No more Mr. Nice Guy

Parafraseando a Miguelito Pitti: “Es inútil, todos parecen darse cuenta espontáneamente que soy un buen tipo”. Siempre he sido, como se dice comúnmente, buena bestia. Eso me ha puesto en más de una ocasión en situaciones difíciles. De toda la gente con la que trabajo en materiales, sólo no me llevo con Barbas Negras. Eso no quiere decir que todos se lleven bien. Hay grupos, como en todos lados, pero yo me llevo bien con todos. Así que a veces voy a comer con algunos y me hablan mal de aquellos y los unos dicen de los otros y de las otras y de los hunos y la fregada. Nunca me he unido a la lapidación y siempre les digo, con cierto orgullo: Pues esos güeyes también son mis cuates. Jamás he tenido problemas como los que mencionan. O algo así, pero en inglés.

La gente tiende a buscarme para contarme sus penas porque, desgraciadamente, tengo cara de saber escuchar (cara de adobe, a lo mejor. Cara de pendejo, seguro). Hay un estacionamiento en el centro de Querétaro, en la calle de Vergara (no es albur, esa calle existe), a un lado del obispado, donde el tipo que cobraba aseguraba que yo era sacerdote porque tenía cara de serenidad.  Y claro, ¿por qué otra razón iba yo a estacionarme atrás del obispado? Obviamente las oficinas de gobierno y los negocios del centro valían madre. Me pregunto que pensarían si, como le pasa una amiga, viviera al lado de un congal. ¿Pensarían que soy un padrote? No creo, mi cara no me ayuda. Seguro pensarían que iba a ver si podía regresar al redil a algunas de las chicas. Vaya, incluso Mulan me dijo en su último correo (y en su inglés medio cortado): You are really nice guy.

Hacerse de una fama de buen tipo no es bueno para la salud. Un changuito al que conozco de una de las students conferences internas me habló el otro día y dijo que quería platicar. ‘ta güeno, pues, platicamos. Me quería contar sus planes de vida y preguntarme qué opinaba. Esa gente debería preguntarle a alguien que supiera al respecto, no a mí que tengo todavía qué decidir qué voy a hacer en este año. Como puede verse, me agarró un poco de malas.

– Me ofrecen trabajo en Shell, – dijo el changuito – y mi posible jefe me dice que puedo crecer en la compañía.
– No te engañes, – le dije con una mueca – en ninguna compañía vas a poder crecer más de tres puestos hacia arriba y eso en toda tu vida laboral, unos buenos 30 años. Eso es todavía más cierto en compañías como Shell, con un organigrama tan grande.
– Ehh.. Tienes razón, no lo había pensado.
– Piénsalo – le insistí. Vas a entrar como ingeniero de campo. No estás seriamente pensando en que vas a llegar a ser VP o CEO, ¿verdad?

Con la mirada perdida, el changuito afirmaba con su cabeza muy despacio.

– Tienes razón. Tienes razón.

Continué solucionándole la vida:

– Tienes que darte cuenta que, como ingenieros, nuestra única posibilidad de ser presidentes de una compañía es si la fundamos. En Shell podrás llegar a ser jefe de cuadrilla o jefe de operaciones en una plataforma si eres muy bueno, pero hasta ahí.

Volteó a verme, con la mirada todavía un poco extraviada.

– Tienes mucha razón.
– Pero eso no es necesariamente malo. ¿Qué quieres hacer de tu vida? Me dijiste que tienes ya algunos años con tu novia, ¿verdad? ¿Cuál es tu plan? Si quieres casarte y tener una familia, un trabajo así en Shell te dará lo suficiente para vivir. Considera que tomar un trabajo como estos te dará estabilidad. La estabilidad es importante, pero no olvides que ya no vas a crecer. Pero eso no es malo. Todo depende de hacia dónde quieras dirigirte. Piensa en un diagrama esfuerzo-deformación. Hay un punto de cedencia, un yielding point, donde la pendiente se acuesta. ¿Hasta donde quieres subir? Si sigues subiendo y subiendo, vas a fallar con fractura quebradiza, de golpe. Si te estabilizas demasiado pronto, nunca sabrás hasta donde pudiste haber llegado. Asi que te pregunto otra vez: ¿Qué quieres hacer con tu vida?

Me levanté para irme del pub y regresar a Materiales.

– Gracias, Francisco. Tu franqueza me ha ayudado mucho. You are a nice guy.

Hay cosas de las que no se puede escapar. Ya lo dijo el payaso príncipe del crimen príncipe de la canción en payaso: “Si uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser.” ¿Quién soy yo para negar la sabiduría del mejor cantante etílico que ha dado México?

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Hoy salió el sol

No había visto un día soleado desde que llegué. Es el primer día en que sale el sol y no llueve. Esa es una señal, sin duda alguna.

Las mediciones macroscópicas están cuadrando con las microscópicas. Las pruebas mecánicas con la difracción de rayos X. La correlación de imágenes con la textura. La pre-fluencia con la emisión acústica. Hay plasticidad donde, en teoría, no debería haberla, pero justo donde la sugerían los rayos X. Sí ahora pudiera explicar todo esto en un texto que tenga sentido, con gráficas fáciles de entender y con suficiente aportación fundamental…

Necesito un té. Mejor aún, una Franziskaner. Dorada y helada.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Opdeit: Me hizo bien la Franziskaner, el jueves de pub y la buena plática con los amigos. Mañana trataré de ponerle orden a todas esas gráficas.

Maravilloso Vista, ¿verdad?

Hace un rato le decía a Moath que en este fin de año había adquirido una nueva laptop, la cual traía Windows Vista preinstalado.

– La verdad, – le dije – creo que Windows Vista no está tan mal. Tú sabes que no soy fanático de Microsoft, pero hasta donde lo he usado, Vista hace el trabajo sin mayores problemas.
– Yo he leído, – replicó – que Vista funciona bien para el uso diario, pero que a la hora de meterse en trabajo en serio, no da el ancho.
– Increíblemente, no tengo quejas todavía. Y tú sabes cómo me quejo de Windows y de tus queridas bloody macs.

Cabe aclarar que la nueva laptop (llamada dms3 por alguna razón) tiene un arranque doble: Vista y OpenSUSE Linux. Tengo años usando Ubuntu, pero esta versión de OpenSUSE está muy bien y la estamos probando. Ambos sistemas coexisten sin problemas y creo que a veces hasta se llevan bien.

Total, llegué a la casa en Hulme y me dispuse a llamar la casa en San Juan del Río usando Skype. Skype y su videoconferencia es una de las pocas razones por las que conservo Windows. Las otras razones tienen que ver con algunas conferencias y revistas que sólo tienen plantillas en Word para sus artículos.

Pero decía yo que entré a la partición de Windows y ¡en la madre!, no entra.

“Windows no puede arrancar porque el archivo c:WindowsSystem32winload32.exe no se encuentra o está corrupto. Intente reinstalar el sistema. Estado de error 0x000000e. Presione cualquier tecla para continuar”

Vi la pantalla negra con cierto hastío. Apenas ayer estaba usando esta madre alegremente y apenas hoy le estaba presumiendo a mi cuate que funcionaba bien. Y hoy sale esto.

Entro a Linux y encuentro que los datos en la partición de Windows ahí están, incluso el archivo que se dice corrupto, pero no prende. Trato de recordar que fue lo último que hice y lo último fue una llamada por Skype. Como la laptop es nueva, todavía no había establecido un punto de restauración y no consigo que arranque a pesar de cambiar/reparar/descargar/mentarle-la-madre y demás operaciones estándares al pinche archivo este. Búsqueda tras búsqueda en Google me repiten que debo tener acceso a una línea de comandos del disco de instalación de Windows y que una vez ahí trate de reparar el arranque.

Pero no tengo un disco de instalación de Windows, en estos días las computadoras vienen con discos de restauración que reformatean el disco duro entero y vuelven a estampar la imagen de fábrica. Pinches discos, ni siquiera me dan chance de jugar con una línea de comandos.

Me pongo a pensar en mis opciones y decido restaurar. Total, son sólo 256 MB de fotos los que no están respaldados. Cuestión de copiarlos desde la partición de Linux, restauramos y ya. Cortamos por lo sano. Si de por sí es un sistema inestable, no quiero dejarlo pior. Y sí, más de una hora después, la máquina ya funciona. Para desahogarme, abro Internet Explorer, accedo al blog y la chingadera no carga bien. Explorer ha terminado de cargar la página, pero con errores. No puedo escribir en WordPress. Unos minutos después ya tengo a la zorra de fuego a mi servicio y puedo contar esta pinche historia pinche. Eso es algo de lo que me dejó la lectura de El complot mongol. Un delicioso redescubrimiento del lenguaje soez.

