Type mismatch

Akiko llegó a la esquina acordada con 20 segundos de retraso. Extremadamente puntual, de inmediato levantó la vista para ver si Ricardo, que siempre acostumbraba llegar tarde, estaba cerca. Ricardo la había visto consultar su reloj y se apresuró a recorrer los escasos metros que los separaban. Para cuando ella estaba viendo a su alrededor por segunda vez, él ya estaba a su lado.

– Hola.
– ¡Hola! Se me hizo un poco tarde, ¿qué tal tu día? – dijo ella.
– Bien, bastante tranquilo, – respondió mientras pensaba que su sentido de la puntualidad era muy distinto al de él.

Caminaron juntos rumbo al teatro, en busca de un par de boletos para la ópera que se presentaba el fin de semana. En el camino platicaron de sus últimos viajes y de lo raro que estaba el clima a últimas fechas. Nada importante, en pocas palabras. Después de comprar los boletos, Ricardo invitó a Akiko a ir a un café cercano.

– Creo que nos dieron las bebidas en las tazas equivocadas.
– ¿Eh? -  respondió Akiko sin entender.
– Sí, – prosiguió Ricardo – me dieron el té en esta taza alta y de cristal. Y a ti dieron tu capuchino en una taza más baja.
– Pues… – ella parecía no encontrar las palabras – así se sirve un capuchino, ¿no?
– Es posible, pero nunca me habían servido té en una taza alta y de cristal.
– Ah.

Se hizo un molesto silencio entre los dos. Akiko fue la primera en romperlo.

– ¿Sabes? Mi proyecto va a dejar de ser exclusivamente de programación y ahora voy a empezar a hacer algo de laboratorio también.
– ¿En serio? ¡Qué bien!  ¿Qué te dijo tu asesor?
– Me dijo que como iba bastante adelantada en la simulación, tendría tiempo para hacer más amplio el alcance de mi tesis.
– Excelente.
– ¿Tú cómo vas con tu proyecto?
– Ehh, bien, creo que bien.

Nuevo silencio incómodo. Akiko recordó un poco tarde que el proyecto de Ricardo estaba muy atrasado por problemas externos. Pensó en disculparse, pero la sonrisa y el cambio de tema de él se lo impidieron.

– ¿Te gusta la iluminación navideña que pusieron en el centro?
– ¡Sí! – afirmó ella, feliz de cambiar el tema. – Se ve muy bien y le da un mejor aspecto a la ciudad.
– Esta ciudad no es tan atractiva como otras, pero tiene sus lados buenos. Ultimamente creo que me gusta más. Claro también tiene sus lados malos y…
– Cierto.

Muy tarde recordó Ricardo que Akiko había sido asaltada con violencia en uno de esos lados malos que acababa de mencionar. Ella miró hacia otro lado, tratando de no recordar ese momento tan desagradable. No había más té ni café que salvaran la situación, así que decidieron irse. Caminaron juntos hacia la casa de Akiko, muy cercana al café donde estaban. Al principio caminaron en silencio, sin encontrar qué decir. Sólo por hacer plática, Ricardo regresó al tema del proyecto.

– Dijiste que estabas programando, ¿verdad?
– Sí – respondió ella, la vista fija en el piso.
– ¿En qué lenguaje?
Fortran 90.
– ¿En serio? ¿Y exactamente qué estas haciendo?
– Simulación de crecimiento de materiales microporosos en la mesoescala. Por eso necesito un lenguaje rápido y robusto.
– Ya veo. Seguramente aprovechas que Fortran tiene una importante cantidad de libraries que puedes usar y no hay necesidad de programarlo todo desde la base.
– ¡Así es! – dijo entre risas. ¿Tú que estás utilizando?
MatLab mayormente. Pero para algunas tareas sencillas, usar MatLab es como usar una escopeta para matar moscas. Para esos detalles, uso Python.
¡Python! ¿De verdad? – dijo mientras lo volteaba a ver. – Me gusta Python, pero es un lenguaje interpretado, ¿no?
– Así es.
– Yo necesito un compilador. Con un intérprete mis simulaciones tardarían años. Y no me gusta C++, – expresó mientras arugaba la nariz y negaba vehemente.
– ¡Claro! ¿Quién soporta todas esas llaves abiertas y cerradas y regadas por todo el código? – preguntó, mientras movía las manos dibujando los signos en el aire
– ¡Sí, exactamente! – se carcajeó, celebrando la ocurrencia.

Finalmente llegaron a su casa.

– ¿Te veo entonces el viernes, para la ópera?
– Sí.  Aquí estaré a las 6:45.
– Te espero.

Akiko se estiró para darle un beso de despedida.

– Aquí te espero.

Solín

Segundo Tercer Cuarto (cómo tardo en escribir en estos días) día de experimentos en la línea de tomografía. Solín {esto de inventar nombres no es lo mío}, un nuevo posdoc, apenas está empezando a trabajar en titanio y en tomografía. Este es su primer experimento en el sincrotrón. Es un tipo agradable, pero me parece que ha alcanzado un cierto nivel de comfort en su desempeño profesional, si me permiten la expresión. No me malinterpreten, tiene un doctorado en materiales y muy buen entendimiento de cuestiones de transformaciones de fase, análisis microestructural y metalurgia en general. Sin embargo, creo que a pesar de ser un muy buen científico de materiales, es un poco unidimensional en su actividad científica.

Casi todos los que estamos en el grupo competimos todos los días para mostrar que somos… bueno, que somos más cabrones que el de al lado. Eso no quiere decir que nos la pasemos siempre trabajando (los jueves de pub son una gran tradición, así como las comidas de grupo los viernes), pero nos encanta invertir mucho tiempo para que la solución de un problema sea automática y así, cuando nos encontremos uno similar, tengamos una herramienta útil. Moath y yo, por ejemplo, nos pasamos compitiendo, tratando de hacer scripts en MatLab, Python o simple bash para resolver problemas que la mayoría de la gente intentaría con Excel. Pero él como usuario de Mac y yo como zelota de Linux, nos negamos a usar a Excel porque nos llena de satisfacción presumir que nuestro script de 20 líneas de código (y cuatro semanas de trabajo) es capaz de leer la cabecera de datos de una imagen de difracción de rayos X, extraer la información que queremos, calcular la deformación de la red y dejar todo listo para una gráfica de poca. MP, por supuesto, se desespera con nosotros porque tardamos a veces semanas en hacer una gráfica que nos convenza. En resumidas cuentas, tratamos muchas veces de reinventar la rueda, esperando que con ello nuestro conocimiento de temas como la programación en bash mejore.

Pues bien, como decía ahí arriba, Solín no se ha molestado en esos detalles. Es un científico de materiales y nada más. En estos días el ser monotarea o más bien monotemático es una limitación importante. Va un ejemplo de una conversación que tuve con él el primer día del experimento.

– Mira, mi estimado Solín. Cuando estás alineando la muestra, puedes usar dos motores: sx y sy. Estos motores pueden moverse en coordenadas absolutas o relativas, dependiendo del comando que utilices.
– ¿Coordenadas relativas? – pregunto él.
– Claro, coordenadas relativas. Relativas, por supuesto, a la posición actual del motor – contesté yo.
– Pero eso es más difícil, ¿no? Sin duda será más fácil siempre usar la posición absoluta del motor, ¿verdad? – pregunto él.
– No necesariamente, a veces usar las relativas es más sencillo, sobre todo cuando necesitas hacer ajustes pequeños – contesté yo.
– Pero es que todavía no acabo de entender lo de relativas, ¿cómo son?- preguntó el.
– ¿Relativas? ¿Nunca has trabajado con coordenadas relativas? Seguramente alguna vez has trabajado con ellas – contesté yo.
– No, nunca. Sigo sin entender qué son coordenadas relativas – contestó él.
– ¿Alguna vez has trabajado con AutoCAD? – pregunté yo.
– Sí, una vez. Pero fue hace muuuuuuuuuchos años. Para serte franco, la verdad ya ni me acuerdo – contestó él.
– ¿Alguien dio un disgusto a este hombre? – preguntó el médico.

Y conforme paso el experimento las cosas se pusieron más difíciles. La mayor parte del trabajo en las líneas de aquí se hace tecleando comandos de bash, en una terminal de SuSe Linux.  Además, uno se tiene que conectar vía ssh, a diversos clusters de computadoras que hacen el trabajo pesado de convertir las imágenes en datos útiles. Solín pasó las de Caín tratando de entenderle a la línea de comandos. Y como le dedicó la mayor parte de sus ciclos de procesador a entenderle, no podía concentrarse en la parte importante del experimento, el análisis de regiones de datos tomográficos. El profesor Belmondo, que también estuvo en este experimento, perdió la paciencia con él varias veces. Le llegó a decir cosas como “¡Esos son cálculos de primer año de carrera, qué digo carrera, son de prepa!” y “Solín, creo que estás tecleando comandos sin saber en realidad qué hacen”. Pero le fue bien. De haber venido MP al experimento, hubiera habido un auténtico rechinar de dientes en la línea. Y es que mi asesor no tiene tanta paciencia.

