El Negro en París (Remake de “Cuatro Nacos Asaltan Las Vegas”, Región 2)

Me llevó toda la semana recuperarme, tanto de las desveladas como en cuestiones de trabajo, pero ya estamos de regreso con la esperada narración de mis desventuras en París. En una nota adicional, pero no por ello menos importante, por fin la revolución me hizo justicia y fui nombrado Sexperto del mes de mayo por cortesía de Milena. Este honor me fue concedido por haber propuesto la primera versión del himno de la Nación Sexperta; versión que todo el colectivo cachondo refinó hasta alcanzar el nivel actual. Si alguien se anima, puede escuchar mi estropajosa voz justo aquí.

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Pero estábamos con lo del viaje a París. Trataré de hacer una reseña cronológica de ese fin de semana de locura y diversión. Todo comenzó en una fría mañana (4:50 AM!) en Victoria Park, Manchester. Las ardillas fueron testigos de que no había nadie en la calle ni gente, ni autos, ni nada. Lo que más me preocupaba era que no había ningún taxi cerca para poder ir al aeropuerto y mi tiempo se acababa. Finalmente pasó uno y llegué al aeropuerto casi barriéndome. Llegué al famoso Charles de Gaulle a las nueve y algo y pasé por migración sin mayores problemas.

A la salida mi buen amigo, el Máster Mario, me estaba esperando. El Máster Mario está haciendo un doctorado en ciencia de materiales en la EPFL de Laussanne, Suiza. Nos conocimos en el cinves de Qro. y salimos de México casi al mismo tiempo. A él le debo la gentil invitación a ver la gloriosa derrota de la secreción nacional.

Salimos del Aeropuerto recordando anécdotas y burlándonos de Lalo Cota, que por falta de planeación se quedó en Manchester y no pudo disfrutar de ese fin de semana (prometo pronto contarles de Lalo Cota. Baste decir por ahora que está de visita en Manchester y es uno más de los exiliados del Cinves). Llegamos al tren RER y salimos con rumbo a París. Teníamos unos 10 minutos de viaje cuando, al parar en una estación, escuchamos un grito desgarrado. Yo no entendía lo que pasaba y veía a un hombre con el rostro descompuesto gritar algo raro. En eso vi pasar por afuera del tren a dos tipos corriendo con una bolsa en la mano. Entonces comprendí lo que el tipo gritaba: “A thief!!, a thief!!!” y me di cuenta que era una pieza de su equipaje lo que los ladrones llevaban en las manos. Agiles como conejos brincaron las vías (que desgraciadamente no estaban electrificadas, pues el RER lleva la corriente en el techo) y luego una cerca y se perdieron de vista. El pobre hombre seguía gritando como loco en inglés, pero la mayoría no le entendía y los demás estábamos paralizados. La única persona que dijo algo fue un hindú que le decía alegremente “catch him, catch him!” mientras sonreía tontamente y afirmaba con la cabeza y con el dedo índice. Inútil.

Por supuesto que el robo crispó el ambiente en el tren y nos puso en guardia. El resto del viaje mirábamos sospechosamente a cualquiera que se acercara a menos de 2 metros. París me recibió de buena forma, pues así el resto del viaje estuvimos a la expectativa, lo cual demostraría ser más que útil. Llegamos después a Chatelet, donde confluyen como 5 líneas de metro y 4 de RER e hicimos el cambio para ir a Houilles-Carrieres sur Sienne, donde está la casa donde nos quedamos, a las afueras de París.

La recepción en dicha casa no pudo haber sido mejor. Se trata de un oasis mexicano en Europa. Angelita, la dueña, renta cuartos por módicos 16 euros, con el extra del calor de familia mexicana que no se puede encontrar en ningún hotel. La familiaridad, las preguntas y el estilo en general me hicieron sentir muy bien. Y cuando luego pude comer un delicioso caldo de pollo con sabor de hogar, por poco lloro: Fue la primera vez fuera de México en que he estado rodeado por el estilo y calor mexicano.

Me instalé y de inmediato salimos a conocer París. Mario ya tenía un plan bien trazado para aprovechar mejor los días. Tomamos el RER de regreso a la ciudad y desembarcamos en Pigalle, el distrito donde está el Moulin Rouge y las sex-shops. Pasamos de día, sobre todo porque no teníamos el dinero necesario para entrar a algún show. Subimos rumbo a Mont-Martre, el jardín de los artistas y finalmente llegamos a Sacre-Coeur, no sin antes pasar por el café donde se desarrolla la acción de Amélie.