¡Pinche Windows!

Darth Tradd
Hulme
Manchester, UK

Jet-lag blues

Pensé que había superado el cambio de horario sin muchos problemas. El miércoles y el jueves estuve bien, trabajé (o al menos estuve presente en la oficina) sin sentirme particularmente somnoliento. Estaba gratamente sorprendido de lo bien que me había adaptado sin mucho sufrimiento.

Pero festejé demasiado pronto. El jueves por la noche me di cuenta de que no tenía sueño. Nada de sueño. Decidí acabar de leer Eugénie Grandet. Seguía despierto. Prendí la laptop un rato. Igual. Y no era simplemente que me diera de vueltas en la cama tratando de dormir, tenía prácticamente los ojos como platos y no me sentía cansado. La una. Las dos. ¡Las tres! !Y mi mujer no salía! […] Y mira como baila, jacarandosa…  Y mira como goza, jacarandosa…

Ah, y se me olvidaba. Tenía junta a las 10 con un doctor que bien puede ser mi sinodal interno. No quería llegar desvelado, pero simplemente no podía dormir. Para las cuatro empecé a temer que pasaría la noche sin dormir. A las cinco decidí que si no conseguía dormirme antes de las 6 y media, me levantaría y me iría a la oficina. Finalmente me quedé dormido a eso de las 6 y cuarto. A las 8 ya estaba de pie, luchando por no dormirme mientras me bañaba. La reunión pasó sin mayores contratiempos y me pasé el resto del día combatiendo al sueño sin tomar café ni nada similar.

MP se apareció por la oficina y me dijo que parecía que todavía estaba en México, a juzgar por mi cara. Alcancé a hacer una mueca y le dije que no había dormido nada la noche anteriorr. Su respuesta fue que tendríamos junta este lunes, así que me recomendaba dormir bien el fin de semana.

Y aquí estoy, de regreso en la oficina tras haber prácticamente hibernado el fin de semana. Ahora sí se acabaron las vacaciones, hay que retomar el trabajo y concentrarse en éste, al que he decidido llamar el año ye. Las razones en el próximo post.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

Ya llegué

El viaje transcurrió sin mayores pormenores. Lo más rescatable fue que me dieron un upgrade a World Bussiness Class y ahora sí viajé con estilo. La membresía tiene sus privilegios, sin duda alguna. Manchester me recibió frío y lluvioso, pero no eso no me ha puesto triste. Este va a ser un año importante, lleno de decisiones y hay que encararlo con una sonrisa.

Darth Tradd
(De vuelta en) Hulme
Manchester, UK

Se acabaron las vacaciones.

Estoy contento de regresar, pero no estoy contento de irme. Terminé estas vacaciones con una sonrisa en la cara a pesar de todo. Gracias a todos mis amigos y familiares que colmaron de alegrías estas vacaciones tan extrañas. Mañana por la noche emprendo el largo viaje de regreso a Hulme. Veremos que nos depara este nuevo año.

Darth Tradd
San Juan del Río, Qro.
México

Dales, Señor, el descanso eterno…

Adriana me advirtió justo después de darme las sábanas para el colchón inflable:

– Si te llegan a espantar, no grites. Eso los alborota más.
– ¿Espantar?
– Sí, mi mamá dice que la casa tiene sus espíritus. A mucha gente la han espantado.
– ¿En serio? – dije burlón. – ¿A ti qué te ha pasado?
– He sentido un escalofrío terrible al subir por la escalera.
– Uy, que miedo – respondí con una sonrisa.

Mi amiga, como suele hacer con una gracia que me encanta, se rió de mí. Se llevó a su gato a su cuarto y se encerró con él. Yo me quedé despierto al menos una hora más, pues había encontrado en su bien surtida biblioteca un libro de “Boogie, el aceitoso”. Cuando por fin terminé de disfrutar su lectura (Fontanarrosa era un genio) me tendí boca arriba sobre el colchón y me puse a ver con detalle el departamento. Según mi escaso conocimiento de la arquitectura mexicana, debió haber sido construido en algún momento entre el fin del Porfiriato y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. “En los treintas”, decidí. “Eso indica que los espíritus tal vez sean pachucos o actores de carpa. Con suerte y hasta son rumberas de buena pierna.”

A eso de la medianoche, el sonido de uñas rasguñando madera me despertó. Después de un par de minutos, entendí que el gato luchaba por salir del cuarto de Adriana. Doce y cuarto lo consiguió y pasó haciendo a un lado mi pie como si nada. Vi su silueta recortada contra la ventana que dejaba pasar un poco de luz de la calle. Al rato, una multitud de gatos en celo rondaban la casa y pensé que eso es lo que había oído la gente que se quejaba de aparecidos. ¡Carajos gatos! Menuda orgía se traían esa noche.

Me dio un poco de frío y además el colchón inflable, como suelen hacerlo todos, se desinflaba. A las tres y algo de la mañana, llegó un mensaje al celular de mi amiga, el cual me despertó. Me acomodé lo mejor que pude para volverme a dormir, a pesar del frío y de la falta de aire en el colchón. Eso sí, los gatos ya no hacían ruido. Me envolví entre las sábanas y procuré no roncar.

Estaba dormido otra vez cuando sentí que alguien estaba acostado a mi lado. Temblaba y dejaba escapar un hilo de voz lastimero, quebrado y femenino. Sentía que forcejeaba, como tratando de liberarse de algo o tal vez temblaba de frío. Quería ayudarle, pero yo mismo tenía problemas con las sábanas que se habían enredado en mi cuello. Su voz sonaba muy parecida a la de Adriana y yo no podía liberarme. El pataleo aumentaba en intensidad y los gemidos, sollozos o lo que sea que hayan sido eran apremiantes. No encontraba la forma de quitarme las sábanas del cuello (que se apretaban cada vez más) y darme la vuelta para abrazarla y calmarla.

Finalmente desperté y, por supuesto, no había nadie junto a mí. Sin embargo, no estaba asustado. Mi corazón ni siquiera se aceleró. No tenía miedo: sólo estaba extrañado de no encontrar a la chica junto a mí. La estancia estaba vacía y silenciosa. A través de la ventana un gato me miraba con curiosidad.

Aún confundido, recordé los consejos de Guille: “Rézale a las ánimas benditas del purgatorio. Recuerda que no tienen quién les rece. Y si escuchas ruidos raros, golpeteos bajo la mesa, susurros al oído o cosas así, diles que si siguen chingando se quedan sin sus oraciones y a ver quién carajos reza por ellos.” Musité, salido de algún lugar de mi memoria: “Si por tu sangre preciosa, Señor, les has redimido, que les perdones te pido por tu pasión dolorosa. Dales, Señor, el descanso eterno. Y luzca para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Así sea. Y si siguen dando lata, se pueden ir a chingar a su madre.”

Dormí profundamente el resto de la madrugada.

Darth Tradd
San Juan del Río, Qro.
México

Un respiro

En medio de todo el caos que han sido estas vacaciones, ayer fue un buen día. Fui al panteón a visitar la tumba de Chelito y la verdad me hizo bien estar ahí y platicar con mi abuelita. Los cementerios tienen un aire especial, nunca me ha parecido que huelan a muerte, sino a pasado. A pesar de todo, al ver la tumba del niño que murió a los 14 años tras haber sido salvajemente golpeado por otro un poco más grande que él, no pude evitar que se me llenaran los ojos de lágrimas. Su familia donó todos sus órganos útiles, siguiendo los deseos de su hijo.

Por la tarde, cuando ya estábamos en la casa. Dos de mis tías fueron a visitarnos. Nos llevaron pan y enormes sonrisas. Las ganas de vivir de la más grande de ellas siempre me han impresionado. Se puso a contarme, a través de su rostro cansado pero alegre, cuánta gente se ha muerto cerca de su casa. “Yo nada más me voy agachando”, me dijo. Me reí al imaginarla esquivando ágilmente a la huesuda. Su alegría es increíble, desbordante, contagiosa… buena, en una sola palabra.

Decidimos salir a comer, pero mi otra tía tenía algo de frío. Subí con mi mamá a buscarle un suéter y, entonces, apareció un chaleco rojo. Un chaleco antiguo, con los ojales resistiéndose a ceder por unos cuantos hilos. Lo reconocí al instante: “Es el chaleco de Chelito”, le dije a mi mamá. Sentí su textura, vi con más atención esos ojales viejos y, acercándomelo a la cara, aspiré su aroma. “Todavía huele a ella”, suspiré.

Disfruté mucho esa tarde.

Darth Tradd
San Juan del Río, Qro.
México