¿Y luego?

En la mañana de mi examen profesional, Manchester amaneció cubierta de nieve. Me preparé un desayuno ligero, me enfundé el traje y procedí a caminar con todo cuidado rumbo al Centro de Ciencia de Materiales. Al ir entrando me encontré con mi sinodal interno, J, el cual me dijo que podíamos adelantar el inicio del examen pues ya tenían todo listo.

Tengo que aclarar aquí un par de cosas respecto al examen. Uno, oficialmente se llama viva voce, como una contracción-deformación de defensa de viva voz en latín. Lo curioso es que aquí mucha gente le dice vaiva. Vaiva asté a saber por qué. Lo segundo es que al contrario de las defensas en México, donde uno expone la tesis frente a un auditorio repleto con los cuates y la familia, aquí la defensa es a puerta cerrada. Además, uno no expone nada. Se abre la tesis y los sinodales comienzan a aventar preguntas.

Hechas las aclaraciones pertinentes, prosigo. En la oficina de J me esperaba WS,  mi sinodal externo. Me saludó muy amablemente y me explicó que el examen tenía dos objetivos. Uno, asegurarse de que yo había escrito la tesis y dos, conversar sobre algunas dudas que les habían surgido al leerla. Las preguntas fueron relativamente sencillas aunque he de admitir que me atoré en unas dos. Lo cierto es que J estuvo muy atento y me ayudó un poco al corregirme cuando empezaba a desvaríar. Eso sí, las preguntas de J fueron las más difíciles.

Después de dos horas de preguntas, me pidieron que saliera de la oficina. Tras 5 minutos de dar vueltas como mayate, me pidieron que regresara. Oficialmente aprobé y sólo necesito hacer correcciones menores (mayormente errores tipográficos y un par de gráficas que necesitan explicación adicional). Me felicitaron muy efusivamente y comenzó la celebración.

He cumplido el objetivo que me trajo hasta acá. Después de 4 años, por fin puedo decir que soy doctor en ciencia de materiales. Exactamente qué significa eso no lo sé aún, pero ahora se vienen más decisiones y sin duda más problemas. Ya me preocuparé de ello en su momento. Mientras tanto, disfrutaré la nieve en Manchester.

Felices fiestas para todos.

Darth Tradd, PhD

Hulme

Manchester, UK

Bula informativa

La gerencia creativa de este blog tiene a bien publicar la siguiente bula informativa que resume las últimas noticias del desaparecido autor. Con dedicatoria a todos mis estimados lectores, para que sean sabedores de que:

  1. Mi retina en particular y mi visión en general se encuentran en buen estado. Se agradecen las ofertas de gafas protectoras y los buenos deseos para el pronto regreso a las canchas.
  2. Parece ser que la conjunción astral y el pescado frito con papas ídem han hecho que Noviembre sea el mes de los problemas migratorios. Nuevamente el que esto escribe se encuentra tramitando visas cuando debería estar empacando para pasar las navidades.
  3. Al contrario del año pasado, el trámite se complicó un poco más y, como resultado, no estaré disfrutando de mi visita anual al valle de Ixtachichimecapan (vecino de los llanos del Cazadero, las barrancas de San Sebastián y la Loma Linda).
  4. Tal situación traía bastante encabronado al autor de estas líneas, pero en días pasados ha terminado aceptándola y se prepara a disfrutar del frío y húmedo invierno de Mancunia.
  5. Mañana viernes 18 de diciembre a las 10 de la mañana es mi examen doctoral. A’í se acuerdan de mí si tienen chance.
  6. Con la finalidad de no verse tan mal durante su flagelación, lapidación y posterior asado al pastor o a la parrilla examen profesional, el que esto escribe decidió irse a comprar un traje estilo Savile Row en House of Fraser. La decepción fue mayúscula al tener que comprar un saco talla 48 con manga regular.
  7. Curiosamente, a pesar de haber estado estudiando en Inglaterra, mi asesor es alemán y mis sinodales son de Portugal y China. Maravillas de la globalización.
  8. Copiándole a Juan, el que esto escribe ha estado brincando entre la primera persona y la tercera persona al hablar de sí mismo, buscando que en promedio no acabe usando ni una ni la otra.