Pero en fin, de alguna manera conseguimos terminar y al final creo que ya le estaba agarrando a los comandos. Por ahora me voy a dormir. Mañana, afortunadamente, no me tengo que despertar tan temprano. Mi avión de regreso a la Mancunian Republic sale a las 4 y media de la tarde. Al menos tengo tiempo de comer antes de salir rumbo al aeropuerto. Como dato adicional, dado que sólo faltan unos días para ir a México, decidí torturarme viendo fotos de tacos en internet.

Darth Tradd
ESRF Guest House
Grenoble, Francia

Bits

(Idea robada de las pildoritas de Cataclísmica)

  • El jueves pasado sí fui al mercado navideño que ponen en el centro de Manchester. Le tuve que comprar la cena a Moath, dado que no había entrado a su plática. Junto con el resto de los amigos buscamos un lugar para refugiarnos de la multitud y cenar a gusto y justo ahí me encontré a una chava que aseguraba que me conocía de un bar. Después del desconcierto inicial y mi cara de no-tengo-la-menor-repajolera-idea-de-quién seas, me acordé que en efecto la había conocido en el SandBar. Para entonces, claro está, ella ya tenía unos 5 minutos que se había ido. Mi habilidad no es pasmosa, más bien está pasmada.
  • Hablando de chavas, acabo de averiguar que una chica que me habían presentado como Layla, en realidad se llama Rabia. What? Dije yo cuando me la encontré este domingo afuera de Materiales (sí, vine a trabajar el domingo y por la tarde). ¿Rabia? Pues sí, resulta que Rabia es la forma islámica de Rebeca y según esto, significa la cuarta hija. ¡Pero si tú eres de Liverpool!, le dije con cierta extrañeza. “Sí,“-respondió la gentil Rabia-“pero mis papás son originarios de Irán“. Cosas veredes, mío Cid, que harán babear fablar las piedras.
  • Es una señal clara de que uno ya tiene rato aquí cuando uno va al centro a cenar con los cuates y en el mismo se encuentra tres personas a quién saludar, incluyendo a la chica ésta del bar.
  • Mañana salgo otra vez para la Francia. Otro experimento, un poco más corto que el anterior: sólo 4 días. MP iba a venir con nosotros, pero al final no puede y tenemos que ver cómo nos las arreglamos allá. Espero que nos vaya mejor que en el anterior.
  • Me acabo de dar cuenta que falta menos de un mes para que regrese a México. Acabo de poner una cuenta regresiva en el iGoogle y me dice que faltan 24 días, 8 horas y 53 minutos para tomar el avión de regreso. Súmenle unas 18 horas más para cuando pueda por fin estar pisando suelo mexicano.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Where were you?

Hoy me desperté tarde, lo admito. Tenía toda la intención de hacerlo,  se viene otro experimento en la Francia la otra semana y todavía estoy en proceso de recuperación del anterior. Así que, confiado en que no tenía nada qué hacer en la mañana, me desperté tarde, desayuné con calma y me di el lujo de ir a la oficina de correos a mandarle unas cosas a la casera. Llegué a la Universidad a eso de las 10:30 y me di cuenta que no había nadie en la oficina. Sin embargo las computadoras estaban prendidas, había varios abrigos colgados y libros abiertos. Pensé por un momento que todos habían salido de prisa debido a un simulacro de evacuación, pero de ser así debí haberlos visto afuera.

Encendí la laptop y entonces recordé que mi buen amigo Moath iba a dar una presentación. “Pero iba a ser la una, ¿no?” O al menos eso creí. Una rápida revisión a mi correo me dio la respuesta, la presentación era a las 10:00 y ya eran las 10:40. No me preocupé mucho, después de todo, las presentaciones no eran obligatorias y no debería haber mayor problema.  Todavía podía intentar entrar, pero seguramente interrumpiría y sería mucho peor. Escuchaba, indescifrable, el murmullo en el salón de al lado donde seguramente Moath estaba explicando su proyecto.

