, then?
– Sure thing, mate. Have a nice weekend.

Damn.

Así que todo el fin de semana sin agua para evitar el tiradero. Claro, abria la llave para bañarme y demás servicios, pero tenía que dejar una cubeta para evitar que todo se inundara. Por fin llegó el lunes y pude hablar con el plomero.

– Yeah, what’s the problem, then?
– Well, there’s a leak in the bathroom…
– Where is it? Is that in the ceiling?
(Me pregunté cómo una fuga en un baño puede estar en el techo, pero no quise comentar más.)
– No, no, it’s in the toilet’s tank.
– The wha’?
(Madres… ¿cómo se dice ese mugroso tanque en inglés?)
– The loo deposit?
– Wha’?
– You know, where the water is contained before flushing…
(Sí, estuve a punto de decir water reservoir)
– Ah, you mean the toilet’s cistern.
– Yep, that’s it.
– No problem, mate. Let me check my diary. What about Tuesday at 8 AM?
– That’s fine, I’ll be here.
– ‘right, mate. What’s your address?

Y ya. Sigo sin agua, esperando que llegue la mañana del martes para que plomero venga y seguramente apriete una tuerca o, cuando mucho, le ponga un poco de sellador. Ni modo.

Darth Tradd
Hulme
Manchester, UK

Cliffs of Moher (Intermedio)

Acabo de salir de una reunión de casi 3 horas con mis asesores. Me fue bien, aunque salí con todavía más trabajo que antes. El día está delicioso, así que no fue un diluvio lo que impidió que publicara la continuación, sino un repentino cambio de clima. Seguro que es en estos soleados días de otoño cuando sacan las fotos para los prospectus y convencen inocentes de incorporarse a estas Universidades.

Así que me voy a disfrutar de la tarde, creo que me la merezco. Ayer me fui de aquí casi a las 12 y luego tuve que llegar hoy a eso de las 8. Los dejo con una imagen de los tan llevados y traídos Riscos de Moher y prometo continuar con la narración pronto.

De derecha a izquierda: JC, Virics, Mr. Darcy y el Negro de la triste figura, caballero del Río San Juan.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Cliffs of Moher

(Con dedicatoria a mi querida amiga Grimalkin, que tuvo a bien quemarme con su comentario en el post pasado. Besto enorme, mon amie.) 

He de admitir que Mr. Darcy, mi nuevo compañero de departamento ahora que LaBere ha emigrado a las cálidas tierras del norte… (¡Te extraño Beres! Yo no puedo poner velas aromáticas sin riesgo de que me llamen metrosexual o algo peor. Esperen, ya me dicen así. ¿Dónde dejaste las velas?). ¿Qué decía? Ah, sí, disculparán que la gdipa me confunde más de lo normal.

Bueno, decía que Mr. Darcy tiene excelentes ideas para visitar lugares cercanos y baratos. Durante dos años me recomendó visitar Lyme Park, una propiedad no muy lejos de Manchester donde, curiosamente, fue filmada la producción británica de Pride and Prejudice. A mí la verdad no me llamaba la atención visitar una casa solariega y blasonada, así que postergué la visita por los dichos dos años. Cuando por fin lo visitamos, el lugar me impresionó bastante y no me quedó más que admitir que me había equivocado.

Con esos atecedentes, decidí que sería una buena idea seguir su sugerencia de visitar el suroeste de Irlanda, en particular los riscos de Moher. Había que conseguir, por supuesto, suficiente gente para armar un grupo expedicionario como Dios manda. Dicho grupo quedó integrado, además del que esto escribe y de Mr. Darcy, por Viridiana (alias la Virics) y Juan Carlos (alias el JC) oriundos de la risueña República Mexicana y en particular del todavía más alegre Estado de México.

La aventura comenzó el viernes pasado, cuando todos juntos salimos con rumbo al aeropuerto John Lennon de Liverpool. Desayunamos alegremente mientras esperábamos que abriera el check-in de nuestro vuelo (por una vez en la vida, se nos hizo muy temprano). Pasamos al control de seguridad y ahí comenzó la carrilla. Virics traía una gorra y le pidieron que la quitara. Cuando sus cosas salieron de la máquina de rayos X, su gorra no aparecía.

