Retraso dental

En los comentarios de una entrada anterior, platicaba con la querida amiga Cata sobre mis problemas de fábrica (vulgo defectos). Nací con pie plano y con pie vago (lo cual explicaría que me encuentre tan lejos de mi casa), por lo cual tuve que usar zapatos ortopédicos por una buena parte de mi niñez y hasta bien entrada mi adolescencia. Todavía recuerdo que llevaban un virón lateral interno, un inserto en el tacón externo y, por supuesto, plantillas para levantar el arco. Pero no es de esos defectos de lo que quiero hablar. Quiero hablar de mis dientes.

El que esté libre de caries que arroje la primera muela…

Sí, el que no haya tenido problemas con sus dientes que levante la lengua. Mucha gente tiene problemas en acomodar toda su dentadura en sus maxilares. Normalmente tienen demasiados dientes y poco espacio, lo que obliga a usar aparatos de ortodoncia e incluso a retirar piezas para que todo se acomode y se vea mejor. Mi caso fue distinto, pues espacio tengo de sobra (estoy y soy muy bocón). A mí me faltaron piezas, en particular, me falto un incisivo lateral superior izquierdo (sí, no se llama así, pero espero que con eso haya una idea clara de donde falta el diente) y en su lugar tengo dos colmillos superiores izquierdos. Pero esto no es porque hayan salido dos, sino porque nunca se cayó el colmillo de primera dentición. Ahí está, muy desgastado y con aspecto de que me lo quebré en un borrachazo, pero sigue fielmente cumpliendo su función: hacerme lucir una sonrisa desenfrenada (pues nunca usé frenos) de sano aspecto de huitlacoche. Un dentista me dijo una vez que yo era un caso de retraso dental.

Tengo una bolita que me sube y me baja…

Del otro lado de mi maxilar superior, está un pequeño diente, que en principio debería ser gemelo del que nunca salió (o algo así). En la encía en la que este diente está clavado sufrí, durante un buen rato de mi infancia y adolescencia, de periódicas inflamaciones que mi dentista local atribuía a que me asoleaba mucho (es lo malo de ser de un pueblote). La encía se inflamaba, surgía una pequeña ampolla que crecía y se desinflaba en períodos aleatorios. La ampolla a veces estallaba, ora espontáneamente, ora forzada por mi higiénico dedo índice, ora pro nobis pecatoribus y demás opciones raras. Hasta que un día se inflamó, se inflamó y se siguió inflamando hasta que el dolor fue prácticamente insoportable y, obviamente, regresé con mi dentista local.

No vayas con ese dentista porque te saca una muela y te afloja las de atrás…

Tras una serie de radiografías, el buen doctor llegó a la conclusión de que la raíz estaba inflamada, infectada y lista para recibir una endodoncia. What? Pero si ese diente no está picado, dañado, roto ni de ninguna forma necesita endodoncia. Pues no, pero de alguna forma tienes una infección ahí, ingeniero (No sé por qué a muchos de mis doctores les encanta decirme ingeniero. Me hace sentir más viejo de lo que soy). Total, me hicieron la endodoncia, prometiéndome que nunca más se volvería a inflamar. Por supuesto, Murphy nunca duerme y el chinga’o diente se inflamó a la semana. Ante la incapacidad de mi dentista local de encontrar la causa raíz (sin juego de palabras adrede) de la inflamación de la ídem del diente, emigré a la ciudad capital (Querétaro) en busca de un especialista.

Si a la primera no ganas, tal vez el perder sea parte de ti…

Mi nuevo dentista me dijo que la anterior endodoncia había estado mal hecha, que todavía tenía restos del nervio dentro del diente y que esa era la razón por la que se volvía a inflamar. Tras cobrarme, y realizar una nueva endodoncia, me aseguró que nunca más se volvería a inflamar. Naturalmente, a la semana del tratamiento, la malhadada encía estaba nuevamente inflamada. Eso sí, el dolor se había ido (de algo tenía que servir la endodoncia, ¿no?). Ahí fue donde mi nuevo doctor se lució: Me dijo que su trabajo estaba garantizado y que ahora o quedaba o quedaba y que no me iba a cobrar un quinto más hasta que esa encía se dejara de cosas. Cumplió su palabra y después de 5 ó 6 sesiones, que incluyeron una ortopantomografía de mis dientes de huitlacoche y se manejaron opciones de tratamiento que involucraban inyectar penicilina directamente en la encía a través del canal creado por la endodoncia, se encontró, ahora sí, la raíz del problema.

La raíz cuadrada de 4 es 2, pues (2)(2)=4. Pero (-2)(-2)=4. Ergo

Tras tomar un montón de radiografías, el buen doctor encontró una sombra dentro del diente que parecía ser un conducto vestigial. El taladro dental lo reveló: Mi diente estaba mal formado. Además del conducto principal (y en el caso de los incisivos, único) que incluía una arteria, una vena y un nervio, había un conducto vestigial que no tuvo otro uso más que atrofiarse y, eventualmente, inflamar mi encía. Dos conductos en un diente que de milagro tenía espacio para uno. Mi dentista estuvo cerca de publicar mi caso, pero desistió ante mi insistencia de aparecer como coautor. El conducto vestigial fue limpiado y sellado, al igual que el principal, y la inflamación finalmente desapareció y no ha vuelto.

Así que, mi querida Cata, ese es el problema con mi incisivo. Mi dentista no se rindió y, la verdad sea dicha, no me cobró más que la primera endodoncia, las demás sesiones venían con la garantía. Decididamente: Estoy defectuoso.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

8 thoughts on “Retraso dental

  1. A ver, como dijo jack el Destripador, vamos por partes. Tienes un incisivo lateral superior izquierdo hiponumerario, y tienes dos caninos superiores izquierdos, uno supernumerario por ser de la primera dentición, que se volvió definitivo; y uno de la segunda dentición, que es todavía más definitivo si tal cosa existe.

    También tienes un diente incisivo lateral izquierdo que presenta la condición de esmalte hipoplásico en el maxilar superior, que no fue retirado a tiempo y te provocó una infección masiva, que si no desembocó en septicemia y exantema es porque la boca raramente desarrolla ese tipo de infecciones bacterianas, merced a las capacidades antisépticas de la saliva, a pesar de lo cual la placa bacteriana vive muy a gusto ahí, y debo parar porque estoy usando muchas comas, lo cual hace difícil la lectura.

    Decir que estás defectuoso es poco. Eres el sueño de todo profesor de anatomía maxilofacial. ¡Siéntete orgulloso!

  2. ¡Gracias! Sí, me siento orgulloso, la verdad. Y sí, en su momento me puse a pensar que esa malhadada infección podía ocasionar algo más grave y por eso comentamos con el dentista la opción de inyectar directamente el antibiótico en la encía. Al término del tratamiento, sin saber la terminología correcta (gracias por la descripción tan clara), al menos entendí bastante sobre mi diente y este padecimiento en particular.

    Y no quiero empezar con el pie plano…

  3. Pues más te vale que no empieses, porque no me acuerdo de nada de mi s clases de anatomía y tendría que acudir a mi libro de cabecera, que es la Anatomía de Grey, que es de principios del siglo pasado. Y aunque el cuerpo no ha cambiado mucho desde entonces, la medicina sí. Un abrazo.

  4. Yo repetí dentición cuando me caí en la secundaria y se me cayó un diente. Eso desató una característica hereditaria (tiburonismo, decía mi papá) y pasé largas y calurosas tardes en el dentista.

    Pero usted me lleva de calle, señor.

  5. Anda, Grimalkin, que eres la primera persona que sé que desarrolló una tercera dentición, cuyo nombre oficial es sencillo: hiperdoncia. Lo de Paco, en cambio,se llama microdoncia hipoplásica.

  6. De acuerdo, Cata querida, no hablaré de mis problemas con el pie plano. Al menos por ahora. Te aseguro que es una historia digna de ser contada.

    Grimalkin, amiga mía, bienvenida de regreso después de las vacaciones. Que bueno que vayas avanzando con la preparación de las fotos, las esperaremos atentamente. Por cierto, eso del tiburonismo jamás lo había oído.

  7. El conocimiento teorico, esta limitado en el campo odontologico porque la teoria tiene un peso inferior al peso de lap ractica, por lo tanto el odontologo de libros no puede competir con el odontologo del consultorio.

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