Una risa destacó sobre los murmullos. No cualquier risa, la identifiqué de inmediato. Era la risa de PW. Fue entonces que me preocupé un poco. Phil si podría decirme algo al respecto si no asistía a los seminarios. No quedaba nada qué hacer salvo esperar a que saliera la gente. Eventualmente la puerta de al lado se abrió y emergió la marea humana. A la primera que vi fue a Susane, con la que siempre me he llevado muy bien.

– Where were you!? – me dijo mientras me pegaba amigablemente con su bitácora (malditas bitácoras de pasta dura).
– I… completely forgot about it.
– You’re a terrible liar- me contestó riendo.
– But…
– You know, MP talked a bit about you. Everyone noticed you weren’t around.
En eso entraron Wei y Jane. Los dos me vieron y me sonrieron. Los dos me dijeron al unísono “Where were you!?” Wei añadió algo que me puso un poco más nervioso: “¿Sabes? Michael le dedicó un buen rato a hablar de ti y de lo que estabas haciendo, con cierto orgullo y entonces se dio cuenta de que no estabas en el salón.”

¡Verde! Sí, verde se me puso la cara de pura bilis derramada (del susto, se entiende). Moath se asomó entonces por la puerta, todavía cargando su Mac (bloody macs, le digo siempre y lo hago rabiar) y no me dijo nada. Sólo levantó su índice y me señaló, mientras ponía cara de “Qué mala onda, no entraste a mi presentación.”  Por supuesto, lo que me dijeran Moath, Susane, Wei, Jane y los demás me tenía sin cuidado, pero temía el momento en que se aparecerían MP y por supuesto PW.

Vi a MP que se acercaba mientras platicaba con otras personas. Para entonces yo quería esconderme debajo del escritorio, pero no me quedaba más que aguantar. Levantó la vista y se acercó a grandes pasos a mi escritorio.

– Where were you!? (para entonces estaba seguro que ya me habían cambiado el nombre a güergüeryu)
– Sorry, M, – dije con un hilo de voz – I completely forgot about it.
– At least I hope that you didn’t show up because you were analysing some data – me dijo todavía serio.
– Yeah, of course….
– Sure! – me dijo con sarcasmo, aunque ya riéndose.

Bien, primera prueba superada. Ahora faltaba la más difícil, PW. Oía su voz resonar por el pasillo, pero aún no entraba a la oficina. Ya temía el güegüeryu, cuando me vio y dijo:

– Ahh, there’s our man.

Y luego entre él y MP se rieron de mí porque, evidentemente, tenía cara de perrito regañado. Tuve suerte de que ambos estuvieran de buenas, pero qué buen susto llevé. Eso me pasa por no llegar temprano.

UPDATE:

Ahora que son las 6 de la tarde, veo los efectos de las palabras de MP. Tres de mis compañeros se han acercado a preguntar sobre lo que hago y si puedo ayudarles. Creo que sí dijo cosas buenas de mí y me lo perdí. Sniff. De puro coraje me voy al mercado alemán de navidad con los cuates. Le debo una hamburguesa a Moath.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Suavemente

 (Una disculpa a mis queridas amigas que honran este blog con sus visitas y comentarios, pues esta entrada es particularmente machista. Sin embargo, juro que lo que expongo a continuación son planes y conversaciones comunes cuando uno anda de paseo buscando chamacas. Si su esposo, novio o detallovsky lo niega es casi seguro que está mintiendo.)

Hace unos 4 ó 5 años la banda sanjuanense a la que pertenezco pasó por su etapa interranchonal. Jóvenes profesionistas recién egresados y nerds antisociales de alta categoría, nos hicimos a la idea de que nuestra mejor oportunidad de conocer chamacas era ir a las comunidades aledañas a San Juan del Río. Así nos hicimos asiduos visitantes de las fiestas de lugares tan interesantes como Pedro Escobedo, Ezequiel Montes, Polotitlán y Amealco. Fue precisamente en Amealco donde comenzó nuestra tristemente célebre táctica de Relevos Australianos, también conocida en las borracheras como Hoy por ti, mañana por mí.

Es de todos sabido que una chava guapa no anda sola por las calles de ciudades comunidades pequeñas y conservadoras. Si no va con el novio de turno, irá con una o varias amigas. Entonces, para acercarse a la chica en cuestión, hay que llegar en bola y alguien tiene que sacrificarse pues las amigas, normalmente, no son tan atractivas como la chica objetivo. En particular recuerdo una ocasión en que Chávez y yo vimos una chica muy guapa sentada en las escaleras cerca del templo (Sí, en México siempre hay un templo católico en la plaza central) junto con su amiga chaperona más bien entrada en kilos. Chávez decidió a hablarle a Lupita (creo que así se llamaba) y yo me sacrifiqué. Creo que salieron un par de veces y al final ya no hubo nada. Por cierto, el Chávez nunca me pagó el relevo sacrificándose, ni cuando tuvo oportunidad unos meses después, ahí mismo en Amealco. Adry, cuando leas esto le dices que mínimo me debe unas chelas.

Avance rápido hasta el sábado pasado. Fue el cumpleaños de una amiga y después de hacer una deliciosa cena mexicana de traje (hubo de todo, incluyendo pozole de lata y tinga de la buena) nos fuimos a bailar al Copacabana, el antro latino de esta ciudad. Cuando llegamos, una amiga con la que venía decidió no entrar y se fue temprano. Tontamente no me di cuenta hasta que no la vi adentro y pensé que se había molestado porque yo me había pasado antes. Contrariado por esa situación, tenía mi cara seria (MR) que pongo cuando algo me preocupa. Una chava que venía con nosotros me dijo que parecía guardaespaldas e hizo un par de bromas al respecto. Yo no estaba de humor, así que decidí ignorarla. Para tal efecto, me puse a buscar con quien bailar.

Fue entonces que vi a una inglesa altísima, muy cerca de 1.90 mts de estatura. Dije yo: “Total, separados ya estábamos.” Y le dije a JC (sí, el mismo con el que fuimos a Irlanda) que me acompañara pues, obviamente,  no venía sola. Me decidí entonces a invocar la táctica de relevos australianos y lanzarnos.

– Orale, JC. Yo voy con la güerota y tú te lanzas con alguna amiga.
– Va.

Y ahí fuimos, con nuestro aplomo di’ombres de verdad.

– Hi! Would you like to dance? – dije con mi mejor inglés
– Well, not really…
– Come on! – gritaron sus amigas animándola.

Y llegamos a la pista decididos (al menos yo) a lucirnos en ella. Pero ¡oh, decepción! la del 1.90 decidió que era buena idea ver mis pies mientras bailábamos.

– What are you doing? – pregunté extrañado
– I’m just trying to see how you’re dancing.

Obviamente eso me puso nervioso y perdí el paso más de una vez. No importó mucho, pues la chica no encontró el paso ni por error. Al terminar la segunda canción, me dijo que ya se tenía que ir y la acompañe con sus amigas. Una vez reunidas todas, se fueron del copa.

Regresé a donde estaba el resto de la gente, feliz y realizado por haber bailado con esta muchachona. Y ahí me encontré a JC.

– ¿Qué onda? ¿No bailaste?
– No, me batearon, se siente refeo. – me dijo con una mueca
– Usté’ no se agüité, le invito una chela.

Más adelante, la misma chava de la broma del guardaespaldas me dijo:

– ¿Qué pasó? No has bailado, ¿verdad?

Sin poder contestar porque tenía un medio trago de cerveza, sólo alcancé a señalar a JC.

– ¿Bailaste con él? – dijo entre risas.
– ¡No! – dije casi ahogándome con la San Miguel – JC es testigo de que bailé con una güerota más alta que yo.
– ¿Ah, sí? A ver, ¿en dónde está? – respondió la graciosa
– Ya se fue.
– Sí, seguro. – respondió torciendo la boca.

Después de un rato, decidí que la chela no era suficiente compensación para el JC y además no quería que la de los chistes siguiera fregando.

– Orale, JC. Te lo debo. Busca un par de chavas, las que quieras y no hay problema. Me sacrifico – casi grité con el pecho henchido de orgullo y camaradería.
– ¿Te cae?
– A hue-fuerzas, compadre. Escoge la que quieras y yo me voy con su amiga, no hay pez, esté como esté.

Y ahí fuimos de nuevo. JC hizo un rápido escaneo y seleccionó una pareja de chicas. La que seleccionó JC se veía bastante simpática. La que me tocaba a mí se veía entrada. Entrada en años, kilos y copas. Pero no me eché para atrás y nos lanzamos.

– Would you like to dance? – dijo JC con estilo, mientras yo me apersonaba al lado de la amiga para dejar en claro que yo iba a bailar con ella.
– Actually, I’d need to go to the toilet. But your friend can dance with my friend.