Bula publicada en la extrañamente soleada y helada Manchester, en el suburbio de Hulme, a los 17 días del mes de diciembre de 2009.

Let’s call it quits

Cuando era niño lloraba de cualquier cosa. Lloraba si me caía, lloraba si alguien me hacía una broma que me hacía quedar en ridículo, lloraba si el chiste que contaba no era gracioso y lloraba aún más si me decían que no llorara.  A veces me decían que lloraba de sentimiento, porque tenía corazón de pollo y era macho chillón. Ya saben qué tan alegórico puede ser el español mexicano. Para colmo, era increíblemente tímido. Mi papá me decía que le dijera a la señora de los buñuelos que quería otro y yo no podía superar la timidez para decirle: Seño’, ¿me da otro buñuelo con mucha miel, por favor? Como puede verse, tenía una peÅ›ima combinación: tímido y delicado al punto de ser llorón.

Todo esto cambió cuando empecé a jugar básquetbol. El deporte me desinhibió y me dio mucha más seguridad en mí mismo. Además, uno tiene que templarse para aguantar los balonazos, torcidas de tobillos y dedos tronchados.

A lo largo de estos 15 ó 16 años en que he practicado este deporte de manera más o menos regular, me ha pasado de todo. Me zafaron de un codazo la articulación de la mandíbula (y hasta la fecha sigue floja, basta un bostezo demasiado fuerte para que se salga). Me desgarré la parte posterior del muslo izquierdo.  Mi hueso sesamoideo del pie derecho se inflamó una vez a tal punto que no podía caminar por las mañanas. Se me han caído dos uñas a raíz de sendos pisotones. Mis rodillas están madreadísimas y no puedo jugar sin usar un soporte ortopédico. En los partidos suelo terminar con todo tipo de razguños y moretones en los brazos, producto de pelear el rebote con postes diez centímetros más altos que yo. Uno de esos razguños me arrancó un buen pedazo de piel del dorso de la mano derecha. Me han dado golpes tales que he sentido como las piernas se me hacen de atole, pero he conseguido mantenerme en pie. El más gracioso de estos golpes fue uno que me destanteó tanto que me hizo decir: me diste exactamente en el arco superciliar. Recuerdo que no podíamos dejar de reirnos.

Y a pesar de todo eso, nunca he dejado de jugar básquet. No sólo eso, he soportado la mayoría de esos golpes con una sonrisa. Como dije alguna vez, es una de las actividades que más disfruto. Es cierto, nunca haber sido un gran jugador, pero tengo algo de  experiencia y, sin afán de echarme más flores, puedo decir que sé jugar. Es por eso que ahora me resulta difícil admitir que me voy a tomar un largo descanso (tal vez definitivo) de tal actividad.

Hace un par de semanas, justo cuando estaba a la mitad de la escritura de la tesis, me invitaron a los entrenamientos del equipo de la sociedad mexicana en Manchester, del cual platicaba el año pasado. Durante la cáscara, al ir por un balón, alguien corrió como pollo (con los brazos abiertos) y su puño se impactó directamente en mi ojo derecho. Literalmente en mi ojo derecho, sin que el pómulo, el puente de la nariz o el mentado arco superciliar lo defendieran. Azoté cual res enferma y, lo más preocupante, un velo amarillento me impedía ver con ese ojo.

Me levanté y me salí de la cancha, todavía sin ver con ese ojo. Pensé que mi retina se había desprendido y estaba a punto de pedir que me acompañaran al hospital cuando me di cuenta que poco a poco recuperaba la vista. En un par de minutos estaba completamente recuperada y me relajé. Esa noche, sin embargo, al ir de regreso a la casa noté una zona con forma de menisco en el área inferior de mi vista que seguía siendo amarilla. Pensé que una parte de mi retina se había desprendido, así que hice cita de urgencia con el optometrista.