A estas alturas, por supuesto, ya se me había torcido el cuello de tanto ir viendo chamacas. Como dije la vez pasada, las francesas son muy, muy guapas. Por supuesto, mi francés inexistente limitaba casi cualquier posibilidad de acercamiento, aunque la lucha se le hizo.

Bajamos de Mont-Martre y tomamos el metro para lanzarnos al Hotel de Ville y a Notre Dame, donde cometí el primer error del viaje. Como había mucha gente y se estaba haciendo algo tarde no tomé muchas fotos ni subí al campanario, considerando que podría hacerlo el domingo. Un gran error de cálculo como se verá más adelante.

La primera noche terminó cerca de St. Michel, en un bar llamado Shyhuahua (sin comentarios, por favor) y ya nos regresamos a Houille. El primer día en París me había realmente gustado, pero el segundo prometía todavía más, con una visita al museo de la ubre.

Y en efecto, el segundo día fue de lo más interesante. Comenzó con una visita rápida a la iglesia de la Magdalena. Curiosamente, el buen Dan Brown nunca menciona esta iglesia en el código Da Vinci. Y lo interesante de esta iglesia es que en el altar puede verse a un grupo de ángeles elevando a María Magdalena al cielo. Además, la iglesia más parece templo griego que cristiano. Muy recomendable.

El Altar de la Madeleine

De ahí, al museo de Louvre. Todo lo que se diga de ese museo es poco. Las fotos no le hacen justicia, ni siquiera una visita de todo el día le hace justicia. Hay tanto que ver y admirar que después de 4 horas uno queda exhausto. Que conste que no traté de seguir la ruta del Código Da Vinci, pero sí pasé por la Virgen de las Rocas y, por supuesto, por la Monalisa. Es humanamente imposible admirar todo el museo en tan poco tiempo, pero se hizo lo que se pudo.

Cuando por fin salimos del Louvre, caminamos a lo largo de los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo. He de admitir que yo ya estaba cansadísimo (los años me pesan), pero el ir caminando por esa avenida tan impresionante me animaba. Finalmente llegamos hasta el famoso Arco, donde terminamos el recorrido de ese día.

El arco del triunfo

En la noche, Mario tenía planes de salir con una prospecta y cortésmente me invitó a acompañarlo, ya que ella iba a invitar a una amiga. El Master lo hizo con toda la buena intención pero, como siempre, el negro tuvo que arruinarlo todo.

Y así fue, no voy a contar todos los detalles porque Mario todavía no acaba de digerir el coraje de esa noche. Digamos que alegremente yo eché carrilla como acostumbro, pero me excedí, lo admito. Lo peor fue cuando pedimos kebabs para cenar y Mario dijo que nos los sirvieron mal, que necesitaban llevar una tortilla de harina. Y mi respuesta fue: “No, no es una tortilla de harina. Se llama nan. También pueden comerse con pan pita. Además faltan el mango chutney, el green chutney, el yogurth y los chiles güeros o cuaresmeños” (léase lo anterior con su mejor estilo payaso y mamerto).

Lo acepto, nunca sé cuando callarme. Perdone Usted, Master, no volverá a suceder.

Estos dos días sin embargo, palidecen ante la emoción del sábado por la noche, con la infeliz derrota de México ante Francia. No se pierda mañana en este semi-abandonado blog la continuación del negro en París, con el emocionante subtítulo: “Chale brother, ya se puso pero bieeeeeeen rudo”

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

3 thoughts on “El Negro en París (Remake de “Cuatro Nacos Asaltan Las Vegas”, Región 2)

  1. Nah… es un complot de parte del Opus Dei para que no veas lo evidente… que estás más salado que un bacalao.

    Debió de haber estado muy buena la fiesta… te tardaste una semana en responder (aunque Blogger no ayudó mucho… yo apenas pude poner mi artículo sobre Cananea)

  2. Sí, puede ser, pero que conste que no me acerqué a Holanda durante la última y gloriosa derrota.

    La fiesta estuvo excelente, pero sobre todo me atrasé demasiado con el trabajo, por eso apenas hoy pude publicar mis desventuras en tierras galas.

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