Y ahí me quedé yo, viendo como JC se regresaba a donde estaban los demás e intentando acomodarme a bailar con esta otra chica. Debo admitir que después de un rato empezamos a encontrarnos bien para la bailada y cuando llegamos a Suavemente de Elvis Crespo ya estábamos perfectamente acoplados. Dos pasos al frente, lado a lado, cuarto de vuelta, atrás, ¡giro! Y ahí estaba yo, bailando cual trompo zangaruto con corazón de mezquite, bien acompasado con mi pareja. En la plática salió que era Argentina, casada y con un hijo y que había decidido salir de farra con su amiga para distraerse un rato. Terminó la salsa, empezó la abominación que es el reggaetón y nos despedimos.

Regresé con el grupo de amigos y la del cumpleaños me dijo:

– ¿No has bailado?
– Sí, bailé con una güerota y luego con una argentina. ¿No me viste?
– No, que se me hace que no has bailado.

Su comentario me tranquilizó. En primera, la del cumpleaños me cae mucho mejor que la de los chistes malos. Y, en segunda, ya no debo bailar tan mal pues, de otra forma, hubiera destacado en la pista como el monote de chocolate arrítmico que solía ser en épocas pasadas.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Paquito

En uno de los almuerzos que tuvimos durante el experimento, el Profesor Belmondo sacó a tema lo extraño que se le hace la forma en que se forman los diminutivos familiares en español. Según él, no tiene ningún sentido que a un Eduardo se le llame Lalo, a un Vicente se le diga Tito, que a una Socorro le hablen de Coco y demás. Obviamente, salió a tema mi nombre y el buen Profesor dijo con una gran sonrisa: “Paco.”

A mis otros amigos les hizo mucha gracia el nombre y se la pasaron recordándolo cada que podían. Un poco después, Belmondo (nótese como ya dejó de ser profesor) llegó al siguiente nivel: Paquito. Las risas, para entonces, habían alcanzado un nivel respetable. Y es que por estos rumbos soy conocido como Francisco y todas sus variantes fonéticas, incluyendo Franchesco, Franciscou, Frandsisco, Fransaisco y la peor hasta ahora, Ventresco Carlo Francis.

Pero volvamos al asunto del Paco. No importa en dónde haya estado antes, siempre ha habido alguien, tarde o temprano, que me acabe llamando Paquito. Lo cual es bastante curioso, considerando mi estatura y peso. Heavy build, dirían por acá. Y no es que me disguste que me digan así, pero me molesta lo que casi siempre sigue después de que alguien me dice Paquito. La típica cantaleta: “Mamá, soy Paquito. No haré travesuras”. Después de proferir la infame frase, la gente me puede palmear la espalda o reírse como idiota o continuar con frases tontas como “¿O no? ¿O sí harás travesuras?” mientras se sigue riendo como dije antes o una combinación de todas o algo peor. Total, me pone de malas, lo admito.

Cuando alguien me dice así, casi siempre contesto: ¿Alguna vez has leído esa poesía? Ante lo cual he obtenido todo tipo de respuestas, pero el común denominador es que la gente no conoce la poesía en cuestión. Y sí, hay una poesía que contiene la dichosa frase, fue escrita por Salvador Díaz Mirón hace ya un buen rato y no tiene nada de graciosa. Al contrario es un drama de lágrima, moco y baba. Nótese que me puse de malas simplemente al recordar la cantaleta antecitada. Así que para goce de la afición me dispongo a pegar la dichosa poesía.

Cubierto de jiras,
al ábrego hirsutas
al par que las mechas
crecidas y rubias,
el pobre chiquillo
se postra en la tumba,
y en voz de sollozos
revienta y murmura:
“Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“¡Qué bien que me acuerdo!
La tarde de lluvia;
las velas grandotas
que olían a curas;
y tú en aquel catre
tan tiesa, tan muda,
tan fría, tan seria,
y así tan rechula!
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Buscando comida,
revuelvo basura.
Si pido limosna,
la gente me insulta,
me agarra la oreja,
me dice granuja,
y escapo con miedo
de que haya denuncia.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Los otros muchachos
se ríen, se burlan,
se meten conmigo,
y a poco me acusan
de pleito al gendarme
que viene a la bulla;
y todo, porque ando
con tiras y sucias.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Me acuesto en rincones
solito y a obscuras.
De noche, ya sabes,
los ruidos me asustan.
Los perros divisan
espantos y aúllan.
Las ratas me muerden,
las piedras me punzan…
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”


Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Papá no me quiere.
Está donde juzga
y riñe a los hombres
que tienen la culpa.
Si voy a buscarlo,
él bota la pluma,
se pone muy bravo,
me ofrece una tunda.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