Al día siguiente le expliqué a dicho optometrista mis temores sobre mi retina. Procedió a aplicarme unas gotas que dilataron mis pupilas hasta el punto en que no podía ni enfocar. Una vez conseguida esa dilatación, revisó con cuidado ambos ojos con un retinoscopio. ¿Su diagnóstico? Sufrí un desprendimiento parcial posterior del humor vítreo. “Tuviste suerte, ” – me dijo el especialista – ” a veces el humor vítreo se trae la retina al desprenderse y eso requiere una intervención de urgencia. No te preocupes, tu retina está intacta. Tu humor vítreo está ligeramente desprendido en la parte superior, pero no requiere de más cuidado por el momento. En unos meses, sin embargo, hay que volver a evaluar la integridad de tu retina.”

Después de un par de días, el menisco amarillo desapareció y la hipersensibilidad a la luz también. Eso sí, perdí casi una semana de escritura de la tesis porque no podía estar frente al monitor por más de una hora. Y claro, ahora simplemente no quiero arriesgarme a que mi destina se desprenda por un golpe mal dado en el básquet. Así que ni modo, ahí muere. A mis casi 32 años he jugado lo que podía jugar y necesito más mis ojos que el placer de jugar básquet. Snif…

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Las hormigas en Francia caminan con elegancia

Decía en el post anterior que me iba a dar el tiempo para contarles sobre el show aéreo de Southport. Sin embargo, mi jefe tenía otros planes. Se le ocurrió que mientras espero mi examen de grado, podría ir a ayudarle a una compañera a hacer unos experimentos en la Francia. En particular, se trataba de hacer mediciones de esfuerzos residuales en el instrumento imaginativamente llamado Salsa, que según son las siglas en inglés de analizador de deformación para aplicaciones a gran escala. Es un instrumento muy estable y relativamente fácil de usar. Sin embargo, hay que alinear muestras con los “encauzadores” de neutrones, que pueden ser rendijas o “colimadores” (una especie de cuñas que están rellenas de laminillas por las que los neutrones van rebotando). Trabajamos duro, pero no fue un experimento tan pesado como los de radiación sincrotrón que he padecido antes. Estábamos alineando las muestras cuando el fotógrafo oficial del ILL (Instituto Laue-Langevin, que comparte el “polygone scientifique” con el ESRF{European Synchrotron Radiation Facility} y el EMBL {European Molecular Biology Laboratory}) dijo que quería sacar unas fotos para el anuario. Nos dijo que actúaramos normalmente mientras él tomaba las fotos con resultados desastrosos:
Según que alineando la muestra y las rendijas pa'los neutrones. Nótese que ya me corté el pelo y me afeité.

Según que alineando la muestra y las rendijas pa'los neutrones. Nótese que ya me corté el pelo y me afeité.

El principal problema de este experimento fue, al menos para mí, que ahora no alcancé cuarto en la guesthouse del polygone scientifique y me mandaron al horrible aparthotel Marie Curie. Si alguna vez visitan Grenoble, eviten dicho hotel como la peste. ¡En vez de camas tiene sillones-cama convertibles! Para colmo, tenía que caminar 25 minutos todos los días para llegar al ILL. En la noche (a eso de la una de la mañana), estaba demasiado cansado como para caminar y les pedía a los guardias que llamaran un taxi. Curiosamente, en la última noche el chofer era un tipo igualito a John Goodman, el que hizo de Pedro Picapiedra en aquella malísima película de los años noventa. El buen Pedro Picapiedra intentó platicar conmigo en francés, lo cual no llevó a nada, como es de suponerse. Sin embargo, al llegar al malhadado hotel dijo algo que sí entendí:

Vous êtes américain?

Por lo cual me sentí altamente ofendido y respondí algo que sonó a: Mais no! Je suis mexicain! El taxista respondió diciendo varias cosas de las que se acordaba de México, supongo, pero lo único que le entendí fue Aztec! Aztec! Le contesté mi aversión de: Oui, oui. Aztec. Bonne nuit y me largué a dormir.

En todos estos años, la gente me ha dicho que parezco paquistaní, hindú, italiano (aunque no lo crean) y hasta colombiano. Pero jamás me habían dicho que si era estadounidense. Condenado Fred Pierrafeu, encima de todo me cobró 10 euros.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

De regreso al mundo real

¿Alguien se acuerda de cuando dije que estaba en el tedioso proceso de hacerle correcciones a mi tesis? (Si alguien no se acuerda, nada más revise la entrada anterior a ésta) Pues bien, el proceso de las correcciones no es solamente tedioso, es realmente fatigante. Todavía una semana antes de que entregara, tuve una reunión con mis asesores en donde me recomendaron encarecidamente que abundara en la descripción de la deformación integranular y la interfasial (interfasial porque ocurre entre las dos fases del material, no entre caras). Mucho trabajo, poco descanso y demasiado encierro, me tenían con esta cara hacia el final, el jueves 24 de octubre.

Usese para espantar ratones

Mi aspecto justo antes de entregar la tesis; úsese para espantar ratones

Como puede verse, tenía la greña larga y revuelta como caballo de agrarista y las barbas sin remojar ni afeitar. Sin embargo, he de admitir que me sentía bien. Muy cansado, es cierto, pero bastante feliz de terminar. Al final, el mamotreto terminó bastante gordo, con un total de 280 páginas y pora’í de 65,000 palabras. Me lancé a imprimir el jueves por la tarde y ya no me dio tiempo de ir a empastar, así que me relajé y traté de dormir.

Al día siguiente corregí un par de cosas de último minuto y me dirigí felizmente a empastar las dos copias dos que exige la Uni. Mientras el confiable servicio exprés de la biblioteca Joule las empastaba, yo corría de un banco a otro, ora a pagar la renta, ora a depositar dinero en mi cuenta corriente, ora a sacar dinero para comer, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae.

(Aquí cabe hacer una aclaración, las dos copias de la tesis se entregan a la oficina de graduados (aunque debería llamarse de graduandos) y ellos se encargan de hacerlas llegar a los dos sinodales: uno interno y otro externo. Estas copias llevan un empastado sencillo, con pastas blandas y lomo pegado, pero sin coser. Eso sí, el nombre de la víctima candidato doctoral va con letras doradas en el lomo de la tesis.)

Tras recetarme un desayuno tradicional inglés, regresé por las dos copias a la biblioteca y me dirigí a la oficina de graduados la cual, afortunadamente, está en el mismo edificio. Recuerdo que cuando llegué y me mandaron a esa oficina anduve deambulando unos 15 minutos porque es un auténtico laberinto. Claro está, ahora me conozco sus tripas y llegué sin mayor problema a la oficina antedicha.

– ¡Hola! – dije yo – Quisiera entregar mi tesis, por favor.

– Mjhm – asintió la encargada. – ¿Entregaste tu aviso de entrega con mes y medio de anticipación?

– Sip.

– Ah, ok. Un minuto.

Tecleó algo en su computadora, selló mis tesis de recibido y me dio un recibito rosa del tamaño de una tarjeta de visita (sí, el tamaño que sigue de las de presentación. Creo que es como de 10×6 cm).  El recibito rosa dice: La facultad de ingeniería y ciencias físicas de la Uni de Manchester recibió de FGP 2 copias de la tesis para el grado de doctor. Fecha y firma de la asistente del director de posgrado.

– ¿Es todo?

– Sí, es todo. Gracias.

Y así, de manera algo decepcionante, entregué la tesis. No hubo fanfarria, ramo de flores, foto para el recuerdo, foto para la página de sociales, ni nada de eso. Vaya, ni siquiera me estrecharon la mano. Regresé con mi recibito rosa (sí, ya lo sueño) a la oficina y tuve que salir casi inmediatamente para el show aéreo de Southport, donde tenía que ayudar en un evento de mi jefe. Pero eso se los cuento mañana.

