Three blind mice

Hoy tuvimos un curso para mejorar nuestras habilidades para engatusar a la gente. Como les he contado antes, mi asesor organiza exhibiciones sobre ciencia de materiales y está preocupado porque piensa que el lenguaje que utilizamos no es el correcto para la difusión de la ciencia. No es que les hablemos a mentadas, es que asegún que somos muy técnicos.

El asunto es que trajo a este par de instructores de la compañía Science is easy o algo así para que nos enseñaran el sutil arte de bajar el nivel de nuestro lenguaje sin parecer estúpidos. Nosotros, no los instructores. La verdad nos dieron buenas ideas y algunos de los ejercicios estuvieron muy divertidos. En uno de ellos, nos dieron varias rimas infantiles y nos pidieron que les hiciéramos un titular que ayudara a venderlas. A mi grupo le tocó la sanguinaria canción infantil Three blind mice, que dice así:

Three blind mice, three blind mice,

See how they run, see how they run,

They all ran after the farmer’s wife,

Who cut off their tails with a carving knife,

Did you ever see such a thing in your life,

As three blind mice?

(Tres ratones ciegos, tres ratones ciegos.

Míralos correr, míralos correr,

huyen de la esposa del granjero

que les cortó sus colas con un cuchillo cebollero [filetero, pues, pero suena mejor cebollero en español]

¿Alguna vez en tu vida has visto algo tan raro,

como tres ratones ciegos?)

¿Cuál fue el titular que sugerimos?

Psychotic woman mutilates inocent rodents

Three sight-impaired brothers flee from the carnage

(Titular versión Alarma:

Vieja loca mutila a tres pobres ratas.

Pierden colas en sanguinario ataque.)

Hubiéramos ganado si no hubieran salido los mojigatos que hay en todo grupo y nos acusaran de amarillismo y promover la crueldad hacia los animales. Como si la rima la hubiéramos hecho nosotros.

Canción original por si alguno la quiere conocer:

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Whatchamacallit?

Acabo de regresar de la chino-cáscara, que por fin se reanudó después de casi un mes en que no íbamos. Para desquitar, rentamos dos horas la cancha. Ahora que ya estoy a punto de irme a dormir y me duele todo, me pregunto si fue buena idea.

Hoy me puse a pensar que después de casi tres años no me sé el nombre de casi ninguno de los chinos que van a jugar, pero los identifico a todos. ¿Cómo hacerle para identificarlos? Ni modo que diga: el güey de los ojos jalados. Eso me recuerda a un profe en la secundaria que hizo una pregunta a un alumno en particular: ¡Ã‰se del suéter verde!

Ah, pero estaba yo con los chinos. Conozco por nombre sólo a 3: Wei, Lei y Matthew. Sí, es chino, pero así le gusta que le digan. De todos los demás (unos 7) desconozco el nombre. ¿Por qué? Porque la neta se hablan entre ellos en mandarín y no me juntan. Sólo me hablan lo indispensable. No es que sean mala onda, pero digamos que nunca van a triunfar en sociedad. A falta de nombres hice la típica mexicanada: Les puse apodos a todos.

El Ganchitos: Este güey no se sabe otro tiro. Siempre de medio gancho izquierdo. Se acomoda, medio gira y tira. Fuera de eso, es muy bueno bajando rebotes.

El Sonrisas: Obviamente, siempre se está riendo. Así anote, falle, la riegue o simplemente pida un pase. Pura pinche risa.

El Topo: El buen Topo es fácil, la cara lo delata. Además, siempre lleva la misma playera azul, así que es como el topo azul. Fácil de identificar en los cortes al aro.

El Ojitos: Parecería imbécil ponerle el Ojitos a un chino, pero es que a este cuate de plano no le pusieron ojos. Para colmo, cuando apunta antes de tirar al aro, los frunce todavía más. Hasta eso, es buen tirador.

El Tito: Este cabrón es muy bueno jugando. Entrenó con la selección de su estado y se nota. Lo cierto es que se parece mucho a un cuate mío de ese nombre. Así no hay pierde.

Los Brenan: Estos dos son recientes, al igual que el Topo. Sólo tienen unos tres meses jugando con nosotros. Llegaron muy payasitos a jugar, pero últimamente se han civilizado. Se parecen mucho, tanto físicamente como en juego. Siempre va uno de blanco y otro de negro, supongo que para facilitarme mis notas mentales.

El yo me la chingo: Este es el Matthew, antes de que me aprendiera su nombre. Básicamente su juego es pasársela al aro. Hasta eso tira bien, pero es desesperante jugar con él.

El hindú: Si, hay otro prietito en el arroz. Este hindú es amigo del ojitos y nunca había jugado antes. Lei abusa de él y cada que puede le da de madrazos. No tiene nada de juego y se encabresta a la primera.

Y, a todo esto, ¿cómo me dicen a mí?, se preguntarán ustedes. Digamos que igual que mis alumnos en los tutoriales: Franchesco, Fransisco y hasta Francis. Lo que nunca es sabido es que me dicen cuando hablan en mandarín y se botan de la risa cuando me señalan. Prefiero no saber.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Back to basics

Tengo muchos años de no usar un lápiz para escribir. Si recuerdo bien, empecé a usar portaminas desde que estaba en quinto o tal vez sexto de primaria. Eso tiene, al menos, veinte años. Los lápices amarillos con gomita roja me desesperaban. Eran sucios, había que estarles sacando punta a cada rato y además la pintura amarilla seguro tenía plomo. Así que comencé a usar portaminas y me aficioné a un modelo en particular, el Rotring Tikki. Tuve al menos 6 de esos portaminas. Muy buenos, ligeros y confiables.

Una de las razones por las que dejé de usar lápiz fue un accidente que tuve en cuarto año. En aquel tiempo, ya era reconocido como un alumno aplicado según el habla de aquellos días. Mis compañeros, hasta eso, me apoyaban bastante, sin hacerme la guerra. Recuerdo que a veces la maestra daba el resultado de alguna operación aritmética y no faltaba el que me codeara y me preguntara: ¿Sí es cierto, Paquito? (Así me decían, pues)

Resulta pues que en una ocasión estábamos contestando un cuestionario, creo que de confusión opción múltiple. De repente me vi rodeado por unos 6 o tal 8 de mis compañeros que, cada que contestaban una pregunta, volteaban a preguntarme: Paquito, ¿la ocho es la a? ¿Qué pusites en la 9? ¿Qué pagina era? ¿Te dicto mis respuestas y me dices si están bien? La maestra no estaba y todos mis cuates me rodeaban como abejas, sin darme un minuto de respiro. Así siguieron, desesperándome, hasta que reventé y les grité: ¡Déjenme en paz! ¡Contesten ustedes solos! O algo así, yo no era tan grosero en esos días.

Mientras gritaba le di un golpe a mi palma izquierda. Un golpe mal dado, con la base del puño. Un puño mal formado, con mis dedos rodeando a mi pulgar y a un lápiz con la punta hacia abajo. La punta del lápiz se me clavó en la mano y todavía hice la burrada de no retirar el puño hacia arriba, sino hacia un lado. Un buen pedazo de grafito y cerámica se me quedó atorado en la mano. Mis amigos recularon un poco, viendo que me había clavado el lápiz e inmediatamente volvieron a la carga. Bastards.

Dos días después (porque no dije nada al llegar a la casa), mi mamá me sacó esa mina de la palma de la mano y cubrió la herida con merthiolate rojo. A mí siempre me gustó el merthiolate rojo, hacia que una raspadura sin chiste se convirtiera en una herida heroica. La herida sanó, pero yo siempre me quedé con un cierto resentimiento hacia los lápices, aunque la culpa haya sido mía.

20 años después, aquí en Manchester me compré un portaminas Staedtler para hacer los cálculos, anotar recados y hacer borradores de pendejadas varias. Y, por supuesto, desapareció de mi escritorio. Nuevamente, bastards.

Hace un mes le estaba pidiendo ayuda al Profesor Morhi y busqué con qué dibujarle un diagrama. El me acercó un lápiz y me dijo cortésmente: Try this. Japanese pencil. Best in the world. Mjhm. Acabé de dibujarle el diagrama y él me explicó perfectamente lo que yo no podía entender en un principio. Al final, me regaló el lápiz y me dijo que me traería más de Japón.

La semana pasada, me trajo una caja de lápices. Matured Mitsu-Bishi 9800, dureza B, para escritura general dice la caja. Maldita sea, tal vez es que tengo mucho de no usar lápices o a lo mejor sí son buenos los condenados, pero es una delicia escribir con ellos. El Profesor todavía fue tan amable como para reglarme un sacapuntas y una goma Tombow. The best pencil must be erased with the best eraser, me dijo.

Volver a usar lápices tiene sus ventajas. Son menos codiciados que los portaminas, el sacarles punta es una buena forma de perder el tiempo y además el olor a madera (en particular estos Mitsu-Bishi) que despiden es agradable, incluso relajante. Ahora sólo tengo que asegurarme que la próxima vez que alguien me desespere con sus burradas, la el lápiz apunte hacia ellos y no hacía mí.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

Heresy

Sí, ése es Microsoft Office corriendo (vía Wine) sobre SDC-LinuxDellLaptop, mi computadora en la oficina. Nótese que hasta el icono del “Customer experience improvement program” está en la barra de tareas. Alguna vez dije que si había un programa que extrañaba de Windows, era Excel. A Word siempre lo he detestado, pero por acá todo mundo usa sus herramientas de colaboración y OpenOffice suele hacerse bolas con esa característica. PowerPoint también está jalando, aunque con sus detalles.

Me he pasado al lado obscuro de la fuerza.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

Para compensar

Después de que mis queridos lectores se quejaran del post de Dyson y Satié, unos que porque muy romántico y vomitivo, otros que muy elevado, otros que por que qué chingados es eso y otros más que porque la nueva plantilla les causa dolor de cabeza, procedo a publicar algo que creo que me parece es opuesto a dicha entrada.

Si al lector le queda un poco de aire después de leer el enunciado anterior, déjeme contarle que la BBC tiene una larga tradición de presentar historias extrañas, aburdas y a veces hasta divertidas. Ayer me llamó la atención la historia de la impoluta puerquita Ceniza o, como dirían los británicos Cinders, the pristine piglet.

De acuerdo a la BBC, la jabata en cuestión nació con un miedo terrible al lodo. Mientras sus hermanos salían alegremente a empuercarse, la Ceniza se quedaba triste y sola en un rincón, incapaz de superar la repulsión que el fango le causaba.

Una puerca a la que no le gusta enlodarse (léase con aire incrédulo y a la mitad de la velocidad normal.)  Esa sí es una señal del fin del mundo. Después de leer esa noticia, esperaba que mañana, a hora temprana, empezara a llover fuego del cielo o granizo mezclado con sangre o algo peor. Afortunadamente, los hábiles granjeros de Thirsk, en North Yorkshire, encontraron la solución gracias a la cual la lluvia no fue apocalíptica:

Cenizas

Así es, le pusieron unas botitas de hule (Wellingtons o Wellies como les dicen por acá), y con eso la puerca superó su miedo al lodo. Ahora vive feliz pues ya no se llena sus gentiles pezuñitas del desagradable material. Incluso hay un video de ella retozando alegremente en su granja, justo en esta liga, donde también pueden encontrar más información al respecto.

De verdad, si alguien me puede explicar cómo es que esta información llegó a ser noticia importante en el sitio de la BBC, se lo agradecería mucho. Me permito dudar de que la puerca en realidad le tuviera miedo al lodo en primer lugar. A lo mejor sólo se le enfriaban las patas.

En fin, como remate le dedico a Ceniza, la puerca con botas, esta canción infantil que me traumatizó un poco cuando era niño.

Este era un puerquito chiquito y bonito

que andando paseando por á’i se perdió.

Y un niño travieso con su cuchillito

lo halló dormidito y ¡paz! lo mató.

Y luego en el rabo le ató un mecatito,

subió en su caballo muy flaco y trotón.

Y al ir arrastrando al pobre cochino,

así iba cantando con su bandoneón:

Las tripas las quiero para longaniza.

las piernas son buenas para hacer jamón,

costillas y lomo para las carnitas

y el cuero lo quiero para chicharrón.

Cochino, chin chino, chino chino chón,

con tus gordas lonjas voy a hacer tocino

¡y el cuero lo quiero para chicharrón!

(¿Un niño con un cuchillo? Seguro era scally de Moss Side o de Long Sight.)

