Ahí está el detalle

Anduve buscando algo de material para publicar (mientras sigo buscando equipos HVOF para el trabajo) y encontré un texto muy interesante de Carlos Monsiváis, que defiende al habla popular que fue definida, actuada y defendida por gente como Mario Moreno “Cantinflas” y Germán Valdés “Tin Tan”

El artículo puede ser consultado completo aquí, pero comentaré algunos párrafos que me parecieron particularmente interesantes.

En el texto, Monsiváis comienza reseñando los inicios del cine mexicano, cuando los únicos diálogos permitidos eran los que cumplieran con las normas establecidas por los académicos de la lengua. Posteriormente, se comienza a aceptar el habla del pueblo y esto se refleja en las películas, principalmente en las de cantinflas. En palabras de Monsiváis:

“En este panorama Cantinflas es, casi literalmente, la erupción de la plebe en el idioma. […]
le confiere al habla popular un vigor demostrativo y persuasivo, la conclusión, jamás verbalizada, es tajante. No sólo hablamos así, está bien que hablemos así, es gracioso, divertido, significativo, pero si el habla de los pobres de la ciudad de México, por condenada que esté por la élite, es irrebatible dado su poder de contaminación, lo que surge de la vecindad geográfica y del avasallamiento industrial de Norteamérica, sí encuentra resistencia.”

Más adelante, Monsiváis se refiere al desarrollo de los “Pachucos” y a la generación de palabras que siguen conformando, medio siglo después, el habla popular de México.

“Tin-Tan es el primer gran ejemplo del «habla indocumentado», por así decirlo, que se prodiga con determinismo idiomático y enriquece, a fin de cuentas, el español de México.”

“Tin-Tan enseña el juego indispensable, el juego que hoy nos domina: «castellanizar la americanización», declarar que nada nos es ajeno si sabemos asimilarlo, añadir vocablos por el método de sustraer y modificar anglicismos.”

“Tin-Tan es notable por su frescura y su fluidez y por pregonar un vocabulario que todavía hoy circula, gracias a su poder de contaminación, al poder de un habla que es, en sí misma, un trámite de adaptación a nuevos ámbitos: el «jale» por «trabajo»; «cantón» por «casa»; «ya chántala», de chant; «No forgetées a tus relativos», por «No olvides a tus parientes», «alivianarse» por «animarse»; «nel» por «no», y así sucesivamente.”

” […] Así, caifán, una palabra que en México ha tenido desde hace 30 años mucha circulación, viene «del que cae fine», del que cae bien, o una expresión de arrabal: «Aquí nomás Juan Camaney», que parece extraída de la literatura popular del siglo XIX, viene de la convocatoria de barrio angelino: «Juan, come on, ¿hey?».”

Monsiváis continúa recordando el desarrollo de estas palabras y la aceptación en el habla actual, para seguir con la molestia de tener que soportar en los medios las malas palabras o groserías. Monsiváis no está en contra de ellas, pero sí en contra de la repetición sin sentido de ellas en periódicos, revistas, cine y televisión.

” […] estallan las chingar, los pendejos, los carajos, los ¡Me cae de madres!, los pinche cabrón, los culeros. Al principio se festejan como conquistas de la libertad de expresión, hoy, ante su abundancia impresa y hablada, empiezan a dar igual o a aburrir. Nunca creí, llegado el momento, que el tedio me dominase cada vez que escucho a alguien hablar sustentado en este vocabulario que antes se creyó la flor de la libertad de expresión. ¿Cuántas chingar se necesitan para construir una frase memorable?”

Y remata con un excelente cierre, tan usual en él:

“México se ha vuelto, por el analfabetismo funcional y por la escasez de las lecturas, un país de habla popular, y cuántos no comparten la frase alguna vez dicha por el epónimo jefe de policía Negro Durazo: «Bendito país México, que es capaz de sustentar a hijos de la chingada como yo».”

Darth Tradd
Juriquilla, Qro.
México

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