En mi vigilia

Sé que no lo entenderás. No importa cómo te lo diga o si no lo digo en absoluto. No lo entenderás porque no quieres hacerlo y admito que casi con seguridad yo haría lo mismo. Pero no estoy en tu lugar. En esta historia soy el desgraciado, el malo del cuento, lo sé bien. Puedo vivir con eso. Ya he tenido este papel antes y sobreviví. Con algunas cicatrices, cierto, pero sobreviví.

Tu mensaje me hizo despertar a las cuatro de la mañana. No porque llegara a esa hora, sino porque en él decías que llegarías a las 8. Me convencí a mí mismo de que ese resplandor que veía era el alba inminente, así que me levanté dos horas antes de que saliera el sol. Desde entonces, he paseado inquieto por la sala. Miro entre las persianas temiendo verte en la acera, arrastrando tus maletas.

Sé bien lo que quiero hacer y decir al verte. No estoy tan seguro de que realmente lo haré. Te diré todo lo que no dije en diciembre. Lo único que conseguiré será que me odies aún más, pero no voy a dar marcha atrás. Es muy tarde para eso. Sé bien que después de eso no te quedarás aquí, en el departamento, pero seguirás en la ciudad. No sé qué pasará después.

Pensar todo esto me está alterando. Veo tu silueta en cada persona que camina presurosa a su trabajo. Van al menos tres veces que te veo bajar del autobús. Sólo me tranquiliza la respiración lenta y relajada que escucho salir desde mi cuarto. Sé que sus pechos y sus rizos se mueven con ese mismo ritmo.

Mientras la veo dormir, me percato que no he dejado de decir lo sé. Maldita sea, no sé nada.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Superando las fobias

(Para mi querida amiga Grimalkin, que me ha tenido que soportar peores historias.)

Mientras tomaban un delicioso té verde, se le ocurrió decirle:

– ¿Ya se dio cuenta, licenciada, del nombre de este lugar?

Lupicia, inge. ¿Por qué?

– Suena un poco extraño, pero útil, ¿no cree?

– ¿Mmh? – contestó ella, sorbiendo su té.

“Sí, imagínese. Este nombre sería ideal para salvarme de apadrinar a alguien. Porque ha de saber que una de las cosas que no me deja dormir de noche es la posibilidad de que alguien me pida ser padrino de alguien, en particular de una niña. La sola idea de que alguien me pida ser el padrino de su hija me aterra.”

“Pero Lupicia es la solución a ese problema. Si alguien me llega a pedir ser el padrino de una niña inocente se dará el siguiente diálogo:

– Inge, queremos que sea el padrino de la niña -dirán mis hipotéticos no compadres .

– Con una condición – responderé, – quiero ser yo quien decida cómo se va a llamar.

– Ehhh… está bien, compadrito – dirán los hipotéticos no compadres, tratando de agarrarme con eso de compadrito.

– Bien, quiero que el nombre de la niña por nacer sea una suma ponderada de Guadalupe y Alicia.

– ¿Compadrito?

– Sí, sí – contestaré. – Una suma ponderada entre Guadalupe y Alicia. Imaginen que Guadalupe y Alicia son dos distribuciones con forma de campana, digamos una Gaussiana y una Lorentziana. Bueno, desplacémolas un poco para que no tengan el mismo centro. Luego digamos que la parte final, como quien dice la colita positiva de Guadalupe se sobrepone ligeramente con la colita positiva de Alicia. De ahí le aplicamos un corte, mandamos al diablo las colitas negativas y, ¿qué nos queda?

– ¿Qué nos queda, compadrito? – preguntarán con preocupación.

– ¡Lupicia!

– ¿Qué?

– Sí, Lupicia. Un nombre original cuyo origen acabo de explicar y que además será un excelente tema de conversación en fiestas y reuniones. Luego imagínense cuando la niña vaya a buscar trabajo.

– Buenos días, señorita. ¿Su nombre, por favor? – preguntaré el imaginario jefe de mi ahijada por nacer hija de mis hipotéticos no compadres.

– Lupicia. Lupicia Mota, para servirle – contestará ella, llena de confianza, todo un capullo de juventud y femineidad.

– ¿Cómo quiere que le digamos, señorita Mota?

– Picha Mota, sí me hace favor. Así le gusta decirme a mi padrino.

– Compadrito, nos está empezando a asustar…

– Uhh, eso no es nada. ¿Se imaginan cuando el novio de fantasía de mi ahijada por nacer llegue a pedirla, mis queridos hipotéticos no compadres?

– Buenos días, señores. Vengo a pedirles formalmente la mano de Pichita, su hija.

A esta altura estoy seguro que mis  hipotéticos no compadres se rendirán y así podré superar una de mis mayores fobias.”

Ella se limpió los labios, todavía riéndose y terminando de tomar el té.

– Inge, ¿qué tenía su té? El mío era sólo té verde.

– Sepa, lics. A lo mejor peyote. ¿Pero a poco no le gustó la historia de Lupicia?

– Ñe. Le he oído mejores.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK