Let’s call it quits

Cuando era niño lloraba de cualquier cosa. Lloraba si me caía, lloraba si alguien me hacía una broma que me hacía quedar en ridículo, lloraba si el chiste que contaba no era gracioso y lloraba aún más si me decían que no llorara.  A veces me decían que lloraba de sentimiento, porque tenía corazón de pollo y era macho chillón. Ya saben qué tan alegórico puede ser el español mexicano. Para colmo, era increíblemente tímido. Mi papá me decía que le dijera a la señora de los buñuelos que quería otro y yo no podía superar la timidez para decirle: Seño’, ¿me da otro buñuelo con mucha miel, por favor? Como puede verse, tenía una peÅ›ima combinación: tímido y delicado al punto de ser llorón.

Todo esto cambió cuando empecé a jugar básquetbol. El deporte me desinhibió y me dio mucha más seguridad en mí mismo. Además, uno tiene que templarse para aguantar los balonazos, torcidas de tobillos y dedos tronchados.

A lo largo de estos 15 ó 16 años en que he practicado este deporte de manera más o menos regular, me ha pasado de todo. Me zafaron de un codazo la articulación de la mandíbula (y hasta la fecha sigue floja, basta un bostezo demasiado fuerte para que se salga). Me desgarré la parte posterior del muslo izquierdo.  Mi hueso sesamoideo del pie derecho se inflamó una vez a tal punto que no podía caminar por las mañanas. Se me han caído dos uñas a raíz de sendos pisotones. Mis rodillas están madreadísimas y no puedo jugar sin usar un soporte ortopédico. En los partidos suelo terminar con todo tipo de razguños y moretones en los brazos, producto de pelear el rebote con postes diez centímetros más altos que yo. Uno de esos razguños me arrancó un buen pedazo de piel del dorso de la mano derecha. Me han dado golpes tales que he sentido como las piernas se me hacen de atole, pero he conseguido mantenerme en pie. El más gracioso de estos golpes fue uno que me destanteó tanto que me hizo decir: me diste exactamente en el arco superciliar. Recuerdo que no podíamos dejar de reirnos.

Y a pesar de todo eso, nunca he dejado de jugar básquet. No sólo eso, he soportado la mayoría de esos golpes con una sonrisa. Como dije alguna vez, es una de las actividades que más disfruto. Es cierto, nunca haber sido un gran jugador, pero tengo algo de  experiencia y, sin afán de echarme más flores, puedo decir que sé jugar. Es por eso que ahora me resulta difícil admitir que me voy a tomar un largo descanso (tal vez definitivo) de tal actividad.

Hace un par de semanas, justo cuando estaba a la mitad de la escritura de la tesis, me invitaron a los entrenamientos del equipo de la sociedad mexicana en Manchester, del cual platicaba el año pasado. Durante la cáscara, al ir por un balón, alguien corrió como pollo (con los brazos abiertos) y su puño se impactó directamente en mi ojo derecho. Literalmente en mi ojo derecho, sin que el pómulo, el puente de la nariz o el mentado arco superciliar lo defendieran. Azoté cual res enferma y, lo más preocupante, un velo amarillento me impedía ver con ese ojo.

Me levanté y me salí de la cancha, todavía sin ver con ese ojo. Pensé que mi retina se había desprendido y estaba a punto de pedir que me acompañaran al hospital cuando me di cuenta que poco a poco recuperaba la vista. En un par de minutos estaba completamente recuperada y me relajé. Esa noche, sin embargo, al ir de regreso a la casa noté una zona con forma de menisco en el área inferior de mi vista que seguía siendo amarilla. Pensé que una parte de mi retina se había desprendido, así que hice cita de urgencia con el optometrista.