– ¿No vieron mi gorra? – nos preguntó a Darcy y a mí.
– No. – dije yo, mientras me acababa de acomodar la chamarra, las llaves y hasta el cinturón que me hicieron quitar.
– ¿Será posible que…?

Y sí, en efecto. Virics se asomó al bote de basura y ahí, ciertamente inmaculada, estaba su gorra. En vez de ofenderse, Virics la sacó, le sacudió el polvo y se puso a reir. Nosotros, JC ya incorporado, tras haberse puesto los zapatos, estábamos que nos moríamos de la risa.

– ¿Qué te hizo buscarla primero en la basura?
– No sé, pero fue el primer lugar que se me ocurrió.

El vuelo entre Liverpool y Shannon fue muy corto de una hora escasa. Por alguna razón, a mí no me sellaron mi pasaporte. Me regresé con el oficial de migración y le dije que yo quería un sello y constancia de entrada a la bella República de Irlanda. El oficial puso cara de circunstancias y me dijo: By your request. Me selló el pasaporte y le escribió de mala gana: By request.  Eso me pasa por andar pidiendo sellos que no debo.

Teníamos reservaciones en un B&B (bed and breakfast) cercano al castillo de Bunratty y decidimos tomar un taxi. En menos de 20 minutos estábamos ahí, pero nos dimos cuenta de un pequeño detalle: El B&B estaba a casi kilómetro y medio del castillo que, por mera coincidencia, estaba junto a la calle principal de la localidad. Básicamente nuestra casa de huéspedes estaba en medio de la nada o, mejor dicho, a 1500 metros de la civilización, pasando por un camino secundario, casi casi vecinal.

No hicimos mucho caso a ese problema y nos fuimos caminando al castillo. En el proceso, Mr. Darcy metió el pie en una rejilla mientras se acomodaba para una foto. De hecho, era más una trampa para evitar que el ganado entrara a la propiedad y parece haber cumplido su propósito.

Luego de visitar el altamente recomendable castillo de Burnatty fuimos a cenar a un restaurante bastante fresa (posh, como le dicen por aquí). Aunque sí estuvo caro, el salmón estuvo delicioso y pagamos sin chistar la cuenta. Para entonces, ya eran cerca de las 9 de la noche y casi tiempo de regresar. Sin embargo, uno no puede ir a Irlanda y no tomar Guinness así que paramos en Durty Nellis, un pub bastante tradicional, a refrescar la garganta. Por alguna razón, en este viaje me la pasé de contreras y, en vez de pedir Guinness como todos los demás, pedí Murphy’s, otra stout bastante cremosa. Nuestra conversación, como todas las buenas conversaciones de pub, pasó por casi todos los demás, incluyendo un rápido concurso de belleza de las chavas sentadas en las mesas de al lado.

Eventualmente decidimos regresar al B&B y comenzamos a caminar por el camino vecinal antes citado. Nos dimos cuenta que no había alumbrado público y la única luz venía de las casas regadas por la campiña (distantes unos 50 metros una de otra cuando teníamos suerte y casi 200 metros cuando no) y de los coches que pasaban de vez en cuando. Afortunadamente JC encontró una función en su celular que hacía funcionar el flash de manera constante (o intermitente, asegún quisiera) y por fin pudimos ver por dónde caminábamos. Para tranquilizarme, me puse a cantar, con tan mala entonación que los perros aullaban. Afortunadamente, mi aversión de Pénjamo (Ya vamos llegando a Péeeeeeeenjamo, ya asoman allá sus cúuuuuuupulas…) se perdió entre la bruma de esa noche para la eternidad.

Pero como dijo Rulfo, el ladrido de los perros avisa que uno que ya llegó a su destino. Los dos cocker spaniel que vivían en el B&B nos recibieron entre alegres y nerviosos.  El dueño del lugar se sorprendió de que hubiéramos caminado de regreso. Revisamos un mapa para planear el itinerario del día siguiente y nos dimos cuenta que los famosos riscos estaban a más de 70 km de distancia. Cuando finalmente nos fuimos a dormir, habíamos tomado una decisión: Tendríamos que rentar un coche si queríamos disfrutar del fin de semana.

No se pierdan la continuación de esta negroaventura que se publicará mañana si un nuevo diluvio no lo impide, en este blog que trata de recuperarse del abandono.

Darth Tradd
Hulme
Manchester, UK