Una delicia de poesía, ¿verdad? Me encanta la repetición del cielo impasible que despliega su curva. Algún día pensé que sería buena idea ponerle música y casi se acomoda con Almohada de José José. Pero bueno, el asunto es que me aprendí dicha poesía por ahí de 1995 (como también me aprendí Deseos, del mismo Díaz Mirón, estaba en mi etapa poética) y me empeñé en repetírsela (que no repartírsela, aunque ganas no me faltaron) a los que me decían la dichosa frase. Casi siempre me escuchaban con atención, a veces afirmando con la cabeza como si entendieran lo que estaba diciendo, a veces con los ojos muy abiertos como sorprendidos de lo que decía y en alguna rara ocasión con la boca abierta. Lo que nunca varió fue el resultado. Tras cerrar mi sombría declamación y después de un momento de silencio, contestaban con un: “¿’tonces? ¿Sí harás travesuras o no?”

Al menos ahora me libré de eso, gracias a la barrera del idioma.

Paquito
Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Me quedé dormido

El timbre del teléfono me sacó del sueño profundo en el que estaba y me arrastré hasta la mesa donde estaba el aparato este.

– ‘ello?
– Francisco, we’re meeting at 8:40 to get to the bus at 9 and now is 8:20. Will you be able to make it?
(Sonido de grillos chirriando en el fondo.)
– Wha’…?
– It’s 8:20, we’re leaving in 20 minutes.
(Sonido de disco duro arrancando)
-Wait, 8:20? You said 8:20? That… But… Is…
– Francisco, are you alright? You sound confused.
(Impresionante silencio que sólo se da cuando uno se da cuenta de lo que pasa.)
– Yes, yes. It’s just that I don’t know what happened. Nevermind, I’ll be there in 20 mins.

Comprobé que pude bañarme, peinarme y empacar en menos de 15 minutos y salí corriendo hacia la recepción. Estuve ahí un minuto antes de ellos, pero ya no tuve tiempo de desayunar, así que salimos derechitos a la parada del satobus. Llegamos al aeropuerto de Grenoble sin problemas, aunque yo me iba torciendo del hambre. Pedí el típico baguette avec jambon et fromage y el jus d’orange en cuanto llegamos y reviví. El vuelo, no podía ser de otra manera, salió retrasado.

Cuando por fin llegamos a Manchester, lo único que queríamos era salir del aeropuerto cuanto antes, así que nos dirigimos casi corriendo a migración. Y entonces, el remate del viaje. Un vuelo procedente de Paquistán había aterrizado antes de nosotros y la fila para pasaportes no europeos tenía más de 50 paquistaníes en ella. Muchos de ellos no hablaban inglés, así que tenían que esperar a la traductora (sí, una sola traductora) para entenderse con el agente de migración.

Eventualmente llegamos al mostrador y el agente me dijo que había viajado mucho, a juzgar por los sellos que tenía en mi pasaporte. Estuve a punto de soltarle un muy sentido What do you bloody care?, pero preferí decirle que sí un poco. Entonce me dio un tríptico con información para solicitar que mi iris fuera escaneado y entonces poder pasar por la vía rápida en casi todos los aeropuertos del Reino Unido. “Así”- dijo el agente – “se evitará estas filas tan incómodas”. Le agradecí la atención y guardé el tríptico para leerlo con más calmita después.

Y por ahora, basta. Es hora de dormir y recuperarse para poder presentarme mañana en la oficina.

Darth Tradd
Hulme (¡finalmente!)
Manchester, UK

PS: Todavía no sé que diablos pasó con mi alarma. Estoy seguro que la puse a la hora correcta, pero no sé si la apagué entre sueños o si sonó por 10 minutos sin conseguir despertarme. Ni idea.

Por fin se acabó

Debí haberlo sabido desde que salimos de Manchester, éste iba a ser un experimento plagado de problemas. Cuando me estaba volviendo a poner los zapatos después de pasar por el control de seguridad del aeropuerto, una de mis agujetas se rompió, obligándome a hacer una especie de arreglo ingenieril de emergencia (básicamente un reacomodo del pedazo sobrante, recorriéndolo hacia arriba aunque dos hoyos del zapato se queden sin usar). No le di mayor importancia, pero estoy seguro que esa fue la primera señal de que éste sería un experimento particularmente complicado.

Nuestro setup y el experimento en general fueron particularmente ambiciosos.  Normalmente las líneas de rayos X se utilizan sólo para un tipo de experimento. Tomografía o difracción. Luz blanca o monocromática. Nosotros queríamos hacer tomografía y difracción, usando luz blanca y monocromática, haciendo ciclos de fatiga y de tensión. Con tantos factores, era muy posible que algo saliera mal y así fue. De hecho, varias cosas salieron mal.

Por principio de cuentas, acomodar dos detectores y dos haces de rayos X no fue tarea fácil. Afortunadamente nuestro científico local trabajó sin descanso durante dos días para acomodar los motores y los macros que los controlaran. Superado ese problema, comenzamos a capturar imágenes. Cabe señalar que este tiempo experimental no era mío, sino de un par de compañeros de trabajo. El objetivo principal era medir sus muestras, las mías las mediríamos durante los tiempos libres que tuviéramos.  El asunto es que reducido el tiempo de 6 a 4 días, la posibilidad de no poder probar mis muestras se acrecentaba. Para colmo, nos trajimos un máquina de fátiga que nadie sabía usar. Me pasé un día leyendo los manuales y haciendo pruebas hasta que aprendí como hacer que la máquina hiciera lo que queríamos. El costo, sin embargo, fue que tres de mis muestras se dañaron irremediablemente durante estas pruebas.

Más adelante nos dimos cuenta que el sistema de sujeción de dicha máquina de fátiga no era el ideal para el tamaño de las muestras de mis compañeros.  Me pasé otro día haciendo los famosos ajustes, detalles o vulgo mexicanadas para hacer que esas muestras cupieran. Dos rondanas limadas después y tras un poco de Loctite (MR) las mordazas funcionaban a todas márgaras. Algo muy satisfactorio es que ahora sí ya me muevo mejor con los nombres ingenieriles en inglés. Hace un año me quejaba en mi ahora difunto blog en inglés de que me era imposible conocer el nombre de las diversas herramientas y piezas en el idioma de Wilde, habiendo yo crecido llamándole pinzas de presión a las lockjaw pliers.  En estos días me dicen washers y no pienso en lavadoras sino en rondanas. Al menos he aprendido algo.

Superados los problemas de preparación, comenzamos a probar las muestras. Unas funcionaron mejor que otras, pero en general íbamos avanzando bien. De repente, un motor dejó de responder. Nuestro contacto local decidió reiniciar la máquina y ¡madres!, ésta se negó a arrancar. 3 horas después, el veredicto de los expertos en computadoras fue que el arreglo RAID de discos duros había tronado. Parafraseando a Maybrick, it worthed mothers.  ¿Nuestros datos? En el limbo que Seagate, Maxtor o de quien hayan sido esos discos, destina a los archivos que fenecen sin haber tenido oportunidad de haber sido útiles.

Nos quedaban dos días y los trabajamos casi sin descanso, metiendo febrilmente las muestras para los escaneos de tomografía y difracción, mientras veíamos cómo el tiempo volaba. Los experimentos de difracción duraban dos horas, así que tuvimos oportunidad de intercambiar canciones y videos. Mis amigos me mostraron lo mejor del ska inglés de los años 70 y yo saqué a Café Tacuba. Creo que fueron los momentos más divertidos y productivos.

Cuando faltaban sólo 4 horas para que se acabara el tiempo (y apagaron el haz de rayos X, pues era día de mantenimiento) por fin metimos mis muestras. Para ese entonces, mi objetivo principal de probar 6 condiciones se había reducido a 4 y luego a 2. Y entonces, ¡oh cruel hado!, el detector de tomografía dejó de funcionar. Le hablamos nuevamente a nuestro contacto local y tras despertarlo nos dijo como solucionarlo. Obtuvimos las últimas imágenes de la segunda muestra cuando faltaban 5 minutos para que apagaran el haz. Y luego dicen que la vida de los científicos no es emocionante.

Limpiamos nuestro desorden y nos fuimos a dormir a eso de las 11 de la mañana. Para las 7, el hambre nos despertó y salimos unas deliciosas pizzas a Grenoble. Tras estar encerrados 7 días y haber encontrado tantos problemas, nos las merecíamos. Durante la cena, quedamos de acuerdo en vernos a las 8 para desayunar y tomar el camión de las 9 con rumbo a Lyon. Caminamos de regreso al ESRF y en vez de acostarme a dormir como lo haría la gente decente, me acosté a escribir antes de que se me olvide. Me voy, son casi las 3 de la mañana y tengo que levantarme por ahí de las 7 y media.

Darth Tradd
ESRF Guest House
Grenoble, Francia