¿Qué tienes, gordito?

Pataleando y sintiendo que un pulmón no le funcionaba, sólo alcanzó a decir:
– No puedo … respirar…
(Aunque existen versiones que afirman que en realidad dijo: “Me está cargando el payaso”, “No me puedo dormir” e incluso “Estoy viendo una luz al final del túnel”, pero ninguna ha sido confirmada.)
Callejas se incorporó como pudo, luchando por salir de su bolsa de dormir. Alcanzó la puerta de la tienda, pero sus manos ya no podían abrir el cierre. Su vista se nublaba y la puerta no se abría.

Pero Dios protege a los incautos. Pancho, madrugador como siempre, se había levantado al baño. Al pasar por la tienda en cuestión se preguntó qué podrían estar haciendo adentro que los obligaba a arañar la lona. Estuvo a punto de seguir de largo, pero algo lo detuvo y regresó. Tomó el cierre y lo abrió de un golpe.

El impacto del aire fresco por poco hizo que Callejas se desmayara. Sin embargo soportó el cambio de aire y salió finalmente de lo que se estaba convirtiendo en una tumba. En ese momento, lleno de un espíritu heróico y valiente y pensando en todo momento en el bienestar de sus compañeros volteó a ver la tienda. Pensando que tal vez podría darles frío con la puerta abierta, procedió a cerrarla cuidadosamente, llevando el cierre hasta el tope. Acto seguido se perdió en los matorrales tratando de recuperar el aliento.

Los tres que se quedaron adentro siguieron con sus problemas. No había entrado suficiente aire fresco como para aliviarlos y no había más Pancho que abriera la puerta. Como pudieron, Chávez y el Gordito lucharon por abrir la puerta y finalmente lo consiguieron. A pocos pasos de ahí volvieron el estómago y trataban de no desmayarse.

A mí me despertó el ruido de unos caballos pastando, tal vez una media hora más tarde. Me levanté y vi que aún no había amanecido. Mientras esperaba el alba, caminé hacia donde estaban los coches. Ignorante de lo que había pasado fui hacia mi sufrido Monza y entré. No recuerdo si Chávez tenía las llaves o si lo dejé abierto, lo cierto es que estaba ahí adentro, sentado en el asiento del conductor. Tenía los ojos vidriosos y fijos hacia el frente. Respiraba agitadamente y sudaba.

– ¿Qué pasó?
– No mames… no mames…
– …
– No mames… es que en serio, no mames…

En eso abrió la puerta y corrió hacia la obscuridad.

Yo me quedé sentado, sin saber lo que había pasado. Por un instante me sentí en la Bruja de Blair y se me ocurrió que debería seguirlo entre los árboles. Pero la opción fácil se impuso y traté de sintonizar algo en la radio. Después de un rato Chávez regresó con un semblante amarillento.

– Pero, ¿qué pasó?
– No en serio, es que no mames…

Y volvió a correr hacia los árboles.

Me bajé del coche y empezó a clarear. Con la luz pude ver tres siluetas que caminaban erráticas por los matorrales. Callejas era el único que se sentía suficientemente bien para contarme lo que había pasado. En ese momento pensé que el único que se había quedado en la tienda era Roberto. Para entonces ya se había levantado y, dado que los demás no cerraron la puerta al salir, se encontraba en perfecto estado. Tal vez sus altos niveles de nicotina en los pulmones lo hicieron inmune a la intoxicación.

Mientras prepáramos el café, Pancho, Wakko, Temo y yo no podíamos dejar de reirnos. Los otros cuatro, habiendo estado tan cerca de acabar patitiesos, no compartían nuestra alegría.

– No se burlen ‘uleros, que sí estuvo bien gacho.
– Jajaja, es que no puedo creerlo.
– Ahorita les da risa, pero que tal que nos hubieran encontrado ahí tirados.
– JAJAJA….
– Gachos…

Las desventuras en ese viaje continuaron, pero ellas forman un cuento por sí solas.

Darth Tradd
Opal Gardens
Manchester, UK

3 thoughts on “¿Qué tienes, gordito?

  1. Te imaginas el titular de prensa si se hubieran asfixiado alli dentro?
    -“LA MUERTE PLASTIFICADA SE COBRA CUATRO VICTIMAS.
    La companyia fabricante alega que ya lo advertia en la funda:waterproof tent”
    Si es que en cuanto salimos del asfalto somos carne de morge…

  2. Titulares a la mexicana:

    “POR SUBIR EL CIERRE SE AHOGARON”
    Asfixiólos la impermeabilidad de su tienda de campaña.

    “Tragedia en el Bosque”
    Suicidio colectivo para alcanzar una nave espacial que venía detrás de un comenta, dice Maussán.

    Si ya me imaginaba alguna idiotez así. No me extraña que hayan olvidado la primera regla del campismo: “lean las advertencias”.

    Tampoco me extraña el espíritu altruista que te embarga cuando tienes el cerebro y los pulmones llenos de bióxido de carbono. Mucho menos me extraña la risa cruel y el pensamiento de “son unos pendejos” que debió de haberles ganado a los demás ante el obvio sufrimiento de sus compañeros. Para eso son los amigos, para reirse de los demás…

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