No hay burro flojo para su casa

Cuando por fin terminé de empacar, ya era la una y media de la mañana. Mi vuelo para Amsterdam salía a las 6, por lo cual tenía que estar a las 4 en el aeropuerto aproximadamente. Tenía dos opciones: Aventármela así en vivo o dedicarle dos horas a dormir. Por supuesto, elegí la segunda, pues cuando tiene períodos de vigilia tan prolongados, esas dos horas de sueño valen oro. Por si las dudas, puse tres alarmas (dos en el celular y una en mi fiel reloj-termómetro). Hasta eso no tuve problema: me desperté con la primera. Tras un rápido baño y afeitada (hay que viajar con estilo), llamé a los confiables taxis de la compañía Manchester Cars y en 5 minutos tenía un taxi esperándome.  20 minutos (y 20 libras) después, ya estaba en el mostrador de KLM, documentando mi equipaje.

Pero claro, las cosas no pueden ser tan fáciles. Abordamos el avión y entonces nos avisaron que el vuelo se retrasaría un poco. “Al diablo”, pensé y me acomodé para dormirme. Al final el vuelo se retrasó casi una hora. Por eso es que prefiero salir a las 6, hay más colchón para compensar estos detalles.

Y ahora aquí estoy una vez más en el aeropuerto de Amsterdam entreteniéndome con la gente que pasa. (Pasa la gente, un mar de gente. Africanos vestidos con sus largas túnicas… ¿Alguien identifica la referencia?) Mi plan es tratar de dormir en cuanto me suba al avión, por lo menos unas tres horas. El resto del tiempo planeo pasármelo leyendo y jugando con la PSP. Estoy muy impresionado con Prince of Persia: Rival Swords. Es un juego muy adictivo y los gráficos son muy buenos, considerando las limitantes de la PSP.

Me voy, quiero caminar un rato antes de enfrentar doce horas sentado.

Darth Tradd
Schiphol Airport
Amsterdam, Holanda.

3 thoughts on “No hay burro flojo para su casa

  1. Mi estimado V antes G, o que diga, al revés, lamento que no te puedo decir de dónde salió la referencia, necesito preguntarle a mi hermana que era la que siempre la decía. En compensación te digo que estuviste bastante cerca en adivinar quién era mi amiga peruana en la fiesta de Halloween. Sin embargo, no era la chica de en medio, si no la de la derecha, con lentes y suéter. A este ritmo, te diré de dónde saqué eso de “pasa la gente…” por ahí de febrero. ¡Saludos!

  2. Hombre, claro que estuve a punto de adivinar, si tenía un 33.3% de probabilidades de acertar. De cualquier manera esto demuestra que la sociedad tapatía es un crisol de razas, porque cualquiera de las chicas hubiera pasado inadvertida aquí.

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