Finalmente, quiero agradecerle a toda la gente que estuvo al pendiente de mí en estos años. A algunos ya les alcancé a mandar correos y espero ponerme al corriente pronto con los demás. De verdad, su amistad me ayudó a pasar por estos días difíciles.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Cocinando

Me encuentro en el bastante tedioso proceso de hacerle correcciones a mi tesis. Escribir es difícil, pero una vez que los asesores regresan las correcciones, hacerlas es bastante tedioso. Sin embargo, como diría un conocido, pus hay qui’acerlo.

Los primeros días intenté hacer dichas correcciones en la oficina, pero la verdad no me pude concentrar. Así que me decidí por regresar a la casa. Y aquí he estado en las pasadas semanas, cambiando gráficas, abundando en la descripción de deformación elástica inhomogénea y linduras similares. He de decir que también he estado comiendo bastante mal, dado que prefería preparar algo rápido o pedir una pizza según que para no perder el tiempo.

Pero hoy que ya estoy por terminar me dieron ganas de cocinar. Así que me puse a buscar en el congelador y encontré unos bisteces de res. En la alacena encontré una bolsa con algunos ejemplares de chile guajillo y otra con algunos más de chile ancho.  Aunque el guajillo es muy rico, el freir cosas en él suele ser muy latoso, así que me decidí por la otra opción. Además, el chile ancho estaba punto de caducarse.

– Veamos, dije yo, podríamos hacer una simple salsa de chile ancho y dejar que los bisteces se marinen ahí. Pero no, vamos a ponernos un poco más creativos. Hagamos todo en el horno y a ver qué tal queda. Los bisteces se descongelaron mientra yo describía un mapa de deformación. Una vez descongelados, les puse sal y pimienta, los acomodé en una bandeja con algo de aceite de oliva y unas rebanadas de cebolla y al horno. Acto seguido, me puse a desvenar los chiles y a ponerlos a cocer con un poco de agua y dos dientes de ajo. Cocidos los chiles, me dispuse a hacer la salsa.

Es importante hacer un paréntesis. Hace tres semanas decidimos que era tiempo de hacer una reunión de mexicanos, cocinar caldo de camarón y además de todo hacerlo en mi sufrido departamento en Hulme. Cómo una cosa llevó a la otra no es relevante para esta historia. Lo cierto es que mi amiga Virics estaba a punto de licuar los pobres camarones cuando le advertí:

– Virics, ten cuidado con esa licuadora. Ponle bien la tapa porque brinca.

– ¿Cómo?

Y claro, acto seguido, medio litro de caldo de camarón voló por la cocina. Lo cierto es que lo que se salvó quedó muy rico, pero el flat quedó apestando a caldo de camarón por una semana hasta que descubrí la raíz del miedo: Un poco de caldo había quedado bajo un frutero y estaba sirviendo como un perfecto aromatizante ambiental, suponiendo que a uno le gustaran ese tipo de aromas.

Me estaba pues acordando de tan desafortunado incidente, mientras echaba los chiles y los ajos a la licuadora y pensaba: ¡Ah que la Virics tan Virics, pues’n! Lo siguiente que recuerdo son unas largas piernas caminando por la calle y un líquido rojo saltando de la licuadora. El tiradero dejado por el caldo de camarón no era nada comparado con el batidero que dejó la salsa por la pared, un vitrolero, el mismo frutero-aromatizante de la vez pasada y mis tenis.

Ni modo, a limpiar. Hasta eso, terminé pronto y hay que admitir que la salsa de chile ancho no apesta igual que el caldo de camarón. Eso sí, es más espectacular y mi cocina parecía escenario de alguna película de Tarantino. Para colmo, creo que la pared tiene sólo media mano de pintura, porque después de pasarle el trapo se despintó en algunos lugares.

Eso me pasa por ponerme a cocinar cuando debería estar trabajando. Ahora estoy esperando a que la salsa suelte el primer hervor en el horno. Espero no haber olvidado ponerle sal.

Ñe. La chava que me distrajo ni siquiera estaba tan bien.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Chelito

He estado planeando este post desde que comenzó este año. Primero pensé en hacer una serie de artículos, comenzando unos tres meses antes del 29 de julio. En ellos hablaría un poco de cómo era ella y del lazo tan especial que nos unía. En días recientes, pensé que podría recordar paso a paso los acontecimientos de ese jueves que recuerdo tan claramente. Lo cierto es que, ahora que por fin se llega el décimo aniversario de la muerte de Chelito, no sé qué decir.

Chelito era mi abuela materna, una de los dos que conocí, con la que más conviví y, de hecho, con la que me crié. En los días en los que tenía menos de 20 años, ella era mi amiga, mi confidente, mi pozo de sabiduría.

Cuando niña, le tocaron vivir los duros años de la Revolución. Años que fueron aún más duros siendo descendiente de peones de hacienda en el Estado de México. Pero no le tocó morirse joven, a pesar de la pobreza, las enfermedades y las balaceras. No, su destino fue otro, fue adelita durante la guerra cristera (del lado de los federales) y recorrió medio México siguiendo al abuelo del que heredé el nombre, los ojos y el mentón. Tabasco, San Luis Potosí, Campeche, Querétaro, Durango. En aquellos días el desplazarse con la tropa implicaba viajar en trenes militares en las vías construídas por el Porfiriato que sobrevivieron a los ataques revolucionarios. De ese tiempo en que anduvo en campaña le quedaron recuerdos que nos contaba en las tardes sanjuanenses, a la sombra de un limonero que apenas hace unos pocos años desapareció. También se aprendió varios chistes de tropa, algunos tan subidos de tono que harían sonrojarse a cualquiera, aún en estos días.

Chelito quedó viuda muy joven y se tuvo que enfrentar al México cambiante de los años 50. Si bien nunca aprendió a leer y escribir, siempre fue poseedora de una preclara inteligencia. Consiguió darles educación superior a sus dos hijas, mayormente cocinando, lavando ropa en el canal de riego de Iguala y planchando camisas en los tiempos de las planchas de carbón. Chelito sabía que, aunque mínimo, el sueldo de un profesor de primaria es algo seguro quincena a quincena, así que tanto mi mamá como mi tía estudiaron para ser maestras.

A pesar de la vida tan complicada que llevó, Chelito jamás se amargó. Nunca he conocido persona tan alegre como ella. Se reía contagiosamente, con genuino gusto que reflejaba cuánto le gustaba la vida. Le gustaba cocinar, cuidar sus plantas, escuchar buena música y ver películas graciosas. Se rió increíblemente con “Sólo con tu pareja”, en particular en las escenas donde Daniel Giménez Cacho brinca de un balcón a otro para atender a sus varias amantes. Ni siquiera su larga enfermedad minó su alegría. Aún estando débil y enferma, se ponía a platicarnos historias a altas horas de la noche. Fue sólo en la última semana cuando perdió algo de lucidez y ánimos. Antes de esa semana, se sabía al detalle todas las noticias que veía en la tele y las comentaba riéndose de los resbalones de los políticos.

De Chelito heredé una hendidura entre las cejas, que ella me decía era causada por el pulgar de la partera al extraer al bebé. Quiero pensar que mi gusto por la cocina me viene también de ella. Y también quiero creer que seré digno de su memoria y enfrentaré la vida con la alegría que ella siempre mostró.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Fashion trend-setter

Hoy terminé dos capítulos más de la tesis, lo que eleva mi total a 5 de 7, un 71% aproximadamente. Eran como las 4 de la mañana cuando por fin pude terminar. Para cuando me fui a acostar, ya estaba clareando. Dormí hasta eso de las 10 de la mañana y me fui a la oficina para darles la pulida final, imprimirlos y engargolarlos. La verdad es que me ha ayudado trabajar en la casa, de verdad siento que estoy avanzando, aunque sea a horas extrañas. Sin embargo, extraño a mis amigos de la oficina. Afortunadamente me han apoyado mucho y hoy no fue la excepción. Dado que mi asesor se va mañana temprano a la Francia, tenía que entregarle los capítulos hoy por la noche. Mi asesor vive algo lejos de la universidad, así que me di a la tarea de planear mi viaje. Como nunca he ido a su casa, me estuve un buen rato viendo en dónde me iba a bajar del camión.  En esas estabas cuando mi buen amigo PF se apersonó en la oficina y me dijo que él me llevaba, salvándome de la lata de buscar cómo llegar hasta allá. Una vez que entregué los dichosos capítulos, nos regalamos unas pizzas y nos pusimos a ver la tele un rato. El buen PF acababa de llegar de Francia y, al igual que yo, estaba muy cansado, así que jaló cada quién para su casa. Ah, olvidaba decir que PF vive en el mismo edificio que yo, así que prácticamente sólo me arrastre por las escaleras de regreso a mi departamente.

Aquí me esperaba una sorpresa algo extraña. Al recibir un correo de la universidad se me notificaba que mi foto Grieta interactuando con maclas mecánicas en aluminatos de titanio, había sido seleccionada por el equipo de diseño de la escuela de materiales de la Universidad. Ya no me acordaba de esa foto. Resulta que en días pasados hubo un concurso interno donde se nos invitó a alumnos y personal de la escuela de materiales a mandar fotos de nuestro trabajo. Yo mandé una foto de mi material pero se veía muy gris, dado que el microscopio electrónico de barrido muestra imágenes en escala de grises. Así que se me ocurrió cambiarle el mapa de color, mandando al diablo la escala de grises y poniéndole una especie de paleta psicodélica. Les debo la imagen, porque se me quedó en la laptop del trabajo, pero un día de estos la pongo aquí. Total, mi foto quedó más colorida e interesante y así la mandé al concurso.

Pasaron los días, pasó el concurso y no recibí ni un telegrama correo de agradecimiento por haber participado, así que asumí que no había ganado nada. Ni modo, yo ya me hacía con las 50 libras del premio. Así que se imaginarán mi alegría el correo del párrafo anterior. Alegría que se convirtió en extrañeza al acaba de leerlo.

El departamento de textiles desea usar la imagen Grieta interactuando con maclas mecánicas en aluminatos de titanio, como una fuente de inspiración para un rango de diseños textiles. Esta es una gran oportunidad para la Escuela de Materiales para promover el diálogo entre las disciplinas de arte y ciencia y esperamos que le alegre el saber que su imagen será usada de tal manera.

¿Qué chingad…? ¿Mi imagen no fue lo suficientemente interesante como para ganar un premio en la competencia de ciencia de materiales, pero es lo suficientemente artística como para servir de fuente de inspiración a las niñas nice del departamento de textiles?

En efecto, si todo lo demás fracasa en esta tesis, podré decir que mi investigación fue la fuente de inspiración para la temporada otoño-invierno de diseños textiles. Jamás espere que mi investigación encontrara tal aplicación. Así que ya lo saben: Váyanse consiguiendo sus camisas estampadas con maclas mecánicas. Es lo que va a estar in en este invierno.

Darth Tradd, Fashion Designer

Hulme

Manchester, UK

Una idea brillante

Ayer salí de mi encierro por dos razones: Una, ya no aguantaba estar sin que me pegara el aire y dos, era la fiesta de despedida de JF, uno de los primeros cuates que hice al llegar aquí. Así que me dirijí raudo y veloz hacia el Sandbar, el pub de los grandes eventos, con el sano propósito de ahogar mis penas en alcohol pasarme un rato agradable con los cuates que no he visto en estas semanas.

En el pub me encontré con Moat, que en otras ocasiones ha aparecido aquí como Moath y RM. Es uno de mis mejores amigos ingleses y que además tiene la peculiaridad de que la fecha límite para entregar su tesis es la misma que la mía. Como quien dice, vamos al parejo.

Estábamos disfrutando de la deliciosa cerveza de trigo llamada Franziskaner, cuando el Moat se puso a platicar:

¿Sabes, Francisco? Esta tesis me está ocasionando un daño cerebral. El otro día venía manejando y me puse a pensar que el auto que iba adelante de mí tenía al menos 10 minutos ahí. Y que el coche que venía detrás de mí tenía al menos 15. Y entonces me dije: Si todos venimos de donde mismo y vamos a donde mismo, ¿No sería ideal hacer un coche enorme? Sí, un coche enorme, largo, con un sólo conductor. Así nos ahorraríamos un montón de coches y sería además muy benéfico para el ambiente. Me puse a decirle esto a Julia, mi novia, que estaba sentada a mi lado. Estaba yo bien emocionado e incluso añadí un detalle adicional: podríamos tener lugares específicos donde la gente se suba y se baje, igual que en una parada de auto… bus. Mi vieja me vio con extrañeza y hasta cierto desprecio y me dijo: Moat, limítate a manejar, a la otra nos venimos al centro en el autobús.

Como decía mi abuelita, mal de muchos consuelo de tontos.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

El veinticuatro de junio

… el mero día de San Juan, un baile se celebraba en ese pueblo de Ixtlán.

Hoy fue la mera fiesta de mi rancho, San Juan del Río, Querétaro, en la risueña República Mexicana.

Extraño a mi pueblo, la verdad. Creo que sobre todo lo extraño por mi familia y mis amigos, pero no tanto por el pueblo en sí. Porque verán ustedes, mi pueblo es extremadamente conservador y cuidadoso de las buenas costumbres. Claro, con los años esto ha cambiado y ahora se ven cosas que harían que las señoras de la Vela Perpetua de cuando era niño se infartaran. Sin embargo, no deja de ser un pueblito, con una conciencia de clase muy arraigada en sus habitantes.

Sí, en mi pueblo la gente todavía dice cosas como:

  • Mira a esa muchacha con las piernas llenas de estrías, seguro que ya no es señorita. A mí me contó el de la tienda de la esquina que la vieron paseando por ahí atrás de Santo Domingo con ese muchacho hijo de don Abelardo el de los tacos.
  • Quién lo viera, ¿verdad? Se ve buen muchacho, finito, hasta güerito está y ahí anda de mecánico.
  • Mira, es mejor que no te metas con él, es pariente de fulanito, el que trabaja en el despacho de los Aldarycoque.

Y linduras similares. Pinche pueblito.

Sin embargo, como diría el recientmente premiado José Emilio Pacheco:

Alta traición

No amo mi Patria. Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal) daría la vida

por diez lugares suyos, cierta gente,

puertos, bosques de pinos, fortalezas,

una ciudad deshecha, gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

(y tres o cuatro ríos).

Sí, eso mero. En mi pueblo todavía uno se entera de los chismes al ir por las enchiladas de Doña Coco los jueves en la noche. Mientras uno espera hambriento la garnacha rebosante de grasa, aspirando el aroma único de la fritanga en brasero de carbón, llega la gente y se pone a platicar. En mi pueblo salir a la farmacia implica detenerme al menos cinco veces para saludar al vecino, al mecánico de la esquina, a la señora de la tienda, a la señora de la otra tienda, al del puesto de periódicos y al bolero. Y la farmacia no está a más de cuadra y media de la casa de mis papás. Claro, en la farmacia me identifican de inmediato:  ¡Qué milagro! ¿Cuándo llegó? ¿Cuántos días va a estar por aquí? ¿Cómo lo trata la vida en Inglaterra? Algún día me puse a pensar en cómo diablos habían averiguado que yo andaba por acá, hasta que me los encontré en las enchiladas de Doña Coco. En mi pueblo los viejitos salen a bailar danzón los jueves en la tarde y las parejas le dan vueltas al Jardín Independencia, famoso por tener un águila de bronce en lo alto de una columna. La expresión local es ir a darle vueltas al águila hasta que se caiga.

Sí, pinche pueblito tan simpático. Tan raro como cualquier pueblo de México. Tiene cosas que estoy más que feliz de dejar atrás. Pero tiene otras por las cuales, como diría Pacheco, daría la vida.

Quinientas cincuenta y siete palabras tiene este post, escrito en 20 minutos. Hoy me pasé todo el día con la tesis y apenas escribí tres mil quinientas. Al menos ya quedó ese capítulo.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK