Una idea brillante

Ayer salí de mi encierro por dos razones: Una, ya no aguantaba estar sin que me pegara el aire y dos, era la fiesta de despedida de JF, uno de los primeros cuates que hice al llegar aquí. Así que me dirijí raudo y veloz hacia el Sandbar, el pub de los grandes eventos, con el sano propósito de ahogar mis penas en alcohol pasarme un rato agradable con los cuates que no he visto en estas semanas.

En el pub me encontré con Moat, que en otras ocasiones ha aparecido aquí como Moath y RM. Es uno de mis mejores amigos ingleses y que además tiene la peculiaridad de que la fecha límite para entregar su tesis es la misma que la mía. Como quien dice, vamos al parejo.

Estábamos disfrutando de la deliciosa cerveza de trigo llamada Franziskaner, cuando el Moat se puso a platicar:

¿Sabes, Francisco? Esta tesis me está ocasionando un daño cerebral. El otro día venía manejando y me puse a pensar que el auto que iba adelante de mí tenía al menos 10 minutos ahí. Y que el coche que venía detrás de mí tenía al menos 15. Y entonces me dije: Si todos venimos de donde mismo y vamos a donde mismo, ¿No sería ideal hacer un coche enorme? Sí, un coche enorme, largo, con un sólo conductor. Así nos ahorraríamos un montón de coches y sería además muy benéfico para el ambiente. Me puse a decirle esto a Julia, mi novia, que estaba sentada a mi lado. Estaba yo bien emocionado e incluso añadí un detalle adicional: podríamos tener lugares específicos donde la gente se suba y se baje, igual que en una parada de auto… bus. Mi vieja me vio con extrañeza y hasta cierto desprecio y me dijo: Moat, limítate a manejar, a la otra nos venimos al centro en el autobús.

Como decía mi abuelita, mal de muchos consuelo de tontos.

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

La raíz del miedo

El miedo a morir es peor que la muerte misma.

El por qué la gente tiene miedo en estos tiempos es algo que me cuesta trabajo entender. Entiendo que el miedo a morir sea una parte importante de nuestras vidas pero, ¿tiene que ser tan central? Alguna vez leí que El Espantapájaros (sí, el del Batman) les decía a sus estudiantes que el hecho mismo de vivir es sólo una reacción ante el miedo a morir.

Dejando de lado la fuente, es interesante pensar qué tan cierto es esto. ¿Son nuestras vidas un mero acto reflejo al miedo a morir? Si uno se pone a leer las noticias en estos días, eso parecería. ¿Por qué el miedo a morir? Entiendo a la gente que tiene hijos: Su muerte equivaldría a dejar a sus hijos en el abandono. Pero, ¿de qué tienen miedo los que no tienen dependientes económicos?

¿Por qué tanto miedo a morir de una gripa? Estadísticamente, primero nos podríamos morir en un accidente automovilístico y no por ello dejamos de manejar, ¿verdad? Es más, no por ello dejamos de tomar y manejar, a pesar de que en ocasiones gente cercana a nosotros ha muerto por ello. ¿Por qué tenerle miedo, entonces, a una infección como cualquier otra? El Sida mata un montón de gente y yo sigo escuchando sobre embarazos no deseados e infecciones de tranmisión sexual en todos lados. Evidentemente, no tenemos tanto miedo como para dejar de andar de locos y locas (como diría Fox).

Como dije en el post anterior, me rehúso a vivir con miedo. Sí, me molesta pensar lo que sufriría la gente que me quiere si me tocara morir antes de mi tiempo. Pero no le tengo miedo a la muerte. No quiero decir que soy arrogante, que voy a andar exponiendo el pecho a cualquier balazo que vea por la calle. Tampoco quiero decir que no valoro mi vida o que estoy amargado, disfruto muchísimo estar vivo y todas las pequeñas delicias que hacen de esta una aventura tan agradable. Simplemente me rehúso a que mi vida sea guiada sólo por el miedo a morir. Prefiero que mi vida sea guiada por la alegría de vivir.

Como buen mexicano, crecí riéndome de la muerte, comprando y comiendo calaveras de dulce y haciendo calaveras (de las de poesía) de la gente que conocía, costumbre que mucha gente encuentra macabra. La huesuda nos va a llevar todos, ¿por qué no verlo como una absurda certeza que nos hace reir y no como una fatal certeza que nos hace temblar?

Darth Tradd

Grosvenor Street

Manchester, UK

En mi vigilia

Sé que no lo entenderás. No importa cómo te lo diga o si no lo digo en absoluto. No lo entenderás porque no quieres hacerlo y admito que casi con seguridad yo haría lo mismo. Pero no estoy en tu lugar. En esta historia soy el desgraciado, el malo del cuento, lo sé bien. Puedo vivir con eso. Ya he tenido este papel antes y sobreviví. Con algunas cicatrices, cierto, pero sobreviví.

Tu mensaje me hizo despertar a las cuatro de la mañana. No porque llegara a esa hora, sino porque en él decías que llegarías a las 8. Me convencí a mí mismo de que ese resplandor que veía era el alba inminente, así que me levanté dos horas antes de que saliera el sol. Desde entonces, he paseado inquieto por la sala. Miro entre las persianas temiendo verte en la acera, arrastrando tus maletas.

Sé bien lo que quiero hacer y decir al verte. No estoy tan seguro de que realmente lo haré. Te diré todo lo que no dije en diciembre. Lo único que conseguiré será que me odies aún más, pero no voy a dar marcha atrás. Es muy tarde para eso. Sé bien que después de eso no te quedarás aquí, en el departamento, pero seguirás en la ciudad. No sé qué pasará después.

Pensar todo esto me está alterando. Veo tu silueta en cada persona que camina presurosa a su trabajo. Van al menos tres veces que te veo bajar del autobús. Sólo me tranquiliza la respiración lenta y relajada que escucho salir desde mi cuarto. Sé que sus pechos y sus rizos se mueven con ese mismo ritmo.

Mientras la veo dormir, me percato que no he dejado de decir lo sé. Maldita sea, no sé nada.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK

Superando las fobias

(Para mi querida amiga Grimalkin, que me ha tenido que soportar peores historias.)

Mientras tomaban un delicioso té verde, se le ocurrió decirle:

– ¿Ya se dio cuenta, licenciada, del nombre de este lugar?

Lupicia, inge. ¿Por qué?

– Suena un poco extraño, pero útil, ¿no cree?

– ¿Mmh? – contestó ella, sorbiendo su té.

“Sí, imagínese. Este nombre sería ideal para salvarme de apadrinar a alguien. Porque ha de saber que una de las cosas que no me deja dormir de noche es la posibilidad de que alguien me pida ser padrino de alguien, en particular de una niña. La sola idea de que alguien me pida ser el padrino de su hija me aterra.”

“Pero Lupicia es la solución a ese problema. Si alguien me llega a pedir ser el padrino de una niña inocente se dará el siguiente diálogo:

– Inge, queremos que sea el padrino de la niña -dirán mis hipotéticos no compadres .

– Con una condición – responderé, – quiero ser yo quien decida cómo se va a llamar.

– Ehhh… está bien, compadrito – dirán los hipotéticos no compadres, tratando de agarrarme con eso de compadrito.

– Bien, quiero que el nombre de la niña por nacer sea una suma ponderada de Guadalupe y Alicia.

– ¿Compadrito?

– Sí, sí – contestaré. – Una suma ponderada entre Guadalupe y Alicia. Imaginen que Guadalupe y Alicia son dos distribuciones con forma de campana, digamos una Gaussiana y una Lorentziana. Bueno, desplacémolas un poco para que no tengan el mismo centro. Luego digamos que la parte final, como quien dice la colita positiva de Guadalupe se sobrepone ligeramente con la colita positiva de Alicia. De ahí le aplicamos un corte, mandamos al diablo las colitas negativas y, ¿qué nos queda?

– ¿Qué nos queda, compadrito? – preguntarán con preocupación.

– ¡Lupicia!

– ¿Qué?

– Sí, Lupicia. Un nombre original cuyo origen acabo de explicar y que además será un excelente tema de conversación en fiestas y reuniones. Luego imagínense cuando la niña vaya a buscar trabajo.

– Buenos días, señorita. ¿Su nombre, por favor? – preguntaré el imaginario jefe de mi ahijada por nacer hija de mis hipotéticos no compadres.

– Lupicia. Lupicia Mota, para servirle – contestará ella, llena de confianza, todo un capullo de juventud y femineidad.

– ¿Cómo quiere que le digamos, señorita Mota?

– Picha Mota, sí me hace favor. Así le gusta decirme a mi padrino.

– Compadrito, nos está empezando a asustar…

– Uhh, eso no es nada. ¿Se imaginan cuando el novio de fantasía de mi ahijada por nacer llegue a pedirla, mis queridos hipotéticos no compadres?

– Buenos días, señores. Vengo a pedirles formalmente la mano de Pichita, su hija.

A esta altura estoy seguro que mis  hipotéticos no compadres se rendirán y así podré superar una de mis mayores fobias.”

Ella se limpió los labios, todavía riéndose y terminando de tomar el té.

– Inge, ¿qué tenía su té? El mío era sólo té verde.

– Sepa, lics. A lo mejor peyote. ¿Pero a poco no le gustó la historia de Lupicia?

– Ñe. Le he oído mejores.

Darth Tradd

Hulme

Manchester, UK