Historias anelásticas

Como siempre, les agradezco a todos mis amigos y lectores su preocupación por mi bienestar. La verdad es que me han traído muy ocupado en la oficina y no ha habido tiempo de nada. Pero bueno, las excusas al final, déjenme contarles cómo me fue en España.

Por principio de cuentas, no estuve todo el tiempo en Madrid. Desde ahí tomé un avión a Santiago de Compostela, acompañado por G, la amiga que me invitó a Madrid. El vuelo transcurrió sin mayores incidentes, pero después del aterrizaje de la aeronave me tocó aterrizar a mí.

Sí, como lo leen, di el changazo al ir bajando las escaleras en el aeropuerto, rumbo a los carruseles de equipaje. Me fui de sentón y reboté en tres escalones antes de llegar al suelo. A G sólo dar el Mafaldazo (¡Dios mío, Manolito! ¿Te caíste?), y yo me levanté como siempre lo hace uno cuando hay gente alrededor: fingiendo que el golpe no dolió.

Santiago de Compostela es un lugar agradable y un centro de peregrinación muy antiguo. La catedral es muy grande y con una mezcla muy interesante de estilos, incluyendo una torre rematada con algo que recuerda a la pirámide de los dionisios en el Tajín. Sin embargo, debe ser que mis impías plantas han profanado el umbral de demasiadas catedrales, porque la verdad es que la catedral no me impresionó tanto. Lo mejor fue el inciensario enorme (botafumeiro) que viaja a un extremo a otro del transcepto al final de la misa. Para detenerlo, uno de los padres lo sostiene con fuerza a mitad de su viaje y gira sobre su propio eje. Estaba yo empezando a aburrir a G con lo interesante que me parecía que el impulso lineal del botafumeiro era convertido en momento angular gracias al sacerdito sacerdote que lo detenía. Afortunadamente, ella me salvó de hundirme más gracias a que dijo que tenía hambre.

Regresamos a Madrid un día después del accidente del avión de Spanair. Toda la gente iba muy preocupada, pero la verdad es que el vuelo transcurrió sin contratiempos. Al otro día regresé a Manchester, sin haber visitado el Mesón del Champiñón, lo cual mi querida Lady Cataclísmica nunca me perdonará. Pero, Cata querida, siempre queda la opción de regresar.

¿Y qué he estado haciendo en la lluviosa República Mancuniana que me ha tenido alejado del blog? La escritura de un artículo sobre la deformación de mi querido material. Hoy le añadí 2500 palabras a ese artículo y todavía no me acaba de convencer. Ya que estamos en territorio geek, va una breve explicación de lo que estoy tratando de hacer.

En ingeniería mecánica, existe un diagrama llamado esfuerzo-deformación. En general, al aplicarle una fuerza a un objeto, éste se deforma. La deformación es linealmente proporcional a la fuerza aplicada durante una región llamada elástica. Al retirar la fuerza, el objeto regresa a su tamaño original. Si la fuerza es demasiado grande, el objeto sufrirá una deformación permanente, en la región conocida como plástica: Al retirar la fuerza aplicada, el objeto no regresará a su tamaño original.

Entonces, si la deformación es lineal, la deformación es elástica y reversible. Si la deformación muestra una curva, la deformación es plástica e irreversible. Fácil, ¿verdad? Pues no con mi mugroso material. Aunque la mayoría de los materiales del diario en general cumplen lo anterior, la verdad es que internamente las cosas no son tan simples. Hay deformaciones no lineales que son, sin embargo reversibles. No existe tal cosa como una deformación completamente reversible, siempre hay pequeñas dislocaciones en la red cristalina que se van acumulando y que son irreversibles.

El asunto es que mi material sufre una deformación plástica reversible. Como tal cosa es, en principio, un oxímoron, y el término inelástico se ocupa para otras cosas, decidieron llamarle a tal efecto deformación anelástica. Así que mi material sufre una deformación elástica, luego una anelástica, luego una verdaderamente plástica y al retirar la carga va de regreso por una ruta similar. A partir de las curvas se pueden calcular cantidades tan esotéricas como la deformación plástica verdadera, el módulo de elasticidad aparente, la deformación pseudo-plástica o anelástica y el módulo secante.

Si alguien entendió lo escrito en los tres párrafos anteriores y se siente con ganas de analizar los datos estos, mándeme un correo electrónico o deje un comentario aquí y lo ponemos de coautor. Todavía falta analizar la primera derivada de las curvas y determinar los puntos exactos donde comienza la región anelástica y si esta depende de la deformación plástica verdadera o el esfuerzo aplicado.

Necesito ayuda. O por lo menos unas 4 pintas de cerveza.

Saludos para todos, ya les contaré en qué acabo todo esto.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

6 thoughts on “Historias anelásticas

  1. mi estimado de los últimos párrafos solo entendí lo de la cerveza ,es que así te acompañaré con una cuantas pintas a tu salud…

    A ver si después de eso le entiendo….

    Saludos y que bueno que ya estas otra vez en el aire y no con PG (chiste local)…

  2. La verdad es, Lalete, que yo tampoco entiendo mucho. Eso no impidió que escribiera un paper al respecto. A ver qué le parece a MP. ¡Saludos!

    ¡Gracias, Mariana! Espero ya no desconectarme tanto. ¡Muchos saludos!

  3. Pero Cata, visité el Museo del Prado (que no había visitado en las dos ocasiones anteriores que estuve en Madrí) y anduve paseando por Galicia. Eso debe contar de algo, ¿no? Un beso.

  4. Si esto te llega y te hace feliz, mañana día 1 de Julio del 2010 debo asistir a una convocatoria de Diseño de Máquinas (Ingeniería Técnica Industrial, Especialidad Mecánica) en la cual por “períodos pseudo-elásticos de la naturaleza” y gran parte del azar, tendré que cumplimentar alguna que otra pregunta teórica que, me atrevo a decir, seguro tenga que ver con el comportamiento elástico, como es lo que acabo de nombrar justo hace un momento. Espero no haber entendido mal lo que mi cabeza formula en tus últimos párrafos, si así es y me ayuda, volveré a agradecértelo, aunque este blog esté más difunto que mi esperanza. ¡Saludos!

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