De campamento

… y ponemos las tiendas abajo de las palapas y acá hacemos la fogata.
– ¿Habrá leña cerca?
– Mira, la gente que estuvo antes por aquí dejó un montoncito y ese tronco.
Eran las seis de la tarde, a finales del 2001. Tal vez era el 28 o el 29 de diciembre, no lo recuerdo con claridad.
– Este lugar está poca madre, ¿verdad?
– Sí, nunca pensé estar en un lugar así.
Miré de reojo al Gordito, lo conocía desde que estábamos en la primaria. Tendríamos unos 7 años y solía ir a estudiar a la casa. Por supuesto que estudiábamos media hora y jugábamos el resto de la tarde, hasta que un día un balón de futbol americano rompió un foco de la cochera.
– Yo opino que el Paco ponga las tiendas y lo alejemos de la comida.
– ‘uleros…
Mi amigo Pancho como siempre mantenía el buen humor y, en honor a la verdad, era cierto que yo era el peor preparando comida. Me dispuse entonces a levantar las tiendas de campaña bajo las palapas junto con Beto, un amigo de Wakko que se animó a venir con nosotros. Después de tres días de andar de campamento, hasta los nudos nos salían con más estilo. Beto ensayó un amarre que según le había visto a los de la Comisión Federal de Electricidad y he de admitir que le quedó bien.
Mientras Callejas y Temo luchaban por sacar la hielera del fondo del coche, el Chávez estaba desaparecido.
– ¿Y ese güey?
– Sabe…
– ¡Chávez!
El grito de Pancho resonó en la playita. Estábamos en Tanchachín, en el corazón de la Huasteca Potosina. Era la primera vez que acampábamos todos juntos desde que terminamos la licenciatura.
– ¿¡Qué!? – respondió Chávez.
– ¿Qué chingao’s estás haciendo?
– Explorando…
– Deja de hacerte pendejo y ven a ayudar a prender la lumbre.
Chávez regresó despacio, apagando la cámara de video. Después supimos que era lo que decía mientras filmaba. Inclusó llegó a preguntarle a un pato si era seguro beber el agua del río. Supongo que tantas dramaminas le afectaban más de lo que quería aceptar.
Como buenos exploradores inexpertos llevamos un montón de sopas instantáneas y eso cenamos junto con carne asada, si no mal recuerdo. Al terminar, pusimos un pocillo para hacer café y platicamos un buen rato frente al fuego. La noche caía poco a poco a nuestro alrededor y no recuerdo un atardecer más hermoso. El río se oía quedamente a pocos metros de nosotros. El viento hacía murmurar a los árboles y el cielo cambiaba de tonos cobalto a bermellón.
– Poca su madre, ¿verdad?
– ei…
Las tiendas ya estaban listas y habíamos terminado de cenar. La noche era templada e invitaba a quedarse despierto más tiempo. Sin embargo, cinco de nosotros decidimos irnos a dormir temprano. Afuera sólo quedaron César, Callejas y el Gordito. Se entretuvieron conversando tonterías y contando estrellas. La quietud del lugar sólo era interrumpida por los irregulares ronquidos de Wakko. Cerca de la una de la mañana entraron a la tienda que compartía con él. Entre sueños recuerdo que le pusieron una lámpara encendida en los ojos mientras lo amenazaban si no dejaba de roncar. Recuerdo sus ojos de tlacuache encandilado y las risas de los otros.

A eso de las dos de la mañana por fin se rindieron y entraron a la tienda grande que compartían con Beto. La tienda, propiedad del Gordito, era una reliquia que parecía haber pertenecido al ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Era de una lona pesada y además estaba impermeabilizada con algún sellador desconocido. Los tres entraron y cerraron la puerta y la ventana, aislándose del mundo exterior.

Tal vez se aislaron demasiado. Después de un rato, el aire se comenzó a viciar dentro de la tienda. La respiración de todos se hacía por momentos más pesada y difícil. En realidad nadie estaba dormido, pero todos fingían estarlo. Los cuatro seguían haciendo esfuerzos por respirar, con sus pulmones exigiéndoles aire fresco. El aire era ya prácticamente irrespirable y todos trataban de encontrar una explicación a lo que les ocurría: Beto lo atribuyó al cigarro y se prometió dejarlo mientras Callejas y el Gordito traían una gripa y empezaron a pensar que se había complicado y evolucionado en una neumonía. Sólo Chávez no tuvo una explicación a lo que pasaba y todos nos preguntamos por qué no hizo algo en ese momento. Los cuatro se estaban asfixiando lentamente y en su sopor adormilado, el Gordito pataleaba dentro de su bolsa de dormir. Callejas lo vio y trató de ayudarlo, mientras le decía:

(continuará)

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

6 thoughts on “De campamento

  1. ¿Mientras le decía “Continuará”?
    ¿Qué clase de amigo te dice “Continuará” en una situación de esas?

    Debe ser que ya no veo bien… (¿Que es un método literario para mantener el suspenso? ¡Ah, ahora lo veo todo claro! Creo…)

  2. Jack, acepto que el continuará fue muy malo, pero algo tenía que poner. Prometo que las próximas historias no tendrán continuaciones ramplonas como ésta.

    Mi querida cdaae, la continuación se hará esperar hasta la otra semana, este fin nuevamente ando de gira artística.

    Besarkada!

  3. ¿De gira artística? ¿Tan pronto se te subió a la cabeza el Ventresco Carlo Francis? ¡Qué asco de generación!

    A menos que te refieras a un eufemismo para decir “me tengo que quedar a trabajar el fin de semana como vil negro para vivir como el negro de categoría que soy…” Si te digo que ya no veo bien y entiendo peor…

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