Al día siguiente le expliqué a dicho optometrista mis temores sobre mi retina. Procedió a aplicarme unas gotas que dilataron mis pupilas hasta el punto en que no podía ni enfocar. Una vez conseguida esa dilatación, revisó con cuidado ambos ojos con un retinoscopio. ¿Su diagnóstico? Sufrí un desprendimiento parcial posterior del humor vítreo. “Tuviste suerte, ” – me dijo el especialista – ” a veces el humor vítreo se trae la retina al desprenderse y eso requiere una intervención de urgencia. No te preocupes, tu retina está intacta. Tu humor vítreo está ligeramente desprendido en la parte superior, pero no requiere de más cuidado por el momento. En unos meses, sin embargo, hay que volver a evaluar la integridad de tu retina.”

Después de un par de días, el menisco amarillo desapareció y la hipersensibilidad a la luz también. Eso sí, perdí casi una semana de escritura de la tesis porque no podía estar frente al monitor por más de una hora. Y claro, ahora simplemente no quiero arriesgarme a que mi destina se desprenda por un golpe mal dado en el básquet. Así que ni modo, ahí muere. A mis casi 32 años he jugado lo que podía jugar y necesito más mis ojos que el placer de jugar básquet. Snif…

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Las hormigas en Francia caminan con elegancia

Decía en el post anterior que me iba a dar el tiempo para contarles sobre el show aéreo de Southport. Sin embargo, mi jefe tenía otros planes. Se le ocurrió que mientras espero mi examen de grado, podría ir a ayudarle a una compañera a hacer unos experimentos en la Francia. En particular, se trataba de hacer mediciones de esfuerzos residuales en el instrumento imaginativamente llamado Salsa, que según son las siglas en inglés de analizador de deformación para aplicaciones a gran escala. Es un instrumento muy estable y relativamente fácil de usar. Sin embargo, hay que alinear muestras con los “encauzadores” de neutrones, que pueden ser rendijas o “colimadores” (una especie de cuñas que están rellenas de laminillas por las que los neutrones van rebotando). Trabajamos duro, pero no fue un experimento tan pesado como los de radiación sincrotrón que he padecido antes. Estábamos alineando las muestras cuando el fotógrafo oficial del ILL (Instituto Laue-Langevin, que comparte el “polygone scientifique” con el ESRF{European Synchrotron Radiation Facility} y el EMBL {European Molecular Biology Laboratory}) dijo que quería sacar unas fotos para el anuario. Nos dijo que actúaramos normalmente mientras él tomaba las fotos con resultados desastrosos:
Según que alineando la muestra y las rendijas pa'los neutrones. Nótese que ya me corté el pelo y me afeité.

Según que alineando la muestra y las rendijas pa'los neutrones. Nótese que ya me corté el pelo y me afeité.

El principal problema de este experimento fue, al menos para mí, que ahora no alcancé cuarto en la guesthouse del polygone scientifique y me mandaron al horrible aparthotel Marie Curie. Si alguna vez visitan Grenoble, eviten dicho hotel como la peste. ¡En vez de camas tiene sillones-cama convertibles! Para colmo, tenía que caminar 25 minutos todos los días para llegar al ILL. En la noche (a eso de la una de la mañana), estaba demasiado cansado como para caminar y les pedía a los guardias que llamaran un taxi. Curiosamente, en la última noche el chofer era un tipo igualito a John Goodman, el que hizo de Pedro Picapiedra en aquella malísima película de los años noventa. El buen Pedro Picapiedra intentó platicar conmigo en francés, lo cual no llevó a nada, como es de suponerse. Sin embargo, al llegar al malhadado hotel dijo algo que sí entendí:

Vous êtes américain?

Por lo cual me sentí altamente ofendido y respondí algo que sonó a: Mais no! Je suis mexicain! El taxista respondió diciendo varias cosas de las que se acordaba de México, supongo, pero lo único que le entendí fue Aztec! Aztec! Le contesté mi aversión de: Oui, oui. Aztec. Bonne nuit y me largué a dormir.

En todos estos años, la gente me ha dicho que parezco paquistaní, hindú, italiano (aunque no lo crean) y hasta colombiano. Pero jamás me habían dicho que si era estadounidense. Condenado Fred Pierrafeu, encima de todo me cobró 10 euros.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

De regreso al mundo real

¿Alguien se acuerda de cuando dije que estaba en el tedioso proceso de hacerle correcciones a mi tesis? (Si alguien no se acuerda, nada más revise la entrada anterior a ésta) Pues bien, el proceso de las correcciones no es solamente tedioso, es realmente fatigante. Todavía una semana antes de que entregara, tuve una reunión con mis asesores en donde me recomendaron encarecidamente que abundara en la descripción de la deformación integranular y la interfasial (interfasial porque ocurre entre las dos fases del material, no entre caras). Mucho trabajo, poco descanso y demasiado encierro, me tenían con esta cara hacia el final, el jueves 24 de octubre.

Usese para espantar ratones

Mi aspecto justo antes de entregar la tesis; úsese para espantar ratones

Como puede verse, tenía la greña larga y revuelta como caballo de agrarista y las barbas sin remojar ni afeitar. Sin embargo, he de admitir que me sentía bien. Muy cansado, es cierto, pero bastante feliz de terminar. Al final, el mamotreto terminó bastante gordo, con un total de 280 páginas y pora’í de 65,000 palabras. Me lancé a imprimir el jueves por la tarde y ya no me dio tiempo de ir a empastar, así que me relajé y traté de dormir.

Al día siguiente corregí un par de cosas de último minuto y me dirigí felizmente a empastar las dos copias dos que exige la Uni. Mientras el confiable servicio exprés de la biblioteca Joule las empastaba, yo corría de un banco a otro, ora a pagar la renta, ora a depositar dinero en mi cuenta corriente, ora a sacar dinero para comer, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae.

(Aquí cabe hacer una aclaración, las dos copias de la tesis se entregan a la oficina de graduados (aunque debería llamarse de graduandos) y ellos se encargan de hacerlas llegar a los dos sinodales: uno interno y otro externo. Estas copias llevan un empastado sencillo, con pastas blandas y lomo pegado, pero sin coser. Eso sí, el nombre de la víctima candidato doctoral va con letras doradas en el lomo de la tesis.)

Tras recetarme un desayuno tradicional inglés, regresé por las dos copias a la biblioteca y me dirigí a la oficina de graduados la cual, afortunadamente, está en el mismo edificio. Recuerdo que cuando llegué y me mandaron a esa oficina anduve deambulando unos 15 minutos porque es un auténtico laberinto. Claro está, ahora me conozco sus tripas y llegué sin mayor problema a la oficina antedicha.

– ¡Hola! – dije yo – Quisiera entregar mi tesis, por favor.

– Mjhm – asintió la encargada. – ¿Entregaste tu aviso de entrega con mes y medio de anticipación?

– Sip.

– Ah, ok. Un minuto.

Tecleó algo en su computadora, selló mis tesis de recibido y me dio un recibito rosa del tamaño de una tarjeta de visita (sí, el tamaño que sigue de las de presentación. Creo que es como de 10×6 cm).  El recibito rosa dice: La facultad de ingeniería y ciencias físicas de la Uni de Manchester recibió de FGP 2 copias de la tesis para el grado de doctor. Fecha y firma de la asistente del director de posgrado.

– ¿Es todo?

– Sí, es todo. Gracias.

Y así, de manera algo decepcionante, entregué la tesis. No hubo fanfarria, ramo de flores, foto para el recuerdo, foto para la página de sociales, ni nada de eso. Vaya, ni siquiera me estrecharon la mano. Regresé con mi recibito rosa (sí, ya lo sueño) a la oficina y tuve que salir casi inmediatamente para el show aéreo de Southport, donde tenía que ayudar en un evento de mi jefe. Pero eso se los cuento mañana.

Finalmente, quiero agradecerle a toda la gente que estuvo al pendiente de mí en estos años. A algunos ya les alcancé a mandar correos y espero ponerme al corriente pronto con los demás. De verdad, su amistad me ayudó a pasar por estos días difíciles.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK