…pero tú has dejado el mejor vino para el final.

Éste ha sido un experimento mucho más relajado que los anteriores en los que he estado. Ahora sí que sólo vine a operar la máquina de fatiga y eso es lo que he hecho. La verdad es que es un equipo muy completo y confiable, pero el software que lo controla es horrible. No hay nada peor que un ingeniero escribiendo un manual, normalmente sacamos textos que sirven para explicarnos lo que ya sabemos y para confundir a los demás. Pero bueno, cuestión de probarle un poco, echar a perder un par de muestras y ya.

Además, en esta ocasión los tiempos de escaneo son mucho más largos y eso nos da tiempo de descansar. Tanto así que hace rato James (el doctor con el que vine a este experimento) y yo decidimos salir a cenar a Grenoble, en vez de quedarnos en el restaurante de aquí. Lo malo es que el frío apretaba y nos perdimos un poco por Grenoble. Finalmente encontramos el río y la zona del mismo en donde están todas las pizzerías. Entramos a la que nos pareció mejor y pedimos una pizza, un calzone y una botella de chianti.

El chianti obró maravillas. Comenzamos hablando de la comida rápida, cambiamos a los alimentos orgánicos, luego recordé los huevos de rancho que llegaban a la casa (de gallina contenta, decía mi abuelita) y, de ahí, pasamos al cambio climático y al emocionante tema de cuánto dióxido de carbono liberan los barcos cargueros al usar combustible tan pesado. Para cuando llegamos al café, estábamos resolviendo la crisis energética mundial, hablando de los tokamak, la energía nuclear más convencional y de cómo es urgente encontrar formas alternativas y ecológicas de producir energía.

Salimos y estaba comenzando a helar. “¿Soy yo o hace menos frío?”, le pregunté a James. “No, es el chianti.” “Ah, cierto”.

Con nuestro combustible ecológico impulsándonos, llegamos al sitio de taxis en menos de 10 minutos. Les aseguro que el frío ya no se sentía. Por el camino me fui acordando de la última vez que caminé por el centro de Grenoble en peores condiciones. No pude evitar una sonrisa.

Dios bendiga al vino. Esperen, ya lo hizo. Convirtió 600 litros de agua en vino en Caná, ¿no?

Darth Tradd
ESRF
Grenoble, Francia

PS: Se me olvidaba, el domingo es mi cumpleaños. Cumplo 30 años… Ni modo, se debe sentir más feo no llegar.  Luego les cuento que tal se puso la fiesta.

2 thoughts on “…pero tú has dejado el mejor vino para el final.

  1. Yo todavía recuerdo cuando cumplí los treinta. Y cómo no, si fue hace menos de tres meses. Pero bueno, a lo que venía. Yo conozco a un hombre que obra milagros. Su nombre: Juan. Su apellido: perdido en las arenas del tiempo. Su lugar de trabajo: la afamada cantina “Mi Oficina.” Su milagro más famoso: convertir el vino en agua. Échate ese trompo a la uña: no cualquiera es capaz de convertir elementos pesados en elementos ligeros.

    Felicidades.

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