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

De Dyson a Satie

Hace algunos años, mi papá y yo caminábamos por una tienda-almacén, después de habernos quedado un buen rato viendo los generadores eléctricos a gasolina y prometiendo que la próxima vez compraríamos uno. Decía pues que caminábamos por la tienda y llegamos a la sección de libros, revistas y cedés. Ahí me llamó la atención un libro gordo que mostraba en su portada interesante y pomposo título: La cultura, todo lo que hay que saber.

La verdad es que no pude comprender cómo alguien podría presumir de resumir todo lo que hay que saber sobre la cultura en un libro de 704 páginas. ¿Todo lo que hay que saber? Tal vez su definición de cultura es el problema. O tal vez simplemente el traductor (el autor es alemán) se emocionó y le puso ese título. Lo cierto es que dudo que alguien pueda decir: Sé todo lo que hay que saber

Además, saberlo todo debe ser bastante aburrido. Es muy divertido descubrir algo nuevo, aprender sobre un compositor, un escritor, un científico que nos era desconocido. Es delicioso volcar toda la atención en ese detalle que desconocíamos, con ese placer infantil que da el descubrimiento. Ese placer que generalmente desaparece con los años y cuya desaparición nos hace envejecer. Y no digo que sólo aparezca en actividades culturales, por así llamarles. ¿No es también delicioso aprender nuevas rutas al caminar, por ejemplo? Al carajo con el síndrome del producto terminado, admitamos que siempre nos faltará un mundo por descubrir.

Pero, como siempre, divago. El mes pasado descubrí a dos personajes y sus obras me han impactado. El primero es Freeman Dyson, discípulo del más famoso Richard Feynman (quien a su vez fue discípulo de Manuel Sandoval Vallarta). Tras leer algo de Dyson en la red, me hice de un libro, The scientist as rebel. He disfrutado mucho leyéndolo. Va una cita al azar:

Son necesarios herejes que cuestionen los dogmas… Estoy orgulloso de ser un hereje. El mundo necesita herejes que critiquen las opiniones ortodoxas prevalecientes

Pero Dyson no se limita a los herejes religiosos. De hecho, también se refiere a la necesidad que tiene la ciencia de contar con voces que se opongan al sistema establecido. De hecho, en cuestiones de ciencia y fe, toma una posición media:

La ciencia y la religión son dos ventanas a través de las cuales la gente mira, tratando de entender el gran universo allá afuera, tratando de entender por qué estamos aquí. Las dos ventanas nos dan vistas diferentes, pero miran al mismo universo. Ambas vistas son unilaterales, ninguna es completa. Ambas dejan fuera características esenciales del mundo real. Y ambas son dignas de respeto.

Voy a la mitad del libro y sigo disfrutándolo bastante. Luego les cuento qué más encuentro.

El segundo personaje es Erik Satié. He leído un poco de su vida en la Wikipedia y en otros lados, sin duda un hombre excéntrico y genial. Pero, parafraseando a Durero, su música lo retrata mejor.

La Gimnopedie No. 1 me parece excelente para los días de lluvia aquí en Manchester. Es una melodía simple con aire melancólico, como para sentarse a ver la lluvia detrás de la ventana.

La Gnosienne No. 1 también me gusta mucho. Me hace pensar en tardes de pub, cuando no hay mucho qué contar y sí mucho que beber.

Y por ahora, basta. Creo que este post quedó bastante raro, fragmentado, algo largo y con demasiadas citas. Creo que necesito irme a dormir.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

¡Pinche vida injusta!

Así se expresaba un amigo mío que conocí en Celaya, al que le decíamos el skin, dado que tenía un caso muy grave de acné. Cuando le entraba la melancolía de ver que a la gente que trabajaba menos le iba mejor que a él, solía ir por una caguama. La sostenía del cuello con una mano y de la base con la otra y se la tomaba a traguitos. Entre trago y trago, sólo decía “Pinche vida injusta.” La frase se hizo tristemente célebre en aquellos días en que hacía la maestría.

Hoy vamos a despedir a un amigo que no pudo hacer su doctorado aquí. No porque no pudiera, sino porque no lo dejaron. AK es iraní. Hizo aquí su maestría y decidió quedarse a seguir con un proyecto doctoral que involucraba trabajar con Titanio. Estaba a punto de solicitar su visa de estudiante cuando la Universidad le sugirió utilizar un esquema distinto. En este esquema, la visa era un poco mejor que la de estudiante, dándole algunos privilegios adicionales. El problema era que necesitaba presentar un anteproyecto de su doctorado.

AK así lo hizo y mandó su solicitud. Empezó a trabajar en el grupo y pronto se ganó fama de ser muy dedicado. Hizo progresos importantes y todo parecía sonreírle. Y entonces le llegó un correo de la Home Office que le truncó sus planes.

En el correo le explicaban, muy cortésmente, que el Titanio era un material clave para el Reino Unido y que él, al ser ciudadano de un país que no simpatizaba con la corona británica, no debería tener acceso a investigarlo. Durante varios meses, AK apeló, apeló y apeló hasta que el verbo perdió la a y ganó el se la.

Después de perder la última apelación, la Home Office le dio una fecha para retirarse del suelo británico, el próximo domingo. Para colmo, en Irán le esperan 3 años de servicio en el ejército. En una ocasión AK me dijo, muy molesto, que lo peor es que él ni siquiera era musulmán. “Me rechazan por el fundamentalismo islámico” – me dijo aguantándose el coraje – “y toda mi familia, yo incluído, somos ateos.”

Como dijo el skin, ¡pinche vida injusta!

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

Remolino

Es oficial, me autocensuro. La semana pasada me acordé, por alguna razón, de una vez en que una chava con la que estuve saliendo se puso a cantarme Remolino de Francisco Céspedes a la mitad de una boda. No, no de mi boda, que todavía sigo soltero, vive Dios. Déjenme explicar un poco al respecto: Ella y yo tuvimos nuestros queveres, pero para ese entonces ya estábamos separados. Por intervención de la persona que nos invitó, quien parecía tener un cierto interés en que la chica (Katy, para ponerle nombre) y yo estuviéramos juntos, compartimos una mesa.

Los comensales (¿comen sales? ¡30 años y sigo siendo un autor fracasado!) ahí reunidos eran, como suele pasar en las bodas, de lo más variado. Había por ahí un señor con cara de menso que se esforzaba en comprobar, a través de sus palabras, que no nada más era la cara. Iba él con su esposa, su hija y el novio de su hija. Y si bien la familia no compartía las características de la cara del señor este, sí tenían una conversación igual o más intrascendente.

Olvidaba decir algo importante, Katy cantaba. Y cantaba muy bien. Carajo, me acuerda de cuando se ponía a cantarme en japonés y me dan ganas de llamarle. Pero no, no es para tanto. El asunto es que la habían invitado para que amenazara amenizara con un par de canciones antes de la cena. En algún momento se levantó y se adueñó del escenario. Mientras cantaba, el tipo con cara de menso me seguía contando que sin él, Querétaro prácticamente no existiría. Katy llegó entonces al estribillo de la mencionada canción de Céspedes.

Tu amor es como un río que baña el cuerpo

Es como un remolino que va creciendo.

Tu amor es el perfume que trajo el viento.

Si te vas a marchar, llévate antes mi cuerpo.

¿Cómo dijo? Mi vecino repitió: “Le decía que compré unos terrenos bien baratos en Vista Larga…” No, imbécil. ¿Cómo dijo ella?

Tu amor es el perfume que trajo el viento.

Si te vas a marchar, llévate antes mi cuerpo.

Katy insistió con el coro y yo sentía que toda la gente me volteaba a ver. Me estaba cantando a mí nada más y me lo confirmó cuando regresó a la mesa y me dijo, poniendo su mano sobre mi muslo, ¿Te gusto tu canción?

Y hasta ahí, de eso me acordé el otro día. Y lo recordé con cariño, pues es una de esas experiencias que me hacen sonreír y, la verdad, sentirme bien. Así que me puse a escribir un texto salpicado de la canción en cuestión e incluso un par de versos de Neruda, pues a la Katy le gustaba usar boinas y salió a colación la boina gris en el último otoño. Le di los toques finales (al texto, que quede claro) y lo leí.

– No me chingues, -me dije a mí mismo- esto parece una mala copia de una novelita rosa de Corín Tellado. ¡Qué mal escrito está! Y lo que es peor, sé quién es Corín Tellado.

Y el cuento se fue al cuarto de los borradores destinados a no publicarse.

Ya Grimalkin me ha dicho más de una vez que me autocensuro demasiado. Pero te aseguro, mi querida amiga, que el texto era muy muy malo. No es que éste sea mucho mejor, pero el otro sí daba pena.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK