Paquito

En uno de los almuerzos que tuvimos durante el experimento, el Profesor Belmondo sacó a tema lo extraño que se le hace la forma en que se forman los diminutivos familiares en español. Según él, no tiene ningún sentido que a un Eduardo se le llame Lalo, a un Vicente se le diga Tito, que a una Socorro le hablen de Coco y demás. Obviamente, salió a tema mi nombre y el buen Profesor dijo con una gran sonrisa: “Paco.”

A mis otros amigos les hizo mucha gracia el nombre y se la pasaron recordándolo cada que podían. Un poco después, Belmondo (nótese como ya dejó de ser profesor) llegó al siguiente nivel: Paquito. Las risas, para entonces, habían alcanzado un nivel respetable. Y es que por estos rumbos soy conocido como Francisco y todas sus variantes fonéticas, incluyendo Franchesco, Franciscou, Frandsisco, Fransaisco y la peor hasta ahora, Ventresco Carlo Francis.

Pero volvamos al asunto del Paco. No importa en dónde haya estado antes, siempre ha habido alguien, tarde o temprano, que me acabe llamando Paquito. Lo cual es bastante curioso, considerando mi estatura y peso. Heavy build, dirían por acá. Y no es que me disguste que me digan así, pero me molesta lo que casi siempre sigue después de que alguien me dice Paquito. La típica cantaleta: “Mamá, soy Paquito. No haré travesuras”. Después de proferir la infame frase, la gente me puede palmear la espalda o reírse como idiota o continuar con frases tontas como “¿O no? ¿O sí harás travesuras?” mientras se sigue riendo como dije antes o una combinación de todas o algo peor. Total, me pone de malas, lo admito.

Cuando alguien me dice así, casi siempre contesto: ¿Alguna vez has leído esa poesía? Ante lo cual he obtenido todo tipo de respuestas, pero el común denominador es que la gente no conoce la poesía en cuestión. Y sí, hay una poesía que contiene la dichosa frase, fue escrita por Salvador Díaz Mirón hace ya un buen rato y no tiene nada de graciosa. Al contrario es un drama de lágrima, moco y baba. Nótese que me puse de malas simplemente al recordar la cantaleta antecitada. Así que para goce de la afición me dispongo a pegar la dichosa poesía.

Cubierto de jiras,
al ábrego hirsutas
al par que las mechas
crecidas y rubias,
el pobre chiquillo
se postra en la tumba,
y en voz de sollozos
revienta y murmura:
“Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“¡Qué bien que me acuerdo!
La tarde de lluvia;
las velas grandotas
que olían a curas;
y tú en aquel catre
tan tiesa, tan muda,
tan fría, tan seria,
y así tan rechula!
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Buscando comida,
revuelvo basura.
Si pido limosna,
la gente me insulta,
me agarra la oreja,
me dice granuja,
y escapo con miedo
de que haya denuncia.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Los otros muchachos
se ríen, se burlan,
se meten conmigo,
y a poco me acusan
de pleito al gendarme
que viene a la bulla;
y todo, porque ando
con tiras y sucias.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Me acuesto en rincones
solito y a obscuras.
De noche, ya sabes,
los ruidos me asustan.
Los perros divisan
espantos y aúllan.
Las ratas me muerden,
las piedras me punzan…
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”


Y un cielo impasible
despliega su curva.

“Papá no me quiere.
Está donde juzga
y riñe a los hombres
que tienen la culpa.
Si voy a buscarlo,
él bota la pluma,
se pone muy bravo,
me ofrece una tunda.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras.”

Y un cielo impasible
despliega su curva.

Una delicia de poesía, ¿verdad? Me encanta la repetición del cielo impasible que despliega su curva. Algún día pensé que sería buena idea ponerle música y casi se acomoda con Almohada de José José. Pero bueno, el asunto es que me aprendí dicha poesía por ahí de 1995 (como también me aprendí Deseos, del mismo Díaz Mirón, estaba en mi etapa poética) y me empeñé en repetírsela (que no repartírsela, aunque ganas no me faltaron) a los que me decían la dichosa frase. Casi siempre me escuchaban con atención, a veces afirmando con la cabeza como si entendieran lo que estaba diciendo, a veces con los ojos muy abiertos como sorprendidos de lo que decía y en alguna rara ocasión con la boca abierta. Lo que nunca varió fue el resultado. Tras cerrar mi sombría declamación y después de un momento de silencio, contestaban con un: “¿’tonces? ¿Sí harás travesuras o no?”

Al menos ahora me libré de eso, gracias a la barrera del idioma.

Paquito
Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

5 thoughts on “Paquito

  1. Me gustó tu nickname, Betita, aún antes de que lo descifrara supuse que eras tú. Un abrazo.

    Esa es básica, mi estimado G. Util para toda ocasión (bueno, casi toda ocasión) pero sobre todo en las borracheras. Saludos.

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