¿Cómo te va, mi amor?

Qué sorpresa fue encontrarte un correo electrónico suyo, justo cuando llegabas a la oficina. Tenías todo tu día perfectamente planeado: Revisar correos de nueve a nueve y cuarto, llamar a tu jefe a las nueve y media, salir por té a las 10. Recibir noticias suyas ha partido en dos toda tu agenda. En lo único que puedes pensar es en lo que te escribió. Mientras vuelves a leer su texto, te preguntas cómo estará. ¿Será posible que esté más delgada? ¿Qué harías si la volvieras a ver? Pensaste que le habías dado vuelta a la página, que ella era, en verdad, asunto olvidado. Una vez más, te equivocaste.

En su mensaje, te cuenta brevemente lo que ha hecho durante este año en que no has sabido nada de ella. Te enteras que cayó en una terrible depresión y que incluso consideró quitarse la vida. Lees de nuevo esa parte. No sólo lo consideró, lo intentó. Tiemblas un poco al saberlo, quisieras preguntarle tantas cosas, preguntas que ahora sólo puedes hacer en silencio. La separación fue difícil para los dos, tú mismo estuviste deprimido por un tiempo. No sabías que ella había pasado por algo tan grave. El hecho de que ella esté viva y que ahora que se siente mejor te busque te hace sonreír como un tonto. Sonrisa que se hace más grande cuando ves que parpadea la ventana del mensajero en tu computadora.

La charla es breve. No puedes decirle lo mucho que la has extrañado, lo solitario que has estado. No puedes decirle por qué has estado solo todo este tiempo: No has encontrado a nadie que te llene como ella. La charla, sin embargo, te deja algo útil. Su número de teléfono celular y una hora para llamarle esta tarde. Conservas tu tonta sonrisa el resto del día y te ocupas en todo lo que puedes, esperando percibir que los minutos corren más aprisa.

La hora convenida para la llamada te encuentra sentado en el sillón de tu casa, mirando fijamente al teléfono sobre la mesa. Recuerdas que acostumbraban llamarse y dejar sonar el teléfono sólo una vez antes de colgar. Un toque, según decía ella. Ese toque podía significar muchas cosas, dependiendo del contexto: Estoy pensando en ti, puedes llamarme ahora, te extraño, te quiero… Decidieron usarlo para ahorrar en las llamadas internacionales y así poder hablar largamente cuando ambos tenían oportunidad.

Marcas con todo cuidado su número y esperas pacientemente. El tono suena una, dos, seis veces. No hay respuesta. Aprietas con fuerza el teléfono y por un momento lo quieres arrojar contra el piso. Te calmas y recuerdas que no debes ser así, que debes mantenerte en control de ti mismo. Dejas el teléfono nuevamente sobre la mesa y vas a tomar un vaso de agua.

Tienes oportunidad de pensar en que el tiempo no te ha hecho quererla menos. Al contrario, casi puedes afirmar que el tiempo ha ayudado a borrar las ofensas que se hicieron mutuamente. Te preguntas si nunca debiste separarte de ella. No lo sabes, aún no puedes saberlo.

Tu teléfono suena sólo una vez.

Darth Tradd
Hulme
Manchester, UK

16 thoughts on “¿Cómo te va, mi amor?

  1. No sé, francamente no sé. Si esto me lo hubieran contado hace unos meses me hubiera sumado al optimismo. Ahora me dan miedo los sentimientos que creí olvidados.

  2. A veces sí, Martucha. A veces sí. Un abrazo y un beso, espero que estés mejor.

    Yo desconfío de esos sentimientos, Grimalkin querida. Para el segundo día, ya me había caído de la nube en que andaba. Pero ya estaba escrito el texto y me gustó como quedó. Besto enorme.

  3. Aprovechando que mi palabra antiespán es titanium (¡qué gratos recuerdos!) vengo a poner la nota discordante:

    Compadre, compadre, compadre, a mí se me hace que con la edad usté ya se nos está volviendo metrosexual o cosas peores…

    Perdón. No me pude contener…

  4. Farfallina, que bueno que te gustó el relato. Estoy intentando publicar más cuentos cortos y no sólo desventuras por esta isla. Un abrazo.

    Jack, Grimalkin… por favor no sigan o yo tampoco me voy a aguantar y voy a empezar a llorar…

    (Carajo, yo tampoco puedo aguantarme las ganas de echarme carrilla.)

    Y ya en serio, compadre y querida amiga, el relato sí me gustó, aunque me acusen de metrosexual. ¿Cuál era la definición? ¿Metrosexual es alguien que no es lo suficientemente hombre para declararse homosexual? ¡Asco de generación!

  5. Compadre, regrese usted al buen camino y sea usted hombre macho masculino del verbo no te rajes Kinkín que ahí vienen los gabachos, antes de que esos sospechosos mancunianos lo recluten para cantar la canción esa de “pluma pluma gay…”

  6. No te preocupes, Jack, a pesar de todo todavía no me convencen. Por cierto uno, aquí lo de la pluma gay no suena tanto como la de “Don’t marry her”. Creo que ya me proyecté… Saludos.

    Gracefulina, muchas gracias por el comentario. Qué bueno que te gustó el texto. De verdad que el rato que está uno arriba de la nube es único. Saludos, estamos al pendiente de tu post sobre la encuesta que hiciste.

  7. Si, muy lindo cuento… evocador sin duda.
    “¿Metrosexual es alguien que no es lo suficientemente hombre para declararse homosexual? ¡Asco de generación!” TOTALMENTE

  8. Ariany, gracias por el comentario. Qué bueno que te gustó el cuento. Y no te apures por las bromas de mis amigos, todavía no llego al extremo de ser metrosexual.

    Cata querida, eso del timbrazo es buena idea y, además, muy barata. ¡Un abrazo!

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